La Najarra y la Cabra Montés

Hoy toca visitar una de las montañas más emblemáticas de la sierra de Guadarrama. De fácil acceso desde el puerto de la Morcuera, forma parte de la Sierra de la Cuerda Larga y es la cima más oriental de dicho cordal.

Vista de la subida al Puerto y Sierra de la Morcuera
Sierra de la Morcuera desde la subida a La Najarra
Vista hacia el Valle del Lozoya desde la subida a la Najarra
Punto geodésico de La Najarra

La Najarra

Se trata de una montaña de la Sierra de Guadarrama (sierra perteneciente al Sistema Central). Está ubicada en el límite de los términos municipales de Miraflores de la Sierra y Soto del Real, al sur, y Rascafría, al norte, (Comunidad de Madrid) y en el límite oriental de la alineación montañosa de Cuerda Larga.

Vista de la Najarra desde los canchos de la zona este.

La Najarra tiene una altura de 2108 metros (el vértice geodésico) y de 2120 metros la cumbre verdadera. Con frecuencia, las guías y algunos mapas citan erróneamente la altura del antiguo vértice geodésico, como altura máxima de la cumbre. Es la última cumbre del extremo este de la cuerda larga y con ella finalizan en esa zona las cumbres superiores a los 2000 metros de la zona este de la sierra de Guadarrama. Se le considera el lugar donde limitan la Cuerda Larga y la Sierra de la Morcuera, dos cordales con una orientación muy similar.

Vista al oeste, a la izquierda las primeras cumbres de la sierra Larga, al fondo Peñalara y más a la derecha los Montes Carpetanos

La vertiente sur, hasta una altura aproximada de 1800 metros, está cubierta casi enteramente por un bosque de Pinos Silvestres, y en su ladera norte está el Puerto de la Morcuera (1796 m), lugar desde el que sale la Travesía de Cuerda Larga, camino que pasa por la cima de La Najarra. Esta montaña cuenta con una caseta a modo de refugio no guardado (Hotel Bizcocho), con capacidad para dos personas, usado desde antiguo en verano para vigilancia de incendios y que carece de agua, puertas y ventanas ni comodidad alguna, por cuanto solo sirve como abrigo eventual, situado cerca de su línea cimera (en la zona que asoma al Hueco de San Blas), lugar habitualmente usado como punto de partida o llegada para hacer la Cuerda Larga en dos jornadas.

Vista del refugio «Hotel Bizcocho»

Su adelantada posición hacia el este y el sur, así como su todavía considerable altitud la convierten en un magnífico mirador. Al norte se puede contemplar buena parte del Valle Alto del Lozoya, Peñalara, las cumbres de los montes carpetanos y la parte del puerto de la Morcuera perteneciente a Rascafría. Al Este toda la Sierra de La Morcuera incluyendo la subida del puerto desde Miraflores, Mondalindo, Sierra de La Cabrera, Sierra del Rincón. Al Sur el cerro de San Pedro y las localidades existentes hasta Madrid. Y al Oeste el resto de cumbres de la cuerda larga, de la que la Najarra es la cumbre más oriental.

Vista al Norte desde el refugio, piornal en la ladera norte de la Najarra, pinar en le vertiente del puerto de la Morcuera en dirección a Rascafría y al fondo los Montes Carpetanos.

Desde el punto de vista faunístico cabe destacar sus colonias de buitres, con nidos en las zonas más escarpadas de la línea cumbrera. La aspereza de su vertiente norte contrasta con la amabilidad de la sur, tapizada de densa vegetación, donde pueden reconocerse diversas especies animales como el corzo, la cabra hispánica (introducida recientemente en la zona del Hueco de San Blas), el jabalí, águila culebrera, cucos, picopicapinos, abubilla, herrerillos, diversas rapaces nocturnas y un largo etcétera.

Vista hacia el Este desde el piornal de la ladera Norte de la Najarra.

