Buitrago de noche

Un paseo nocturno recorriendo la Villa medieval de Buitrago. Entramos por la puerta principal de dicha Villa situada en el Adarve alto, bajo la torre Albarrana, la entrada hace una forma de ángulo recto y lo primero que nos encontramos al traspasar sus imponentes muros es la Iglesia de Santa María del Castillo.

Entrada a la villa de Buitrago bajo la Torre Albarrana

Dicha entrada se encuentra justo debajo de la Torre Albarrana o la Torre del Reloj como se la conoce popularmente. La finalidad de esta torre era la defensa de esta entrada a la villa. Desafortunadamente se encuentra cerrada al público por la noche y no se puede subir a recorrer esta parte de la muralla denominada Adarve alto, situada en el flanco meridional de la Villa, la única zona de la muralla que no está protegida por el río Lozoya, este es el motivo de su mayor altura con respecto a las otras zonas de la muralla de la Villa.

Torre Albarrana vista desde el interior del recinto amurallado

Una vez dentro del recinto amurallado nos encontramos con la Iglesia de Santa María del Castillo, donde destaca su espectacular torre-campanario, de estilo mudéjar, ubicada en la fachada norte, presenta planta cuadrada y cinco cuerpos. De gran altura y esbeltez, aloja en lo alto el campanario con cinco vanos enmarcados por elementos mudéjares. La iglesia de Santa María del Castillo es la única parroquia que actualmente se conserva de las cuatro con las que contaba Buitrago del Lozoya en el siglo XVI.

Iglesia de Santa María del Castillo

Después de contemplar la Iglesia desde todos los ángulos posibles nos dirigimos hacia la entrada de la Coracha, protegida por los torreones del castillo y situada en el flanco oriental de la villa, junto al río. En este punto comienza la zona de la muralla que discurre paralela al río. La protección del río a modo de foso haría una más fácil defensa de la Villa, por ello su altura en toda esta zona es mucho menor y se la denomina Adarve bajo. Podemos observar los imponentes torreones del castillo que al quedar incrustados en la muralla servían de defensa de la parte sureste de la muralla. Fue construido al estilo gótico-mudéjar en el siglo XV, en el flanco sureste del recinto amurallado de la localidad, a orillas del río Lozoya.

Castillo de Buitrago y puerta de la Coracha

A continuación subiremos a la parte de la muralla denominada Adarve bajo para recorrer perimetralmente toda esta parte de la Villa desde sus almenadas defensas, como lo haría la soldadesca medieval en sus rondas nocturnas, caminaremos siempre acompañados por el río Lozoya al otro lado de las murallas.

Adarve bajo y vistas de la Villa desde esta parte de la muralla

Posteriormente y para finalizar la visita, saldremos por la tercera entrada a la Villa, la puerta que sale al puente del Arrabal, el acceso situado más al norte de la Villa.

Puerta norte de la muralla con salida al puente del Arrabal

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La flora de la sierra de la Cabrera 4. Viboreras crestadas.

La viborera es una hierba silvestre bianual, alcanza alrededor de un metro de altura y sus bonitas flores son de un intenso color violeta-azulado. Es una de las plantas más comunes en caminos, zonas de pastos, descampados, terraplenes y bordes de las carreteras. Su nombre se debe al parecido de su flor con la cabeza de una víbora, ya que sus estambres sobresalen como si fuese la lengua de una serpiente.

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Viborera o Echium vulgare

Su nombre científico es Echium vulgare, también es conocida como, buglosa, chupamieles, hierba azul, lengua de vaca o paquetequieromañosa. Es una planta incluida en el género Echium y pertenece a la familia de las Boragináceas. La viborera puede utilizarse para fines medicinales y se utilizan las hojas y el tallo. Tiene efectos comprobados como emoliente, diurético, depurativas, expectorante y sudorífico. Algunas de las afecciones para las que se usa esta planta medicinal son para los dolores reumáticos, para tratar pieles enrojecidas y dañadas, así como forúnculos y abscesos, granos, mordeduras de serpientes, dermatitis, resfriados (antiguamente se utilizaba la infusión de viborera para realizar gárgaras en casos de faringitis y dolor de garganta), fiebre, dolor de cabeza. Además es efectiva para mejorar patologías y alteraciones nerviosas y respiratorias, gota, inflamaciones, edemas, retención de líquidos, trastornos urinarios.

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Campo de viboreras, destaca una viborera crestada

Esta planta tiene un nivel medio de toxicidad por lo que no se debe consumir vía oral por un tiempo prolongado ya que puede ser toxica para el hígado. La dosis debe ser prescripta por un profesional para no correr ningún riesgo con las sustancias toxicas que posee esta planta. Nunca hay que auto medicarse con preparados en base a plantas en especial a los niños, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas para evitar efectos no deseados. Esta es la única contraindicación que posee, es recomendable siempre consultar al medico antes de utilizar remedios caseros en base a plantas para evitar efectos nocivos en la salud.

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Viborera crestada

Del griego Ekios, «víbora» y el nombre popular «Viborera» es debido por la similitud del fruto con la cabeza de este animal. Este hecho, además de la forma de los ramilletes florales enroscados como una serpiente, explica que por asociación desde la antigüedad se tuviera a esta planta como protectora frente a las víboras y se utilizara como remedio contra las picaduras de este animal como curativo.

Esta planta es una especie muy apreciada en la apicultura para la producción de miel, ya que su flor gusta mucho a las abejas melíferas, en parte por su color azulado-morado tan llamativo y en parte porque producen gran cantidad de néctar, aunque produce menor cantidad de polen. Origina mieles monoflorales.

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Fenómeno de crestación o fascinación en una viborera

Parte de su atractivo para las abejas radica en su color, que origina una potente reflexión ultravioleta para las abejas; debido a su incapacidad para captar el rojo, estas flores ofrecen un contraste muy fuerte respecto al entorno y atrayente para la abeja.

Crestación o fasciación.

En algunas y raras ocasiones, y esta primavera parece haber sido una de ellas por sus abundantes lluvias, las viboreras presentan una extraña “malformación” debida a algún tipo de infección ocasionado por alguna bacteria, virus, parásito u otros motivos. Este fenómeno recibe el nombre de crestación o fasciación (fascinación para algunos autores) y es conocido popularmente como escoba de bruja. Para ilustrar este curioso y extraño fenómeno estas fotografías tomadas a primeros de Junio de este año en el alto de Valgallego, entre La Cabrera y Torrelaguna, en el noreste la Comunidad de Madrid. Se puede apreciar como el tallo de la viborera, que normalmente es fino y alargado, aquí es anormalmente ancho, como si se hubieran soldado varios tallos, de ahí la concentración de flores que se puede apreciar en su parte superior.

Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos.

Hoy haremos una ruta recorriendo gran parte del macizo de Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos, visitando y haciendo algunas paradas para hacer unas fotos de sus lugares más conocidos y emblemáticos de esta zona de la sierra.

El primer tramo va desde el puerto de Cotos (1830 metros) hasta la cumbre de Peñalara (2428 metros), se trata de la subida más común y practicada, y se realiza por un camino en buen estado y bien señalizado. Tiene una longitud aproximada de cinco kilómetros y medio, un desnivel acumulado de 600 metros. Este camino comienza por una pista forestal, que atraviesa primero un bosque de pinos silvestres, de piornos cuando se acaba la zona del pinar según vamos ganando altura y en el tramo final dejaremos la vegetación arbustiva atrás haciendo el camino en un terreno yermo donde sólo la hierba y algunas flores de montaña aparecen cuando desaparece la nieve y el hielo acumulados durante el invierno, veremos algún nevero pese a que estamos en pleno mes de Julio.

La pista es bastante ancha y está bien marcada,  sale desde el citado puerto y asciende haciendo zetas hacia el noroeste, por la ladera sur de la Hermana Menor (2271 m). Tras recorrer tres kilómetros y medio se alcanza la cima de esta montaña, y ahí el camino gira hacia el norte-noreste. Desde la cima de la Hermana Menor la subida es mucho más suave y el sendero transcurre por la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara. Después de medio kilómetro se alcanza la cima de la Hermana Mayor (2285 metros), y después de kilómetro y medio se llegaremos a la cima de Peñalara, que está señalada con un vértice geodésico a una altitud de 2428 metros.

Continuaremos nuestra ruta en dirección noreste por un complicado sendero entre grandes rocas graníticas, que a veces no es visible más que siguiendo algunos montoncillos de piedras colocados a modo de hito, recorriendo todo el resto del cordal del macizo de Peñalara, para descender posteriormente hasta la Laguna de los Pájaros (2169 metros). En este segundo tramo de unos dos kilómetros y medio, primero pasaremos por el Risco de los Claveles (2388 metros) y después por el Risco de los Pájaros (2334 metros). En esta zona es fácil encontrarse con bastantes cabras, que suelen apartarse ante la presencia humana. Esta ruta de descenso está mucho menos transitada que la anterior debido a su complicación.

En los aledaños de la Laguna de los pájaros volvemos a encontrarnos con grandes zonas de piornos, que dan un colorido fantástico y un olor dulce que facilita el difícil camino para llegar aquí. Después de una pequeña parada para comer algo y hacer unas fotos continuamos con nuestra ruta en dirección suroeste, en este tercer tramo caminaremos paralelo al macizo cuyo cordal hemos recorrido anteriormente, por los denominados Llanos de Peñalara con destino de vuelta al puerto de Cotos. Iremos pasando por más lagunas situadas a este lado del Macizo de Peñalara, como la laguna de los Claveles y otras más pequeñas pero de no menor belleza.

Al llegar al arroyo de la Laguna Grande de Peñalara decidimos dejar la visita de esta laguna y del refugio Zabala para otra ocasión, al fin y al cabo ya hemos visto la Laguna Grande desde arriba y tendríamos que volver a subir otro tramo para acceder al refugio. Así que desde aquí continuamos nuestro camino descendiendo entre piornos primero y pinos silvestres después hasta nuestro punto de partida en el Puerto de Cotos.

