La flora de la sierra de La Cabrera 1. El Cantueso

En la Sierra de La Cabrera hay tres especies de matorrales o arbustos que destacan por encima de todos los demás gracias a su capacidad de adaptación, son el cantueso, la jara y la retama. Debido a la orografía del terreno con inclinadas y empedradas laderas, a las condiciones de clima continental con temperaturas extremas (invierno frío y verano seco y caluroso) y también a las pobres características del suelo con escasez de agua, estos matorrales junto con las encinas y los enebros conforman el tapiz vegetal que cubre la sierra en su cara sur.

Cantueso

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Su nombre científico es Lavándula stoechas, también llamado comúnmente tomillo borriquero, es un arbusto ramoso, muy aromático, de hasta un metro de altura de la familia de las lamiáceas. Es una especie nativa de la Cuenca mediterránea.

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Forma una mata muy ramificada que puede alcanzar 1 m de altura. Sus tallos son de color verde, blanquecinos por la presencia de pilosidad, más o menos abundante. Las hojas de color algo grisáceo sobre todo por el envés, tomentosas, nacen enfrentadas, son largas y estrechas, de borde entero. Inflorescencia compacta, de sección cuadrangular. Las flores están apiñadas en densas espigas terminales de forma cuadrangular, que llevan en su terminación un conjunto de brácteas estériles de color violeta o rojizo. El cáliz, pequeño y recorrido por 13 venas, queda oculto por la bráctea. Corola de color morado oscuro. Las flores forman líneas verticales que recorren el conjunto de la inflorescencia. Esporofilos de 4-8 mm de largo, acorazonados-romboidales, de color violeta amarronado, membranosos, tomentosos de gris en 4 hileras, los superiores agrandados, sin flores axilares, de 1-5 cm de largo, ovalados, púrpuras hasta violeta azulado. El penacho coloreado sirve para atraer a los insectos.

Florece en primavera y principios de verano, a partir del mes de marzo, según el clima donde habite.

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Se distribuye por toda la región mediterránea, habitando en matorrales abiertos, desarrollados sobre suelos sin cal, silíceos, como granitos, cuarcitas, pizarras, etc. También en los básicos originados sobre serpentinas y peridotitas. En altitud se extiende hasta los 1000 metros sobre el nivel del mar y en alguna de sus variedades hasta los 1800. Va asociada muchas veces a la jara y al tomillo blanco. En la Península Ibérica es muy común.

Se usa en jardinería por su colorido y también está incluida en la flora apícola por su gran producción de néctar.

Esta planta tiene propiedades medicinales como son; antisépticas, antirreumáticas, tónicas estomacales, anticatarrales, diuréticas, cicatrizantes, tranquilizantes.

Se la utiliza para tratar llagas, quemaduras, heridas cutáneas no muy profundas para desinfectar y favorecer la cicatrización, para traumatismos, reuma y dolores articulares, afecciones renales, espasmos gastrointestinales, bronquitis, algunas afecciones pulmonares como enfisema pulmonar. Además de ser efectiva para enfermedades como la psoriasis, catarros, sinusitis, leucorrea, vaginitis, estomatitis.

Para aprovechar las cualidades curativas de esta planta se puede preparar un cocimiento con 30 gramos de flores en 1 litro de agua, se deja enfriar un poco, se filtra y se le pueden colocar una cucharadita de miel o azúcar para que sea más agradable el sabor. Se pueden adquirir la esencia de esta planta colocando 3 o 4 gotas en medio litro de agua con este y realizar lavados y baños sobre heridas.

También se puede conseguir jarabes realizados en base a esta planta solo o mezclado con otras.  El Cantueso al ser una planta muy aromática se utiliza en aromaterapia, su aceite se emplea para lograr relajar al cuerpo.

El uso de esta planta esta contraindicado para mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y niños menores de 6 años ya que puede resultar toxica para estos grupos sensibles.

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El nombre genérico “lavándula” se cree que deriva del francés antiguo lavandre y en última instancia del latín lavare (lavar), refiriéndose al uso de infusiones de las plantas. El nombre botánico Lavandula como el usado por Linneo se considera derivado de este y otros nombres comunes europeos para las plantas. Sin embargo, se sugiere que esta explicación puede ser apócrifa, y que el nombre en realidad puede ser derivado del latín livere, “azulado”.

