El Bosque Finlandés de Rascafría.

Situado en el valle de El Paular, en el Valle Alto del Lozoya, rodeado de las montañas más altas de Madrid y probablemente en uno se los espacios naturales más bellos de toda la Comunidad de Madrid, nos encontramos con uno de los bosques más pintorescos e insólitos de toda la sierra. Se trata del Bosque “El Potario”, más conocido popularmente como el “Bosque Finlandés”, que recibe este nombre debido a su curioso parecido con los bosques de Finlandia.

Vista de Peñalara desde Rascafría

El bosque está ubicado en el término municipal de Rascafría, en la ribera sur del río Lozoya y aguas abajo del Puente del Perdón, entre el Monasterio Santa María de El Paular y el pueblo de Rascafría.

Río Lozoya

El mejor modo para llegar a este bosque es partiendo del Monasterio para cruzar el Puente del Perdón y tomar en dirección este el llamado “Camino del Papel” dentro de la finca de “Los Batanes”. Según parece, los monjes que habitaban el Monasterio aprovechaban las aguas de Lozoya para la pesca, sus prados para el pastoreo y el bosque para la producción de papel. Se dice que fueron estos monjes cartujos los que suministraron el papel para la primera impresión de El Quijote en 1605. Estos monjes recorrían este camino desde el Monasterio hasta el molino de papel, hoy en día en ruinas.

En el Bosque podemos ver un pequeño lago con un embarcadero y una cabaña de madera con ventanas rojas que en origen fue una sauna. La estampa nevada de este conjunto, junto con los árboles que crecen alrededor (abedules, álamos, abetos …) es lo que da al lugar la sensación de estar en otras latitudes, en un bosque típico del centro y norte de Europa, de ahí el nombre de Bosque Finlandés.

Monasterio de Santa María de El Paular.

Ubicado en el valle alto del Lozoya, desde su fundación en 1390 y hasta el siglo XIX fue un Monasterio Cartujo. En 1954 empezó a operar como una abadía benedictina.

Las obras de construcción del cenobio cartujo dieron comienzo en 1390 por orden de Enrique II de Castilla y se prolongaron durante varios siglos. La ubicación fue elegida por el monarca, que según cuenta la tradición, decidió que el Monasterio fuese de la orden Cartuja, debido a que durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un Monasterio de la misma orden. Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de su construcción, junto a una Ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta Ermita aún existe, aunque rebautizada como capilla de Nuestra Señora de Monserrat.

El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para use y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la Catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia, así como del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo XV, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe ebe a Rodrigo Gil de Hontañón.

La Iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475-1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el monje cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación. Esta sillería de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia.

Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de diecisiete escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo XV. Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar, algunos de ellos parcialmente labrados y que han aparecido con motivo de recientes obras. Está perfectamente conservado , y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor.

Puente del Perdón

El Puente del Perdón es un puente de piedra sobre el río Lozoya , que data de mediados del siglo XVIII. Originalmente fue erigido a comienzos del siglo XIV, en 1302, justo enfrente del Monasterio de El Paular, para sortear el curso del río Lozoya. Las crecidas del río y la dura climatología invernal del Valle Alto del Lozoya deterioraron en puente, por lo que a mediados del siglo XVIII fue reemplazado por uno nuevo, que es el que existe actualmente. Está edificado en sillería de granito y cuenta con tres arcos de medio punto y dos descansaderos levantados sobre los pilares, que cuentan con dos bancos de piedra.

Sirvió a los monjes de via de acceso hacia el molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Como ya comentamos antes, de esta explotación salió el papel donde se imprimió la primera parte de Don Quijote de la Mancha en Madrid en 1605.

Dado el aislamiento del Valle del Lozoya, separado de Madrid y Segovia por dos cordilleras con cotas superiores a los 2000 metros de altura, las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados volvían sanos y salvos. Si no era así, los alguaciles les conducían a la casa de la horca, situada a unos dos kilómetros en dirección al puerto de Cotos.

Vista del Monasterio desde el puente del perdón

Un bosque mágico

Los bosques siempre se han relacionado con la magia, el misterio y lo desconocido. Han sido siempre escenario de cuentos, referentes de nuestra cultura y fuente de inspiración para el arte. Tienen el poder de proteger el medio ambiente mediante procesos naturales autorregulables, tienen la capacidad de regular el ciclo del agua al funcionar como esponjas, protegen los suelos de la degradación producida por la erosión y son auténticos reservorios de la biodiversidad. Los bosques funcionan como verdaderos sumideros de CO2, fijan el carbono y absorben eficientemente este gas de efecto invernadero, siendo aportadores netos de oxígeno, sobre todo en masas arbóreas jóvenes o en crecimiento. Por ello son nuestra mejor protección contra el calentamiento global. Los bosques han sido siempre una fuente de recursos económicos para el hombre, la madera como material de construcción ecológico, el bosque como soporte para la producción ganadera extensiva, la caza, la miel, las setas, los frutos silvestres, las resinas, la biomasa como combustible, etc etc. Además se han convertido en un atractivo reclamo turístico ya que embellecen el paisaje. Son esos lugares donde el silencio es sabio, lugares que desde la noche de los tiempos han sido la farmacia de los alquimistas y el refugio para los buscadores de sombras.

Todos los bosques son especiales, cada uno tiene un encanto particular, tanto es así, que cualquiera querría perderse en ellos para descubrir sus secretos. Podríamos citar muchos ejemplos de diferentes tipos de bosques:

El Bosque Hallerbos en Bélgica, que cuando llega la primavera florecen miles de campañillas creando una intensa alfombra azul en el suelo, un efímero espectáculo que apenas dura unos días.

El Bosque de Bambú de Japón, situado cerca de Kioto. Formado por enormes árboles de Bambú perfectamente alineados de hasta 20 metros de altura.

La Selva de Irati en Navarra, un precioso hayedo que en otoño se convierte en una espectacular paleta de colores donde contrasta el verde del musgo con los rojos, ocres y amarillos de las hojas caídas en el suelo.

El Bosque del lago Caddo, en Texas (USA), un impresionante bosque de cipreses de los pantanos, que unido a la niebla le da un aire tenebroso y fantasmagórico.

El Bosque de Sherwood, el legendario bosque de Robin Hood, más de cuatrocientas hectáreas de una espesa masa de robles centenarios.

Secuoya National Park en USA, un bosque formado por los gigantes del reino vegetal, Secuoyas gigantes donde destaca sobre todos el “General Sherman” con sus 84 metros de altura y 11 metros de diámetro.