Algunos datos de Peñalara

Peñalara es la montaña más alta de la sierra de Guadarrama (perteneciente al sistema Central) y de las provincias de Madrid y Segovia, con una altura de 2428 metros sobre el nivel del mar. El pico, uno de los más emblemáticos de este sistema montañoso, forma parte del parque nacional de la Sierra de Guadarrama.

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Vértice geodésico del pico de Peñalara

En la cumbre hay un vértice geodésico y varios letreros de madera indicando varias rutas. Peñalara se encuentra en el centro del macizo montañoso de mismo nombre, de naturaleza granitítica y que cuenta con una serie de picos alineados de suroeste a noreste: Hermana Menor, Hermana Mayor, Peñalara, el Risco de los Claveles y el Risco de los Pájaros. Los bosques de pino silvestre que tapizan las laderas de la montaña dejan paso, por encima de los 1900 metros de altitud, a las praderas alpinas y matorrales de alta montaña como los piornos. A esta cota, y en la ladera este, existe un circo glaciar y más de veinte pequeñas lagunas donde viven más de diez especies de anfibios y otros animales de alta montaña. Se trata de una montaña muy frecuentada por montañeros y turistas gracias a su fácil acceso.

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Laguna Grande de Peñalara vista desde Hermana Mayor

Desde el punto de vista etimológico, el nombre ‘Peñalara’ parece ser que viene de la unión de las palabras latinas ‘Penna’ y ‘Lara’, que significan ‘cabeza’ y ‘llanura’ respectivamente. Por tanto, “Penna Lara” significa “cabezas planas”, nombre que hace honor a la silueta redondeada que tiene la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara si se mira desde el este u oeste. La ‘nn’ del latín evolucionó a la ‘ñ’ española, dando lugar al nombre que actualmente tiene esta montaña: ‘Peñalara’.

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De izquierda a derecha, Hermana Menor, Hermana Mayor y Peñalara

El contorno de Peñalara es, en general, redondeado y sin grandes sobresalientes. Las laderas de esta montaña están cubiertas de diferente vegetación, según la altitud. Desde los 1000 m a los 1300 podemos encontrar robledales en bastante buen estado. Desde los 1100 m a los 2000 m, el bosque predominante es el de pino silvestre. Esta especie arbórea forma bosques muy densos en todas las vertientes de Peñalara, siendo especialmente famoso el bosque de Valsaín (Segovia). El sotobosque que hay en esta zona está compuesto principalmente por helechos. Desde los 2000 m en adelante, la vegetación se compone por matorrales bajos de alta montaña como son el piorno y la retama. La principal causa de que los árboles no crezcan a esa altitud es el viento, que sopla con fuerza con mucha frecuencia. El factor del frío también influye en que no proliferen árboles adaptados a un clima más benévolo. En las laderas más inclinadas, los matorrales de alta montaña dejan paso a la piedra vista, que en este caso se trata de granito.

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Risco de los Claveles

En la ladera este de Peñalara hay zonas llanas en altitudes comprendidas entre los 2000 y 2100 metros en los que abundan las lagunas de origen glaciar, humedales y praderas alpinas. La fauna de la zona se compone de pequeños mamíferos, distintas especies de anfibios que habitan las lagunas, águilas, buitres, cuervos y gran variedad de insectos.

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Laguna de los Pájaros

De las laderas de Peñalara emergen numerosas fuentes de agua, las cuales dan lugar a arroyos, y lagunas de alta montaña. En la ladera este hay bastantes más arroyos que en la vertiente oeste. Los más importantes de la cara este, ordenados de norte a sur, son los siguientes: arroyo de los Pájaros, arroyo del Breza, arroyo de la Pedriza, arroyo de la Laguna de Peñalara y arroyo de la Hoya del Toril. Todos ellos nacen a una altitud superior a los 1900 metros. La cara oeste de Peñalara es más seca que la anterior, sin embargo también existen arroyos que emergen de la zona alta de esta ladera.

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Laguna de los Claveles

 

En la vertiente este hay aproximadamente veinte pequeñas lagunas y charcas de origen glaciar que se ubican en zonas llanas a una altitud comprendida entre los 2000 y 2100 metros de altitud. Las tres más grandes e importantes, ordenadas de norte a sur, son las siguientes: laguna de los Pájaros, laguna de los Claveles y laguna Grande de Peñalara.

El pico de Peñalara es parte del resultado del choque entre las placas correspondientes a la Submeseta Sur y la Submeseta Norte, ambas pertenecientes a la Meseta Central de la península ibérica. La elevación de este macizo ocurrió en la Era Terciaria (hace unos 65 millones de años) aunque los materiales sobre los que se asienta (el zócalo granítico meseteño) sean anteriores (de la orogenia herciniana). El tipo de roca más predominante en este macizo montañoso es el granito, visible desde el exterior en las laderas con más pendiente y en la cornisa de cumbres.

La acción glaciar del Cuaternario (hace unos 1,8 millones de años) acabó de modelar varios de los relieves actuales del macizo de Peñalara con pequeños circos y morrenas de tipo pirenaico. El mayor circo glaciar que hay en este macizo es el circo de Peñalara, situado directamente al sur de la cima de Peñalara, en la vertiente este y a una altitud de 2000 metros. Otro circo glaciar, aunque este es más pequeño que el anterior, es la Hoya de Pepe Hernando. Está situada también en la vertiente este, al noreste del circo de Peñalara y a una altitud de 1900 metros. Cada uno de estos dos circos glaciares tienen una morrena.

El pico de Peñalara ha sido desde siempre un importante referente en toda la sierra de Guadarrama debido a su altitud y al hecho de encontrarse en el punto de confluencia de las dos Castillas y de dos grandes valles, el del Lozoya y el de Valsaín. También era la montaña sagrada de los arévacos, pueblo celta que habitaba en el centro de la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Señores de la meseta, ellos fueron los guerreros celtíberos inmolados en Numancia, vencidos al fin tras humillar durante décadas al Imperio Romano.  La primera ascensión a Peñalara no se conoce porque la dificultad que entraña este ascenso no es excesiva. Las verticales paredes de la vertiente este de este pico han sido la “cuna” de los principales escaladores y alpinistas madrileños de los siglos XX y XXI.

El conocimiento popular de la importancia geológica y medio ambiental de esta montaña se expande en la década de los años veinte, cuando varios intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza destacaron el importante valor ecológico que posee la sierra de Guadarrama. En esa época se planeó la creación del Parque Nacional de Guadarrama para proteger las zonas altas de la sierra, incluido el pico de Peñalara. Finalmente ese proyecto no se puso en marcha debido a los cambios de gobierno y la Guerra Civil.

El gran interés científico y paisajístico que despertó el macizo de Peñalara a lo largo de la década de 1920 hizo que en 1930 fuera declarado Sitio Natural de Interés Nacional, con el objetivo de preservar el paisaje de ataques externos. Durante estas décadas, la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara, creada en 1912, experimentó un gran crecimiento y participó activamente en la divulgación del conocimiento sobre esta montaña.

 

Durante la década de los años ochenta, se creó un proyecto para proteger la vertiente este del pico de Peñalara, incluyendo el circo glaciar de Peñalara y las lagunas glaciares que salpican la zona. El 15 de junio de 1990, la Comunidad de Madrid declaró la vertiente este del pico como Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara mediante la Ley 6/1990, otorgando la administración del mismo al gobierno autonómico. Desde 1998 hasta principios de la década de 2000, se llevó a cabo el desmantelado de la antigua estación de esquí de Valcotos que ocupaba gran parte de la zona sur del área protegida. De esta forma, se eliminaron los remontes y se repoblaron con pino silvestre las antiguas pistas. Este hecho se puede considerar pionero en todo el mundo. También hay que destacar la mejora de las instalaciones del puerto de Cotos llevadas a cabo durante estos años.

A principios de la década de los años 2000, los gobiernos de la Comunidad de Madrid y de Castilla y León llevaron a cabo un proyecto para declarar como Parque Nacional de Guadarrama gran parte de la sierra de Guadarrama, incluido el pico de Peñalara. De esta forma, la vertiente oeste de esta montaña quedaría también protegida. Sin embargo, la declaración como Parque Nacional fue muy polémica y discutida, pues dejó amplias zonas de gran valor ecológico fuera del Parque Nacional de Guadarrama por parte de los gobiernos de la Comunidad de Madrid y Castilla-León.

 

 

La villa de Buitrago

Buitrago del Lozoya es el único pueblo de toda la comunidad de Madrid que conserva íntegro su recinto amurallado, es el mejor conservado de la región madrileña y el único que se mantiene en estado completo. Situado en un meandro del río Lozoya, que da sobrenombre al municipio, lo rodea por todos sus lados menos el meridional, convirtiéndose así en un foso natural de defensa, de gran importancia desde el punto de vista estratégico. Buitrago del Lozoya es Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural desde 1993, y su recinto amurallado es Monumento Nacional desde 1931.

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Vista del puente del Arrabal y de la muralla de Buitrago desde el puente nuevo

 

La muralla de Buitrago del Lozoya es de origen musulmán. Es probable que la primera construcción fuera edificada entre los siglos IX y XI, en el contexto defensivo de la Marca Media, una extensa zona situada en el centro de la Península Ibérica que la población musulmana fortificó para detener el avance de los reinos cristianos y asegurar la plaza de Toledo. Más concretamente, protegía el paso hacia el puerto de Somosierra, una de las principales vías de entrada de las incursiones cristianas. Existen restos de otras murallas musulmanas levantadas en la misma época con una finalidad similar en otros lugares de la comunidad madrileña como son: Talamanca del Jarama, Torrelaguna, Alcalá de Henares y en Madrid.

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De izquierda a derecha, puente del Arrabal, muralla de Buitrago y puente nuevo sobre el río Lozoya

El trazado y fábrica de la muralla denotan su origen musulmán. Siguiendo las pautas de la arquitectura militar andalusí, presenta numerosas torres de planta rectangular y escaso saliente, así como mampostería encintada con ladrillo en numerosos tramos.

