Buscando a los primeros madrileños en el Valle de los Neandertales.

El Calvero de la Higuera.

Situado en uno de los parajes naturales más bellos y mejor conservados de la sierra de Madrid, en el valle alto del Lozoya, en la margen derecha del río y frente al municipio de Pinilla del Valle, se encuentra uno de los conjuntos arqueológicos del Paleolítico más importantes de Europa. En la actualidad está trabajando un equipo de investigadores multidisciplinares (Equipo de Investigación de Pinilla del Valle) y hasta la fecha se han descubierto varios yacimientos de diversa consideración.

El primer yacimiento es La Cueva del Camino, descubierto en 1979. Se trata de una antigua cavidad formada en las rocas dolomíticas del Cretácico, rellena por sedimentos y en la actualidad en gran parte desmantelada, con distintos niveles estratigráficos, cuya cronología oscila entre los 140.000 años del nivel 3 y los 90.000 años del nivel 5. En algunos sectores del yacimiento hay sedimentos algo más modernos, de hace unos 75.000 años. En este yacimiento se han identificado más de medio centenar de especies de mamíferos (gamos, caballos, ciervos, jabalíes, puercoespines, hienas manchadas, osos pardos, lobos, lince ibérico, leones etc). El listado de especies con una gran cantidad de restos de carnívoros, así como la ausencia de industria lítica y hogares, lleva a la conclusión que los restos encontrados en esta cueva no eran debidos a la actividad humana, si no que era un cubil de hienas.

El segundo yacimiento es el Abrigo de Navalmaíllo, descubierto en 2002. Se trata de una ceja rocosa de amplias dimensiones bajo la que un grupo de Neandertales ubicó su campamento en varias etapas. Este yacimiento también conserva varios niveles arqueológicos, el más importante de ellos cuenta con una edad de alrededor de 75.000 años. En este abrigo se ha documentado la presencia de varios hogares por lo menos en dos de sus niveles. Se conserva un amplísimo conjunto de industria lítica musteriense característica de los Neandertales, principalmente realizada en cuarzo, por ser el material más abundante en los alrededores, así como una rica representación faunística producto del consumo de estos homínidos. En este yacimiento predominan los restos de herbívoros, son abundantes los restos de ciervos, gamos, caballos, uros y rinocerontes de estepa.

El tercer yacimiento es la Cueva de la Buena Pinta, descubierto en 2003. Se trata de una pequeña cueva cuya entrada se encuentra parcialmente desmantelada por la erosión, y que se continúa hacia el interior del macizo calcáreo al menos unas decenas de metros en forma de galería recta. Las fechas de los principales niveles oscilan entre los 63.000 y 61.000 años. Al igual que la Cueva del Camino fue utilizada como cubil de hienas durante el Pleistoceno. No obstante se han encontrado algunas piezas de industria lítica de cuarzo y sílex, así como dos molares de la especie Homo Neanderthalensis pertenecientes al mismo individuo que demuestran la presencia humana esporádica en este yacimiento.

El cuarto yacimiento es la Cueva Des-Cubierta, descubierto en 2009. Se trata de un conjunto de galerías conectadas entre si, en las que se ha hundido el techo a medida que se erosionaba la superficie del calvero en la que se encuentra. En el verano de 2011 se encontraron cuatro dientes de Neandertal, tres de ellos de leche, pertenecientes a un individuo infantil de entre 2 y 3 años de edad, bautizada como La Niña Lozoya. El estudio de los restos sugiere que se trata de un enterramiento Neandertal. En algunos sectores se han encontrado restos de pequeños mamíferos primitivos característicos del final del Pleistoceno Medio, hace unos 130.000 años, por lo que este yacimiento es el que contiene los restos más antiguos de todos los encontrados hasta este momento en El Calvero de la Higuera.

 

Quienes eran los Neandertales?

El hombre de Neandertal u Homo neanderthalensis es una especie extinguida del género Homo que habitó Europa, Oriente Próximo y Medio, así como Asia Central, hace aproximadamente entre los 230.000 y 30.000 años a.c., durante el final del Pleistoceno medio y casi todo el superior. Cuando tuvo lugar su descubrimiento, se le nombró Homo neanderthalensis, y fue clasificado como una especie distinta del Homo sapiens. No obstante, recientemente se ha reclasificado como una subespecie de Homo sapiens​, y se suele referir a dicha subespecie como Homo sapiens neanderthalensis.​ Los estudios paleogenéticos indican un origen común para el hombre moderno y el hombre de Neandertal, así como hibridaciones entre ambas variedades de homínido en, al menos, dos lugares y momentos diferentes: Próximo Oriente y Europa occidental. Anatómicamente, los neandertales eran más robustos que el hombre moderno, con un tórax y cadera anchos y extremidades cortas. El cráneo se caracteriza por su doble arco superciliar, frente huidiza, la ausencia de mentón y una capacidad craneal media más grande que la de Homo sapiens sapiens. Los estudios anatómicos señalan la posibilidad de que tuvieran un lenguaje articulado.

El tipo de herramientas líticas que se han encontrado, y a las que se les asocia, se adscriben a la denominada “Cultura Musteriense”, característica del Paleolítico medio. En los últimos años de existencia de los neandertales, aparecen en el registro arqueológico herramientas diferentes que se incluyen en la cultura Châtelperroniense, que algunos autores atribuyen al Homo sapiens neanderthalensis. Los neandertales eran omnívoros y explotaban una amplia variedad de alimentos pesqueros, mariscos, vegetales, etc.

La denominación Homo neanderthalensis fue propuesta en 1864 por el geólogo William King en una conferencia de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, y mencionada en su publicación: «El supuesto hombre fósil del Neanderthal».​ También se dice Neandertal, hoy se escribe de dos maneras: la ortografía antigua de la palabra alemana Thal, que significa ‘valle’, fue cambiada a Tal a principios del siglo XX, pero la primera forma de escribirlo es la que a menudo se utiliza en inglés.

El comienzo de la historia de los neandertales es también el inicio de la paleoantropología. En agosto de 1856 fue descubierto el espécimen que luego sería conocido como Neandertal 1. El lugar fue la cueva Feldhofer en una zona encañonada del valle del río Düssel, cerca de Düsseldorf, en la Renania del Norte-Westfalia, Alemania, que se llama valle de Neander (en alemán Neandertal).

Los neandertales surgieron hace unos 230 000 años​ en Europa, y desaparecieron hace unos 33 000-28 000 años, cuando se pierde su rastro arqueológico en el sur de la península ibérica. Las causas de su extinción son todavía motivo de debate, pero no ocurrió sin antes hibridarse con Homo sapiens sapiens quien también mantuvo relaciones sexuales con los denisovanos, dando lugar a individuos fértiles, tal y como demuestran los estudios paleogenéticos.

Mientras Homo sapiens surgió en África hace unos 200 000-180 000 años, desde donde migró hace entre 100 000 y 60 000 años al resto del planeta, los neandertales son descendientes del Homo heidelbergensis europeo, hasta el punto que paleoantropólogos como Antonio Rosas afirman que el Homo heidelbergensis es un neandertal primitivo.

El hallazgo del Homo antecessor en Atapuerca ha esclarecido el significado de la mandíbula aparecida en 1907 en Mauer, cerca de Heidelberg (Alemania), la cual coincide cronológicamente con los Homo erectus, pero difiere de estos y de los neandertales, concluyéndose que quizás fuera un estadio​ intermedio entre Homo erectus u Homo ergaster y neandertales.

