Navalafuente o La Nava de la Fuente

Navalafuente es un municipio perteneciente a la Comunidad Autónoma de Madrid. Está situado al norte de la capital, al pie del Alto del Pendón, ubicado en la ladera sur de las estribaciones de la Sierra de la Morcuera. Deslinda con los términos municipales de Bustarviejo, Valdemanco, Cabanillas y Guadalix de la Sierra.

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Vista de Navalafuente desde la garganta del cancho con el Cerro de San Pedro al fondo

La zona donde se ubica esta pequeña villa es relativamente llana. Está situada en una zona de transición entre la sierra y la campiña, compuesta de prados, dehesas de vegetación dispersa y de pequeños bosques de ribera. El término municipal es atravesado por dos arroyos en dirección norte-sur, el Gargüera y el Albalá, que recogen sus aguas de la zona comprendida entre la ladera este del Pendón y la ladera sur del Mondalindo.

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Vista de la sierra de La Cabrera desde la ribera del arroyo Albalá

 

El arroyo Gargüera

Al cruzar el escalón que supone el cerro de la Mesa, el Gargüera se despeña por la garganta del Cancho en una sucesión de chorreras, saltos de agua, ollas o marmitas de Gigante, pequeñas cascadas y losas como esmeriles. Dominan aquí los afloramientos de roca de Gneis glandular, muy aparentes donde la piedra se encuentra pulida por la acción del agua. Este pequeño arroyo vierte sus aguas al río Guadalix, y conforma en su tramo más montano uno de los parajes más curiosos y desconocidos de la región madrileña.

Historia

Para buscar los orígenes de Navalafuente hay que remontarse al siglo XII, cuando empiezan a asentarse los primeros pastores procedentes de Segovia que apacentaban sus rebaños en los abundantes y ricos pastos que producían sus montes. Las primeras casas se levantaron en torno a la fuente que alimentaba la Nava (llanura al pie de las montañas), dando así el nombre al pueblo según la tradición.

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Pilón de Jaramala, junto al arroyo Albalá

Durante la Edad Media perteneció al término de Bustarviejo, y éste al Sexmo de Lozoya (Segovia), el cual estaba rodeado de posesiones del Duque del Infantado, como el Señorío de Buitrago y el Real de Manzanares así como posesiones del Arzobispo de Toledo, como Uceda y Torrelaguna. Como parte del término del Sexmo de Lozoya, su dependencia última radica en la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, entidad exenta de obligaciones feudales y cuyas distintas contribuciones se realizaban directamente al Rey.
Felipe II inició una política de concesión de exenciones a muchos lugares, respecto a sus ciudades o villas, a cambio de fuertes sumas de dinero. Este proceder fue protestado por los representantes de las ciudades en las corte de 1563 sin ningún resultado. Bustarviejo, con sus anejos Navalafuente y Valdemanco, se acogió a esta norma, debiendo en 1626 una cantidad de 442.500 maravedies y quedando recogida en 1650 mediante privilegio Real la exención perpetua de Bustarviejo de la jurisdicción de Segovia. Esta independencia perjudicó a Bustarviejo, al perder poder e influencia sobre Valdemanco y Navalafuente y dentro de esta dinámica, en 1734, Navalafuente obtuvo el rango de villa independiente de Bustarviejo, villa a la que había estado ligada su historia.
A comienzos del siglo XIX, una nueva estructura administrativa del Estado acabará con la organización tradicional basada en “tierras”, introduciéndose en 1833 la división provincial, que no tendrá en cuenta estos valores. De esta manera, que incluso tras independizarse de Bustarviejo seguía perteneciendo a Segovia, Navalafuente pasa a formar parte de la provincia de Madrid.
En este momento la principal ocupación de la población es agropecuaria, con la producción de trigo, cebada, centeno y legumbres, manteniéndose el ganado lanar y vacuno. Un molino harinero, junto con la fabricación de pan y vino, son la única actividad industrial existente. También hay que destacar la existencia de varias canteras de cal en su término municipal.
La evolución de la población en Navalafuente apenas sufre variaciones reseñables en este periodo de su historia. Durante la primera mitad del siglo XX hubo un ligero crecimiento demográfico que se estabiliza Durante los años 50 y 60 se produce una fuerte caída de la población debido a la emigración del campo a la ciudad y el envejecimiento de la población ocasionando el abandono de las actividades agrícolas y ganaderas.
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Ayuntamiento

En la actualidad apenas se cultivan cereales, aunque si algunos productos de regadío, como patatas y alfalfa. Además de la ganadería, las siguientes actividades económica en importancia es la construcción y la cantería, favorecidas por el crecimiento de las urbanizaciones consecuencia del fenómeno de la segunda residencia. El deseo de escapar a la sierra de muchos madrileños, impulsa una nueva economía de turismo y servicios, con un progresivo crecimiento de la población.
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Cantera de granito

Flora

En Navalafuente nos encontramos una notable variedad vegetal. En la zona norte del municipio, donde el terreno presenta mayor inclinación al encontrarse al pie de las montañas, se desarrollan los enebrales de enebro de la miera presentes en el cerro de la Mesa. El enebro es principalmente una especie acompañante en formaciones boscosas de otros árboles, fundamentalmente en encinares, pero en determinadas circunstancias puede llegar a formar verdaderos bosquetes en los que son la especie dominante, como sucede en Navalafuente.

