Los alcornoques de La Cabrera

Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo las ardillas podían atravesar la península ibérica sin bajarse de los árboles … sería fácil imaginarse también que comiendo bellotas de alcornoque.

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Como vestigio de un glorioso pasado, todavía es posible encontrar algunos bellos ejemplares de alcornoque diseminados por algunos lugares de La Cabrera, por algo los celtas lo llamaban “árbol hermoso”.  Lo cierto, es que el roble y la encina, más adaptados a las inclemencias del clima serrano, frios inviernos y secos veranos, y mucho más resistentes al cambio climático, han ido ocupando el lugar que sin duda un día ocupó de forma destacada el alcornoque.

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Personalmente creo que el alcornoque es uno de los árboles mas elegantes que se pueden encontrar en estas latitudes. El alcornoque es el “pata negra” de nuestros árboles. Sirvan estas fotos como mi pequeño homenaje a estos fantásticos ejemplares y a mis amigos boleteros que aparecen en dos de las fotos, Federico “El Nen” e Isidro “El Señor de las Praderas Largas”.

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Los dos Señores de las Praderas Largas.

El Alcornoque, Quercus Suber.

El Quercus suber (Alcornoque mediterráneo) es un árbol de porte medio, de hoja perenne, originario del suroeste de Europa y del noroeste de África. Muy extendido por la explotación de su corteza de la que se obtiene el corcho.

Sus hojas tienen de 4 a 7 cm de longitud, pueden ser aserradas en las ramas más bajas o lobuladas en las ramas más altas, una adaptación de las hojas para protegerse contra el ramoneo de los animales. Dichas hojas son de color verde oscuro en el haz y más claras por el envés. Sus bellotas son de 2 a 4 cm de longitud y aunque tienen un sabor amargo son excelentes para el cebado de animales.

Tiene una corteza gruesa y rugosa. Con el tiempo la corteza llega a tener un grosor considerable, y se puede recolectar reiteradamente cada 9 a 12 años, según la zonas y la calidad de estación en que se encuentre corcho, sobre todo por la cuantía y distribución anual de precipitaciones. La calidad del corcho es proporcional al número de años que tarda en producirse. El grosor óptimo de recolección lo marca el diámetro de los tapones, puesto que es el producto obtenido del corcho con mayor valor añadido. Un tapón estándar tiene 24 mm, por lo que un grosor óptimo de corcho sería de unos 30 mm. La recolección del corcho no daña en absoluto al árbol, ya que puede volver a producir una nueva capa, haciendo el recurso totalmente renovable. El árbol se cultiva extensamente en España, Portugal, Argelia, Marruecos, Francia, Italia y Túnez. Los alcornocales cubren una superficie de 2,5 millones de hectáreas en estos países. Portugal tiene el 50 % de la producción mundial, y en este país la tala está prohibida excepto por gestión forestal o para árboles viejos e improductivos.

Viven entre 150 y 250 años. El corcho bornizo es el que se obtiene en la primera recolección, que se hace cuando el árbol alcanza los 30-50 años de edad. A partir de entonces se puede recolectar cada 9-12 años. La recolección del corcho es completamente manual.

La industria europea del corcho produce 340 000 toneladas de corcho al año y da empleo a 30 000 personas. Los tapones para vino representan un 15 % del uso del corcho en peso, pero representa un 80 % del negocio.

El alcornoque es uno de los componentes del bosque mediterráneo. Necesita más humedad y soporta menos el frío y nada la cal en comparación con la encina que lo substituye cuando no se cumplen, juntas, estas tres condiciones y en gran medida sucede conforme se va continentalizando el clima. Una de las razones es que la bellota del alcornoque se produce en los meses de septiembre (migueleñas) hasta enero, cuando las heladas son mucho más frecuentes. El corcho parece ser fruto de la evolución de la especie para la protección contra el fuego, frecuente en este clima de veranos tan secos.

Su interés económico permite la conservación de extensas zonas de monte allí en los países donde habita, así como su desarrollo sostenible. La bellota es usada por una amplia variedad de animales para alimentarse, desde no migratorios hasta las grullas en invierno. En el Parque nacional de Doñana, la zona de más alto valor ecológico, conocida como Las Pajareras, es una formación de gigantescos alcornoques dispersos en el límite del monte con la marisma.

Una parte importante de la industria de corcho reside en España (especialmente en Andalucía y en el sur de Extremadura), en donde se produce alrededor del 30 % de la producción mundial.

