La flora de la Sierra de La Cabrera 12, dedaleras.

Existe un dicho en Galicia que dice, “Donde crecen las dedaleras se cree que es donde bailan las meigas las noches de luna llena”.

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Digitalis purpurea, llamada popularmente dedalera o digital, entre otros muchos nombres, es una especie herbácea bienal de la familia de las plantagináceas.

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La dedalera se desarrolla en un ciclo de dos años; en el primero, tras germinar, produce únicamente una roseta de hojas basales, ovales, dentadas y de largo peciolo, mientras que durante el segundo año se desarrolla un tallo largo de 0,50 a 2,5 m y cubierto de hojas rugosas; todas las hojas de esta planta son ligeramente pubescentes, dentadas, simples y alternas, con el envés finamente texturado; se hacen más pequeñas hacia la cima del tallo.

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Las flores forman racimos colgantes terminales; son tubulares, de hasta 5 cm de largo, con pétalos de color que varía desde el amarillo pálido hasta el rosa intenso por el exterior y púrpura en el interior de la corola. Florecen de junio a septiembre en el hemisferio norte, dando lugar luego a una cápsula. La polinización es realizada por abejas. Las semillas son dispersadas por el viento.

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Es una planta nativa de Europa, el noroeste de África y Asia central y occidental. En estado silvestre se suele encontrar en terraplenes, linderos boscosos o entre peñascos en zonas montañosas. En países de Sudamérica como Chile fue introducida desde Europa, alcanzando gran propagación en la zona sur entre el Maule y Magallanes, siendo frecuente en La Araucanía y Los Lagos. En Argentina se da en las provincias de Jujuy, Neuquén, Río Negro y Tierra del Fuego, es común encontrarla más al norte también, especialmente en Colombia.

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Esta planta se encuentra normalmente en medios montañosos como claros de bosques, márgenes de caminos y taludes, terraplenes, acantilados, entre rocas o zonas de reciente tala. En general, se encuentra en terrenos húmedos y silícicos, raramente en terrenos calcáreos.

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En Europa aparece con mayor frecuencia cerca de robles, hayedos y abetos, aunque también se puede ver con encinas y alcornoques en el sur y centro de la península ibérica. Predomina en zonas de climas templados, de sombra o semi-sombra.
Su época de floración es de verano a otoño, según la altitud.

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Es una planta apreciada como ornamental, además de por el valor medicinal de su principio activo. Prefiere los climas templados, la sombra o semisombra, y los suelos ácidos y húmedos. Se naturaliza con facilidad, pero no es invasiva.
La digital ha sido objeto de intenso cultivo, y varios cultivares se han difundido entre los jardineros.

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Digitalis purpurea fue descrita por Carlos Linneo y publicado en Species Plantarum. El nombre de Digitalis purpurea se debe a la forma y color de las flores. El nombre genérico de Digitalis proviene de la palabra latina digitus, que significa dedo, y purpurea, que significa lila o purpúreo.

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Muchos de los medicamentos actuales, son obtenidos gracias a plantas y desde tiempos remotos, se vienen empleando para tratar variadas patologías. En algunos casos, sus usos perduran desde la primera descripción, pero en otros casos, el conocimiento evoluciona y lo que era una planta considerada “saludable”, pasó a convertirse en planta venenosa. Este es el caso, de entre otros muchos, de la Digitalis purpurea L., conocida como dedalera o chupamieles.

El órgano de la planta utilizado por sus virtudes medicinales son las hojas. Presentan escaso olor, aunque característico y un sabor amargo. Son hojas grandes, ovalanceoladas y con un limbo irregularmente dentado. Son de un color verde oscuro y glabro por el haz y de un verde blanquecino y muy pubescente en el envés. Presentan nervadura reticulada y muy prominente.

La Digitalis purpurea es conocida desde 1542 cuando Leonard Fuchs, la denominó como digitulus (dedo pequeño) y que actualmente es conocida por diversos nombres como dedalera, digital, guante de zorra, chupamieles, San Juan, etc… es una escrofularia que destaca por una flores fuertemente coloreadas (rosadas, amarillas, blancas…) en forma de dedo y que normalmente aparece en grandes agrupaciones en claros de bosques, caminos, etc… y que en muchos casos se ha ido cultivando como forma ornamental por ser un atrayente para determinados insectos.