La lista de bosques mágicos en el mundo es muy extensa y variada, pero hoy haremos un recorrido por un bosque madrileño, más en concreto por el bosque de “La Dehesa Bonita” de Somosierra. Un pequeño y singular bosque vestigio de las épocas glaciares pasadas. Un pequeño tesoro formado por robles, acebos, avellanos, serbales, pinos y sobre todo por abedules, que si en otoño luce con esplendor por su colorido, en invierno ofrece una maravillosa visión para los ojos cuando la nieve cubre las ramas de los árboles que lo forman.

La Najarra y la Cabra Montés

Hoy toca visitar una de las montañas más emblemáticas de la sierra de Guadarrama. De fácil acceso desde el puerto de la Morcuera, forma parte de la Sierra de la Cuerda Larga y es la cima más oriental de dicho cordal.

Vista de la subida al Puerto y Sierra de la Morcuera
Sierra de la Morcuera desde la subida a La Najarra
Vista hacia el Valle del Lozoya desde la subida a la Najarra
Punto geodésico de La Najarra

La Najarra

Se trata de una montaña de la Sierra de Guadarrama (sierra perteneciente al Sistema Central). Está ubicada en el límite de los términos municipales de Miraflores de la Sierra y Soto del Real, al sur, y Rascafría, al norte, (Comunidad de Madrid) y en el límite oriental de la alineación montañosa de Cuerda Larga.

Vista de la Najarra desde los canchos de la zona este.

La Najarra tiene una altura de 2108 metros (el vértice geodésico) y de 2120 metros la cumbre verdadera. Con frecuencia, las guías y algunos mapas citan erróneamente la altura del antiguo vértice geodésico, como altura máxima de la cumbre. Es la última cumbre del extremo este de la cuerda larga y con ella finalizan en esa zona las cumbres superiores a los 2000 metros de la zona este de la sierra de Guadarrama. Se le considera el lugar donde limitan la Cuerda Larga y la Sierra de la Morcuera, dos cordales con una orientación muy similar.

Vista al oeste, a la izquierda las primeras cumbres de la sierra Larga, al fondo Peñalara y más a la derecha los Montes Carpetanos

La vertiente sur, hasta una altura aproximada de 1800 metros, está cubierta casi enteramente por un bosque de Pinos Silvestres, y en su ladera norte está el Puerto de la Morcuera (1796 m), lugar desde el que sale la Travesía de Cuerda Larga, camino que pasa por la cima de La Najarra. Esta montaña cuenta con una caseta a modo de refugio no guardado (Hotel Bizcocho), con capacidad para dos personas, usado desde antiguo en verano para vigilancia de incendios y que carece de agua, puertas y ventanas ni comodidad alguna, por cuanto solo sirve como abrigo eventual, situado cerca de su línea cimera (en la zona que asoma al Hueco de San Blas), lugar habitualmente usado como punto de partida o llegada para hacer la Cuerda Larga en dos jornadas.

Vista del refugio “Hotel Bizcocho”

Su adelantada posición hacia el este y el sur, así como su todavía considerable altitud la convierten en un magnífico mirador. Al norte se puede contemplar buena parte del Valle Alto del Lozoya, Peñalara, las cumbres de los montes carpetanos y la parte del puerto de la Morcuera perteneciente a Rascafría. Al Este toda la Sierra de La Morcuera incluyendo la subida del puerto desde Miraflores, Mondalindo, Sierra de La Cabrera, Sierra del Rincón. Al Sur el cerro de San Pedro y las localidades existentes hasta Madrid. Y al Oeste el resto de cumbres de la cuerda larga, de la que la Najarra es la cumbre más oriental.

Vista al Norte desde el refugio, piornal en la ladera norte de la Najarra, pinar en le vertiente del puerto de la Morcuera en dirección a Rascafría y al fondo los Montes Carpetanos.

Desde el punto de vista faunístico cabe destacar sus colonias de buitres, con nidos en las zonas más escarpadas de la línea cumbrera. La aspereza de su vertiente norte contrasta con la amabilidad de la sur, tapizada de densa vegetación, donde pueden reconocerse diversas especies animales como el corzo, la cabra hispánica (introducida recientemente en la zona del Hueco de San Blas), el jabalí, águila culebrera, cucos, picopicapinos, abubilla, herrerillos, diversas rapaces nocturnas y un largo etcétera.

Vista hacia el Este desde el piornal de la ladera Norte de la Najarra.

Cabra Montés

La cabra montés o íbice ibérico (Capra pyrenaica)​ es una de las especies de bóvidos del género Capra que existen en Europa. Las otras especies del género son el íbice alpino o cabra de los Alpes (Capra Ibex), el íbice siberiano (Capra Sibirica), el tur del Cáucaso occidental (Capra Caucasica), el tur del Cáucaso oriental (Capra Cylindricornis), la cabra salvaje o cabra bezoar (Capra Aegagrus), el marjor (Capra Falconeri), el íbice de Nubia (Capra Nubiana) y el íbice de Etiopía (Capra Walie). Antiguamente repartido por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal, el íbice ibérico es un endemismo que actualmente se encuentra principalmente en las áreas montañosas de España y del norte de Portugal.

El género Capra llegó a la península ibérica, al igual que el resto de Europa, seguramente a finales de Plioceno, procedente de Asia. La consolidación de estas poblaciones y su adaptación a los ecosistemas ibéricos, así como el aislamiento de la península en numerosas ocasiones debido a las glaciaciones, produjeron un proceso de diferenciación y especiación de las poblaciones ibéricas hasta dar lugar a la actual Capra pirenaica.

El íbice ibérico es una especie con fuerte dimorfismo sexual, al igual que muchos otros bóvidos. Las hembras miden unos 1,20 metros de largo y 0,60 metros de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kilogramos. Tiene cuernos bastante cortos y se parece bastante a una cabra doméstica, aunque la cabra doméstica tendría su origen en la cabra bezoar (Capra Aegagrus) o en el marjor (Capra Falconeri).​ Los machos, en cambio, pueden llegar a los 1,48 metros de largo y tener una altura de 0,77 metros en la cruz, alcanzando un peso máximo de 110 kilogramos. Los cuernos de los machos son notablemente gruesos y pueden llegar a ser el triple de largos que los de las hembras. Están más separados entre sí que los cuernos de otras especies del género Capra. Los machos adultos tienen también una cara más alargada y la típica barba de chivo oscura bajo la mandíbula.