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Otros nombres por los que se conoce el cantueso son: Alucema, astecados, azaya, aztecados, cantagüeso, cantahueso, cantigüeso, cantihueso, cantrojo, cantrueso, cantuerca, cantueso, cantueso arábigo, cantueso basto, cantueso blanco, cantueso borde, cantueso común, cantueso de zarzuela, cantueso fino, cantueso montés, cantueso morisco, cantueso purpúreo, cantueso real de España, cantueso verde, esplego, espliego, estecados, esticados, flor del Corpus, flor del Señor, galanita, hierba de San Juan, hierba sabia, lavanda, nazareno de Jesús, rabo, romero cantúo, romero cantuoso, romero de señor, te de moro, tomillo, tomillo basto, tomillo borriquero, tomillo burrero, tomillo cantimpalo, tomillo cantueso, tomillo cantueso caballar, tomillo cantuoso, tomillo de cantueso, tomillo de flor morada, tomillo del Señor, tomillo mielero, tomillo morao, tomillo salvaje.

 

 

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Catorce formas de ver La Cabrera

 

La Cabrera es un municipio perteneciente a la Comunidad de Madrid. El municipio se encuentra ubicado en la comarca de la Sierra Norte de Madrid, a unos 58 km al Norte de Madrid. Con una población de algo más de dos mil habitantes y una extensión de 22,4 Km cuadrados, limita al Norte con Lozoyuela, al Este con El Berrueco, al Sur con Cabanillas de la Sierra y Torrelaguna, y al Oeste con Valdemanco.

El núcleo urbano se sitúa en la parte más oriental de la Sierra de La Cabrera, con una altitud sobre el nivel del mar de unos 1.038 m. La Sierra de La Cabrera es un macizo granítico de origen paleozoico que configura un escenario berroqueño de rocas de granito. Destacan especialmente las cumbres del Cancho Gordo (1.564 m), el Pico de la Miel (1.392 m) y el Cerro de la Cabeza (1.247 m).

Desde el Hontanar de día con el Pico de la Miel de fondo.

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Desde el Hontanar de noche.

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Desde el Cancho Gordo.

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Desde el Cancho de la Bola.

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Desde los siete sillones con el cancho Gordo, el Collado Alfrecho y el cancho de la Bola de fondo.

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Desde el Murillón con el cerro de La Cabeza de fondo.

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Desde la falda del Pico de la Miel.

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Desde el Pico de la Miel

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Desde la dehesa de Roblellano de noche.

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Desde el Hornillo con nieve.

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Desde casa con el cerro de La cabeza de fondo.

Desde el cerro de La Cabeza con el Roblellano vestido de otoño.

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Desde el Tobarejo por la noche con toda la sierra de fondo.

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Las Atalayas de la comarca del Jarama

Durante la reconquista de la península ibérica, los árabes construyeron una serie de atalayas entre Toledo y la Sierra de Guadarrama para reforzar la vigilancia de los pasos de montaña y para controlar las rebeliones en el mismo Toledo entre los siglos IX y X. Se levantaron en tiempos del último emir Mohammad I y el primer califa de Córdoba Abderramán III, entre los siglos IX y X.

También servían para comunicarse con otras atalayas, a través de un sistema de espejos y señales de humo durante el día, y con la luz de las hogueras durante la noche. Este era el sistema de comunicación que avisaba a las autoridades competentes de que había problemas en la frontera, referidos sobre todo, a la incursiones de tropas cristianas a través de los puertos del Sistema Central.

Las atalayas de la Marca Media de la sierra de Madrid constituyeron la frontera entre cristianos y musulmanes. Se encontraban en el margen izquierdo del río Jarama. Se controlaban desde la villa amurallada de Talamanca del Jarama, que en esta época fue centro neurálgico del sistema defensivo de Toledo. Las atalayas de la Marca Media controlaban los pasos naturales de montaña entre Somosierra y Guadarrama. Controlando el acceso a Torrelaguna, Talamanca del Jarama y el acceso al valle del Manzanares. Es decir, controlando el paso del puerto de Somosierra, que pudo ser utilizado por Tariq durante la conquista de 711. Y controlando el paso de los puertos de Navacerrada, Fuenfría y el Alto del León o puerto de Guadarrama, es decir, controlando los cuatro pasos del Sistema Central, la calzada romana de Talamanca del Jarama y la calzada del puerto de Fuenfría (que aún hoy en día une Cercedilla y Segovia).

Atalaya proviene del árabe “tala’la” que significa pequeña torre, generalmente de forma circular. Se encontraban en lugares estratégicos y no muy distantes entre si, pero siempre aisladas unas de otras.