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Enebro

 

Los principales factores que favorecen el desarrollo de los enebrales son: La eliminación de la encina por tala y sobrepastoreo. Y la adaptación del enebro a suelos pobres donde no pueden crecer especies más exigentes a este respecto como la encina, el rebollo, o el quejigo. En estos enebrales aparecen matorrales de pequeño o mediano porte, como la jara pringosa, cantueso, romero o tomillos.

Otra de las formaciones vegetales muy presentes en Navalafuente es el encinar. Una importante superficie de la mitad meridional del municipio se encuentra poblada por la encina o carrasca. El intenso uso antrópico que ha recibido esta especie ha propiciado una gran variedad de ambientes cuyo denominador común es esta quercínea (dehesas, bosquetes, formaciones de matorral…). Junto a la encina aparecen jaras, retamas, cantuesos, tomillos, torviscos, gamones, entre otras especies, que durante la primavera, cuando florecen, tiñen de variados colores el paisaje.
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Encinar

El aprovechamiento ganadero que se realizada en el pueblo, desde tiempos inmemoriales, se lleva a cabo principalmente en fincas privadas, de pequeño o mediano tamaño, delimitadas por cercas de piedra. En estas zonas donde los pastizales son el hábitat principal, los árboles se desarrollan junto a estos cercados, dado lugar a un paisaje característico. Una de las especies típicas que aparecen en estos linderos es el fresno. Además, se pueden encontrar zarzas, rosales silvestres, endrinos, majuelos, etc.
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Praderas y fresnos

Los cursos de agua que discurren por el municipio, y especialmente el arroyo Gargüera, introducen unas condiciones ambientales que permiten la aparición de especies ligadas a suelos con mayor humedad típicos de los bosques de ribera, como sauces, chopos, alisos, etc. Los alisos presentan la peculiaridad de ser capaces de fijar nitrógeno atmosférico gracias a una asociación simbiótica como bacterias.
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Bosque de ribera, arroyo Gargüera

Fauna

La proximidad de la Sierra y la actividad humana condicionan la fauna de Navalafuente. Esta última ha propiciado la desaparición de las especies más sensibles a la presencia del hombre, así como de las más perseguidas por su interacción con los intereses de la población local, caso del Lobo ibérico o el Oso pardo, cuyos últimos ejemplares se extinguieron en siglos pasados. Aún así, el municipio alberga una notable variedad faunística. Entre los mamíferos destacan: el Jabalí, el Zorro y la Gineta, aunque pueden encontrarse muchos otros, como el Corzo, el Tejón, la Garduña, el conejo, la Liebre, así como distintos roedores (Ratones, Lirones caretos, Topillos, etc.) e insectívoros (erizos, musarañas, murciélagos, etc.). La mayoría de estas especies desarrollan su actividad principalmente en el crepúsculo y por la noche, por lo que resulta difícil su observación.

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Liebre

Sin embargo, es sencillo descubrir la rica avifauna que alberga Navalafuente. La diversidad paisajística del municipio proporciona hábitat adecuados a multitud de especies. En las formaciones de encinar es fácil toparse con los ruidosos y coloridos Rabilargos, las corpulentas Palomas torcaces o la vistosa Abubilla. En los sotos y riberas de los arroyos podremos ver a los nerviosos Mitos, a los melodiosos Ruiseñores o pequeños Chochines, aunque estos dos últimos resultará más sencillo escucharlos que verlos, pues siempre se mueven por lo más espeso de la vegetación. Mientras en las fresnedas no será raro contemplar Pinzones vulgares, inquietos Carboneros y Herrerillos comunes y con más fortuna, algún Pito real o alguna Oropéndola con su espectacular plumaje. Los lugares menos arbolados también albergan sus aves características como el Triguero, la Tarabilla común o el Escribano montesino. Incluso en el interior del pueblo podremos observar aves ligadas a medios humanizados como la Cigüeña blanca, que cría en la iglesia, las Golondrinas o los Vencejos.
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Nido de Rabilargos en una encina