El color y longitud del pelaje varía según las subespecies y la época del año, tornándose más largo y grisáceo en invierno. Tras las mudas de pelo de Abril y Mayo, el color es pardo o canela, con manchas oscuras en la parte inferior de las patas que en los machos adultos pueden extenderse hacia los costados, hombros y vientre. La parte central de este es blanca en ambos sexos, y la cola negra y corta (12-13 cm.). La fenología del pelaje podría ser uno de los factores importantes en los ciclos estacionales de algunos parásitos transmitidos por contacto como son por ejemplo los ácaros causantes de la sarna sarcóptica.

Esta especie se desenvuelve por igual de día y de noche, aunque sus máximas horas de actividad se localizan por la mañana y a finales de la tarde, cerca del crepúsculo. En invierno desarrollan su actividad en las horas centrales del día, que es cuando hace más calor.

Son animales sociables, pero cambian a menudo de manada. Esta puede estar constituida por machos adultos, hembras con sus crías o adolescentes de ambos sexos (en este último caso, solo durante el verano). Los machos y las hembras adultas se reúnen en la época de celo, en los meses de Noviembre y Diciembre, caracterizados por los violentos combates cabeza contra cabeza de los machos. La inversión en masa testicular es un factor muy importante en los procesos de selección sexual. En el íbice ibérico esta inversión es mayor durante la temporada de celo, especialmente en edades en las que los individuos son subordinados que optan por una estrategia reproductiva de persecución y no de monopolización de la hembra.​ Las crías (una misma hembra puede parir dos o tres chotos) nacen en Mayo.

Habitan tanto en bosques como en extensiones herbáceas, en cotas montañosas de entre 500 y 2500 metros sobre el nivel del mar, subiendo en verano incluso por encima de los 3000 metros. La protección de que disfrutan ha hecho que se distribuyan a zonas antes totalmente impensables como zonas costeras de Málaga, Granada o Almería, donde ocasionalmente pueden ser vistas a la orilla del mar. La dieta es predominantemente herbácea, aunque en invierno se torna más arbustiva. Si es necesario, excavan en la nieve para acceder hasta la vegetación.

La cabra montés cuenta con lobos, osos y águilas como depredadores naturales, pero estos han desaparecido en los últimos tiempos de amplias zonas de su distribución. La caza de esta especie por parte del Hombre se producía ya en la Prehistoria, primero a cargo del Hombre de Neandertal y desde hace cuarenta mil a treinta y cinco mil años, por el Homo Sapiens. Son abundantes sus restos en las cuevas paleolíticas y aparece representada con frecuencia en las pinturas rupestres de toda la península ibérica.

Con la introducción de la agricultura y el aumento de la población humana (y con ello, de la caza), su población desapareció de varias zonas y en otras menguó ostensiblemente. En tiempos recientes, el hecho de ser una especie única en el mundo, endémica de la península, la convirtió en una cotizada especie de caza mayor. Se tiene constancia de la llegada expresa de cazadores procedentes de Francia y Reino Unido durante los siglos XIX y XX, especialmente al Pirineo, buscando cazar algún ejemplar y conseguir un trofeo.

Al igual que para otras especies de ungulados de montaña, los parásitos y las enfermedades tienen también un papel importante como regulador de las poblaciones. Sin embargo, alteraciones en las relaciones ‘parásito-hospedador’ conducen en ocasiones a marcados desequilibrios y a epizootias. Por ejemplo, la sarna sarcóptica, endemia en algunas zonas, también es capaz de poner en riesgo algunas poblaciones. Esta enfermedad, a veces mortal para los íbices, afecta de forma desigual a los machos y a las hembras,​ y limita las capacidades reproductivas de los individuos.​

A finales del siglo XIX la población de cabra montés estaba en rápida regresión, habiéndose extinguido la subespecie gallego-portuguesa. Alfonso XIII de España creó en 1905 el Refugio Real de Caza de la Sierra de Gredos para limitar la caza de este animal en la zona y salvar así a la entonces reducida población local, pero no tomó mayores medidas por el salvamento de la especie. No fue hasta 1950 cuando comenzaron a crearse numerosas reservas para proteger la cabra montés, aunque en muchos casos no se crearon políticas adecuadas al efecto. La extinción reciente del bucardo se debe en buena medida a ello, reducido a solo veinte ejemplares en 1970 y condenado por tanto a la desaparición en unas pocas décadas. La falta de cabras monteses para las cacerías intentó cubrirse durante el tardo franquismo con la introducción de otros bóvidos foráneos, como el muflón y el arruí, especies que han tenido un impacto desigual sobre la flora y fauna local y en algunos casos han puesto aún más en aprietos a la cabra montés, pues compiten con ella por los mismos recursos.​ La competición por el alimento con el ganado doméstico, el riesgo de hibridación con la cabra doméstica y el riesgo de selección artificial por y para la actividad cinegética​ son también factores de riesgo para la conservación de algunas poblaciones.

Las subespecies que sobreviven podrían sumar cerca de cincuenta mil ejemplares, presentes en su mayor parte en Sierra Nevada, Gredos, Las Batuecas, Los Puertos de Morella, Muela de Cortes, Serranía de Cuenca, Alcaraz, Sierra Madrona, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla, Sierra de Segura, Sierra Sur de Jaén, Los Filabres, Sierra de las Nieves y Montes de Cádiz. También se han introducido unas cuantas cabezas en varios puntos del sector peninsular, como la Sierra de Guadarrama o el término municipal de Albadalejo (Ciudad Reall).

En el año 2006 trece ejemplares de cabra fueron reintroducidos en Doney de la Requejada, Sanabria.​

La Junta de Galicia lleva a cabo un plan de reintroducción a gran escala en la Comunidad Autónoma Gallega desde 2003. Mientras que la caza de la especie no está permitida en muchas zonas, en otras, como en Gredos, se usa como medio para controlar su población debido a la escasez de depredadores naturales, a la vez que proporciona valiosas aportaciones a las economías locales.

Ha sido reintroducida en la Cordillera Cantábrica a partir del núcleo cautivo de Riaño, existiendo diversos núcleos en los Ancares y el Parque Regional de Picos de Europa en Castilla y León y observándose individuos dispersivos en Asturias y Liébana. A medio plazo recolonizará todo el sistema montañoso.

Desde el año 2014 se esta reintroduciendo en los Pirineos, concretamente en el Parque Nacional de los Pirineos franceses y en el Parque Natural Regional de los Pirineos de Ariège, a partir de individuos procedentes de la Sierra de Guadarrama.