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Entrada al Adarve bajo desde el exterior de la muralla

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Adarve bajo

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Puerta del Adarve bajo desde el interior de la muralla

Sin embargo, la construcción que ha llegado hasta nuestros días es fruto de sucesivas ampliaciones y reformas acometidas por los cristianos, una vez que Buitrago del Lozoya quedó integrada dentro de la Corona de Castilla. Estas se prolongaron desde el siglo XI, cuando la primitiva ciudadela musulmana fue conquistada por el rey Alfonso VI, hasta el siglo XV con los Mendoza como señores de estas tierras.

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Calle de la Coracha

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

La muralla de Buitrago del Lozoya tiene más de 800 metros de perímetro y cuenta con tres entradas. Dos situadas en el adarve bajo, al noroeste la entrada que da acceso al puente del arrabal y al este la puerta que da acceso a la coracha. Y otra puerta situada al sur en el adarve alto, protegida por su imponente torre albarrana. La muralla se asienta sobre un pronunciado meandro del río Lozoya, configurando a modo de península un triángulo escaleno. El río está actualmente retenido en el embalse de Puentes Viejas presentando actualmente una mayor anchura en su recorrido por Buitrago, pero antiguamente estaba encajado en un desfiladero con el río en su parte más baja, que actuaba como barrera defensiva natural por sus caras noreste, norte y noroeste.

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

 

La muralla configura dos tramos bien diferenciados: la primera en los lados contiguos al río, la muralla está conformada únicamente por un adarve bajo. Y la segunda en los restantes flancos, la construcción es mucho más sólida y consistente, ante la ausencia de una defensa natural, esta parte consta de un adarve alto, alrededor del cual se articulan doce torres adosadas, una torre albarrana, una barbacana, un foso, un castillo y una coracha, entre otros elementos característicos de la arquitectura militar medieval.

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Alcázar de Buitrago con la Iglesia de Santa María del Castillo al fondo

Adarve bajo: se trata del tramo de muralla que transcurre paralelo al río Lozoya. Debido a las posibilidades defensivas que este río aporta, la muralla no excede de los 6 metros de altura y 2 metros de grosor. Tampoco se construyeron torres ni cubos, pues habrían sido innecesarios. Solo cuenta con una serie de contrafuertes en su flanco este, y almenado en todo su perímetro.

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Adarve bajo

Adarve alto: abarca los flancos sur y suroeste de la muralla. En esta parte la altura es más heterogénea, no bajando de 9 metros y alcanzando los 16 metros en la parte correspondiente a la Torre Albarrana. En estos flancos el espesor es de 3,5 metros y, por ser la zona más vulnerable del recinto, sí se introdujeron numerosos elementos defensivos: cuenta con torreones macizos, barbacana, foso, coracha, una torre albarrana y un alcázar. Los torreones macizos se conservan casi en su totalidad presentando la misma altura que los lienzos. La barbacana se conserva un tramo en el lado suroeste con alguna de sus torres sin sobrepasar los 4 metros de altura y los 2 metros de grosor. Del foso, aunque se conservan algunos tramos, el paso de los siglos ha provocado que solo sean visibles desde los sótanos de las viviendas contiguas a él. La coracha se trata de un apéndice de muralla que se introduce en el río y cuya función era cubrir el acceso al agua en caso de sitio; se trata de uno de los ejemplos más importantes y mejor conservados de toda Europa. La torre albarrana, también conocida como Torre del Reloj, consiste en un gran bastión que protege la entrada principal del recinto. De planta pentagonal, contiene un acceso en recodo con un arco doble de herradura hacia el interior y uno ojival hacia el exterior.

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Vista del flanco suroeste, adarve alto reforzado con torreones macizos y barbacanas

 

Elementos constructivos más importantes:

Adarve

Un adarve (del árabe «ad-darb» o, según otras fuentes, «adz-dzir-we» como ‘muro de fortaleza’), adarve, camino o paseo de ronda, es un pasillo estrecho situado sobre una muralla, protegido al exterior por un parapeto almenado, que permitía tanto hacer la ronda a los centinelas, como la distribución de defensores.

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Vista del Castillo y de los restos del Adarve alto sobre la muralla desde la Torre Albarrana

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Entrada a la Torre Albarrana desde el Adarve alto

Barbacana

Una barbacana es una estructura defensiva medieval que servía como soporte al muro de contorno o cualquier torre o fortificación, adelantada y aislada, situada sobre una puerta, poterna o puente que era utilizada con propósitos defensivos. Las barbacanas estaban por lo general situadas fuera de la línea principal de defensa y conectadas a los muros de la ciudad por un camino fortificado. Tal fortificación era a menudo sólo un terraplén adosado al muro junto a la zona más vulnerable de un castillo o de una plaza fuerte. Este sistema defensivo se difundió ya en el alto medievo prácticamente en toda Europa también por su relativa simplicidad de construcción.

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Barbacanas y torres Macizas en el Adarve alto

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Torreones y Barbacana desde la Torre Albarrana

Torre Albarrana o Torre del Reloj

Una torre albarrana es una torre que forma parte de un recinto fortificado con el que está comunicada, aunque generalmente exenta de la muralla​ y conectada a esta mediante un pequeño arco o puente, que pudiera ser destruido fácilmente en caso de que la torre cayese en manos del enemigo. Puede ir también adosada como gran baluarte pero en este caso es de mayor tamaño que las demás. Según la RAE, albarrana proviene de la palabra albarrán, y esta a su vez del árabe hispánico al-barrāna (‘la de fuera’).​ Sirve de atalaya pero también para hostigar al enemigo que intenta acercarse o rebasar la muralla.

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Torre Albarrana

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Torre Albarrana

 

 

 

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Torre Albarrana

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

Coracha

Una coracha es una parte de la muralla que protege la comunicación entre una fortaleza y un punto concreto que no está lejos de dicha fortificación. Lo más común es que se utilice para proteger el acceso al lugar de suministro de agua cuando éste se encuentra fuera del recinto fortificado. La coracha suele terminar en una “torre del agua” que protege en su interior el pozo o la fuente de abastecimiento. A veces su adarve puede tener doble pretil, pues puede ser atacada por ambos flancos.

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Coracha

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Vista del río desde la puerta de la Coracha

Iglesia

La Iglesia de Santa María del Castillo fue concluida en el año 1321 y consta de una sola nave, de planta y alzados góticos. La entrada principal es de estilo gótico flamígero (siglos XV al XVII). La torre, de gran altura y esbeltez, es un bello ejemplar del estilo mudéjar. Del edificio original se mantienen los muros exteriores, la portada y la torre mudéjar, ya que fue incendiado el 14 de marzo de 1936 en el marco de la violencia anticlerical que precedió la Guerra Civil,​ hundiéndose en ese momento sus nervadas bóvedas de crucería. Actualmente, la nave de la iglesia está restaurada en estilo neomudéjar, y sobre el altar mayor se ha colocado el artesonado original del Hospital de San Salvador.

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Vista de la Iglesia y parte del Castillo desde la puerta de la Coracha

Castillo

El castillo de Buitrago del Lozoya es un conjunto arquitectónico gótico-mudéjar del siglo XV con planta rectangular, siete torres y un patio de armas central. Este recinto está enmarcado dentro de la muralla en su esquina sureste y cuenta con un foso que lo protegía de las invasiones. Las torres son todas diferentes entre sí, habiendo incluso una de planta pentagonal. El acceso se realiza por una puerta en forma de recodo que se sitúa bajo una de las torres.

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Vista del Castillo desde La Torre Albarrana

Su influencia árabe es evidente. Los materiales que se utilizaron para su construcción fueron el ladrillo, la cal y la piedra. Las torres presentan ladrillos colocados en bandas horizontales unidos por cal y enmarcados por bloques de piedra maciza. En los muros se utilizó el sillarejo, que es piedra labrada toscamente unida también con cal.

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Vista del Castillo y de la Torre Albarrana desde el Adarve Alto

Dentro del mismo castillo, son interesantes y dignos de mención los sistemas de cubrición mediante bóvedas constituidas por arcos de medio punto y por aproximación de hiladas, lo que le daba el toque decorativo al conjunto defensivo. El recinto además sirvió de palacio, por lo que también se adornó con yeserías y techumbres de gran calidad. Entre los personajes históricos que han residido entre sus muros cabe mencionar a Juana la Beltraneja, famosa por la guerra civil que mantuvo contra su tía Isabel la Católica.

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Castillo o Alcazar de Buitrago

El foso es una trinchera profunda, a veces llena de agua, excavada alrededor de una muralla o de un castillo para formar una barrera contra ataques a estas fortificaciones. Una fosa dificulta el acceso de las máquinas de asedio, como la torre de asedio o el ariete, que necesitan estar junto al muro para ser eficaces. Una característica muy importante es que dificulta mucho los intentos de minar los cimientos de los muros mediante túneles con vista a colapsarlos, por una parte obligando a profundizar más en la excavación y en caso de haber agua, esta inundaría esos túneles o causaría que se tuvieran que reforzar mucho. Actualmente no se puede apreciar en Buitrago, pero existen sus vestigios bajo las viviendas construidas en la parte exterior del Adarve alto de la parte sur de la muralla.

 

 

 

Un paraíso llamado Canencia, de Mojonavalle al abedular.

Paseando por sus frondosos bosques, es fácil entender que este término municipal fuese utilizado como cazadero por la Corona de Castilla durante la Baja Edad Media. Algunos historiadores relacionan el topónimo del pueblo con los perros (canes), ante la supuesta existencia de perreras reales dentro de esta localidad. Pese a tratarse tan sólo de una hipótesis histórica, este animal aparece en el escudo heráldico de Canencia.

Hoy haremos una ruta por una de sus zonas más emblemáticas, partiendo del puerto de Canencia, donde se puede dejar el coche cómodamente, buscaremos la Chorrera de Mojonavalle y después descenderemos siguiendo el curso del arroyo hasta adentrarnos en el abedular de Canencia. Se trata de un pequeño bosquete localizado en la ladera noroeste del puerto de Canencia reconocible por la coloración blanquecina de sus troncos, así como la caducidad y colorido de su follaje.