Además de aves y mamíferos, Navalafuente presenta gran variedad de anfibios y reptiles, tales como los Sapos corredor y común, la Rana común, la Lagartija ibérica, la Lagartija colilarga o el Lagarto ocelado. Cabe mencionar también que dentro de los invertebrados la variedad se multiplica, destacando por su vistosidad y colorido las mariposas, que alegran los campos con los vuelos durante los meses cálidos del año.
Iglesia parroquial de San Bartolomé

La Iglesia de San Bartolomé, situada en el extremo nororiental del pueblo, tiene su origen en el S. XV, aunque actualmente solo se conserva su forma original en el ábside, lugar del altar mayor y capilla lateral con bóveda de crucería gótica. Consta de una sola nave con ábside semicircular y capilla al lado del Evangelio. En el acceso principal presenta un arco de medio punto con dovelas de sillares de granito, bajo el pórtico cerrado con seis arcos de medio punto de mampostería y enlucidos.

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Iglesia Parroquial de San Bartolomé

Se conservan restos de los siglos XV y XVI, destacando la bóveda de crucería de la capilla y siendo el resto del edificio fruto de sucesivos arreglos y ampliaciones. El exterior es de mampostería enlucida en la fachada sur, que es la principal, siendo de mampostería vista el ábside y la fachada norte, así como la espadaña, del siglo XVI. La fachada de la capilla del Evangelio, del s. XVI, es de sillares de granito, y se remata a la altura de la cubierta con una de imposta de bolas. En 1944, durante unas reformas, se comprobó la existencia de pintura mural gótica, ya deteriorada en el ábside; y al menos diez lápidas de enterramiento también góticas  dentro de la propia Iglesia.

Potro de Herrar

Este potro es una construcción de piedra y madera, formada por cuatro pilares que se encuentran unidos entre sí por palos de madera. Al animal se le colocaba dentro del potro, con las patas dobladas, se las ataban a los pilares de piedra y la cabeza la sujetaban con un yugo, para que así se moviera lo menos posible y no sufriera lesiones. Normalmente eran los bueyes, vacas, caballos los que eran herrados por sus dueños cada vez que era necesario.

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Potro de herrar

 

 

Necrópolis medieval de Sieteiglesias

Este conjunto arqueológico está situado sobre un promontorio rocoso, junto a la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, en el núcleo urbano de Sieteiglesias, Madrid.
Dicha necrópolis medieval es uno de los restos arqueológicos más antiguos encontrados en el término municipal de Lozoyuela-Las Navas-Sieteiglesias. Está datada entre los siglos IX y XI, y su utilización pudo muy bien perdurar hasta bien entrada la Edad Media. Se localiza en una zona de afloramientos graníticos, denominado el Berrocal de la Iglesia, junto a la ruta del Jarama, importante vía de comunicaciones en la Alta Edad Media que unía Talamanca del Jarama con Buitrago de Lozoya para acceder a los pasos de Somosierra que dan paso a la llanura segoviana.

 

La necrópolis incluye dos tipos de tumbas: tumbas rupestres (cavidades antropomorfas excavadas en roca) y tumbas de cista. Las tumbas rupestres son un tipo de inhumación en fosa excavada directamente en roca, de forma ovalada o de bañera (fusiforme), y algunas veces con la silueta de la cabeza y el cuerpo del difunto, con la forma tallada de los hombros y rebaje para la cabeza (se denominan “olerdolanas”). Las tumbas de cista consisten en una caja delimitada en el suelo por la presencia de lajas de piedra clavadas alrededor de la fosa. Una laja de mayor tamaño cubre la inhumación. Es posible que este tipo de enterramiento sea característico de las comunidades cristianas de la zona como es el caso de la Necrópolis denominada “Tumba del Moro” situada en La Cabrera.

Aunque en origen los primeros cristianos comenzaron enterrándose en el interior de las Iglesias, poco a poco se van habilitando espacios exteriores a éstas como áreas cementeriales. En este caso de Sieteiglesias, y como era habitual durante la Alta y la Plena Edad Media, se aprovechó un gran roquedal para practicar directamente en él las sepulturas. Aunque en esta Necrópolis, además de las tumbas rupestres se realizaron también tumbas de cista con lajas de piedra, como se hacía también en siglos anteriores.

 

La Iglesia de San Pedro Apóstol se ubica sobre un impresionante roquedal lo que acentúa su majestuoso porte. Data del siglo XVII aunque hay estudios que apuntan a que fue construida sobre una edificación anterior. Como consecuencia de la Guerra Civil sufrió graves daños, por lo que fue reconstruida posteriormente.

 


La Iglesia es de mampostería con sillares para reforzar algunos de sus elementos. Presenta unas líneas arquitectónicas sencillas y sobrias. Tiene una sola nave rectangular con un arco triunfal que marca el comienzo del prebisterio que está elevado respecto a la nave y con un coro a los pies. El pórtico de acceso (presenta dos columnas clásicas) y la sacristía se adosan al muro de la epístola.