Cabra Montés

La cabra montés o íbice ibérico (Capra pyrenaica)​ es una de las especies de bóvidos del género Capra que existen en Europa. Las otras especies del género son el íbice alpino o cabra de los Alpes (Capra Ibex), el íbice siberiano (Capra Sibirica), el tur del Cáucaso occidental (Capra Caucasica), el tur del Cáucaso oriental (Capra Cylindricornis), la cabra salvaje o cabra bezoar (Capra Aegagrus), el marjor (Capra Falconeri), el íbice de Nubia (Capra Nubiana) y el íbice de Etiopía (Capra Walie). Antiguamente repartido por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal, el íbice ibérico es un endemismo que actualmente se encuentra principalmente en las áreas montañosas de España y del norte de Portugal.

El género Capra llegó a la península ibérica, al igual que el resto de Europa, seguramente a finales de Plioceno, procedente de Asia. La consolidación de estas poblaciones y su adaptación a los ecosistemas ibéricos, así como el aislamiento de la península en numerosas ocasiones debido a las glaciaciones, produjeron un proceso de diferenciación y especiación de las poblaciones ibéricas hasta dar lugar a la actual Capra pirenaica.

El íbice ibérico es una especie con fuerte dimorfismo sexual, al igual que muchos otros bóvidos. Las hembras miden unos 1,20 metros de largo y 0,60 metros de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kilogramos. Tiene cuernos bastante cortos y se parece bastante a una cabra doméstica, aunque la cabra doméstica tendría su origen en la cabra bezoar (Capra Aegagrus) o en el marjor (Capra Falconeri).​ Los machos, en cambio, pueden llegar a los 1,48 metros de largo y tener una altura de 0,77 metros en la cruz, alcanzando un peso máximo de 110 kilogramos. Los cuernos de los machos son notablemente gruesos y pueden llegar a ser el triple de largos que los de las hembras. Están más separados entre sí que los cuernos de otras especies del género Capra. Los machos adultos tienen también una cara más alargada y la típica barba de chivo oscura bajo la mandíbula.

El color y longitud del pelaje varía según las subespecies y la época del año, tornándose más largo y grisáceo en invierno. Tras las mudas de pelo de Abril y Mayo, el color es pardo o canela, con manchas oscuras en la parte inferior de las patas que en los machos adultos pueden extenderse hacia los costados, hombros y vientre. La parte central de este es blanca en ambos sexos, y la cola negra y corta (12-13 cm.). La fenología del pelaje podría ser uno de los factores importantes en los ciclos estacionales de algunos parásitos transmitidos por contacto como son por ejemplo los ácaros causantes de la sarna sarcóptica.

Esta especie se desenvuelve por igual de día y de noche, aunque sus máximas horas de actividad se localizan por la mañana y a finales de la tarde, cerca del crepúsculo. En invierno desarrollan su actividad en las horas centrales del día, que es cuando hace más calor.

Son animales sociables, pero cambian a menudo de manada. Esta puede estar constituida por machos adultos, hembras con sus crías o adolescentes de ambos sexos (en este último caso, solo durante el verano). Los machos y las hembras adultas se reúnen en la época de celo, en los meses de Noviembre y Diciembre, caracterizados por los violentos combates cabeza contra cabeza de los machos. La inversión en masa testicular es un factor muy importante en los procesos de selección sexual. En el íbice ibérico esta inversión es mayor durante la temporada de celo, especialmente en edades en las que los individuos son subordinados que optan por una estrategia reproductiva de persecución y no de monopolización de la hembra.​ Las crías (una misma hembra puede parir dos o tres chotos) nacen en Mayo.

Habitan tanto en bosques como en extensiones herbáceas, en cotas montañosas de entre 500 y 2500 metros sobre el nivel del mar, subiendo en verano incluso por encima de los 3000 metros. La protección de que disfrutan ha hecho que se distribuyan a zonas antes totalmente impensables como zonas costeras de Málaga, Granada o Almería, donde ocasionalmente pueden ser vistas a la orilla del mar. La dieta es predominantemente herbácea, aunque en invierno se torna más arbustiva. Si es necesario, excavan en la nieve para acceder hasta la vegetación.