El origen de los neandertales se remonta hasta la Glaciación de Mindel (entre 400 000 y 350 000 años atrás) durante la cual los cambios climático y el aumento del casquete polar ártico aparentemente obligó a las poblaciones europeas de homo heidelbergensis a refugiarse del frío en las penínsulas del sur del continente. Estas migraciones produjeron el aislamiento de las poblaciones de homo heidelbergensis, induciendo un cuello de botella en las poblaciones y favoreciendo así la especiación. Una vez finalizada la glaciación las poblaciones de heidelbergensis habían comenzado a adquirir ya rasgos propios de los neandertales. Finalmente hace entre 230 000 y 200 000 años los homo heidelbergensis habían adquirido los suficientes rangos físicos como para ser diferenciados en una nueva especie, el homo neanderthalensis.

Un cráneo exhumado en Steinheim (Alemania) datado en 250 000 a. C podría corresponder a la misma especie de Homo heidelbergensis o preneandertaliense. En dichos casos se trata de la glaciación de Mindel o del interglaciar Mindel-Riss, respectivamente. El último de estos cráneos está más evolucionado aún que la mandíbula del primero, pero su capacidad craneal es baja (poco más de 1150 cc).

El descubrimiento del genoma completo del neandertal ha ayudado a establecer de forma más exacta los tiempos de divergencia entre las distintas estirpes. En la península ibérica hay pruebas de su existencia desde hace unos 230 000 años hasta hace aproximadamente 28 000 años, como indican estudios recientes.

El momento preciso y el motivo de su extinción han sido motivo de debate. En 2014, Thomas Higham, de la Universidad de Oxford, estableció que los últimos restos neandertales en Europa eran datables por radiocarbono entre los 41 000 y los 39 000 años, coincidiendo con el inicio de un período de bajada de las temperaturas en el continente europeo, 5000 años después de que Homo sapiens iniciara su presencia en el mismo continente. Recientes investigaciones abren la posibilidad de presencia de neandertales mucho más al norte del área de distribución habitual, como en la localidad rusa subártica de Byzovaya, en la que se han encontrado restos arqueológicos musterienses (Paleolítico Medio) datados entre hace 34 000 y 31 000 años. Se trataría de uno de los yacimientos neandertales más tardíos, cuando casi toda Europa estaba ya ocupada por las culturas del Paleolítico superior (Homo sapiens).

Los últimos reductos de neandertales, datados en unos 28 000 años, se encontraron en el sur de la península ibérica (España y Portugal), aunque las últimas dataciones con ultrafiltración y otras técnicas adelantan muchas de esas fechas al menos 10 000 años,​ proponiendo como fecha de extinción del neandertal hace entre 41 000 y 39 000 años.

Se han propuesto muchas explicaciones para la extinción de los neandertales, en relación o no con la expansión de los sapiens, con los que convivieron en Europa en los últimos milenios de su vida como especie.

Aunque la rápida desaparición de los neandertales tras la irrupción del Homo sapiens sapiens en Europa sugiere que estos últimos estuvieron relacionados con la desaparición de los neandertales. Algunas de las hipótesis son: Homo sapiens sapiens compitió intensamente con ellos por recursos; los mataron y exterminaron en combate; los contagiaron de enfermedades para las cuales carecían de defensa, los neandertales no soportaron determinados cambios climáticos o ambientales; se cruzaron homo sapiens sapiens y neandertales y estos son asimilados por la nueva especie.

La hipótesis de extinción por la rigurosidad de la última gran glaciación parece descartada, ya que los neandertales habrían estado muy bien adaptados al clima glacial. Por otra parte, la hipótesis de mixogénesis o hibridación Homo sapiens sapiens/Homo sapiens neanderthalensis resulta, por los mapeos de secuencias de ADN, bastante probable,​ habiéndose encontrado restos (niño de Lapedo) que parecen ser de un ejemplar híbrido. Sin embargo, también es posible que los neandertales se hubieran extinguido al no poder competir por los recursos con los homo sapiens sapiens, que eran diez veces más numerosos, y verse desplazados a regiones donde la comida y el cobijo eran más difíciles de encontrar.

Un estudio publicado en el American Journal of Physical Anthropology sugiere que los neandertales podrían haberse extinguido a causa de las enfermedades tropicales transmitidas por seres humanos que emigraron de África.

Otra teoría vincula la desaparición de los neandertales a una erupción del supervolcán de los Campos Flégreos (Nápoles, Italia) ocurrida hace unos 39 000 años, que dejó una nube de ceniza que se esparció por casi toda Europa y parte de Eurasia; las zonas menos afectadas habrían sido las de Europa occidental, precisamente donde hay indicios de las últimas poblaciones de esta especie.

Los neandertales fueron una especie bien adaptada al frío extremo congruente con la cuarta y última glaciación. Tenían un cráneo alargado y amplio, baja estatura y complexión robusta, amplia caja torácica y nariz amplia de aletas prominentes;​ rasgos que pueden denotar una adaptación a climas fríos,​ como se puede observar actualmente en las poblaciones del Ártico, y muy probablemente dueños de un olfato más desarrollado que el del hombre moderno. Según otra interpretación, la morfología nasal del neandertal es parte de los rasgos faciales asociados a la masticación.​ Esta robustez esquelética produjo una capacidad de sostener unos músculos de mayor tamaño, que gracias a su ubicación para aumentar al máximo la acción de palanca, otorgaron al neandertal una fuerza física superior a la del Homo sapiens.

Sus características biométricas, a partir de los huesos fósiles descubiertos hasta ahora (unos 400 individuos), se basan en el mantenimiento de la tendencia a aumentar y mantener la robustez corporal que ya se observa con anterioridad en homo heidelbergensis. El esqueleto postcraneal robusto da lugar a una configuración corporal achaparrada, con una baja estatura, en la que tiende a reducirse el tamaño de las extremidades y a aumentar el volumen corporal; características física propias de especies adaptadas a climas fríos. Poseía una pelvis ancha, extremidades cortas y robustas, un tórax en forma de barril, arcos supraorbitales resaltados, frente baja e inclinada, rostro prominente, mandíbula sin mentón y gran capacidad craneal, igual o incluso mayor que la de los hombres modernos.

Un neandertal medio podía alcanzar unos 1,65 metros, era de contextura pesada, dentadura prominente y musculatura robusta, rondando los 70 kg de peso. Si bien su estructura ósea no los hacía corredores de larga distancia, sí podían hacer cortas y rápidas carreras persecutorias o escapistas; eran sobre todo caminantes de largas distancias. Los últimos análisis biométricos sugieren que los neandertales poseían menor resistencia que el ser humano moderno.

Estudios anatómicos han determinado que el neandertal podía articular una fonética limitada respecto a la que actualmente posee el hombre moderno, debido a la ubicación de la laringe, situada más arriba que la de este. Otros estudios recientes indican que los neandertales podían dar grandes mascadas a su alimento gracias a una mayor apertura bucal.​ La expectativa de vida de un miembro adulto en un medio ambiente tan extremo, riguroso y hostil no sobrepasaba los cuarenta años en los hombres y treinta en las mujeres.