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Las atalayas de la comarca del Jarama formaban una línea defensiva en forma multidireccional, completada por la cercanía de los puestos de Venturada, El Berrueco (Torrepedrera), Torrelaguna (Arrebatacapas), El Vellón, además de la desaparecida de El Molar, cuya finalidad era vigilar y prevenir a las poblaciones de Talamanca del Jarama y Torrelaguna. Estas atalayas probablemente estaban en contacto visual con otra construida en el alto del Cerro de San Pedro que comunicaría con los puestos del valle del Manzanares, la atalaya de Torrelodones (restaurada en 1928) y la atalaya del collado de la Torrecilla en Hoyo de Manzanares de la cual solo se conserva el zócalo.

Atalaya de Venturada

Es una atalaya o torre de vigía situada junto a la entrada de la urbanización de Cotos de Monterrey (Venturada). Es de planta circular, cuyos muros exteriores forman un perfil ligeramente troncocónico, con la existencia de 4 cuerpos. Desde este lugar se puede observar la Sierra de La Cabrera, el Mondalindo, la Pedriza, el Cerro de San Pedro, la urbanización de Cotos de Monterrey y al sur la vista alcanza hasta Madrid capital.

El grosor de los muros de mampostería es de algo más al 1 metro. Los restos de la torre vigía están consolidados con argamasa entre las piedras que forman la mampostería.

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El cuerpo inferior o base arranca de la roca y está construido en parte por mampostería, alcanzando 3 m de altura. Sobre esta base, se alza el segundo cuerpo, donde se halla la puerta de entrada a la torre vigía, a un nivel ligeramente superior al suelo actual. Alcanza hasta el inicio de un segundo piso, formado por el tercer cuerpo. El suelo de este piso estaba compuesto por un entramado de vigas empotradas sobre los muros, y a la que se accedería mediante una escalera de mano. Del cuerpo superior de la estructura, que formaría el tercer piso sólo quedan restos ruinosos.

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Fue declarada, junto con las otras atalayas mencionadas, Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, en 1983 (Real Decreto 2363/1983 de 14 de Septiembre). Bajo la protección del Decreto de 22/04/49, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

 

Atalaya de Torrelaguna

Es una atalaya también conocida como atalaya de Arrebatacapas, está ubicada en el término municipal de Torrelaguna, en el puerto del mismo nombre. En la actualidad se encuentra parcialmente en ruinas. Está construida con hiladas de mampostería y argamasa mezclada con piedras para rellenar las rocas.

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De estructura cilíndrica aunque con una leve tendencia tronco-cónica, consta de un perímetro exterior de unos 19 metros y una altura aproximada de 12-13 metros, aunque actualmente presenta uno o dos menos debido a su estado de ruina. Sus cimientos arrancan en la roca viva del terreno, pero se alza sobre una base de 30 cm. La única entrada está ubicada a unos 2,5 m del suelo. El interior estaba dividido en tres pisos separados por un suelo de madera con un hueco en el que estaba situada una escalera de mano.

 

Atalaya de El Berrueco

Es una atalaya también conocida como atalaya de Torrepedrera, es una torre-vigía de origen musulmán, situada en el término municipal de El Berrueco, en el norte de la Comunidad de Madrid. Se encuentra enclavada en lo alto de un cerro de 1.030 m de altitud, cerca del embalse de El Atazar.

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La atalaya de Torrepedrera tiene planta circular y forma cilíndrica, aunque con irregularidades que la asemejan a un tronco de árbol. Construida en sillarejo, es maciza en su primer piso. Se accede por el segundo, donde se sitúa la puerta, a unos 2,25 m de altura sobre el suelo.

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Sus muros tienen un grosor que va desde los 1,58 m de la base hasta los 1,05 de la parte superior. Su diámetro interior es de 3,3 m. Actualmente se ha restaurado, siendo punto de observación contra incendios.

 

La atalaya de El Vellón

Esta atalaya se encuentra a medio camino entre El Vellón y el Espartal, sobre un cerro, desde donde se domina el alfoz de Talamanca, de donde era arrabal. Construida de mampostería, de sección cilíndrica. El diámetro es de algo más de 6 m y su altura de unos 9 m.

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El espesor de los muros es de algo más de 1 m. La puerta de acceso se encuentra a unos 2,50 m del suelo, teniéndose acceso mediante escalera portátil que se escondía cuando no se utilizaba para evitar el acceso de terceros. Tenía tres plantas comunicadas interiormente por escalera de un solo tramo.