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Fuente de la Raja, puerto de Canencia

Después de llenar la cantimplora en la fuente de la Raja, tomamos la pista forestal que parte de esta fuente para adentrarnos en el pinar que nos acompañará gran parte del recorrido. Pasaremos al lado de un chozo de pastores que dejaremos a mano derecha entre el bosque de pinos albares.

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Antiguo chozo de pastores rodeado de pino albar

En la pista forestal, además de los pinos albares de repoblación, nos encontraremos con algunos ejemplares de especies como el abeto de Douglas, introducido a modo experimental en las épocas de repoblación, y con otras especies autóctonas propias de la zona, como tejos, acebos, abedules, fresnos y robles según la orientación y altura de la zona que vayamos atravesando.

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Pista forestal rodeada de pinos albares y algunos abetos de Douglas

Así mismo, este bosque presenta una gran riqueza micológica, tanto en otoño como en esta peculiar primavera, es fácil encontrar distintas variedades de setas a poco que miremos en el borde del camino.

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Al llegar a la casa del hornillo (un centro de educación ambiental) dejaremos la pista forestal para tomar un sendero que parte hacia la derecha en ligera pendiente descendiente para llegar hasta la parte baja de la chorrera de Mojonavalle, en el arroyo del Toril.

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Chorrera de Mojonavalle

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Chorrera de Mojonavalle

 

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Chorrera de Mojonavalle

Continuaremos nuestro camino descendiendo paralelos al arroyo del Toril que da lugar a estas chorreras, que tras recoger las aguas de otros arroyos pasa a llamarse Arroyo del Sestil del Maillo, para introducirnos en lo más profundo de este magnífico bosque. Esta zona alberqga gran cantidad de tejos, acebos y abedules, que junto a los helechos y al musgo que nos encontraremos en las rocas y en el suelo, dan un verdor en primavera muy difícil de encontrar en estas latitudes de la península ibérica.

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El abedul es el árbol de la sabiduría en la cultura celta y fue utilizado durante mucho tiempo para fabricar papel, empleándose para ello su corteza (librum). Sus flexibles ramas sirvieron a modo de látigo que los inquisidores empleaban con frecuencia, y más tarde los maestros para proporcionar sus castigos “jarabe de palo”. En algunos lugares de Europa se elabora con su savia vino de abedul. También la “betulina” contenida en su corteza, es utilizada en el tratamiento de enfermedades de la piel,

En cuanto a los tejos, en tiempos más lejanos, la madera de tejo fue muy apreciada por su dureza y su elasticidad. Por ello, se empleaba en la construcción de lanzas, flechas y arcos. Las propiedades de casi todas sus partes, junto con su gran longevidad han dotado a esta especie de misterio, siendo considerados árboles sagrados en muchas culturas europeas, identificándose con la eternidad. De su madera también sacaban los druidas bastones, se practicaban ceremonias bajo el refugio de su denso follaje e incluso se realizaban ponzoñas con su veneno. Los Tejos eran también conocidos en los aquelarres de meigas y brujas.

El acebo, por su parte, era un arbusto sagrado para los celtas, se utilizaba durante el solsticio de invierno, el 22 de diciembre, para atraer la suerte y la prosperidad a la comunidad y alejar los malos espíritus. El árbol de los sátiros, decían, porque alejaba los demonios y los duendes maliciosos. Un adorno natural que se sigue utilizando como adorno en la actualidad bajo la creencia de que Santa Claus entra a medianoche y bendice a toda la familia. Y, por otro lado, la tradición dice que si una chica es besada bajo el acebo en Nochebuena encontrará el amor o conservará el que ya tiene, pero además atraerá la fertilidad.

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El camino termina en el puente de la Pasada, justo donde el arroyo del Sestil del Maillo cruza por debajo de la carretera que sube desde el pueblo al puerto de Canencia, es cuestión de volver sobre nuestros pasos para recrearnos y volver a disfrutar del paisaje que hemos dejado atrás.

 

Somosierra, Napoleón y la chorrera de los Litueros

Somosierra ha sido desde la antigüedad uno de los lugares de paso obligado para todo aquel que pretendía atravesar el sistema central de la península ibérica. Su nombre proviene de Somo de la Sierra, usado en la Edad Media y que significa “en lo más alto de la sierra”. Puede hacer referencia al puerto, a la sierra, al municipio o a la famosa batalla que tuvo lugar en este sitio.

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Vista de la vertiente norte del puerto de Somosierra desde la ladera Oeste de Peña Cebollera

 

Puerto y sierra de Somosierra

El puerto de Somosierra es un paso de montaña situado dentro del Sistema Central de la península ibérica, que sirve como lugar de paso entre la submeseta norte y la submeseta sur. Este paso de montaña pertenece al municipio madrileño de Somosierra. Por debajo del puerto, que tiene una altitud de 1440 msnm, se encuentra la autovía nacional A-1, que atraviesa la sierra a través de un túnel, en los últimos metros de ascensión. Esta carretera, une la provincia de Segovia, situada al norte de la cadena montañosa, con la provincia de Madrid, situada al sur. El valle por el que discurre este puerto de montaña, también hace de límite entre la sierra de Somosierra, que queda al oeste, y la sierra de Ayllón, al este. Peña Cebollera (sierra de Ayllón) es la montaña más alta de esta zona montañosa, con una altitud de 2129 metros. En ella nace el río Duratón que discurre por el valle paralelo a la carretera del puerto camino de Segovia. Destacando las llamadas chorreras de los Litueros, donde el recién nacido río Duratón se despeña en una sucesión de varias cascadas dignas de ser visitadas.

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de los Litueros

 

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Chorrera de los Litueros

 

Este puerto de montaña ha sido un lugar estratégico de gran importancia en muchas de las contiendas bélicas acontecidas a lo largo de la historia de España. Durante la ocupación musulmana de la península ibérica pertenecía a la llamada Tierra Media o tierra de nadie, y durante un largo periodo de tiempo separaba las tierras cristianas situadas al Norte, de la zona de influencia musulmana situada al sur, así lo atestiguan las atalayas árabes que vigilaban desde lejos este paso de montaña en la defensa de importantes plazas musulmanas (Buitrago del Lozoya, Torrelaguna y Talamanca del Jarama) de posibles incursiones cristianas. Posteriormente se libró la famosa batalla de Somosierra entre el Ejército español y el ejército francés de Napoleón en 1808, durante la Guerra de la Independencia Española. En la batalla de Somosierra las tropas de Napoleón, tras derrotar a las tropas españolas que guarnecían el puerto, abrieron el camino hacia Madrid.

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Chorrera de Los Litueros

Más recientemente, durante la guerra civil, las tropas rebeldes de Franco ocuparon estas posiciones en su ofensiva hacia Madrid por el Norte, quedando establecido el frente unos kilómetros mas al sur, en el llamado “Frente del agua”, que duraría toda la contienda civil por el control de las aguas del Lozoya. En los pueblos de Buitrago del Lozoya, Piñuécar-Gandullas, Prádena del Rincón, Paredes de Buitrago y Mangirón hay una serie de construcciones militares (nidos de ametralladoras, parapetos, observatorios, fortines y trincheras) que defendieron el acceso al agua de los habitantes de Madrid, los embalses madrileños del norte de la Comunidad eran una fuente vital de abastecimiento y esta zona fue línea de frente durante la Guerra Civil.

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Río Duratón en el puerto de Somosierra

 

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Río Duratón en el puerto de Somosierra

Municipio de Somosierra

Somosierra es un pequeño municipio madrileño situado 90 kilómetros al norte de Madrid, circulando por la A-1. Se encuentra situado en el puerto de montaña del mismo nombre (siendo éste el único caso en el que ambas laderas de la sierra pertenecen a un mismo municipio), es el último pueblo de la comunidad de Madrid por el norte, a una altitud de 1433 metros sobre el nivel del mar.​ Es por tanto ésta la primera localidad de mayor altitud de la Comunidad de Madrid y la más septentrional de la comunidad autónoma.

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Somosierra

 

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Iglesia Parroquial de Santa María de las Nieves

 

Su vida se ha desarrollado principalmente gracias al comercio y los servicios que han ofrecido a los viajeros que cruzaban este paso de montaña. Somosierra pertenece a la Sierra Norte de Madrid, y como en la mayoría de las localidades de la zona, se ha desarrollado el turismo rural como alternativa de vida para sus habitantes.

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Mesón La Conce, hoy en día cerrado, antiguamente una parada obligada para camioneros y viajantes.

 

La Batalla de Somosierra.

En la mañana del 30 de Noviembre de 1808 tuvo lugar la llamada batalla de Somosierra. Fue un enfrentamiento entre las tropas españolas, y las fuerzas francesas del Grande Armée de Napoleón, que además contaba con el decisivo apoyo de la caballería polaca, durante la Guerra de la Independencia Española. La batalla adquirió tintes épicos en el transcurso de la misma, se la considera como el mayor éxito de la caballería polaca de todos los tiempos.

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Ermita de Nuestra Señor de la Soledad

 

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Esta carga que la caballería polaca llevó a cabo aquel día, hizo que el propio Emperador impusiera al oficial al mando de la misma la Orden de la Legión de Honor en el mismo escenario del combate, e incluso hoy, el lugar de la batalla es recordado con una placa conmemorativa colocada por la República de Polonia y por otra placa que recuerda a todos los caídos en esta batalla, españoles y polacos, en la ermita que hoy se levanta en el lugar donde concluyó la batalla. La noche siguiente, Buitrago se convertiría en el cuartel general del ejército francés. El propio Napoleón se hospedó en esta localidad de la sierra madrileña.

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Atril conmemorativo de la Batalla de Somosierra

 

El ejército de Napoleón se vio bloqueado durante su avance a Madrid en el valle de Somosierra por unos 9000 españoles, procedentes de algunas divisiones de los ejércitos de Extremadura, Andalucía y Castilla,​ recién incorporados al Ejército del Centro y bajo el mando del general San Juan.