Durante mucho tiempo se consideró que la dieta de los neandertales estaba basada en la carne, especialmente de animales como caballos, cérvidos, grandes bóvidos, mamuts y rinocerontes. Sin embargo los estudios y hallazgos más recientes desmontan esta idea, mostrando una dieta mucho más diversificada y acorde con el medio que habitaban. Por ejemplo en ambientes mediterráneos las fuentes de alimento también incluyen animales pequeños, como pájaros, tortugas o conejos; por su parte en los ambientes costeros se han hallado rastros del consumo de moluscos marinos y otros animales marinos como focas y delfines. Además se ha descubierto que uno de los elementos más importantes de su dieta es la ingesta de frutos y vegetales. Incluso se han encontrado evidencias que utilizaban diversas plantas como remedio natural contra dolores y enfermedades, como el consumo de corteza de álamo a modo de analgésico natural.

Dado que los neandertales tuvieron una dieta más variada y rica de lo tradicionalmente considerado, ello implica que tuvieron complejas y diversas técnicas de caza y de recolección que les permitieron adaptarse al medio en el que vivían. En cualquier caso, su dieta dependía de la disponibilidad local de alimentos.

Cabe señalar que desde los primeros momentos de la especie se han encontrado restos de otros neandertales con marcas de haber sido procesados para extraer la carne de ellos. El análisis dental de los individuos establece que no existe relación entre el consumo de otros neandertales y periodos de escasez de alimentos, sugiriendo que el canibalismo aparece como una conducta ritualística.

La estructura social del hombre de neandertal eran similares a las modernas sociedades de cazadores recolectores del Homo sapiens. Al igual que en nuestra especie mostraron estar unidos por lazos emocionales y poseer capacidades tales como el altruismo, dado que cuidaron de individuos débiles o enfermos que de otro modo no habrían logrado sobrevivir. Sin embargo se cree que, con base en el reducido tamaño de los grupos y el estilo de vida nómada, los neandertales sentían poca predilección por confraternizar con los grupos ajenos, concentrando las interacciones sociales en torno a los individuos del clan.

La idea tradicional postula que los niños de esta especie recibían una menor atención por parte de los adultos en comparación al humano moderno, viendo la infancia neandertal como especialmente dura, difícil y peligrosa; diversos fósiles de individuos jóvenes muestran existencia de huesos con signos de enfermedades y heridas sin curar durante meses, incluso años. Sin embargo un estudio conjunto de 2014 entre investigadores del Centro de Paleoecología Humana y Origen Evolutivo, y del departamento de Arqueología de la Universidad de York sugieren que los jóvenes neandertales tenían una mayor integración dentro del grupo, y por tanto se les brindaba mayor protección de la propuesta anteriormente. Estos individuos muestran un mayor simbolismo entre los niños que entre los adultos, incluyendo el mayor grado de elaboración de sus tumbas. De este modo la aparente falta de atención en la infancia realmente mostraría las consecuencias de vivir en un entorno hostil.

Prueba de la compasión entre miembros de un mismo grupo es el hallazgo en la cueva de Shanidar, Kurdistán, de un individuo que habría logrado alcanzar la vejez a pesar de la amputación del antebrazo, la presencia de varias lesiones en la pierna derecha, ceguera de un ojo y una sordera congénita. La supervivencia de este individuo habría sido imposible sin el cuidado de otros neandertales, ya que sus diversas heridas le habían convertido en una presa fácil para los depredadores.

La cultura material que se asocia a los neandertales se conoce como cultura Musteriense, así llamada por haber sido encontrada por primera vez en el yacimiento arqueológico Le Moustier, en Francia. La cultura musteriense está caracterizada por la técnica de talla Levallois, en el cual el núcleo de piedra se preparaba para ir extrayendo lascas preconcebidas por el tallador, que posteriormente serían retocadas para adecuarse a distintos usos.

Estas herramientas fueron producidas usando martillos de percusión blandos, de hueso o madera. En los últimos tiempos de los neandertales aparece en el registro arqueológico el estilo Châtelperroniense, considerado como más «avanzado» que el musteriense. En el siglo XX se asociaba el Châtelperroniense al Homo sapiens, pero en la actualidad muchos investigadores consideran esta cultura como de transición hacia el Paleolítico superior y probablemente propia de los neandertales.

Los asentamientos neandertales muestran una estructura compleja, con lugares destinados a usos muy específicos (lugares de vida en común, zonas de descanso, etc.), los cuales se estructuraban en torno a una hoguera. Esta estructura se debe a que esta especie situó el fuego como centro de una gran parte de sus actividades domésticas, desde el asado y cocción de los alimentos hasta el aprovechamiento de la luz y el calor generados para dar forma a sus instrumentos.

Se ha podido deducir el número de integrantes que formaban los grupos. Lo más habitual es encontrar grupos reducidos de entre 5 y 15 individuos probablemente emparentados entre sí (pudiendo llegar en ocasiones a la consanguinidad) que se desplazaban con frecuencia a lo largo de su territorio. Sin embargo esto no excluye que en momentos puntuales, como épocas de mayor abundancia o durante las migraciones animales, estos grupos pudiesen formar comunidades más grandes.

El yacimiento más antiguo del uso controlado y continuo del fuego en Europa data de hace 350.00 años, a partir del cual su utilización comienza a extenderse a lo largo del continente hasta hace unos 100.000 años, donde ya está presente en todos los sitios habitados por neandertales. Esta expansión del fuego parece coincidir con una diversificación de la dieta.

La producción artística de los neandertales es un gran debate de la Paleoantropología y la Prehistoria. En la actualidad existen tres puntos de vista: el hasta ahora existente, que niega capacidades artísticas al neandertal, otro que sostiene que solo los neandertales tardíos del Chatelperroniense produjeron arte, y la opinión de que sí existió arte en el Musteriense, es decir, en prácticamente toda la existencia neandertal.

Si los neandertales realizaron manifestaciones artísticas en materiales perecederos, como pieles o madera, estas se perdieron con el tiempo. Pero en los últimos años han comenzado a salir a la luz numerosos restos arqueológicos que se han interpretado como prueba de que el hombre de neandertal había adquirido un pensamiento simbólico similar al del Homo sapiens, idea que ha sido ampliamente apoyada por diversos estudios. Sin embargo ninguno de ellos es ampliamente aceptado por la comunidad científica,​ aunque ocurre lo mismo con el homo sapiens del paleolítico medio.

En diversos yacimientos se han encontrado conchas de moluscos, así como garras y plumas de distintas aves, que parecen haber sido utilizados en colgantes y otro tipo de ornamentación, o incluso como señal de identidad entre distintos grupos.

Se han encontrado también un número creciente de enterramientos neandertales desde que hace aproximadamente 100.00 años estos comenzaran a desarrollar este comportamiento. Estos enterramientos muestran que muchos de los individuos fueron enterrados en posición fetal, e incluso se ha debatido con la posible presencia de ajuares y objetos simbólicos junto a los cuerpos. Sin embargo, dado que las primeras tumbas aparecen en el Próximo Oriente, se debate la posibilidad de que este comportamiento haya tenido su origen en un intercambio cultural temprano con los homo sapiens.

Se han encontrado conchas pigmentadas, sugiriendo que fueron utilizadas como contenedores de maquillaje fabricados por neandertales. En la cueva de Gorham (Gibraltar) se hallaron una serie de rasguños en la pared por debajo de un estrato con presencia neandertal, que algunos han interpretado polémicamente como arte.​ Además en la cueva de Bruniquel se han encontrado dos estructuras circulares, hechas con fragmentos de estalactitas y estalagmitas, cuyos descubridores afirman debido a la profundidad respecto a la entrada y la antigüedad de estas estructuras, que su construcción habría requerido iluminación artificial y que las estructuras habían sido hechas por los primeros neandertales, los únicos humanos en Europa en este periodo.