La cabra montés cuenta con lobos, osos y águilas como depredadores naturales, pero estos han desaparecido en los últimos tiempos de amplias zonas de su distribución. La caza de esta especie por parte del Hombre se producía ya en la Prehistoria, primero a cargo del Hombre de Neandertal y desde hace cuarenta mil a treinta y cinco mil años, por el Homo Sapiens. Son abundantes sus restos en las cuevas paleolíticas y aparece representada con frecuencia en las pinturas rupestres de toda la península ibérica.

Con la introducción de la agricultura y el aumento de la población humana (y con ello, de la caza), su población desapareció de varias zonas y en otras menguó ostensiblemente. En tiempos recientes, el hecho de ser una especie única en el mundo, endémica de la península, la convirtió en una cotizada especie de caza mayor. Se tiene constancia de la llegada expresa de cazadores procedentes de Francia y Reino Unido durante los siglos XIX y XX, especialmente al Pirineo, buscando cazar algún ejemplar y conseguir un trofeo.

Al igual que para otras especies de ungulados de montaña, los parásitos y las enfermedades tienen también un papel importante como regulador de las poblaciones. Sin embargo, alteraciones en las relaciones ‘parásito-hospedador’ conducen en ocasiones a marcados desequilibrios y a epizootias. Por ejemplo, la sarna sarcóptica, endemia en algunas zonas, también es capaz de poner en riesgo algunas poblaciones. Esta enfermedad, a veces mortal para los íbices, afecta de forma desigual a los machos y a las hembras,​ y limita las capacidades reproductivas de los individuos.​

A finales del siglo XIX la población de cabra montés estaba en rápida regresión, habiéndose extinguido la subespecie gallego-portuguesa. Alfonso XIII de España creó en 1905 el Refugio Real de Caza de la Sierra de Gredos para limitar la caza de este animal en la zona y salvar así a la entonces reducida población local, pero no tomó mayores medidas por el salvamento de la especie. No fue hasta 1950 cuando comenzaron a crearse numerosas reservas para proteger la cabra montés, aunque en muchos casos no se crearon políticas adecuadas al efecto. La extinción reciente del bucardo se debe en buena medida a ello, reducido a solo veinte ejemplares en 1970 y condenado por tanto a la desaparición en unas pocas décadas. La falta de cabras monteses para las cacerías intentó cubrirse durante el tardo franquismo con la introducción de otros bóvidos foráneos, como el muflón y el arruí, especies que han tenido un impacto desigual sobre la flora y fauna local y en algunos casos han puesto aún más en aprietos a la cabra montés, pues compiten con ella por los mismos recursos.​ La competición por el alimento con el ganado doméstico, el riesgo de hibridación con la cabra doméstica y el riesgo de selección artificial por y para la actividad cinegética​ son también factores de riesgo para la conservación de algunas poblaciones.

Las subespecies que sobreviven podrían sumar cerca de cincuenta mil ejemplares, presentes en su mayor parte en Sierra Nevada, Gredos, Las Batuecas, Los Puertos de Morella, Muela de Cortes, Serranía de Cuenca, Alcaraz, Sierra Madrona, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla, Sierra de Segura, Sierra Sur de Jaén, Los Filabres, Sierra de las Nieves y Montes de Cádiz. También se han introducido unas cuantas cabezas en varios puntos del sector peninsular, como la Sierra de Guadarrama o el término municipal de Albadalejo (Ciudad Reall).

En el año 2006 trece ejemplares de cabra fueron reintroducidos en Doney de la Requejada, Sanabria.​

La Junta de Galicia lleva a cabo un plan de reintroducción a gran escala en la Comunidad Autónoma Gallega desde 2003. Mientras que la caza de la especie no está permitida en muchas zonas, en otras, como en Gredos, se usa como medio para controlar su población debido a la escasez de depredadores naturales, a la vez que proporciona valiosas aportaciones a las economías locales.