Ante el avance de los 45 000 hombres del Grande Armée, la fuerza armada más poderosa del mundo en aquella época, el militar encargado para la defensa de Madrid fue el general Eguía, que disponía de unos 21 000 hombres con poca experiencia o disciplina. Eguía envió al general San Juan al mando de unos 12 000 hombres al puerto de Somosierra, la entrada más directa a Madrid. A su vez, San Juan envió a unos 3000 hombres a Sepúlveda, a 30 kilómetros de Somosierra, y estableció otra barricada, formado por unos cientos de milicias en Cerezo de Abajo, a unos 10 km al Norte de Somosierra. A lo largo de un camino ascendente habían sido situadas cuatro baterías de cuatro cañones de 12 libras cada una para batir a la infantería francesa durante el ascenso hacia el puerto de montaña. Por otra parte, Eguía envió unos 9000 hombres del Ejército de Extremadura al mando del general Heredia, para proteger el puerto de Guadarrama, unos 100 kilómetros al oeste, otra eventual vía del Sistema Central por la que Napoleón podría avanzar hacia Madrid.

Napoleón ordenó al mariscal Victor, al mando de la vanguardia que atacara el puerto al amanecer del día 30. La mañana trajo una densa niebla que no se levantaría hasta mediodía. El desigual duelo artillero que se trabó en las primeras horas de la batalla puso de manifiesto que el fuego francés de contrabatería era algo completamente ineficaz a la hora de tomar la posición española. Las baterías españolas, además de bien servidas, eran muy superiores en alcance y potencia a sus contrapartes francesas, que solo contaban con artillería de campaña de un calibre de 6 y 8 libras. No obstante, la posición de las baterías españolas no se había protegido por obras, tierra, parapetos, caballos de frisia, cestones, ni ninguna otra previsión que pudiera estorbar un avance directo y decidido hacia ellas, error que después se demostraría clave en el desenlace de la batalla.

Ante las evidentes dificultades al flanqueo de la posición gracias al buen trabajo de la infantería española, apoyada por guerrillas y milicias, Napoleón, impaciente, ordenó avanzar por el estrecho desfiladero a sucesivas columnas de infantería de línea, que fueron martilleadas por el constante fuego de las baterías españolas causando la metralla una auténtica carnicería que obligó a retroceder una y otra vez a los regimientos de línea franceses. El estrecho puente que necesariamente tenían que cruzar los franceses antes de poder desplegar sus regimientos en línea de fuego hacía muy dificultoso el avance bajo el fuego de la artillería española. Decididamente San Juan había elegido un terreno excelente para plantear una batalla defensiva. La jornada avanzaba, eran las 11 de la mañana y al levantar la niebla Napoleón constató lo difícil y costoso que estaba resultando el ataque. Como era típico en él, ordenó otro ataque frontal, en este caso una carga a la compañía de Cazadores a Caballo que le acompañaba como escolta. Esta carga fue deshecha por la artillería española a poco de comenzar, con grandes pérdidas. Es entonces cuando al parecer se recurrió al Tercer Escuadrón del Regimiento de Caballería Ligera Polaca de la División de Caballería de Lasalle, ese día de servicio junto al emperador. Eran 150 jinetes liderados por Jan Kozietulski, que recibieron la orden de tomar a toda costa las posiciones fortificadas de artillería española. Napoleón dio la orden a pesar del distinto parecer de sus asesores, que juzgaban imposible tomar la posición con una carga directa. Los polacos, deseosos de demostrar su valía ante el emperador, se lanzaron a la carga a través del puente, y después por un camino ascendente de fuerte pendiente. A pesar de la pérdida de dos tercios de los jinetes, éstos consiguieron que los españoles perdieran su posición defensiva y les obligaron a retirarse del paso con ayuda de la División de Dragones de La Houssaye, que cargó en apoyo de los polacos.

Resulta difícilmente comprensible desde un punto de vista táctico que el ejército español perdiera de esa forma una batalla en una posición tan ventajosa. La carga suicida de la caballería polaca, por entonces todavía armados con sables, contaba con pocas posibilidades, a poco que la posición se hubiera apoyado algo más decididamente con defensas pasivas, unidades de infantería de línea o unidades ligeras de caballería. Según testimonios de los jinetes, aun a pesar de que la carga alcanzó las piezas de la primera batería, los polacos dudaban de continuarla al comprobar el coste en vidas que habían tenido que pagar y lo terrible de la carnicería. No obstante, los supervivientes dijeron que la alocada huida de los españoles les animó a proseguir hasta que, sorprendidos, se vieron dueños de toda la posición artillera. Sin duda, las tropas españolas que fueron desplegadas en Somosierra no tenían mucha experiencia, y se ha comprobado que en gran medida estaban compuestas de soldados sin la debida instrucción y de voluntarios: San Juan disponía de seis batallones de tropa regular, dos batallones de milicias y siete batallones de hombres de alistamiento. Además, la moral de los españoles estaba bajo mínimos debido a la escasez de medios, a las derrotas de fechas recientes, al aura de la presencia de Napoleón en persona y también a la desunión del mando propio. Muchos factores que influyeron en que una acción con tan pocas probabilidades acabara teniendo tan rotundo éxito. No obstante, ni siquiera estos factores eximen de responsabilidad a los mandos españoles, que con mayor previsión habrían podido evitar una acción que no volvió a intentarse con éxito en la historia militar.

Por otra parte, la acción francesa puede considerarse igualmente precipitada, pues lo más probable es que aumentando la presión sobre los flancos españoles, estos habrían terminado por ceder ante las más numerosas y más disciplinadas fuerzas francesas. Pero Napoleón era impaciente por naturaleza y ante todo no deseaba prolongar la batalla y mucho menos permitir que la llegada de la noche permitiera a los españoles reforzar sus posiciones.

Navarredonda, San Mamés y su famosa Chorrera

La Chorrera de San Mamés es un salto de agua situado en la parte Norte del término municipal de Navarredonda y San Mamés, en la vertiente sureste de la sierra de Guadarrama, en el Norte de la Comunidad de Madrid, a poco más de 80 kilómetros de la capital. Esta Chorrera pertenece al arroyo del Chorro que vierte sus aguas al río Lozoya en el embalse de Riosequillo a la altura de Pinilla de Buitrago. Tiene una altura de treinta metros y está situada a una altura de 1470 metros sobre el nivel del mar. El agua se despeña por un accidente rocoso que forma un claro en bosque de pinos silvestres al pie de la ladera del Lomo Gordo, de 2075 metros y que es visible a varios kilómetros de distancia.

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Para llegar a la Chorrera existen dos opciones; la primera partiendo del núcleo urbano de San Mamés y la segunda partiendo de Navarredonda. En ambos casos las rutas se juntan en el tramo final de la pista forestal que atraviesa el pinar de repoblación y que lleva finalmente a la cascada de referencia. Partiremos de San Mamés para volver por Navarredonda y poder contemplar toda la belleza natural que alberga esta zona de la sierra de Guadarrama. Iniciamos la ruta en la Ermita de San Mamés, cruzamos la carretera y nos adentramos por un camino que se dirige al Norte, según vamos dejando atrás las últimas construcciones nos encontramos a la derecha con la Quesería de Santo Mamés, donde merece la pena hacer una parada para degustar alguno de sus excelentes quesos artesanales. Además el propietario tuvo el detalle de ofrecernos una pequeña exposición del proceso de elaboración de tan rico manjar.

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El camino sigue siempre con una ligera pendiente ascendente entre algunas fincas ganaderas y nos adentramos entre los primeros robledales donde se pueden apreciar claros en el bosque consecuencia de la intensa actividad de carboneo que siempre ha existido en esta zona. La pendiente va aumentando según avanzamos y nos adentramos en la sierra, pronto veremos de frente el pinar (pino silvestre) de repoblación que es el protagonista de las zonas más altas de la sierra de Guadarrama. A la izquierda del camino y en el fondo del valle podemos ver discurrir el arroyo del Chorro que siempre nos acompañará a un par de centenas de metros, aunque lo perderemos de vista al entrar en el pinar.

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A la entrada del pinar cruzamos una valla y dejamos atrás una construcción que sirvió de casa del guarda y probablemente de almacén y refugio en la época de la repoblación arbórea del monte. Continuamos por la pista forestal atravesando el bosque de pinos hasta llegar a un desvío señalizado que nos indica el camino a seguir para llegar a La Chorrera.

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Tras un pequeño tramo llegaremos al final de la pista forestal, donde tras atravesar un pequeño arroyo, continuaremos por un pequeño sendero donde la pendiente se hace más pronunciada. Salimos del pinar para atravesar un piornal y al coronar una pequeña cuesta entre piedras tendremos a la vista la chorrera de San Mames.

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Para regresar tomamos el mismo camino desandando nuestros pasos, tras entrar en el pinar y cruzar el arroyo que hemos citado antes, a unos doscientos metros caminando por la pista forestal, tenemos que fijarnos en un pequeño sendero a la derecha de la pista que nos bajará zigzagueando a través del pinar hasta el mismo arroyo del Chorro, cruzaremos por un pequeño puente (o más bien un vado) construido con lajas de piedra. Seguimos por el sendero siguiendo el curso del arroyo y pronto nos encontraremos con una puerta en la valla que delimita el pinar.

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El sendero continua primero por praderas y después entre robledales, hasta terminar en una vía pecuaria que nos lleva directos al final de la ruta en Navarredonda.