La datación radiométrica de algunas pinturas rupestres de Europa han dado una antigüedad anterior a la época de colonización europea del homo sapiens. La primera de ellas es la cueva de Nerja, la cual, alberga las que podrían ser las pinturas más antiguas de la humanidad​. Otro estudio realizado en junio de 2012, publicó los resultados de una investigación científica llevada a cabo por investigadores británicos, portugueses y españoles, según la cual algunas pinturas de las cuevas del norte de España, Altamira, El Castillo, Tito Bustillo, entre otras, tendrían una datación de por lo menos 40 800 años, según los antropólogos, abre la opción de considerar seriamente que sus autores fueran neandertales.

Una investigación llevada a cabo en 2017 respalda la teoría de la incapacidad de los neandertales para realizar pequeñas obras de arte. El análisis biométrico realizado durante este estudio concluye que la falta de creación de obras de arte en esta especie no es debida a la ausencia o presencia de una capacidad mental sino a la anatomía de sus manos, el menor tamaño de las falanges habría dificultado la fabricación de piezas de pequeño tamaño.

Los neandertales sobrevivieron dentro de un amplio rango de temperaturas que fueron cambiando entre periodos más cálidos y otros más fríos a medida que se sucedían los diferentes periodos glaciares e interglaciares.

Europa sufrió las condiciones climáticas del Interglaciar Riss-Würm (140.000 y 115.000 años), durante el cual el clima alcanzó condiciones de mayor calidez y humedad que en el holoceno, con el pico más cálido hace unos 125.000 años. Durante esta fase cálida mayores variaciones estacionales de temperatura en el hemisferio norte, pese a lo cual el aumento de temperaturas permitió un aumento de la extensión de los bosques hacia latitudes más septentrionales; los bosques boreales llegaron a crecer en latitudes tan al norte como la Isla de Baffin mientras que bosques templados llegaron a alcanzar la provincia de Oulu, en Finlandia. Entre la fauna de este periodo encontramos animales propios de climas templados como jabalíes, macacos, ciervos, gamos, hipopótamos, elefantes de colmillos rectos, rinocerontes, bisontes, pantéridos, linces, úrsidos, y hienas. Es durante este periodo cuando en Europa tuvo lugar el apogeo de la industria lítica Musteriense, propia del hombre de Neanderthal, situando el apogeo de estos hace unos 100.000 años.

Sin embargo, hace unos 115.00 años las condiciones climáticas comenzaron a fluctuar y a sufrir un enfriamiento a nivel global, hasta que hace entre 75.000 y 60.000 años el planeta entró en una nueva fase glacial (glaciación Würm) que alcanzó su apogeo hace 20.000 años. Durante esta fase, de la cual datan la mayor parte de restos conocidos, los casquetes polares fueron expandiéndose a latitudes más meridionales (cubriendo buena parte del norte de Europa), a la par que los bosques europeos fueron replegándose a las penínsulas del sur de Europa, siendo sustituidos por tundras herbáceas y estepas (conocido coloquialmente como “tundra-estepa”). Durante esta etapa climática la fauna pasó a estar dominada por animales adaptados a espacios abiertos y fríos, como mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, renos, megaloceros, bueyes almizcleros, saigas, caballos, leones cavernarios y hienas de las cavernas;​ en las latitudes más septentrionales, donde aun quedaban reductos de bosques, también coexistieron con otras especies, como ciervos, corzos, uros, lobos y osos de las cavernas.

 

 

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La Cabrera en otoño

Vamos a dar un paseo otoñal por La Cabrera.

De todas las estaciones del año, ninguna es como el otoño para pasear por la dehesa. Hoy recorreremos distintos lugares buscando las mejores vistas de la sierra de La Cabrera.

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Dehesa de Roblellano

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La sierra desde el Tobarejo, los fresnos amarillean en roblehorno

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Vista del Cerro de la Cabeza, Mondalindo y Cancho Gordo

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El Cancho Gordo desde La Mata de la Zorrera

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Cancho Gordo reflejado en una pilancona no fluvial

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La Cabrera con la sierra al fondo

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Pico de la Miel

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Arces de Montpelier en la dehesa de Roblellano

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Dehesa de Roblellano

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Convento de San Antonio desde Roblellano

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Pico de la Miel desde Roblellano

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Cancho de la Bola desde el Tormo

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Cancho de la Bola desde el arroyo Alfrecho

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El Castaño del Tormo

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El castaño del Tormo

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El castaño del Convento

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El Pico de la Miel desde la ventana de la Mata de la Zorrera

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La sierra desde la Ventana

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Lagunilla de la Mata Torejo

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Lagunilla de la Mata Torejo, dehesa de Roblellano

El Hayedo de Tejera Negra

La ruta de la “Senda del Robledal”

Haremos una ruta por la que llegaremos caminando hasta el hayedo de Tejera Negra. En la que podremos disfrutar de impresionantes vistas de los valles surcados por el río Zarzas y por el río Lillas. También veremos elementos de la arquitectura tradicional como puentes y tainas, construidos con la pizarra que abunda en esta zona de la sierra, así como la réplica de una carbonera, ejemplo del aprovechamiento de los recursos que ofrece este lugar. Y podremos contemplar los distintos ecosistemas que constituyen esta zona de la sierra, como son pastizales, robledales, matorrales y pinares de repoblación, para llegar finalmente al hayedo, que atravesaremos hasta llegar hasta la pradera de Matarredonda. El camino de regreso lo haremos caminando por los pastizales que hay junto al río Lillas.
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Foto del grupo

La ruta comienza desde el aparcamiento que hay junto al Centro de Interpretación, situado a poco más de 2 kms de Cantalojas. En un principio, caminamos en paralelo a la pista forestal de acceso al aparcamiento, aproximadamente durante medio kilómetro, hasta llegar a un vallado, que atravesamos por un paso canadiense. Superado este paso, giramos a la izquierda tomando una vereda que nos lleva al río Lillas, pasando cerca de una taina en estado ruinoso.
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Puente sobre el río Lillas

Descendemos por una senda indicada con unos postes con marcas verdes y cruzamos el río Lillas por un puente de pizarra típico de la zona, junto al que suele estar pastando el ganado, y continuamos hasta otra taina próxima de construcción tradicional. Desde dicha taina, giramos a la derecha para ascender por una senda que discurre por la línea de cresta que separa los valles de los ríos Zarzas y Lillas.
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Pastizales, matorrales y robles en la senda del robledal

En este recorrido, atravesamos zonas de roble melojo, matorrales de jara estepa y pastizales de alta montaña, como el de La Torrecilla, llamado así por la pequeña torre de señalización de piedras de pizarra realizada por los pastores.
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Vista del parque natural de la Tejera Negra desde la senda del robledal

Las vistas panorámicas que vemos son únicas en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, pudiendo observar los contrastes producidos por el color de las hayas (al fondo), los robles, los pinos y demás vegetación existente. A pocos metros hacia la izquierda de la senda del robledal, podemos encontrar un viejo roble centenario, que aunque no se ve a primera vista desde el sendero, está convenientemente señalizado para poder contemplarlo.