La dedalera; se trata de una planta que tradicionalmente se vino empleando como medicación contra deficiencias cardíacas desde el siglo XVIII, cuando William Withering descubrió los efectos de la Digitalis sobre el organismo, mediante la publicación An Account of the Foxglove and some of its Medical Uses (1785) (puedes acceder al texto completo gracias al Proyecto Gutenberg), donde ya se tenían en cuenta análisis clínicos y se observaban y describían los efectos y así como la posible toxicidad, aunque no fue hasta 1850 cuando Traube, describió los efectos sobre el músculo cardíaco observando que pequeñas dosis estimulaban al corazón, aunque cuando se excedía en dichas dosis, se podía provocar la paralización del músculo cardíaco.
La toma de las hojas de forma ocasional era indicado para la regulación del pulso o el tratamiento de epilepsia e incluso las infusiones de hojas estaban indicadas contra los resfriados, de forma que se solía recomendar como “saludable” para el organismo y el paciente.

No fue hasta hace unas cuantas décadas, cuando este uso tradicional en la medicina se comenzó a rechazar, hasta que actualmente se suele considerarla como planta venenosa por los efectos sobre el organismo humano.
A mediados del siglo pasado ya se alertaba de los peligros del empleo de dicha planta (Elmqvist et al., 1950) y conforme los primeras alertas iban llegando a la comunidad médica, se comenzaron a hacer análisis para comprobar qué había de cierto en aquello.
Se sabía que ocurrían algunas muertes pero en otros casos se veía la muerte no se producía (en torno al 20% de los pacientes presentaba complicaciones) y algunas de las primeras teorías eran que se debía a factores propios de cada individuo o a la aplicación errónea de las dosis.
Sin embargo, conforme se comenzó a analizar la planta y se aislaba el compuesto que producía todos los efectos anteriormente descritos; la digitalina y el concreto el glucósido cardíaco digitoxina, se veía que en realidad era venenoso bajo determinadas condiciones
Se veía que en realidad la cantidad de digitalina, iba variando a lo largo del día. Si bien por la tarde se acumulaba una gran cantidad de digitalina en las hojas, por la noche los niveles comenzaban a descender, ya que la propia planta los destruía y así hasta el amanecer cuando los niveles de digitalina eran mínimos o inexistentes.

Incluso la existencia de unas mayores cantidades de horas de sol o el tipo de terreno en el que se encontraba la planta, podían incrementar o hacer descender el nivel de digitalina contenido e incluso si las hojas eran jóvenes o viejas, la cantidad era muy diferente.
En determinadas condiciones, unas tres hojas, eran suficientes para ser mortales de ahí que estén ampliamente documentados casos de envenenamientos producidos por la planta y tanto en televisión como en literatura ha sido una planta con cierto reconocimiento para el crimen.
Poco a poco, la comunidad médica y botánica, fue rechazando su uso directo para los problemas antes descritos debido a la dificultad de calcular correctamente la cantidad de sustancia activa que había en cada momento. Incluso algunos farmacéuticos experimentados; que en teoría deberían de saber a la perfección cómo calcular las concentraciones, no se salvaban de tener problemas con las dosis.
Si alguien observa Guías de Campo o libros de botánica de principios de siglo; o incluso en algunas publicadas sobre 1950-70, puede ver como la planta era recomendada pero en la actualidad en la práctica mayoría de Guías se advierte de los efectos perjudiciales y/o que se trata de una planta venenosa, aunque se suele mencionar que se sigue empleando por la farmacología.

Hoy en día se sabe que con una cantidad superior a 2 mg de digitoxina, hace que los latidos del corazón vayan a un menor ritmo, pero al poco tiempo se producen arritmias hasta llegar a un paro cardíaco que en la gran mayoría de los casos acaba llevando a la muerte, al inhibir la actividad de la enzima sodio-potasio ATPasa, que provoca un incremento inmediato de los niveles de calcio intracelular.
Sin embargo, varios medicamentos empleados por pacientes con problemas cardíacos, se siguen basando en la digitoxina, siendo muy valorados por muchos cardiólogos.
Aunque a pesar de que es valorada, al igual que ocurre en la planta, en el organismo del paciente se aplica con concentraciones decrecientes ya que se acumula en el organismo y podríamos llegar a los problemas que teníamos en condiciones naturales.
La razón de que en la actualidad se siga empleando en la farmacología, se debe a unas condiciones especiales de recogida de la planta y de la extracción química que se realiza posteriormente.

De esta forma, la planta se sigue cultivando pero con una recogida a unas horas determinadas (generalmente al inicio de la tarde) y de unas hojas determinadas que en teoría tendrían la cantidad óptima de digitoxina.
Posteriormente se realiza un tratamiento de desecado y de conservación especiales para evitar tanto la pérdida del principio activo como de su intensificación, así como diferentes controles en todo el proceso para saber en todo momento las concentraciones en las que nos estamos moviendo.

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Leyendas.

Existe una leyenda en Galicia que dice, “donde crecen las dedaleras se cree que es donde bailan las meigas las noches de luna llena”.