Se reconocen cuatro subespecies de cabras monteses, dos de las cuales se han extinguido en tiempos recientes.​ No obstante, varios autores han puesto en duda su validez.​ Estas subespecies son las siguientes:

  • Capra Pyrenaica Hispánica, con una distribución discontinua que se extiende por las cordilleras cercanas al Mar Mediterráneo. Alcanza su mayor concentración en Sierra Nevada.
  • Capra Pyrenaica Lusitanica, era conocida como Mueyu. Distribuida originalmente por las montañas fronterizas entre Galicia y Portugal, se extinguió en 1892 en la Serra de Gerês (Portugal).
  • Capra Pyrenaica Pyrenaica, subespecie-tipo situada originalmente en los Pirineos franceses y españoles, llamada popularmente Bucardo. El último ejemplar murió en enero de 2000.
  • Capra Pyrenaica Victoriae, distribuida de forma desigual en las cordilleras del centro y norte de España. Su principal población está en la Sierra de Gredos, donde moran unos 10 000 ejemplares. Considerada subespecie cinegética, bajo ciertas restricciones.

La más bonita de las dehesas (Gracias Antonio)

La Dehesa Bonita es un bosque mixto caducifolio perteneciente al término municipal de Somosierra, el pueblo situado más al norte de la Comunidad de Madrid. Además, con una altitud de 1433 metros sobre el nivel del mar​, se convierte en la localidad ubicada a mayor altitud y la más septentrional de esta Comunidad Autónoma.

El bosque crece en las faldas de la vertiente oeste del pico Peña Cebollera, también llamado pico de las tres provincias, en la Sierra Norte de Madrid. Se trata de una Dehesa que a día de hoy alberga una de las reliquias botánicas que perduran de épocas glaciares. Está considerado como uno de los bosques mejor conservados de la Comunidad de Madrid, ya que su enorme variedad: acebos, robles, cerezos, avellanos, pinos silvestres, serbales, tejos y, sobre todo abedules, hacen de este un lugar una zona con alta biodiversidad. Su mejor visión es en otoño, cuando su cromaticidad y los contrastes de colores entre las diferentes especies se hacen más patentes.​

La singularidad principal del bosque es su gran número de abedules, especie muy abundante en la Dehesa, un árbol típico de zonas húmedas. De hecho, es el abedular más importante de la Comunidad de Madrid. Sin embargo el árbol más abundante es el roble melojo y también hay algunas coníferas como el pino silvestre y el tejo. Destacan dos abedules con más de 200 años, un acebo con más de 300, y un grandioso mostajo, todos ellos declarados árboles singulares de la región.

Al ser una dehesa boyal existe un importe número de especies ganaderas como vacas, bueyes o caballos. A estos se unen los animales salvajes como los corzos, jabalíes, zorros y ocasionalmente el lobo ibérico; aves rapaces como el azor, el mochuelo, el Búho real o el buitre leonado.​

La Dehesa Bonita tiene un clima típico de montaña, por sus 1.400 metros de altitud. Está caracterizado por los inviernos fríos y los veranos suaves. Las precipitaciones son abundantes todo el año excepto en verano, superando los 1.100 mm anuales. Este nivel de precipitaciones hace que los arroyos rebosen agua dando lugar a pequeñas cascadas que discurren entre peñas tapizadas por musgos y líquenes que dan al lugar una aspecto mágico. En los meses de invierno la precipitación suele ser en forma de nieve. La temperatura media anual ronda los 14 grados con máximas de 25 y mínimas de -5.

En vía muerta VI, La Acebeda-Robregordo-Somosierra.

Terminamos nuestro viaje ferroviario con el sexto tramo, en este recorrido pasaremos por las localidades serranas de La Acebeda y Robregordo, para terminar en el túnel de Somosierra, hoy en día cerrado por un desprendimiento sucedido hace unos años.

En el anterior capítulo nos quedamos en la entrada al Túnel nº19 de “La Porrilla”, que con sus 612 metros de longitud pasa por debajo de la ladera noreste del cerro del mismo nombre. Dejamos detrás el término municipal de La Serna del Monte y entramos en el término de La Acebeda.

Por fin salimos del túnel 19 de “La Porrilla” para tomar dirección al norte, hacia la localidad de La Acebeda.

Salida del Túnel de La Porrilla en dirección a la Acebeda.

Tras caminar unos metros desde la salida del túnel nos encontramos con el primer viaducto del día, el Viaducto de los Plantíos, que pasa por encima del arroyo de la Solana.

Viaducto de los Plantíos, sobre el arroyo de La Solana.

Desde el viaducto de Los plantíos se nos ofrece una espectacular vista de los montes carpetanos, que en esta parte vierten sus aguas al arroyo de La Solana, en un precioso valle rebosante de robles.

Vista de los montes carpetanos desde el Viaducto de Los Plantíos

Continuamos nuestro camino hacia en norte en dirección a La Acebeda y pronto nos encontramos con el primero de los cuatro túneles que hay en apenas un kilómetro dentro de este pueblo. El primero es el Túnel nº20, el Túnel de La Acebeda de 203 metros de longitud.

Vista de La Acebeda y de la entrada al Túnel nº20 que pasa por debajo del pueblo y lleva su mismo nombre.
Entrada al Túnel nº20 “La Acebeda”

Nada más salir del túnel nº20 de La Acebeda nos encontramos con otro corto túnel, el túnel nº21 “La Solanilla” de 264 metros de longitud, un corto túnel que pasa por debajo de la zona norte del pueblo. Entre medias de estos dos túneles (20 y 21) estaba el apeadero de esta localidad, pero ya no queda nada del mismo y la vegetación se ha hecho dueña del lugar lo que hace incluso difícil andar por las vías.

Entrada al Túnel nº 21 “La Solanilla”
Salida del Túnel nº 21 “La Solanilla”

Apenas hemos salido del túnel nº21 “La Solanilla” nos encontramos con otro corto túnel, el nº22 de “La Dehesa”, que tiene 96 metros de longitud.

Entrada al túnel nº22 “La Dehesa”
Salida del túnel nº22 “La Dehesa”

Dejamos atrás el túnel de La Dehesa y nos encontramos con el segundo viaducto del día, el Viaducto de la Dehesa, que pasa por encima del arroyo del mismo nombre. Destacar que en este arroyo, cien metros aguas abajo desde el Viaducto hay un área recreativa que bien merece una visita.

Vista al norte del arroyo de la dehesa y de los montes carpetanos desde el Viaducto.
Viaducto de La Dehesa

Dejamos atrás el viaducto sobre el arroyo de La Dehesa y volvemos a encontrarnos con el túnel más corto del día, el túnel nº23 “La Platera” de 83 metros de longitud.