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Navarredonda y San Mamés

Navarredonda y San Mamés es un municipio formado por dos núcleos urbanos, situado al Norte de la Comunidad de Madrid y en la ladera sur de la sierra de Guadarrama. Según parece la historia de este municipio se remonta a la época de la reconquista. Como en el caso de Villavieja del Lozoya, se cree que los primeros asentamientos son de origen árabe en el siglo XI. Pero será a finales del siglo XII, coincidiendo con el avance de los cristianos hacia Toledo, cuando se produce un repoblamiento de la zona con pastores llegados de Segovia y más concretamente de Sepúlveda, que fundarán los primeros núcleos urbanos de esta zona del valle del Lozoya a partir de la construcción de las primeras ermitas. En este tiempo la actividad se centra en una economía de subsistencia, dedicándose sus gentes fundamentalmente a la explotación maderera, el carboneo, la agricultura y la ganadería. Existe un gran vacío en la historia del municipio, de tal manera que los primeros datos fiables se remontan al siglo XVI, que figuran en el catastro del Marqués de la Ensenada, actualmente guardado en el Castillo de Chinchón. En este catastro se catalogan las tierras y las gentes que las explotaban. A mediados del siglo XIX Navarredonda incorpora a San Mamés y ya en el siglo XX las informaciones nos remiten al periodo de la guerra civil española. Segú parece, en Navarredonda se estableció un puesto de mando republicano, mientras que en los cercanos pueblos de La Serna o Braojos estaban las posiciones franquistas, formando parte del denominado frente del agua por el control del río Lozoya de importante valor estratégico, ya que suministra de agua a Madrid. Este frente se mantuvo durante toda la guerra, el bando franquista no pudo avanzar más hacia el sur, convirtiéndose Buitrago en una plaza de gran importancia durante todo el conflicto civil. Al parecer la iglesia de Navarredonda fue utilizada como puesto de mando republicano, motivo por el que fue bombardeada en la contienda y reconstruida años después en 1962.

En 1936 el municipio de Navarredonda y San Mamés estaba gobernado por el alcalde “Tío Carolo”, simpatizante de la derecha política. Cuando los rojos se establecieron en el pueblo quisieron asesinarle, pero algunos mozos republicanos oriundos de Navarredonda lo evitaron al hacerse responsables de él, salvándole la vida.
Tras la victoria de las tropas franquistas algunos de los habitantes de esta zona fueron llevados a campos de concentración. El “Tío Carolo” envió cartas a los dirigentes políticos y consiguió que algunos de los presos fueran liberados.

Después de este periodo devastador se reconstruyeron las casas y edificios que habían resultado dañados, además se edificaron el ayuntamiento y las escuelas y se incorporó un moderno sistema de alcantarillado y agua corriente en torno a 1974.

 

Ayuntamiento

Está situado en la plaza principal del núcleo de Navarredonda. Fue construido en la posguerra por el organismo público Regiones Devastadas. El edificio se compone de dos plantas. Aunque al principio ambas se utilizaban como ayuntamiento y como iglesia improvisada, en la actualidad hay situado en la parte inferior el bar “La Ronda”, el único que aún sigue en funcionamiento. En la parte superior existen varias salas empleadas para reuniones y como almacén de los archivos oficiales.

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La ermita de San Mamés

Situada a las afueras del núcleo, la ermita de San Mamés llegó a convertirse en el templo de mayor importancia del entorno. Su exterior es de mampostería y ladrillo, y bajo el alero del ábside, han sido trazados juegos decorativos en los ladrillos. En la parte sur de la iglesia encontramos un pequeño jardín que precede la entrada que se cobija bajo un pórtico; junto a él puede verse un pequeño cementerio. En el interior, la decoración está formada por un conjunto de pinturas murales modernas de estilo neo románico. Según algunas fuentes, se comenta que fue el escenario de la coronación de la reina de Castilla Juana la Loca.

La Iglesia de San Miguel Arcángel

Situada en Navarredonda pero fuera de su plaza principal, resultó seriamente dañada durante la Guerra Civil Española, pero fue reconstruida en 1962. Posteriormente ha sufrido otra reforma. De la fachada original de la iglesia ya solamente se conserva el ábside semicircular románico.

 

 

La Ermita de Santiago y … Juana “La Beltraneja” o “La Excelente Senhora”

Esta ermita en ruinas, a la que solo parecen hacer caso las cigüeñas que anidan sobre su espadaña, fue escenario de un acuerdo firmado entre los reinos de Castilla y Francia hace más de cinco siglos, mediante el que se quiso nombrar a una reina y unir dos naciones. La historia tomaría otros derroteros.

 

Diversas vistas de la Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya)

Hacia el 1470, Enrique IV, apodado por sus adversarios “El Impotente” por su manifiesta dejación conyugal, había nombrado heredera a su única hija Juana. Una parte importante de los nobles castellanos no lo aceptaron, pues sostenían que Juana no era hija del rey, sino de su favorito Beltrán de la Cueva. Por eso el mote de “La Beltraneja”.

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Vista de Gargantilla del Lozoya desde el camino de la Ermita

 

Al parecer era falso, pues Beltrán no se encontraba con Juana de Portugal cuando pudo producirse el encuentro carnal. En cualquier caso, Enrique IV, obligado por la nobleza, firmó el Tratado de los Toros de Guisando, a los pies de la sierra de Gredos, por el que nombraba a su hermana Isabel heredera del trono, siempre que se casara con quien eligiese el rey. No debió quedar muy conforme, pues un par de años después se opuso a su hermana y a quienes la defendían, apostando de nuevo por Juana.

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Prados y bosques de fresnos de Valdelozoya

 

Isabel se casó en secreto con su primo Fernando de Aragón, lo que hizo que Enrique IV pactara con la corona francesa que su hija se casara con el duque de Guyena, revocando el pacto de Guisando. El 26 de octubre de 1470, los embajadores franceses, entre los que estaba el cardenal de Albi, y los nobles castellanos prestaron juramento de fidelidad a Juana como heredera legítima de la corona de Castilla. Según algunas fuentes, Enrique IV hizo testamento a favor de su única heredera, pero nunca apareció, siendo destruido al parecer por Fernando el Católico, tras la muerte de Isabel.

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Prados y bosques de Valdelozoya

 

Cuatro años después murió Enrique IV, resucitando el enfrentamiento entre los partidarios de Juana e Isabel. Vencieron los segundos, a pesar de que los primeros se aliaron con el poderoso reino de Portugal, a donde desheredada y despojada de todos sus títulos, Juana se retiró a un convento el resto de sus días.

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Prado de la Viña

 

Según cuentan las crónicas, esta Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya) fue el sitio elegido por ser el punto intermedio entre Buitrago de Lozoya, donde durmieron los castellanos, y el Monasterio del Paular, donde descansaron los franceses. La ermita era un importante epicentro del poderoso tercio de Santiago.

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Prado de la Viña

 

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Prado de la Viña

 

La aldea en torno a la Iglesia de Santiago. Tercio de Santiago. Un lugar de Valdelozoya. Don Moxe de Cuellar.

Durante el S.XII y hasta el 1390 existió un asentamiento ahora despoblado, situado en el actual término municipal de Gargantilla del Lozoya en la Comunidad Autónoma de Madrid, y en el que como vestigio de lo que fue, aún se levantan las paredes y la espadaña de la Iglesia de Santiago.

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A finales del siglo X y durante los cien años siguientes, el Valdelozoya es un territorio de nadie en el que se sucedían enfrentamientos y escaramuzas. En el 1085 los señoríos segovianos conquistan este territorio en su avance hacia Magerit y Toledo, iniciándose un proceso de cristianización con la construcción de pequeñas Iglesias en los bosques de robles, lo cual daría lugar a los primeros asentamientos donde cohabitaron mudéjares, cristianos y judíos.

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Estas Iglesias no solo eran lugares de culto, el tañido de sus campanas marcaba las horas del día, también era una forma de control de una población diseminada formada por colonos llegados del Norte, fundamentalmente de Segovia y Navarra.

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Aquellas primeras edificaciones hechas con materiales constructivos muy simples de adobe y madera desaparecen, y sobre sus cimientos, ya en el siglo XII se levantan nuevos templos de piedra y ladrillo siguiendo el estilo “mudéjar”. De aquel momento quedan las Iglesias de San Mamés, Navarredonda, Villavieja y Santiago. Gargantilla se fundará cuatro siglos después.

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Según las crónicas históricas estas tierras eran conocidas como “Tercio de Santiago”. En 1470, la Heredad de Santiago era propiedad de Don Moisés de Cuellar (Moxe o Mose en hebreo), siendo el “Prado de la Viña” uno de los pagos que lo comprenden, que son parte de los prados que rodean la Iglesia de Santiago y al que los historiadores se refieren como “un lugar de Valdelozoya”.

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Arroyo de Santiago

 

Habría que imaginarse unos territorios en los que solamente la luz del sol y la campana de la Iglesia, desde el amanecer hasta el ocaso, marcaba la actividad cotidiana de sus pobladores, musulmanes, judíos y cristianos, todos nacidos en estas tierras. Los oficios de aquel momento eran los relacionados con las labores del campo y la supervivencia; la cantería, tejería, carboneo, herrería, cestería, odrería, cerería, pergaminería, platería, arriería.

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Ranúnculos acuáticos en el arroyo de Santiago

 

Hasta 1492 se mantuvieron en pie pequeñas construcciones utilizadas para cobijar el ganado, y a los aparteros y cuidadores que estaban al servicio de Don Moxe Cuellar, propietario de todas estas tierras, y una de las personas más ricas y poderosas de todo el Valle del Lozoya. La Heredad se encontraba limitada por los montes circundantes, en el “Exido de la Aldehuela”, y el cauce natural del río Lozoya, al que sus pobladores se referían como “el río mayor”. Distaba cuatro leguas del Castillo de Buitrago de Lozoya, propiedad y residencia de los Duques del Infantado, título nobiliario que ostentaría la Casa de Mendoza. En un inventario encargado por estos, se confirmaba a la Heredad de Santiago como un núcleo de población hasta 1390, pasando a ser caserío propiedad de Moxe Cuellar hasta 1492, fecha en la que los judíos fueron expulsados por los reyes católicos. En el entorno de la Ermita, según el dicho inventario: … “ay en la heredad tres pares de casas donde biven los quinteros e pastores e donde queseavan e unas casas que dicen de la cuadra donde come el ganado de invierno e encierran yerba” … “unas casas fechas nuevas en que lavava su lanas … Mose e los otros judíos de Buitrago que es todo dentro de la heredad” … Había un lavadero de lana para uso exclusivo de judíos, lo que indica la gran cabaña que poseía y como en ese momento el ganado lanar representaba uno de los mayores ejes del comercio existente, se puede afirmar que, junto al Duque del Infantado, ambos formaban una “oligarquía ganadera”.