Ha sido reintroducida en la Cordillera Cantábrica a partir del núcleo cautivo de Riaño, existiendo diversos núcleos en los Ancares y el Parque Regional de Picos de Europa en Castilla y León y observándose individuos dispersivos en Asturias y Liébana. A medio plazo recolonizará todo el sistema montañoso.

Desde el año 2014 se esta reintroduciendo en los Pirineos, concretamente en el Parque Nacional de los Pirineos franceses y en el Parque Natural Regional de los Pirineos de Ariège, a partir de individuos procedentes de la Sierra de Guadarrama.

Se reconocen cuatro subespecies de cabras monteses, dos de las cuales se han extinguido en tiempos recientes.​ No obstante, varios autores han puesto en duda su validez.​ Estas subespecies son las siguientes:

  • Capra Pyrenaica Hispánica, con una distribución discontinua que se extiende por las cordilleras cercanas al Mar Mediterráneo. Alcanza su mayor concentración en Sierra Nevada.
  • Capra Pyrenaica Lusitanica, era conocida como Mueyu. Distribuida originalmente por las montañas fronterizas entre Galicia y Portugal, se extinguió en 1892 en la Serra de Gerês (Portugal).
  • Capra Pyrenaica Pyrenaica, subespecie-tipo situada originalmente en los Pirineos franceses y españoles, llamada popularmente Bucardo. El último ejemplar murió en enero de 2000.
  • Capra Pyrenaica Victoriae, distribuida de forma desigual en las cordilleras del centro y norte de España. Su principal población está en la Sierra de Gredos, donde moran unos 10 000 ejemplares. Considerada subespecie cinegética, bajo ciertas restricciones.

La más bonita de las dehesas (Gracias Antonio)

La Dehesa Bonita es un bosque mixto caducifolio perteneciente al término municipal de Somosierra, el pueblo situado más al norte de la Comunidad de Madrid. Además, con una altitud de 1433 metros sobre el nivel del mar​, se convierte en la localidad ubicada a mayor altitud y la más septentrional de esta Comunidad Autónoma.

El bosque crece en las faldas de la vertiente oeste del pico Peña Cebollera, también llamado pico de las tres provincias, en la Sierra Norte de Madrid. Se trata de una Dehesa que a día de hoy alberga una de las reliquias botánicas que perduran de épocas glaciares. Está considerado como uno de los bosques mejor conservados de la Comunidad de Madrid, ya que su enorme variedad: acebos, robles, cerezos, avellanos, pinos silvestres, serbales, tejos y, sobre todo abedules, hacen de este un lugar una zona con alta biodiversidad. Su mejor visión es en otoño, cuando su cromaticidad y los contrastes de colores entre las diferentes especies se hacen más patentes.​

La singularidad principal del bosque es su gran número de abedules, especie muy abundante en la Dehesa, un árbol típico de zonas húmedas. De hecho, es el abedular más importante de la Comunidad de Madrid. Sin embargo el árbol más abundante es el roble melojo y también hay algunas coníferas como el pino silvestre y el tejo. Destacan dos abedules con más de 200 años, un acebo con más de 300, y un grandioso mostajo, todos ellos declarados árboles singulares de la región.

Al ser una dehesa boyal existe un importe número de especies ganaderas como vacas, bueyes o caballos. A estos se unen los animales salvajes como los corzos, jabalíes, zorros y ocasionalmente el lobo ibérico; aves rapaces como el azor, el mochuelo, el Búho real o el buitre leonado.​

La Dehesa Bonita tiene un clima típico de montaña, por sus 1.400 metros de altitud. Está caracterizado por los inviernos fríos y los veranos suaves. Las precipitaciones son abundantes todo el año excepto en verano, superando los 1.100 mm anuales. Este nivel de precipitaciones hace que los arroyos rebosen agua dando lugar a pequeñas cascadas que discurren entre peñas tapizadas por musgos y líquenes que dan al lugar una aspecto mágico. En los meses de invierno la precipitación suele ser en forma de nieve. La temperatura media anual ronda los 14 grados con máximas de 25 y mínimas de -5.