Entrada al túnel nº23 “La Platera”
Salida del Túnel nº23 “La Platera”.

Dejamos atrás La Acebeda para dirigirnos al siguiente pueblo, Robregordo. Caminamos por un tramo de algo más de dos kilómetros bordeando la ladera sureste de la Peña Gudiña dentro de un fantástico bosque de robles. Al sur y en paralelo a la vía del tren hay una pista forestal que une estos dos pueblos.

Vista de la dehesa Boyal, un hermoso robledal al sureste de la Peña Gudiña.

Nos acercamos a Robregordo y pronto divisamos el último Viaducto del día, el Viaducto del Horcajo sobre el arroyo Madarquillos.

Vista del viaducto del arroyo Madarquillos.
Viaducto del Horcajo sobre el arroyo Madarquillos.

Tras recorrer el Viaducto nos encontramos inmediatamente con el Túnel nº24 “La Cabeza”, que tiene una longitud de 534 metros y pasa por debajo del pueblo de Robregordo.

Entrada por el lado oeste al túnel nº24″La Cabeza”.
Túnel nº24 “La Cabeza”
Salida este del túnel nº24 “La Cabeza”.

Salimos del túnel ya dentro de la población de Robregordo y pronto nos encontramos con las instalaciones de la antigua estación de este pueblo. Unas instalaciones en un estado lamentable de abandono.

Vista de la estación de Robregordo con la carretera de Burgos al fondo.
Instalaciones de la estación de Robregordo.
Estación de Robregordo.

Dejamos atrás la estación y tras pasar por debajo de la autovía Madrid-Burgos A-1, nos dirigimos al último túnel del día y de este recorrido ferroviario. el Túnel nº25, el túnel de Somosierra, que perfora el Sistema Central a la altura del pueblo madrileño de Somosierra no es de los más largos ni espectaculares, pero tiene una respetable longitud de 3.800 metros. A primeros de Marzo de 2011 se produjo un grave derrumbe sobre una máquina bateadora que realizaba labores de mantenimiento en la línea a un kilómetro de la boca norte. Afortunadamente no hubo víctimas, pero el trazado del maltrecho trazado del Directo Madrid-Burgos quedó interrumpido. Desde entonces hasta la fecha nadie ha movido un dedo para recuperar una línea que podría seguir jugando un importante papel en el transporte de mercancías y viajeros. Lo único que se ha hecho es taparlo para evitar posibles accidentes …

Vista de la entrada al túnel de Somosierra.
Túnel nº25, “Somosierra”

En vía muerta V, Braojos-La Serna.

Hoy recorreremos el tramo comprendido entre los túneles de “Los Cerrillos” y “La Porrilla”, pasando por la localidad de Braojos y cerca de La Serna del Monte. Atravesaremos varios cerros salpicados de fortines y trincheras de la Guerra Civil acercándonos cada vez más al paso de Somosierra, que separa las dos grandes mesetas castellanas

En el anterior capítulo nos quedamos en el túnel nº 16 “Los Cerrillos”, entrando desde el término municipal de Gascones, para terminar de recorrer sus 702 metros de longitud. En este cerro aun se conservan varios restos de trincheras y fortines pertenecientes al bando sublevado, dejaremos su visita para otra ocasión.

Túnel 16, “Los Cerrillos”

Salimos del túnel 16, “Los Cerrillos” ya en el término municipal de Braojos

Salida del túnel 16, “Los Cerrillos”.

Recorremos un tramo de unos cientos de metros ya en el término de Braojos para buscar el siguiente túnel.

Continuamos nuestro recorrido y pronto podemos observar la entrada al Túnel 17, “La Cigüeñuela”

A la entrada del túnel de La Cigüeñuela podemos comprobar como el abandono y falta de mantenimiento de esta infraestructura ha hecho que la vegetación vaya ocupando el espacio de las vías.

Túnel 17, “La Cigüeñuela”.

Recorremos los 277 metros de longitud que tiene este túnel de La Cigüeñuela.

Túnel 17, “La Cigüeñuela”

Salimos del túnel 17 esquivando la vegetación por una larga zanja o trinchera por donde discurre la vía ya muy cerca del pueblo de Braojos.

Al cabo de un pequeño trecho pronto podremos ver a nuestra derecha el pueblo de Braojos de La Sierra, donde destaca el campanario de su Iglesia.

Braojos con la sierra de La Cabrera al fondo

La Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir de Braojos bien merece una visita. Fue conocida popularmente en otros tiempos como la Catedral de la Sierra por la belleza de su factura y la riqueza artística de su interior. Este templo, de cuya fábrica actual se ha cumplido recientemente el cuarto centenario del inicio de su construcción, tiene sus orígenes en otro templo anterior, levantado entre los siglos XI o XII, y en él confluyen elementos arquitectónicos de los estilos románico, mudéjar, renacentista y barroco. Esta concurrencia de estilos queda explicada por las seis fases constructivas diferentes aparecidas tras el análisis de sus muros y las obras de restauración desarrolladas a finales del siglo XX.

Volvemos nuestra mirada al este para seguir nuestro camino y podemos ver el siguiente túnel del día, “El Lomo”, junto al cual se mantiene aun en pie el antiguo apeadero de Braojos en un evidente estado de abandono.

Apeadero de Braojos y entrada al Túnel 18 “El Lomo”

Entramos en el túnel 18, “El Lomo” para recorrer sus 259 metros de longitud.

Túnel 18, “El Lomo”

Salimos del túnel “El Lomo” y hacemos una pequeña parada para subir al cerro desde el cual podemos contemplar una maravillosa vista de Braojos y de una parte del valle medio del Lozoya, y de paso visitar uno de los muchos fortines que nos recuerdan que en esta zona serrana se mantuvo estancado el frente durante casi la totalidad de la Guerra Civil española (1936-1939).

Salida del túnel 18, “El Lomo”.
Fortín de la Guerra Civil en “El Lomo”.
Vista de Braojos desde el camino de la dehesa

Dejamos atrás el túnel “El Lomo” y continuamos nuestro camino por las vías bordeando la Peña el Rey que dejaremos a nuestra izquierda según avanzamos hacia el Norte.

Vista de la salida del túnel “El Lomo”, entre los árboles de la derecha se encuentra el fortín.

Después de pasar por debajo de un pequeño puente salimos a una recta en la que podemos ver una pequeña construcción donde en su día estaba el apeadero de La Serna del Monte.

Dejamos atrás la zona donde estuvo el apeadero de la Serna para ir bordeando el cerro de La Porrilla en busca del último túnel del día que lleva el mismo nombre.