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Arroyo de Santiago

 

El prestigioso geógrafo Al-Idrisi describió esta zona… “en los altos montes llamados Al-Sarat situados a alguna distancia al norte de Toledo pastan grandes rebaños de ovejas y vacas que los mercados de ganado venden en puntos lejanos y cuya fama es proverbialmente conocida”. Las propiedades de Don Moxe se extendían también a las poblaciones vecinas de Pinilla y Villavieja, lo que la convertían en una de las mayores haciendas comprendidas en los límites del Infantado.

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Arroyo de Santiago

 

Existía un camino que partía de la Villa de Buitrago, de la cual dependía toda la comarca, que bordeando el Lozoya atravesaba todo el valle, hasta la cartuja de El Paular. El “Camino del Cartero”, vía de comunicación histórica que discurría junto al río desde Buitrago al pueblo de Lozoya, atravesaba por un pequeño puente ya desaparecido al construirse la presa de Riosequillo y continuaba cruzando el arroyo Buitraguillo por el puente de Cal y Canto, ya en tierras de Villavieja donde aún subsiste la espadaña de la ermita de la Trinidad. La subida valle arriba continuaba por el margen derecho hasta llegar a Pinilla de Buitrago y posteriormente a la Heredad de Santiago, lugar en el que se encontraba el lavadero de lanas de Moxe Cuellar, en el Valdelozoya, continuando su trazado hasta el Monasterio de Santa María de El Paular y el puerto de Malagosto, así como el de la Fuenfría, conocido por las andanzas del Marqués de Santillana. Esta senda de herradura desapareció en algunos tramos de su recorrido bajo las aguas de los embalses de Pinilla y Riosequillo. Llegada la noche los caminos se hacían inhóspitos y peligrosos por la abundancia de alimañas y los asaltacaminos. En invierno las nieves dejaban incomunicadas las aldeas de Valdelozoya.

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Arroyo de Santiago

 

Según los apuntes históricos, en este lugar existió hasta 1390 una pequeña aldea llamada Santiago, de la cual solo quedan los restos de la Iglesia. La Iglesia está construida con piedra y ladrillo en la que resalta majestuosa su hermosa espadaña, el ábside y el arco apuntado son de estilo mudéjar, y la portada es de estilo gótico mudéjar. En la fachada oeste, se pueden observar a la puesta de sol una serie de inscripciones de carácter funerario. Debió de ser a lo largo del siglo XVII, cuando se fue produciendo el expolio de la pila bautismal y las campanas hasta llegar hasta el estado actual de ruina. Hacia 1785 el párroco de la Iglesia de San Benito de Gargantilla describe las ruinas con su torre y sus dos troneras para las campanas y en su inmediación se ven ruinas y cimientos.

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Iglesia de San Benito, Gargantilla del Lozoya

 

Es en este escenario donde se produce el encuentro del monarca Enrique IV y el séquito que acompañaba a la niña Juana con la embajada francesa el 26 de Octubre de 1470. Se oficia una singular ceremonia en la que los nobles castellano juran a la Princesa Juana como legítima heredera al trono, oficiándose las capitulaciones matrimoniales entre el Conde de Boulogne, que representa al Duque de Guyena, hermano del rey Luis XI de Francia y la hija del rey Enrique IV de Castilla.

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Gargantilla reclama su lugar dentro de la historia

 

Unos apuntes históricos de la época de los Trastámara.

 

Doña Juana de Trastámara “La excelente senhora”.

La figura que pudo ser reina, aparece en los anales de la historia de Gargantilla del Lozoya. Conocida como “La Beltraneja”, hija de Enrique IV y Juana de Portugal, era la legítima heredera del trono de Castilla, ya que fue jurada como Princesa de Asturias en las Cortes de Madrid. Pero las intrigas, ambiciones y maldicencias de la nobleza impidieron su ascenso al trono de Castilla. De no haber sido así, el término de Santiago habría marcado un hito importante en la historia de España.

En Portugal le fue concedido el título de Excelente Senhora”. En ciertos documentos Juana firma como “Yo, la Reina” y timbra con su blasón acompañado del lema “Memoria de mi derecho”.

Puesta bajo la protección de Don Íñigo López de Mendoza y Figueroa por su padre el rey, en el castillo de Buitrago, este defendió siempre su causa.

Casada por poderes a la edad de ocho años, el día 26 de Octubre de 1470, con el Duque de Guyena, hermano del rey de Francia Luis XI, en el prado de la Viña, junto al actual cementerio de Gargantilla del Lozoya.

En este mismo acto se anuló el Pacto de Guisando, mediante el cual se consideraba Princesa heredera a Isabel, hermana del rey Enrique IV.

El nacimiento de Juana, el 21 de Febrero de 1462, se recibió con alegría por todos, reconociéndola como Princesa de Asturias y como legítima heredera de la corona de Castilla, incluso por los dos hermanos de Enrique IV, Alfonso e Isabel, que hasta ese momento habían sido candidatos al trono.

Isabel actuó como madrina en su bautismo y el Marqués de Villena lo hizo como padrino. Pero el rey que seguía impulsando la figura de Don Beltrán de la Cueva, provocando la ira del Marques de Villena, el cual calumnió a toda la familia Real, afirmando que la Princesa Juana no era hija del Rey, sino de Beltrán de la Cueva. La acusación causó un efecto inmediato y se extendió por todo el reino de Castilla, valiéndole a Juana el injusto apodo de “La Beltraneja”.

Tras la muerte de Enrique IV en 1474 se proclama reina Isabel, pero su sobrina Juana se enfrenta y comienza una cruel guerra de sucesión.

Juana contaba con doce años e Isabel con veintitrés, y en 1475, en plena contienda, Juana contrajo matrimonio con su tío el rey Alfonso V de Portugal, que tenía 43 años. En ese momento hay en Castilla dos reinas, pero en 1479 terminan venciendo los partidarios de Isabel, que además eran mayoría, tras firmar el tratado de Alcazovas, Juana se ve obligada a renuciar al trono de Castilla, teniendo que marchar a Portugal, abandonando su país. La legítima reina de Castilla eligió la vida espiritual y desde 1480 aquella pequeña niña que se había casado ya dos veces fue una monja más en el Convento de Santa Clara de Coimbra. El rey de Portugal le permitió vivir en un palacio de Lisboa desde el año 1500, rodeada de una pequeña corte, hasta el año de su muerte en 1530. Fernando el Católico, al quedar viudo en 1504, y para impedir que en Castilla reinase Felipe el Hermoso, pensó en casarse con su sobrina Juana y así reforzar su posición en Castilla, pero Juana lo rechazó.

Con los datos existentes sería lógico reequilibrar la historia, y sin merma del prestigio de los Reyes Católicos conceder a los otros personajes el lugar que merecen. Seguir llamando a este personaje “La Beltraneja” es injusto, dado que el apodo es producto de luchas y envidias por conseguir el poder, además de ser falso.

Isabel I de Castilla.

Isabel I de Castillla (1451-1504) fue reina de Castilla desde 1474 hasta 1504, reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479,​ por su matrimonio con Fernando de Aragón. Se la conoce también como «Isabel la Católica», título que les fue otorgado a ella y a su marido por el papa Alejandro VI mediante la bula “Si convenit”, el 19 de diciembre de 1496.​ Es por lo que se conoce a la pareja real con el nombre de Reyes Católicos.

Se casó el 19 de octubre de 1469 con el príncipe Fernando de Aragón. Por el hecho de ser primos segundos necesitaban una bula papal de dispensa que solo consiguieron de Sixto IV a través de su enviado el cardenal Rodrigo Borgia en 1472. Ella y su esposo Fernando conquistaron el reino nazarí de Granada y participaron en una red de alianzas matrimoniales que hicieron que su nieto, Carlos, heredase las coronas de Castilla y de Aragón, así como otros territorios europeos, y se convirtiese en emperador del Sacro Imperio Romano.

Enrique IV de Trastámara.

Accedió al trono de Castilla a la edad de veintinueve años en 1454. Amante de la música, culto y respetuoso con los que le rodeaban, siguió con la tradición de los Trastámara y fue el gran ideólogo de una monarquía-estado.

Su reinado duró dos décadas, la primera década fue un periodo de tranquilidad social y de autoridad indiscutida, su prestigio es reconocido dentro y fuera del reino. Pero no así en la segunda década, en la que se enfrenta a la nobleza y sobre todo a Juan Pacheco, Marqués de Villena. Una consecuencia es la firma de los pactos de Guisando, de los que no hay documentación, en los que se reconoce a su hermana Isabel como heredera del trono, aunque dos años después los invalida aquí, en la iglesia de Santiago.

Don Beltrán de la Cueva.

Enrique IV, con el fin de contrarrestar la influencia a la que se ve sometido por el favorito Juan Pacheco, marques de Villena, hace venir al joven hidalgo de Úbeda y le concede el título de Conde, además consigue del Marqués de Santillana la entrega de su hija Mencia de Mendoza en matrimonio. De esta manera el joven Don Beltrán consigue emparentar con el linaje de Mendoza, una de las familias más poderosas del reino. Su ascenso se debió a la determinación de Enrique IV de encontrar la lealtad en hombres nuevos. Esto le genera poderosos enemigos que encuentran su mejor arma en la difamación. La decadente nobleza castellana y el favorito, de manera insidiosa se encargarán de correr la voz haciéndole pasar por el padre de Doña Juana, desde entonces esta fue injustamente apodada como “La Beltraneja”.

Don Juan Pacheco, Marques de Villena.

Don Juan Pacheco es considerado como uno de los personajes más intrigantes del reinado de Enrique IV. Puesto al servicio del Infante don Enrique, cuando aún era príncipe de Asturias supo ganarse su voluntad y desde 1440 fomentó las intrigas del príncipe contra su padre Juan II y su valido (Álvaro de Luna).