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Un roble centenario

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Agallones de roble

Desde La Torrecilla, la senda se convierte en pista forestal, que seguimos en la misma dirección. A esta pista se le une por la derecha otra que viene desde Cantalojas habilitada para el tránsito de bicicletas.
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Pinos, robles, jaras y brezos en la senda del robledal

Continuamos en la misma dirección que llevábamos, hacia la cabecera de los valles, por la línea de cumbres, hasta llegar al Collado del Hornillo, en el que vuelven a separarse ambas rutas, la de a pie y la de bicicletas. Giramos entonces a la derecha, abandonando la pista forestal para adentrarnos en otra pista que se introduce en el bosque de pino silvestre y que nos lleva hacia la Senda de Carretas y por fin hacia las hayas.
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Ya estamos en el hayedo

Según avanzamos van apareciendo estas hayas, haciéndose cada vez más abundantes. Las podemos distinguir muy bien además de por su hoja, por su corteza de color gris y por su textura lisa, dando el paisaje característico de los hayedos.
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Cruce con la Senda Carretas dentro del hayedo

Al llegar a otro cruce en el mismo corazón del hayedo, la ruta enlaza con la Senda de Carretas. En este punto, podemos bajar directamente hacia el aparcamiento (la ruta más habitual de los visitantes que acceden al parque del hayedo en coche, coincidente con la parte final de la Senda de Carretas), o bien continuar de frente para disfrutar algo más de las hayas, pudiendo hacer la Senda de Carretas en sentido contrario, hasta el aparcamiento. Cabe destacar en esta zona de hayas la existencia de algunas especies de árboles salpicadas en el bosque, donde destaca un magnífico ejemplar de Tejo.
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Un bello ejemplar de tejo entre las hayas

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Las hayas ofrecen este crisol de colores

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La presencia de pizarra es una constante en el suelo del hayedo

Continuamos caminando por la senda carretas en su sentido inverso hasta llegar a la pradera de Matarredonda, una pradera con unas espectaculares vistas del bosque que acabamos de atravesar, así como de los valles y montañas que nos rodean.
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Vista del hayedo desde la pradera de Matarredonda

Después de un pequeño descanso en la pradera de Matarredonda para reponer fuerzas y recrearnos con sus espectaculares vistas, empezamos a descender por el interior del hayedo camino del aparcamiento por la senda carretas, con un ambiente que parece sacado de un cuento de hadas.
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Hayas

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Hayas y pinos

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Hayas jóvenes

Antes de salir del hayedo nos encontramos con la réplica de una carbonera, lugar donde antiguamente se producía carbón vegetal, que era una de las actividades que el hombre realizaba para aprovechar los recursos del monte.
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Carbonera

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Hayas

Desde el aparcamiento, el camino de vuelta a pie discurre por el pastizal situado junto al río Lillas, aguas abajo. En este tramo de la ruta no existe un sendero definido. Se trata simplemente de seguir el curso del río, que cruzamos frecuentemente de un lado al otro para buscar las zonas más fácilmente transitables.
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Río Lillas

En este tramo nos encontramos con la “Taina Grande”, que aunque no lo parece, todavía está en uso. Cuando llegamos al puente sobre el río de la pista procedente de Cantalojas, continuamos por la propia pista de retorno al Centro de Interpretación  finalizando así la ruta.
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Río Lillas

Que es el hayedo de la Tejera Negra?

La Tejera Negra es un hayedo situado en el término municipal de Cantalojas, en el rincón noroccidental de la provincia de Guadalajara. Forma parte del macizo de Ayllón, en el extremo oriental del Sistema Central. Tiene la singularidad de ser uno de los hayedos más meridionales de España y de Europa y ocupa una extensión aproximada de 400 hectáreas.

En 1974 se declara al hayedo de Tejera Negra sitio natural de interés nacional y en 1978 se declara parque natural, que se amplió en 1987. Desde la creación del parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara, el 22 de marzo de 2011, quedó integrado dentro de éste, por lo que se derogó su anterior declaración de parque natural. En 2017, junto con otros hayedos de España y Europa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como extensión de los Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa.

El “Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra” recibe su nombre principal del Hayedo y su nombre complementario, “Tejera Negra”, del valle vecino por el Poniente, la cuenca del río Sorbe, donde aparece en los mapas topográficos un barranco menor, expuesto al Norte, con el nombre de Tejera Negra.

Estas masas han sobrevivido, gracias a su situación estratégica en los lugares más inaccesibles, a la obtención de leña y carbón vegetal, así como a la roturación con objeto de crear pastos para el ganado. El melojo y el pino silvestre también forman masas boscosas principalmente en solanas, de manera natural el primero y procedente de repoblaciones el segundo. También cabe destacar la presencia de tejos, acebos y abedules que de manera aislada o en pequeños grupos salpican aquellas zonas con mayor humedad.

 

La Pedriza (Parte 1ª). En busca del Elefantito.

La Pedriza es uno de esos lugares que nos transportan a la noche de los tiempos de la humanidad, incluso mucho antes, a épocas en las que el hombre aun no había hecho acto de presencia. Existen multitud de peñas zoomorfas (con forma de animal): Pájaros, Caracoles, Tortugas, Focas, Camellos, Ardillas, incluso Dinosaurios, dependiendo siempre de la imaginación de quien lo contempla. Pero ninguna de estas peñas es tan distinguida y monumental como el Elefantito, más parece haber sido labrada por un escultor que por la caprichosa acción de la erosión natural producida por el viento y el agua, con la inestimable ayuda del hielo.

La senda que lleva hasta este paquidermo de granito es una de las más bellas de la Pedriza y por ende de toda la sierra de Guadarrama. Esta ruta es la que veremos a través de las siguientes fotos, comenzando por el Risco del Indio, el Alcornoque del Bandolero (con varios cientos de años de edad), la Cueva del Bandolero, el collado de la cueva, la cueva del Ave María, el Caracol, la Gran Cañada, para terminar por fin con el mencionado elefantito. También veremos en el descenso hacia Manzanares los cinco cestos y alguna que otra formación rocosa con formas de animales.

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Risco del indio

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Alcornoque del Bandolero

Cueva de los bandoleros

Cueva del Bandolero

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Batman?

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Cueva del Ave María

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Cueva del Ave María

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El Caracol

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Ponle el nombre que quieras

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No ves una ardilla?

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La hora del bocata

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En la Gran Cañada, una encina crece sobre la roca.

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Otro risco

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Al fondo el Yelmo

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Por fin el elefantito

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Otra del elefantito

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Junto al elefantito

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Contraluz del elefantito

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Cinco cestos

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No ves la cabeza de un perro?

 

Que es La Pedriza?

La Pedriza es un gran batolito granítico situado en la vertiente sur de la sierra de Guadarrama, dentro del municipio de Manzanares el Real, en el noroeste de la Comunidad de Madrid. Este berrocal está formado por numerosos riscos, paredes rocosas, canchales, arroyos y praderas. Las acciones mecánicas que se han ejercido sobre estas rocas durante millones de años han conformado formas muy curiosas y atractivas. Por todo ello se trata de una zona de gran interés geológico, paisajístico y deportivo, sobre todo para senderistas y escaladores.

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Vista de La Pedriza y Manzanares el Real desde el embalse de Santillana

 

La Pedriza se ubica en la mitad Este de la vertiente sur de la Cuerda Larga, perteneciente éste a su vez al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (el espacio protegido más grande de la Comunidad de Madrid). Esta zona tiene una superficie aproximada de 3200 hectáreas y su altitud va desde los 890 metros del embalse de Santillana hasta los 2029 metros de los riscos de las Torres de La Pedriza, los cuales se acercan a la línea de cumbres de Cuerda Larga. Al oeste está limitado por la garganta del Manzanares, por donde transcurre el río Manzanares, y al este por el Arroyo del Mediano y el Hueco de San Blas.