Vista de los montes carpetanos a la altura de la localidad de La Acebeda

Pronto aparece ante nosotros el túnel 19, “La Porrilla” que atraviesa el flanco este del cerro del mismo nombre.

Entrada al túnel 19, “La Porrilla”

Entramos en el túnel 19, “La Porrilla”, que con sus 612 metros en curva ofrece una absoluta oscuridad en la que no se atisba la salida.

Túnel 19, “La Porrilla”

Próxima estación … La Acebeda … (continuará)

En vía muerta IV, San Mamés-Villavieja-Gascones

En la última entrada dejábamos atrás el impresionante Viaducto del Lozoya, situado entre Garganta de los Montes y Gargantilla del Lozoya para proseguir nuestro camino férreo en dirección a San Mamés. Recorremos varios kilómetros casi en paralelo a la carretera M-634 por una zona de prados situados al norte del embalse de Rio Sequillo. Cruzamos dicha carretera dos veces mediante sendos puentes, el primero por debajo de la carretera y el segundo por encima a la altura del PK 79,3, dejando de lado a la derecha la localidad de Pinilla de Buitrago.

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PK 79,3 sobre el puente de la M-634

Unos cientos de metros más tarde llegamos a lo que en su día fue el apeadero de San Mamés, del que hoy en día no queda nada.

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Zona del andén donde estaba el apeadero de San Mamés, al fondo el puente que da acceso al cementerio y al helipuerto.

Pronto dejaremos a la derecha el helipuerto y el cementerio de San Mamés a los que se accede por un pequeño puente situado en el PK 79,9.

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PK 79,9 junto al cementerio y helipuerto de San Mamés.

Continuamos nuestro camino dejando a la izquierda la localidad de San Mamés por la zona llamada Prados largos, desde donde se puede atisbar entre los árboles la iglesia de esta bella localidad.

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Vista de la Iglesia de San Mamés.

Empezamos a girar levemente hacia en noreste volviendo a pasar por debajo de la M-634 que va desde San Mamés a Villavieja. Por esta zona empezamos a contemplar los montes carpetanos que nos acompañarán a nuestra izquierda todo el camino.

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Vista de la Sierra de Guadarrama.

Dejamos a la derecha la urbanización los Llanos, que es la zona habitada de Villavieja más cercana a las vías pasando por debajo de un pequeño puente de la calle de los Gallegos.

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Vista de la sierra de Guadarrama, a la derecha la urbanización Los Llanos.

Un vez pasamos el pequeño puente y dejamos atrás las últimas casas de la urbanización los Llano, vamos girando levemente hacia el este para pasar por encima del arroyo de los Robles, que salvamos por encima de un gran terraplén de piedras.

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Terraplén sobre el arroyo de los Robles.

Una vez dejamos atrás el arroyo de los Robles entramos en una trinchera excavada en la montaña que nos da acceso al primer túnel del día, el Túnel 15 Sola Mojada (Solana Mojada según otros autores).

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Túnel 15 Sola Mojada (según otros autores Solana Mojada)

Entramos en el impresionante túnel que tiene una longitud de más de mil metros, desde la entrada no se ve el final ya que a la salida hace una pequeña curva. Aunque al cabo de andar unos metros por el interior se comienza a atisbar una pequeña luz al fondo.

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Entrada al Túnel 15 desde Villavieja.

Por fin llegamos al final del túnel, en esta zona si se puede observar la curvatura de la salida.

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Salida del Túnel 15

Salimos del túnel a través de una trinchera que nos dará paso a uno de los puntos más impresionantes de la ruta.

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Salida del Túnel 15 en Gascones.

Nada más dejar atrás el túnel de Sola Mojada podemos contemplar el majestuoso Viaducto sobre el arroyo Butraguillo ya en el término de Gascones.

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Viaducto sobre el arroyo Butraguillo.

Atravesamos el arroyo Butraguillo sobre su viaducto con unas impresionantes vistas de la sierra de Guadarrama, al Norte los montes Carpetanos, al sur el Valle del Lozoya, sin duda uno de los lugares más bonitos de la Sierra Norte.

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Viaducto del arroyo Butraguillo con el túnel de Sola Mojada al fondo.

Pasado el Viaducto pronto encontramos las instalaciones de la antigua estación de Gascones-Buitrago. Como en casi todos los casos de la línea directa Madrid-Burgos, esta estación queda lejos de cualquier lugar habitado. La villa de Buitrago se halla a varios kilómetros, Gascones se encuentra a una distancia algo menor. Curiosamente, la localidad más cercana a esta estación es Villavieja, a casi cuatro kilómetros.

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Almacén y muelle destinado al tráfico de mercancías. Al fondo la estación de viajeros.

El edificio de viajeros presenta un estado algo mejor que el almacén de mercancías, su peculiar tejado es una reconstrucción del original, destruido en la Guerra Civil.

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Edificio de viajeros de la estación Gascones-Buitrago, al fondo el almacén de mercancías.

Dejamos atrás la fantasmagórica estación de Gascones-Buitrago para buscar el segundo túnel del día, pero antes podemos divisar la magnifica vista del Valle del Lozoya desde este punto.

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Vistas del Valle del Lozoya, embalse de Río Sequillo, sierra de La Cabrera, Mondalindo y parte de la Sierra de La Morcuera. 

Por fin llegamos al túnel 16 Los Cerrillos, sobre el que aunque no las vemos esta vez desde las vías, podemos encontrar diversos restos de construcciones de la guerra civil.

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Entrada al Túnel 16 Los Cerrillos.

Nos introducimos en el Túnel 16 Los Cerrillos, este túnel de algo más de setecientos metros une los términos de Gascones y Braojos, también hace curva y aunque desde la entrada no se ve la salida, a los pocos metros de la entrada y con los ojos acostumbrados a la oscuridad pronto se puede advertir la salida.

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Entrada al túnel 16 Los Cerrillos desde el término de Gascones

Próxima estación, Braojos (continuará) ….

La flora de la sierra de La Cabrera 13, el gamón, prados asfódelos.

En la dehesa de Roblellano y en el cerro de La Cabeza, todas las primaveras aparecen unas llamativas flores blancas muy presentes en la antigua mitología griega como se explica un poco más adelante.

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El asfódelo, también llamado varilla de San José, gamoncillo o gamón blanco (Asphodelus albus) es una planta herbácea perenne nativa de la región mediterránea.