Según la tradición, la noche del 23 de junio en la víspera de San Juan, es una fecha muy propicia para la aparición de las meigas, que suelen colarse por las puertas, ventanas o incluso por los agujeros de las cerraduras de nuestras casas. Y lo peor de todo, es que estas brujas tienen la costumbre tan poco higiénica de lavarse sus partes en la leche que se guarda en el interior de los domicilios, trasmitiendo o meigallo a aquel que la consumía. Por eso, una solución era introducir la leche en el interior de una artesa, quedando así a resguardo de estas molestas ocupas. Otro ritual protector de la casa es el de colgar fiuncho o hinojo, bieiteiro o saúco, xesta o retama, abeluria o dedalera en puertas y ventanas, e incluso en las rendijas de las tejas del faiado, para evitar que entren las meigas.

La dedalera, en gallego abeluria, estraloque o croque, estos últimos nombres provienen del ruido parecido a un cloc o croc que hacen los niños al estallar la flor, sujetándola por el extremo abierto con una mano y golpeándola en la palma de la otra, tal y como se hace con una bolsa hinchada–, es de hecho, una planta con fama popular de tóxica.

Es muy curioso que no haya referencias de las dedaleras en los textos griegos o romanos, la referencia botánica de médicos, boticarios y curanderos no aparece hasta casi los tiempos modernos. Es probable que en otros tiempos la planta no tuviera la extensión que hoy tiene por el área mediterránea.

Por el contrario, la digital ha sido una planta bien conocida y utilizada tradicionalmente por los pueblos septentrionales de Europa. Las referencias escritas más antiguas, se encuentran en Irlanda, hacia el siglo XI. En Gales se han recogido tradiciones muy antiguas, donde la dedalera se la considera como planta protectora contra los malos espíritus. En Galicia, zona de la Península donde más extendida está la digital, tiene fama de planta útil contra las mordeduras de víbora y también como protectora de las casas frente a las meigas y los malos espíritus, sobre todo en la noche de San Juan.

En la tradición anglosajona también tiene un papel destacado. En inglés se la llama principalmente foxglove, es decir, guante de zorro, pero también fairyfingers, dedos de hada; términos que aluden a la forma de las flores, que semejan los dedos cortados de un guante. En la tradición gallega no se encuentra ninguna relación de esta planta con el raposo, pero existe una bella leyenda nórdica que habla de este astuto animal y la dedalera. Según se cuenta por esos lares, las hadas malas le dieron estas flores al zorro para que se las calzara en los dedos de sus patas y de esta manera ser más sigiloso cuando merodea los gallineros de los desdichados campesinos. El nombre noruego de la planta, revbielde, campana de zorro, es otra alusión en la misma línea.

Según parece, las manchas de las flores de la dedalera tienen la función de servir como de “señalizaciones de aterrizaje” para abejas y abejorros, que son los insectos que más las visitan. También se dice que es donde los elfos han tocado con sus dedos la planta y que son una seria advertencia de lo nocivo que es esta planta, de hecho, en Irlanda, se la conoce como dead man’s thimbles, dedal de muerto.

El nombre que los alemanes daban a la planta, fingerhut, dedal, es el que sugirió a Leonhard Fuchs (importante botánico alemán, por el que las Fucsias llevan ese nombre) el nombre latino por el que se la conoce, Digitalis: “del grosor de un dedo”, puesto que hasta que él la nombró, en 1542, no tenía nombre ni en griego ni en latín.

Hoy en día, la digital sigue incrementando su fama y su leyenda: de ella se han obtenido los digitálicos, como la digitalina y otros, sustancias de una importancia médica tal, que se considera como uno de los más importantes fármacos utilizados en la actualidad para el tratamiento de las afecciones cardiacas, en especial para regular las arritmias cardiacas. El estudio de sus complejos glucósidos y azúcares activos presentes en sus hojas y en las semillas, ha llevado a las digitales a ser una de las plantas mejor estudiadas desde el punto de vista bioquímico.

Vemos cómo una planta considerada tradicionalmente como tóxica, pues ciertamente sintetiza sustancias venenosas con el fin de evitar que se la coman los herbívoros, estas mismas sustancias se emplean en medicina para pacientes que padecen arritmia cardiaca. En definitiva, plantas que, mal empleadas, pueden ocasionar la muerte, se convierten, con gran esfuerzo y tras muchos años de estudio e investigación, en herramientas indispensables para salvar todos los días innumerables vidas.

Como en el caso del tejo, por poner otro ejemplo, la muerte y la vida se vuelven a encontrar en un mismo punto: las digitales y los glucósidos de ellas obtenidos, que incrementan la leyenda de una planta que en Galicia ya decían que “espanta ás meigas”, en este día tan señalado como es la noche de san Juan.