La Pedriza es un canchal berroqueño compuesto de canchos, tolmos, agujas, cubos, piedras caballeras, domos y puentes de roca. Está dividida en tres partes bien diferenciadas.

La primera de ellas, la más meridional, se denomina El Alcornocal, y está situada al norte del municipio de Manzanares el Real. Es la parte más pequeña de las tres y la de menor altura ya que comprende solo el cerro de El Alcornocal (1110 m). Está separada de la Pedriza Anterior por el collado de la Cueva.

La segunda parte está situada en medio de las otras dos y se la conoce como Pedriza Anterior, ubicada al norte de El Alcornocal y al sur del Arroyo de la Dehesilla. Su pico más importante y conocido es el Yelmo (1719 m). Esta parte de La Pedriza es un macizo montañoso que culmina en los riscos de Los Fantasmas (1727 m) y en el del Yelmo, situados en el norte de la Pedriza Anterior. Existen pequeños valles orientados generalmente de oeste a este, como son el caso del Hueco de las Hoces, en el oeste, la Gran Cañada, en el sur, y el Hueco del Recuenco, en el este.

La tercera parte es la más septentrional, denominada Pedriza Posterior, que asciende hacia el Norte desde el Arroyo de la Dehesilla, hasta fundirse con la Cuerda Larga, teniendo los riscos de las Torres de La Pedriza (2029 m) como límite natural con Cuerda Larga. Esta zona tiene forma de un gran circo de montaña orientado al sur y en forma de C, se le conoce como el Circo de la Pedriza Posterior.​ En la cresta de este circo están los picos más altos de la Pedriza.

Geológicamente, la Pedriza está formada por rocas graníticas formadas hace 300 millones de años, con un característico color rosado y curiosas erosiones, diaclasas, pequeñas fallas, barrancos y collados de cierta importancia, que les dan formas características. Las principales rocas que forman La Pedriza son: granitos (93 %), gneises (4%) y arcillas (3%).​ Los gneises son más antiguos y están en las zonas más elevadas, mientras que los granitos abundan en todas las zonas. Las arcillas se encuentran en zonas de sedimentación.

Los granitos de La Pedriza son rocas que afloraron a la superficie por desmantelamiento de los materiales que los recubrían. Al acercarse a la superficie se cristalizaron los minerales que en el caso del granito son el cuarzo, feldespato y mica. Después de enfriarse se producen roturas y fragmentación en las rocas (diaclasas). La roca suele presentar cuarzo, feldespato, biotita y, a veces, moscovita y con tamaños de grano medio a grueso. El predominio de feldespato y cuarzo hace prevalecer el color grisáceo claro. Al oxidarse el hierro que contienen las micas biotitas aparece el característico color ocre-rojizo de La Pedriza. Una vez que el granito está en el exterior, el agua y el hielo penetran por las grietas fragmentando los bloques. La Pedriza es un gran ejemplo de modelado en granito, definido por una red de fracturas compuesta de diversidad de fallas y fisuras. Por sus características estructurales y su pasado climático, se han escindido torreones, yelmos, tolmeras y piedras caballeras. De composición heterogénea, pero con carácter compacto, estas rocas cristalinas presentan planos netos de fracturación que guían el modelado. Por todos estos procesos químicos y mecánicos, La Pedriza presenta un elevado número de formas caprichosas y curiosas.

Su formación se remonta al Paleozoico Medio (hace entre 360 y 290 millones de años), un sustrato inicial de antiguos granitos y sedimentos se empezó a plegar y metamorfizar, originándose los gneises. Durante el Paleozoico superior (entre 290 y 250 millones de años) dichos materiales se fracturan. Se inicia el emplazamiento cerca de la superficie de grandes masas magmáticas, que al enfriarse darán lugar a los batolitos graníticos. Todos estos procesos formaron parte de la orogenia varisca, causada por la colisión de los continentes que formaron Pangea.

Desde finales del Paleozoico y durante el Mesozoico (hace entre 250 y 65 millones de años) se producen los procesos de erosión y desmantelamiento total del relieve varisco, resultando una extensa penillanura que afectaría a todo el Macizo Ibérico.

Al final del Mesozoico, en el Cretácico, se produce una importante transgresión marina del antiguo mar de Tetis, cubriendo el mar la penillanura y pasando a formar entonces toda la zona el extremo suroeste de una amplia plataforma continental ibérica, en la que se depositarán las arenas y calizas que pueden verse hoy a ambos lados del Sistema Central y en el valle del Lozoya.

En el Cenozoico (hace unos 40 millones de años), actuaron los procesos de la orogenia alpina que provocan la elevación del Sistema Central y la compartimentación en bloques tal y como los encontramos. La erosión del macizo rocoso provoca el relleno sedimentario de las cuencas.

La acción glaciar del Cuaternario (hace 1,8 millones de años hasta hoy) acabaría de modelar los relieves actuales de la zona más alta de La Pedriza, es decir, por encima de los 1800 metros. En las partes más bajas, la consolidación de los ríos y la excavación de valles y terrazas dan lugar a la morfología actual del terreno.

 

 

El Hayedo de Montejo

Si quieres disfrutar de uno de los lugares mas bellos e interesantes de la sierra norte de Madrid tienes una cita obligada con el Hayedo de Montejo, donde sus árboles parecen sacados de un cuento de hadas.

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El hayedo de Montejo es un bosque de hayas de poco más de 220 hectáreas de superficie, situado en las faldas de la Sierra de Ayllón y perteneciente al municipio de Montejo de la Sierra (Comunidad de Madrid, España), al norte de la provincia madrileña y separado con la provincia de Guadalajara por el río Jarama. La presencia del río Jarama ayuda a ensalzar aún más la belleza del paisaje, con esas aguas claras, que fluyen y dotan de vida al Hayedo.

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Fue catalogado como Sitio Natural de Interés Nacional en 1974, siendo uno de los hayedos más meridionales de Europa. En 2017, junto con otros hayedos de España y Europa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como extensión de los Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa. Popularmente se suele afirmar que este hayedo es el más meridional de toda Europa, pero esto es sólo un falso mito, ya que no es ni siquiera el más meridional de España. En España el hayedo más meridional es “el hayedo del Retablo”, que se encuentra entre las provincias de Tarragona y Castellón.​ Y el hayedo más meridional de Europa se encuentra en Sicilia, en la vertiente sur del Etna.

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Es uno de los hayedos más estudiados de la Península Ibérica, y la gran afluencia de personas ha hecho que las visitas estén restringidas. La única forma de visitar el hayedo de Montejo es a través de las visitas guiadas que gestiona el centro de recursos de la Sierra del Rincón.

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El Hayedo es un paraje insólito dentro de la Comunidad de Madrid, de ahí su importancia. Es difícil que se generen estos bosques en estas latitudes, de ahí la curiosidad que despierta. Su origen se remonta a etapas lluviosas y húmedas postglaciares en Europa. El hayedo representa los restos de la vegetación caducifolia centroeuropea en el centro de España.

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El microclima existente en la zona debido a la captación de humedad proveniente de las masas de aire que chocan contra la Sierra, y el hecho de que la ladera de la colina permanezca en la sombra (zona de umbría), han hecho posible que se conserve el hayedo existente en Montejo desde épocas postglaciales.