El Marqués de Villena, convertido en favorito de Enrique IV, domina el Consejo Real, plataforma que sólo utilizó para enriquecerse. Tras la muerte del Infante Alfonso fue el artífice de la Concordia de los Toros de Guisando (18 de Septiembre de 1468), por la que Enrique IV reconocía como heredera del reino a su hermana Isabel, en lugar de su hija Juana (La Beltraneja).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La Tumba del Moro”

La Tumba del Moro es una pequeña necrópolis paleocristiana de origen visigodo situada en el sureste del Cerro de la Cabeza, en el término municipal de La Cabrera (Madrid). Guarda gran similitud con otros enterramientos cercanos documentados en la región, como el yacimiento de Sieteiglesias y como el yacimiento del cerro de la Oliva de Patones. En la necrópolis encontramos varias tumbas simples en forma de cista, delimitadas por lajas de piedra hincadas en el suelo y cubiertas por otras lajas más grandes colocadas horizontalmente sobre las anteriores que cubren las sepulturas. La más llamativa de todas, es una única tumba antropomorfa tallada directamente sobre un afloramiento granítico, de los múltiples que conforman esta zona de la sierra de La Cabrera.

IMG_4771 copiaLos yacimientos arqueológicos hallados en los alrededores de La Cabrera demuestran la presencia más o menos estable de comunidades humanas desde mucho antes de la ocupación romana de la península ibérica, primitivos celtas de la edad del bronce en el Cancho Gordo y carpetanos de la edad del hierro en el cerro de la cabeza. Patrimonio declaró en 1989 el municipio de La Cabrera como Bien de Interés Cultural, en la categoría de “Zona Arqueológica”.

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El yacimiento fue excavado en su totalidad a comienzos de los años 90 del siglo XX y entre el año 2017 y 2018 ha vuelto a intervenir Patrimonio para señalizarlo y protegerlo de actos vandálicos con una valla metálica.

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El conjunto funerario se compone de 10 tumbas, presentando dos momentos de ocupación. El más antiguo es de la época hispanovisigoda aproximadamente del siglo VII, es una pequeña necrópolis de un pequeño grupo familiar formado por nueve fosas excavadas en el terreno, delimitadas por lajas hincadas en la tierra del tipo de cista. Los parentescos familiares directos parecen claros en las tumbas I y II o en las tumbas V y VI, estas tumbas adyacentes podrían pertenecer a dos matrimonios, a la que habría que sumar la tumba VII, que se trata de un enterramiento infantil. La orientación de las tumbas es Este-Oeste con la cabecera al Oeste. Estos enterramientos se ajustan a las creencias cristianas y ya no contienen elementos de ajuar propios de los rituales paganos, expresamente prohibidos por la jerarquía cristiana del momento. Sin embargo la tumba VII, perteneciente a un infante de cinco o seis años de edad, contaba con un elemento de adorno personal, concretamente un broche de cinturón. Este elemento permite fechar la necrópolis, ya que sigue las modas orientales que se imponían en la península ibérica en este siglo. Posterior a este pequeño cementerio, habría que sumar una tumba excavada en la roca, la que da nombre al yacimiento por ser la más conocida, es una tumba antropomorfa excavada en una roca de un afloramiento de granito, muy abundantes en esta zona de La Cabrera. Este tipo de enterramientos son posteriores y su construcción va ligada a la llegada a estas tierras de gentes de la meseta Norte en los siglos X y XI.

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El yacimiento estaba escondido en un bosquecillo de encinas, al mismo lado derecho de la carretera que va desde La Cabrera a Valdemanco. Desde la última actuación de Patrimonio, el yacimiento puede observarse si uno se fija cuando circula por dicha carretera. Muchos sostienen que estas sepulturas están asociadas al “castro celta” del Cerro de la Cabeza, en la época en la que según los investigadores, el primitivo asentamiento carpetano de la Edad del Hierro fue reutilizado, posiblemente al comienzo de la etapa visigoda, hacia los siglos V-VI d.C. Otras fuentes fechan esa segunda ocupación en el siglo VII d.C. En todo caso, parece fuera de duda que pertenecen al período visigodo.

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En esta época las necrópolis suelen agruparse alrededor de un edificio de culto, ya sean basílicas, o simplemente capillas o iglesias de menor entidad. No parece ser este el caso de la necrópolis de la Tumba del Moro, pues no hay documentada ninguna iglesia en sus cercanías, aunque algunos autores sostienen que el cercano Convento de San Antonio estaría construido sobre los restos de una antigua ermita visigoda, incluso se relaciona con la ermita de Santa María la egipciana, desaparecida durante la ocupación francesa de España por las tropa de Napoleón. Las sepulturas invaden en algunas ocasiones el interior de los templos, aunque la práctica común es la existencia de cementerios alrededor de edificios, ininterrumpida hasta la invasión musulmana a comienzos del siglo VIII, y que continuó aún después de esta ruptura. Las sepulturas son de variadas formas y generalmente forman tipologías locales, pues junto a ricos sarcófagos decorados, visibles en criptas, o sarcófagos lisos de mármol o piedra y cajas de tableros también de mármol, con la tapa decorada e inscrita, tenemos éstas de la tumba del Moro, que suelen aparecer muy frecuentemente en ambientes rurales. Y la España visigoda era en su mayoría, una sociedad rural. Las tumbas antropomorfas excavadas en piedras de gran dureza son bastante frecuentes en la meseta norte.

Distintas vistas de la única sepultura antropomorfa del yacimiento “Tumba del Moro” antes de la última actuación de Patrimonio.

Diversas vistas de las sepulturas en cista del Yacimiento “Tumba del Moro” antes de la última actuación de Patrimonio.

A pocos km de La Cabrera, aparece una necrópolis de mayor tamaño que La Tumba del Moro, situada alrededor de la iglesia parroquial de Sieteiglesias, también en Madrid. Además, las sepulturas de cista, delimitadas por piedras y cubiertas con una gran laja pétrea, son una tipología muy extendida en la comunidad madrileña. También encontramos estos enterramientos en el yacimiento del Cerro de la Oliva, de origen carpetano pero posteriormente habitado por visigodos.

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Tumbas antropomorfas y en cista en la Necrópolis de Sieteiglesias

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Tumbas en cista en el yacimiento del Cerro de la Oliva, Patones

 

 

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Tumbas en cista en el yacimiento del cerro de La Oliva, Patones

Camino del Purgatorio

Las cascadas del Purgatorio de Rascafría.

No se sabe a ciencia cierta quien puso el nombre a este recóndito lugar, puede ser que se le ocurriese a algún cartujo del cercano Monasterio del Paular (Rascafría), pero es fácil imaginar que lo hiciera alguien, fuese religioso o no, que hubiera leído la Divina Comedia de Dante Alighieri.

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Cascada del Purgatorio desde el mirador

 

Las cascadas del Purgatorio son un pequeño conjunto de saltos de agua situadas en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central, en la cabecera del valle del Lozoya, en la vertiente norte de la alineación montañosa de Cuerda Larga, dentro del término municipal de Rascafría, en el noroeste de la Comunidad de Madrid.

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Arroyo Aguilón

 

Las cascadas se localizan en el arroyo del Aguilón, uno de los afluentes más caudalosos del río Lozoya, en el punto en que supera una barrera rocosa a través de un estrecho desfiladero. Hay dos saltos principales: la cascada Baja, un salto de agua muy vertical de una altura de 10 metros y situada a una altitud de 1350 metros, y a unos 200 metros aguas arriba, la cascada Alta. Este segundo salto es de 15 metros y está más encajonado.

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Monasterio del Paular desde el Puente del Perdón

 

Para llegar a ellas, se pueden utilizar las diversas pistas que recorren la cabecera del arroyo Aguilón. La ruta más utilizada por los excursionistas, de 6 km de longitud, parte del monasterio de Santa María del Paular, desde este punto, se atraviesa el puente del Perdón que queda enfrente y de aquí se continua por la antigua carretera de Madrid, el Camino Viejo de Madrid.

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Río Lozoya desde el Puente del Perdón

 

Tras dejar a la derecha la zona recreativa de Las Presillas, se toma un desvío a la izquierda convenientemente señalizado. Después se llega a un puente de madera sobre el arroyo Aguilón que hay que cruzar, aquí acaba el camino y comienza un sendero serpenteante y estrecho de 1,5 km de longitud, que remonta aguas arriba el arroyo hasta las cascadas, llegando así a un mirador de madera situado en frente de la cascada Baja.

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Puente de madera sobre el arroyo Aguilón

 

El acceso a la cascada Alta no se ve desde este punto, exige salvar la gran roca que hace de pared o dar un rodeo campo a través por el pedregal de fuerte pendiente que queda en la margen izquierda de la cascada baja.

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Cascada del Purgatorio, arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Primavera en el Arroyo Aguilón

 

El Purgatorio de Dante

El Purgatorio es el segundo de los tres cantos de La Divina Comedia. Lo antecede el canto del Infierno y le sigue el canto del Paraíso. El Purgatorio de Dante se divide en siete escalones, en los cuales se expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Su estructura es la imagen inversa del Infierno, pues si el Infierno es un abismo, el Purgatorio es una montaña, y el orden de las penas en el camino de Dante va del pecado más grave (la soberbia) al más leve ( la lujuria, o sea, el amor que se excede en la medida). Al pie de la montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre

Cada escalón de la montaña tiene un Ángel custodio, precisamente son los Ángeles de la humildad, de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad. En cada escalón del Purgatorio, los que expían las culpas tienen ante sí ejemplos del vicio castigado y de la virtud opuesta. En la entrada del Paraíso terrestre las almas del Purgatorio ya están salvadas, pero antes de llegar deben subir la montaña para expiar sus pecados como hacían en los tiempos de Dante los peregrinos que se dirigían hacia Roma o hacia Santiago de Compostela para hacer penitencia. Cada alma debe por consiguiente recorrer todo el camino y purificarse en cada escalón del pecado correspondiente. El Purgatorio tiene la función específica de expiación, reflexión y arrepentimiento, y es solo a través del camino, es decir de la peregrinación hacia Dios, que el alma puede aspirar a la redención. Esto también vale para Dante, quien al principio tiene grabadas en la frente siete “P”, que simbolizan los siete pecados capitales. Al final de cada escalón el ala del Ángel custodio borra una de ellas, indicando que el pecado específico ha sido expiado.