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El asphodelus albus puede alcanzar hasta 2 metros de altura, aunque esto puede variar muchísimo según la disponibilidad de agua. Tiene un único tallo recto, apoyado en raíces tuberosas. Las hojas nacen a partir de la base del tallo; son largas y acanaladas, de superficie cerúlea. Las flores aparecen entre mayo y agosto en su región nativa; son hermafroditas, actinomorfas, hexapétalas, y se van juntando a medida que se asciende por el tallo, que raramente se encuentra ramificado, hasta llegar al ápice que están en racimos o más agrupadas. Los frutos son cápsulas ovoides, ubicadas al cabo de cortos pedúnculos, de color amarillo-verdoso que se abren en tres partes al madurar.

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El asfódelo o gamón blanco crece de forma silvestre en praderas y llanuras soleadas de España, el sur de Francia y la costa mediterránea hasta los Balcanes, entre el nivel del mar y los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Prefiere suelos alcalinos, y es marcadamente termófila.

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Una planta de la mitología griega

En la antigua Grecia, el asfódelo blanco se asociaba a la muerte y el tránsito a los Campos Elíseos; era frecuente su presencia en las ceremonias fúnebres. En la mitología, los Prados asfódelos eran una sección del inframundo equivalente al limbo cristiano.

Los Prados Asfódelos o Campos de Asfódelos son una región del viejo inframundo griego donde indistintamente las almas ordinarias eran enviadas después de su muerte.​ El Hades, el nombre griego del inframundo (y también el nombre del dios que reinaba sobre dichas tierras) está dividido en dos regiones principales: el Érebo y el Tártaro. El Érebo es la primera entrada de los muertos al inframundo. Caronte ayuda a los muertos a cruzar la laguna Estigia llegando así al Tártaro. El Hades es la zona del inframundo donde los muertos deben pasar toda la eternidad, siendo enviados al lugar para el cual hayan sido juzgados. El Hades está dividido en tres subsecciones: los Prados Asfódelos, los Campos Elíseos y el Tártaro. El Tártaro es el lugar donde las almas malvadas y traicioneras son enviadas para sufrir horribles castigos eternamente, similar al infierno cristiano. Mientras que los Campos Elíseos era el lugar donde las almas de héroes y virtuosos son enviadas. Y por otro lado las almas de mediocres se envían a los Prados Asfódelos.

Los Campos de Asfódelos son el lugar donde reposaban las almas de aquellos que tuvieron una vida equilibrada respecto a los conceptos representativos del bien y el mal. Esencialmente, era una llanura de flores del género de los asfódelos, que también era la comida favorita de los muertos. Se describe como un lugar fantasmal, mucho más precario a la vida en la Tierra. Algunos relatos lo describen como una tierra neutral. Es decir, sus habitantes no son ni buenos ni malos, y realizan sus monótonas tareas diarias.
Otras representaciones también nos cuentan que todos los residentes beben agua del río Lete antes de entrar a los campos, perdiendo así sus identidades y convirtiéndose en seres sin consciencia. Este último punto, representa una visión negativa sobre la vida después de la muerte en estos campos, y probablemente se usaba para persuadir la población griega a alistarse en el ejército, en contraposición a la rutina e inactividad diaria del civil. De hecho, aquellos que empuñaban armas en vida pensaban que reposarían eternamente en los Campos Elíseos tras su muerte.

 

El rizoma y los tubérculos son tóxicos en crudo, no recomendables por su contenido de asfodelina. La fermentación de los mismos produce alcohol.
Dentro de la Comarca de Omaña, en la provincia de León, se utilizaban las hojas de los gamones para dar de comer a los cerdos.
En Campo de Gibraltar, hasta los años sesenta, la raíz se usaba para tratar los hongos o empeines de la cara y extremidades.
En Ubrique, un pueblo de la provincia de Cádiz, hay una fiesta tradicional, celebrada el tres de mayo, en la que el tallo de los gamones se calienta en algunas candelas y se hace explotar chocándolo contra las piedras.
En Cabeza del Caballo y en la comarca de la Ramajería, en Salamanca, se usaban los tallos secos para encender candiles y faroles tomando la llama desde la lumbre.

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Etimología

Asphodelus es un nombre genérico que deriva del griego antiguo ἀσφόδελος, de etimología desconocida.​
En la Grecia Antigua el asfódelo se relaciona con los muertos. Homero afirma que en el Hades o mundo subterráneo estaban los Prados Asfódelos (ἀσφόδελος λειμών), adonde iban los muertos que no merecían premio ni castigo. Con frecuencia se relaciona el asfódelo con Perséfone, que aparece coronada con una guirnalda de esta planta.
Albus es un epíteto latino que significa “blanco”.

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Presa del Pradillo en el arroyo de La Angostura, otro trocito del Lozoya.

Hay una expresión popular que reza: el Lozoya lleva el agua y el Jarama la fama. El río Lozoya es el principal abastecedor de agua potable de la provincia de Madrid. Su agua está considerada como una de las de mayor calidad para el consumo humano de España.

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Arroyo de la Angostura a su paso por “La isla”

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Arroyo de La Angostura desde el puente de “la Isla”

En su tramo inicial, el río Lozoya recoge las aguas de los arroyos de la Laguna Grande de Peñalara, de las Guarramillas y de las Cerradillas, todo ello dentro del término municipal de Rascafría, en este primer tramo el río recibe el nombre de Arroyo de La Angostura. Empieza a ser identificado como Lozoya cuando a este se unen a los arroyos de Umbría y Aguilón.

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Pequeña cascada debajo del puente de “La Isla”

Rascafría es uno de los municipios más sorprendentes y bellos de la Comunidad de Madrid. Además de ser uno de los mayores de la provincia, su ubicación rodeado de montañas le otorga multitud de rincones naturales y otros creados por el hombre que desde hace siglos le han dado un gran valor ecológico e histórico.

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Vista de la Presa del Pradillo desde el margen izquierdo del arroyo de La Angostura.

El límite sur del término de Rascafría discurre por la Cuerda Larga, en donde se elevan las cumbres de Guarramillas, Valdemartín y la Cabeza de Hierro (2.383 m). Al norte de estas cumbres nace el arroyo de la Angostura que más tarde toma el nombre de río Lozoya. En él vierten numerosos arroyos: desde el Sur, el Aguilón, Guarramillas, el de las Cerradillas, el de Valhondillo, el de los Machos y el de la Najarra, que llegan al río a través de profundas gargantas. Desde el Norte destaca el Arroyo de la Umbría que, procedente de Peñalara (2430 m), recoge las aguas de los arroyos de la Pedriza, el Berzal, el de los Pájaros, y el Arroyo del Artiñuelo, que bordea el pueblo.
A los numerosos valles, arroyos y torrenteras que tiene Rascafría hay que añadir las lagunas glaciares de Peñalara, en el Parque Natural de Peñalara.