El descorche

El alcornoque presenta una característica única, que le diferencia del resto de especies forestales: su aptitud para regenerar la corteza cuando ésta ha sido retirada parcialmente en determinadas condiciones. Si se elige bien el momento de máxima actividad vegetativa, y la operación se realiza con cuidado, es posible separar el corcho del felógeno. Al quedar a la intemperie, el felógeno, el felodermo y la parte externa del floema mueren por desecación, al tiempo que, más al interior, se forma un nuevo felógeno que reinicia la generación del tejido suberoso.

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Alcornoque descorchado en Grándola, Portugal año 2010

La operación de separar el corcho de la “casca” o capa madre (resto del floema que queda adherido al tronco) se denomina descorche, y exige un alto nivel de cualificación, por el riesgo que supone para la integridad del árbol si no se realiza en la forma debida. Hay que evitar dañar la “madre” del corcho, la capa viva a partir de la que se genera este (felógeno). La presencia de insectos (culebrilla del corcho, Coraebus undatus) o daños por sequía o defoliadores pueden debilitar esta capa y hacer que se dañe fácilmente durante la extracción, lo que compromete la calidad de futuras extracciones. La experiencia del técnico para poder reconocer estas situaciones y en todo caso para realizar la extracción sin dañar la “madre” es fundamental.

La extracción del corcho se realiza con una periodicidad de 9-12 años, según la producción y el destino del corcho. Cuando el árbol alcanza los 65-70 cm de circunferencia (a la edad de unos 40 años) se descorcha por primera vez, obteniéndose el denominado “bornizo”, profundamente agrietado y de baja calidad, por lo que se destina principalmente a la trituración. Este corcho es la corteza original del árbol, que debido al incremento de la circunferencia desde el tallo inicial hasta el tronco maduro presenta profundas grietas que impiden extraer planchas regulares. Este es el corcho que se emplea en muchas localidades como adorno en los belenes de Navidad, simulando rocas o montañas.

Una vez extraído el bornizo, las siguientes “panas” (planchas de corcho recién extraído) presentan un aspecto más regular, al ser el incremendo relativo de la circunferencia del árbol mucho menor. Entre nueve y doce años después de este primer descorche se obtiene el corcho “segundero” de calidad algo mejor, pero aún deficiente.

Las planchas no alcanzan el óptimo de calidad hasta que ha pasado otro turno de 9-12 años (3º descorche), cuando el árbol tiene aproximadamente 60 años. Las mejores planchas se utilizan en su mayoría para la fabricación de tapones.

La organización del descorche en un monte se realiza por equipos de hasta treinta personas, que se organizan de forma muy tradicional, acumulando y transmitiendo unos conocimientos y una cultura difícil de trasladar a un texto escrito.

Una vez extraído, el corcho se mantiene apilado durante un mínimo de seis meses, siendo posteriormente sometido a un hervido que mejora notablemente sus características físico-mecánicas. A continuación las planchas son clasificadas atendiendo al destino final: tapones, arandelas o trituración para la fabricación de aglomerados.

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Apilado de corcho, Santiago do Cacem, Portugal, año 2010

El hervido y clasificación se realiza en instalaciones industriales sencillas, localizadas mayoritariamente en las zonas de producción de las provincias de Cádiz, Sevilla, Huelva, Badajoz y Cáceres.

Usos

Entre los diversos usos del corcho, destacar que se utiliza principalmente para sellar las botellas de bebidas alcohólicas como vinos, licores y cavas o champán (blancos, tintos, rosados, tranquilos, espumosos, etc.), para lo cual se le realizan minuciosas pruebas de calidad. Luego, una vez seleccionadas las cargas aptas para su empleo, se remiten las que son deficientes y el material de corcho restante (que no pudo ser utilizado debido al tipo de corte aplicado a la corteza) a un centro de reciclaje, en donde se tritura todo y se forman planchas del denominado “aglomerado de corcho”, mediante distintos procesos. El aglomerado resultante se utiliza en el revestimiento de cápsulas de satélites (5 a 6 mm de espesor), en el revestimiento de suelos (existe una amplia gama de tarimas de corcho) y paredes (láminas o papel de corcho) o fabricación de plantillas de calzado y ropa. El aglomerado de corcho posee diversas propiedades, como su resistencia al fuego, su absorción parcial de la humedad (entre un 10 % y un 12 %) y aislamiento térmico y acústico.