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El Hayedo está delimitado en su parte inferior por el río Jarama. En su ribera crecen brezos, abedules, serbales, etc. En las laderas de esta zona montañosa, las hayas surgen señoriales, demostrando su poderío en esta parte de la Sierra. Algunas veces forman agrupaciones, pero casi siempre aparecen mezcladas con robles y rebollos. Otra especie muy característica del Hayedo son los acebos, que asoman de vez en cuando y sirven de refugio para ciertos animales. La altitud del Hayedo oscila entre los 1.200 y los 1.600 metros, dependiendo de la zona donde nos encontremos.

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Cuenta la leyenda, que “algunos antiguos carboneros y leñadores de Montejo afirmaban que el bosque conocido como El Chaparral está habitado por duendes y hadas y que éstas, juguetonas y curiosas, gustaban de engatusar a los visitantes y caminantes del bosque con sus caricias y dulces cánticos. Estos cantos tan melosos y atractivos servían para llevar a los paseantes hasta sus guaridas y convertirlos en animales tales como la lagartija o el petirrojo, con el objetivo de dotar al mencionado bosque de mayor número de habitantes y lograr así mayor encanto”.

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El Hayedo de Montejo es un monte comunal, allá por el año 1.460 el pueblo compra a un noble de Sepúlveda el monte de hayas y robles, a orillas del río Jarama, conocido como El Chaparral, hoy el Hayedo de Montejo de la Sierra. Aún así, se produjo algún contencioso por la propiedad de dicho monte. En un principio los señores de Buitrago expresaban que la propiedad era suya, pero cuenta la tradición que el propio Emperador Carlos I de España y V de Alemania dejó bien claro que el citado monte y bosque eran de los vecinos de Montejo.

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Podemos encontrar multitud de colores en el Hayedo, pero todos guardan una cosa en común: la belleza con la que dotan al paisaje que del que forman parte. Pocos árboles como el haya tienen tanta elegancia. Su tronco es fuerte y liso, su copa equilibrada a la vista, donde ramas y hojas se reparten el terreno en capas horizontales para captar el máximo posible de luz.

Su majestuosidad apenas se ve alterada con el cambio en las distintas estaciones. En los períodos veraniegos y primaverales destacan por sus colores verdes, vivos y frescos, llenos de vida. En el invierno su impresionante presencia se vuelve un poco más austera debido a que sus ramas pierden las hojas quedando sus ramas desnudas. Pero sin embargo, en el otoño se muestra más impactante que nunca, con esos tonos color pizarra,  marrones que crean un ambiente para el ensueño, algunos amarillos, algunos verdes, algunos rojizos y anaranjados que resaltan la variedad de sus hojas, que hacen que destaque aún más la figura señorial de este árbol.

Complementando al haya, tenemos a su compañero inseparable, el roble, con un porte tan elegante como el de ésta. Entre estos enormes ejemplares de hayas y robles, también se pueden encontrar cerezos silvestres, avellanos, abedules, enebros, álamos temblones, acebos, brezos y serbales, todos ellos en menor proporción. Algunos de estos ejemplares tienen nombre propio, como el abuelo (un viejo roble, el más longevo de este bosque), pie de elefante, pero el haya de la Roca es la más admirada por sus más de 250 años y por tener sus raíces incrustadas en una roca cubierta de musgo que la sostiene a modo de pedestal.

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La fauna existente no es la típica de un hayedo, debido a su pequeño tamaño y a su latitud geográfica; podemos encontrar especies como el corzo, el jabalí, el tejón, la nutria, la garduña, el gato montés, la perdiz, el azor, el águila calzada, el cárabo común, el picapinos, el pico menor, el mirlo acuático y algunas aves paseriformes como carbonero, herrerillo, arrendajo, trepador azul, agateador común, etc.

Por último, también cabe recordar que el término municipal de Montejo de la Sierra es rico en todo lo referente a las setas y hongos. Esto atrae a gran cantidad de curiosos y aficionados a la micología todos los años. De estas especies se pueden destacar: Coprino Blanquinero, Colmenilla, Mucidula, Viscosa, Boleto Real, Boleto del abedul, Falsa Oronja, etc.

 

Puebla de la Sierra, el valle de los sueños.

Situada en uno de los parajes más bellos y escondidos de la Sierra del Rincón, a poco más de 100 kilómetros al Noreste de la capital, Puebla de la Sierra es un municipio perteneciente a la Comunidad de Madrid, que hasta mediados del siglo XX fue conocida como Puebla de la Mujer Muerta. Fue en los años 40, cuando se le cambió el nombre, a petición de Carlos Ruiz, el gobernador civil de la provincia, ese nombre provenía de que en las montañas del municipio había una forma de una mujer fallecida.

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El municipio está situado en medio del denominado Valle de la Puebla, rodeado a su vez por la Sierra del Lobosillo. Esta sierra del Lobosillo bordea todo el municipio excepto hacia el sur, donde el Valle de la Puebla se abre camino siguiendo el curso del arroyo de la Puebla, hasta desembocar en el Embalse del Atazar.

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Este valle alberga gran cantidad de especies arbóreas, donde destacan fundamentalmente robles centenarios en sus dehesas, álamos y sauces en las partes más bajas del valle y pinos en las zonas más altas de las montañas.

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También es notable y digna de mención la presencia de pizarra, que ha sido usada en toda esta zona como material para la construcción de casas y cuadras para el ganado.

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Se cree que el origen de Puebla de la Sierra se remonta a épocas árabes, aunque es probable que la presencia islámica fuese poco importante. En el Siglo XII se comenzaron a crear poblaciones estables por razones defensivas en la Comarca de Buitrago, y se piensa que Puebla de la Sierra debió ser una de esas poblaciones. Ya a finales del siglo XIII, la aldea (para entonces Puebla de la Mujer Muerta) pertenecía a un arcediano madrileño, que la recibió de Sancho IV de Castilla. El arcediano la permutó después con otra pequeña población.

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A finales del Siglo XV, más exactamente en el año 1490, se convirtió en villa, gracias al Marqués de Santillana, el motivo fue compensar el aislamiento que tenía. Adquiriría entonces jurisdicción propia. Hasta la segunda mitad del siglo XVI el concejo de la puebla tuvo que reunirse en la puerta de la iglesia ya que no tenían ayuntamiento, acabaron de tener que hacerlo con la construcción de un ayuntamiento.

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En el año 1768, se produjo el momento de mayor población de la villa, 313 habitantes, una cifra muy parecida a la de la población actual de Montejo de la Sierra. Las principales actividades económicas eran: la agricultura (de secano y regadío) y la ganadería.

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Durante el siglo XIX se sucedieron distintas medidas, tocó fin el antiguo régimen. Las medidas fueron: la división provincial, la desamortización religiosa y civil y la abolición de los señoríos. Entonces el 70% de las tierras de Puebla de la Mujer Muerta, como se llamaba antiguamente, se pusieron en subasta, la mayor parte quedaron en manos de los vecinos.

En la Guerra Civil Española el ayuntamiento fue demolido y la iglesia sufrió graves daños, unos años después, todo en el siglo XX, un plan de regiones devastadas tocó la villa, se construyó un nuevo ayuntamiento y se restauró la plaza del pueblo. Desde la guerra la población ha descendido imparablemente.