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Vista superior de la presa del Pradillo desde su margen izquierdo.

Su curso va de oeste a este, a diferencia de la mayoría de los ríos madrileños que surcan la comunidad de norte a sur. El río atraviesa primero la fosa tectónica comprendida entre la sierra de la Cuerda Larga y los Montes Carpetanos, en la zona conocida como valle alto del Lozoya.

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Vista de la presa del Pradillo desde su margen derecho

El territorio posee un alto valor paisajístico, es bellísimo, encontrándose poblado de espesos bosques de robles, abedules, acebos y pinares que alternan con prados.

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Vista de la Presa del Pradillo rodeada de bosques.

La Presa del Pradillo

Tomando desde Rascafría la carretera M-604 que va a hacia el Puerto de Los Cotos, pasamos junto al Monasterio del Paular, al otro lado de la carretera dejamos el arboreto Giner de los Ríos y el Puente del Perdón. Unos kilómetros después pasaremos de largo el área recreativa de Las Presillas, para llegar a otra zona recreativa llamada La Isla, donde hay varios restaurantes en una gran explanada que sirve de aparcamiento, y de donde parte un camino junto al arroyo de la Angostura, aguas arriba.

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Tras un corto paseo desde La Isla, se llega a la antigua presa del Pradillo, un antiguo salto de agua ya abandonado que sirvió como fábrica de luz para el pueblo de Rascafría, se sitúa en pleno valle de la Angostura, el embalse del Pradillo retiene las aguas del arroyo que da vida después al río Lozoya, sus aguas saltan por encima de la misma creando una bonita cascada digna de ver en cualquier época del año.

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En las inmediaciones de la presa del Pradillo, aún se pueden ver las antiguas estructuras que se usaban para la generación de electricidad con el salto de agua, el embalse del Pradillo está totalmente rodeado por un viejo bosque de pinos, muy espeso, haciendo así que pasear en verano por sus senderos sea una delicia debido a las sombras y la frescura que le da el arroyo de la Angostura antes de convertirse en el famoso río Lozoya tras recibir las aguas del arroyo de la Umbría y del Aguilón.

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Subiendo a la presa, por un pequeño sendero, el estruendoso espectáculo de la cascada cambia por un plácido embalse rodeado de pinos que se reflejan en sus aguas tranquilas. Continuando por la orilla, el agua, el bosque y las pequeñas praderas hacen de este lugar un rincón único para pasar una buena jornada en plena naturaleza.

 

De Porquerizas a Miraflores, la parada del Rey.

Hubo un tiempo en que el paso desde Miraflores de la Sierra (por entonces llamado Porquerizas) hacia el Valle del Lozoya era muy transitado. Cuenta la leyenda que durante el siglo XVII, los Reyes de España (Felipe IV e Isabel de Borbón) marchaban hacia el Monasterio de El Paular en uno de sus viajes. Isabel de Borbón se detuvo a descansar en uno de los parajes más bonitos del municipio macureño, La Parada del Rey, en la cima de la Raya y al pie de la Najarra. Debió quedar maravillada por aquel idílico paisaje cubierto de flores, y espontáneamente exclamó: “¡Mira, flores!”. Parece ser que a continuación pregunto a algún miembro del séquito por el nombre de aquel bello lugar. “Se llama Porquerizas majestad” le contestaron. La reina torció el gesto no entendiendo que tan bello lugar tuviera un nombre tan poco apropiado. El miembro del séquito, interpretando el desagrado de la reina por el nombre de ese lugar, la sugirió que ordenara cambiarlo por el que acababa de expresar. Y desde entonces pasó a llamarse Miraflores en vez de Porquerizas, o al menos eso se dice.

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Parada del Rey, en la cima del monte de La Raya al pie de la Najarra

Situado en un enclave privilegiado, de destacado valor natural y ecológico, Miraflores de la Sierra forma parte del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, área natural protegida y declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Se encuentra a tan sólo 50 km. de Madrid, se trata de un cruce de caminos entre los puertos de
La Morcuera y de Canencia, paso privilegiado al Valle del Lozoya, y entrada al Valle de Bustarviejo.

Realizaremos una ruta de senderismo partiendo del aparcamiento de la Fuente del cura, disfrutando del bello embalse de Miraflores, precioso rincón donde las cristalinas aguas del Puerto de la Morcuera se reúnen. Subiremos por el robledal hasta la cima del monte de la Raya para visitar la Parada del Rey y el corro de robles denominado los doce hermanos, para bajar de nuevo hacia el embalse y recorrer de vuelta el arroyo de Miraflores.

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Embalse de Miraflores desde la subida al puerto de la Morcuera con la Najarra a la izquierda

Por el camino atravesaremos un denso robledal, a pesar de que ya estamos en verano podemos ver el musgo agarrado a las paredes de piedra que delimitan las fincas.

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Cuando salimos del robledal, en los claros del bosque podemos ver gran cantidad de flores. No es difícil imaginar que la reina Isabel cambiase el antiguo nombre de Porquerizas.

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La vista del embalse rodeada por la sierra de la Morcuera es espectacular. Se puede apreciar donde termina el robledal y comienza el pinar por los distintos tonos del verde del bosque en la ladera oeste de la Perdiguera.

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Vista del embalse con la Perdiguera al fondo.

Las flores aromáticas como el cantueso son abundantes en la subida al monte de la Raya

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Retamas y piornos colorean de amarillo los claros del bosque en un paisaje donde los robles y más arriba los pinos son los grandes protagonistas.

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Por fin llegamos a la cima del monte de La Raya, donde un corro de robles nos dejan descansar al frescor de su sombra.

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La Najarra asoma por encima del pinar

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Vista del embalse de Miraflores desde los doce hermanos de la parada del rey

Estamos en la llamada parada del Rey, lugar de descanso de las comitivas reales cuando marchaban al Monasterio cartujo de El Paular.

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Los doce hermanos, un corro de robles en el monte de La Raya. Parada del Rey

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Parada del rey, al fondo el embalse de Miraflores, a la derecha los doce hermanos

Por el camino de vuelta nos encontramos con algunas mariposas tomando sus dosis de néctar

Finalmente volvemos a pasar por el embalse de Miraflores, un lugar realmente bonito totalmente rodeado de montañas, quizá en un tiempo pasado fue un circo glaciar.

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