Otro uso importante de este material natural, y que cada vez tiene más auge, es el destinado a la construcción como material aislante acústico y térmico. También se utiliza corcho natural para sellar juntas de motores y a modo artesanal, ya sea para confeccionar artículos de decoración como bandejas, relojes, cuadros, marcos, maquetas, portales de belén y otros adornos similares.

La madera de alcornoque se ha utilizado tradicionalmente para hacer carbón vegetal, aunque no con tan buen resultado como la encina. La madera es buena como combustible, además, por ser resistente a la humedad y la intemperie, se usa también para fabricar toneles y en la industria pesquera y naval. Por otro lado, la parte interna de su corteza se ha empleado para curtir pieles.

Sus frutos son las bellotas, son amargas y por lo tanto no son utilizadas como comestibles, pero se utilizan para cebar animales, sobre todo a los cerdos ibéricos. Alimentando a los cerdos a base de, consecutivamente, bellota de melojo, quejigo, encina y alcornoque se consigue un recebo de varios meses que da una calidad excepcional al jamón resultante.

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Bellotas de Alcornoque, Santiago do Cacem, Portugal, año 2010

Además numerosos géneros de hongos viven asociados a los alcornoques, de entre ellos, muchos comestibles. La recogida de setas es un recurso de gran valor económico cada vez más aprovechado en España y en los alcornocales puedes encontrar especies de gran valor culinario como la amanita de los césares, boletus, rebozuelos, lactarius, etc.

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Recolectando níscalos con El Nen en Santiago do Cacem, Portugal, año 2010

El alcornoque favorece la biodiversidad vegetal y animal. Permite el crecimiento de otras plantas a su alrededor, no es como otros árboles que no crece nada debajo, esta característica hace que muchos seres vivos puedan vivir a su lado. Los alcornocales constituyen un hábitat muy rico tanto en especies animales como vegetales.

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Recolecta de Níscalos, Santiago do Cacem, Portugal, año 2010.

Gracias a su adaptación al clima mediterráneo, el alcornoque es capaz de aprovechar muy bien el agua del suelo. Los bosques de este árbol evitan la erosión y contribuyen a regular los recursos hídricos conservando el agua en la tierra.

Además el corcho también se emplea para la fabricación de colmenas (trobos), la miel que se obtiene de los alcornocales es de excelente calidad. Además de emplearse el corcho para la fabricación de colmenas (trobos), la miel que se obtiene de los alcornocales, es de excelente calidad.

Etimología

Quercus era el nombre genérico del latín de los robles y encinas en general, así como de su madera, y por extensión de todos los árboles que producen bellota. El origen del vocablo es celta y significa ‘árbol hermoso’. El epíteto específico suber era el que usaban también los romanos en latín para nombrar al alcornoque y que significa corcho.

“Salvemos los alcornoques”

La paradoja de los alcornoques. España justo por detrás de Portugal, es el país con mayor superficie de alcornocales del mundo, alrededor de 725.000 hectáreas. Sin embargo el futuro del alcornoque es incierto. El grosor de su corteza y su gran capacidad para reproducirse convierten al alcornoque (Quercus suber) en una especie única. Existe una acusada falta de regeneración natural en los alcornoques, sobre todo en los que se encuentran en tierra de pastoreo. La regeneración de individuos jóvenes es casi nula y las poblaciones envejecen sin renovación. Pero la falta de regeneración natural y el sobrepastoreo no son las únicas amenazas de esta especie que se extiende por España. Incendios forestales, talas, cambios en los usos del suelo, desertificación, estrés ambiental por el cambio climático, y sobreexplotación los hacen más vulnerables. Si el alcornocal se abandona, se quema o se cambia de uso, numerosas especies protegidas ligadas a este bosque, y a la buena calidad y funcionamiento de estos ecosistemas, pueden verse amenazadas. Sería el caso de ejemplares del águila imperial, el lince ibérico o la cigüeña negra que están en peligro de extinción en los ecosistemas mediterráneos, y viven en los alcornocales, considerados Hábitat europeo prioritario por la Unión Europea. Además de su valor biológico, los alcornocales aportan un rendimiento económico rural a través de la explotación del corcho. No obstante, su mercado se ve amenazado por el uso de otros materiales, como el plástico y el metal, para la fabricación de tapones. La producción de corcho permite la conservación de la biodiversidad, tiene escasa participación de químicos, y sus desechos tienen aplicaciones ambientales escasamente exploradas.