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Como monumentos mas significativos destacan:

La Ermita de Nuestra Señora de la Soledad: construida en el año 1562. Para entonces pertenecía a la cofradía de la Vera Cruz. Actualmente se emplea como ermita del cementerio de la localidad. Existe una fuente Árabe situada junto a dicha Ermita, tiene un arco de medio punto, es allí donde la gente iba a recoger el agua.

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Iglesia parroquial de la Purísima: fue probablemente construida a principios del siglo XVII. Consta de un cuerpo principal, y tres naves que están separadas por arcos. En la cabecera sobresale una preciosa espadaña. En la Guerra Civil Española fue gravemente dañada.

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Esculturas del Valle de los Sueños, situadas a lo largo y ancho del municipio de Puebla de la Sierra, perfectamente integradas en este medio rural.

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Área recreativa del arroyo de la Puebla, donde destaca una representación megalítica totalmente integrada en un bello paraje.

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La flora de la sierra de La Cabrera 3. Retamas y piornos.

El piorno serrano, retama negra, retama de escobas o retamón, de nombre científico Cytisus oromediterraneus, es una especie arbustiva perteneciente a la familia de las fabáceas. Que junto con otros arbustos como son la jara y el cantueso principalmente y algunos árboles de pequeño porte como encinas y enebros tapizan la sierra de La Cabrera.

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La retama está formada por muchas ramas muy apretadas. Forma extensos matorrales, solo o conviviendo con otros arbustos, como el enebro rastrero en las altas montañas silíceas, y casi siempre por encima del nivel de los bosques o conviviendo con el pino albar. Las hojas caen prontamente por lo que los tallos están frecuentemente desnudos. Flores amarillas pequeñas, de 9-12 mm, solitarias o por parejas en la axila de las hojas, formando un racimo más o menos denso en la terminación de las ramas. El fruto es una legumbre de 15 a 30 mm, recta o algo curvada, muy comprimida lateralmente y cubierta de pelos aplicados a su superficie. Florece de mayo a julio.

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El aspecto que presenta en muchas ocasiones es almohadillado para defenderse del frío y de los fuertes vientos que soplan en las alturas. Su importancia en la vegetación española es muy grande por las enormes superficies que ocupa. En la época de floración tiñe de amarillo muchas de las cordilleras españolas y despide un olor intenso y empalagoso parecido al de la miel.

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Se ha usado desde la antigüedad como purgante y diurético. Y también como combustible en hornos, para la fabricación de escobas, para hacer techos de chozas y como cama para el ganado.

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Cabo de San Vicente

El cabo de San Vicente es un accidente geográfico situado en el extremo sudoeste de Portugal, que marca el límite occidental del golfo de Cádiz. Se encuentra cerca de Sagres, concejo de Vila do Bispo. Se le conocía en tiempos romanos como Promontorium Sacrum, lugar dedicado al dios Saturno.

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Estrabón al describir la península ibérica, dijo de él que “no era el punto más occidental de Europa, sino de todo el mundo habitado”. Aunque hoy se sabe que el punto más occidental de la Europa continental es el cabo de Roca.

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En el mismo cabo de San Vicente hay una antigua fortaleza visitable y un faro dentro de la misma fortaleza. También existen otras fortalezas en las proximidades de este cabo, como en Sagres, localidad donde residió Enrique el navegante durante la última etapa de su vida.

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Enrique de Portugal, apodado “El Navegante” (Oporto 4 de Marzo de 1394 – Sagres, 13 de noviembre de 1460),​ Infante de Portugal y primer duque de Viseu, fue uno de los protagonistas de la política portuguesa de la primera mitad del siglo XV y del inicio de la Era de los Descubrimientos en Portugal. Por ser hijo, hermano y tío de reyes consiguió el monopolio de las exploraciones por las costas africanas y las islas del Océano Atlántico.

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Lagos, a escasos veinticinco kilómetros al este del cabo de San Vicente, se convirtió en un importante lugar de construcción naval gracias a su puerto. Desde allí partieron las expediciones de la casa del infante Enrique, donde estableció su escuela de navegación en el siglo XV, impulsora de los grandes descubrimientos portugueses.

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Frente a este cabo se produjo la conocida como batalla del Cabo de San Vicente el 14 de febrero de 1797, donde una flota española comandada por José de Córdova fue derrotada por la flota británica comandada por John Jervis.

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Aunque otras batallas anteriores también recibieron el mismo nombre; La batalla del Cabo de San Vicente de 1719, que tuvo lugar el 21 de diciembre, con victoria de un escuadrón de la Real Armada Española al mando de Rodrigo de Torres sobre una fuerza similar de la Marina Real Británica comandada por el comodoro Philip Cavendish. Y la batalla del Cabo de San Vicente de 1780, que tuvo lugar el 16 de enero, donde una flota española comandada por Juan de Lángara es derrotada por la flota británica al mando de George Rodney.

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Desde este cabo es posible apreciar el paso continuo de barcos que transitan entre el Mediterráneo y el norte de Europa.

Cabo Sardao, el cabo de las cigüeñas

Existe un cabo en la costa alentejana de Portugal, que tiene una curiosa particularidad. Sus negros y escarpados acantilados son el lugar elegido por las cigüeñas para anidar y criar sus pollos. Está situado en el concejo de Odemira, distrito de Beja, más o menos a medio camino entre el cabo de Sines y el cabo de San Vicente.

Aunque fui más veces, os dejo unas fotos de tres de esas visitas.  Los nidos se pueden ver desde una posición privilegiada, desde la parte superior de los acantilados sin molestar a las aves.

El primer día, con un cielo cubierto, el mar tenía un bonito color verdoso y las cigüeñas estaban cuidando de los huevos en sus nidos.

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El segundo día pude ver varios nidos con las cigüeñas criando sus polluelos.

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Y en la última visita unas vistas del farol del cabo y el océano Atlántico luciendo un azul maravilloso.

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Valverde de los Arroyos

Valverde de los Arroyos es un municipio situado en la provincia de Guadalajara, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Destaca por el uso de la arquitectura negra en sus construcciones.

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La arquitectura negra es un tipo de arquitectura popular que emplea como elemento constructivo principal la pizarra, mineral de tonos grises, violetas, azulados, pardos, plateados o negruzcos. Es una técnica empleada tradicionalmente en algunas zonas españolas como la sierra de Ayllón (entre Guadalajara, Segovia y Madrid) y la sierra de Alto Rey (Guadalajara), en las que la pizarra es un material abundante. Además, debido al aislamiento y a los precarios medios de comunicación existentes, donde no se disponía de otros materiales alternativos se ha usado tradicionalmente este material casi exclusivamente.

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Este tipo de arquitectura es aplicable a todo tipo de construcciones, tanto viviendas como vallados y delimitaciones agrícolas y ganaderas, tainas y majadas para el ganado, edificios comunitarios como Iglesias y Ayuntamientos, caminos, puentes y otros usos varios.

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En las localidades de la vertiente norte de la sierra de Ayllón, en la provincia de Segovia, se presenta una fantástica mezcla de arquitectura negra y arquitectura roja.

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Los ayuntamientos de Campillo de Ranas, Majaelrayo y Valverde de los Arroyos han aprobado nuevas normas encaminadas a proteger el estilo arquitectónico propio de la arquitectura negra tales como el uso exclusivo de la pizarra negra propia de la zona, la prohibición de cables cruzando las calles, de cubiertas planas y de terrazas o ventanas sobre la cubierta.

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