Un trocito del Lozoya II, el Puente Congosto y sus Marmitas de Gigante.

El río Lozoya nace en la laguna grande de Peñalara, después va sumando caudal de todos los arroyos situados entre el sur de las montañas y valles de los montes Carpetanos (que separan las provincias de Madrid y Segovia entre Peñalara y Somosierra), la vertiente norte de la sierra de la Morcuera y la vertiente oeste de la sierra del Rincón (que separa Madrid de Guadalajara). Pero es justo antes de llegar al puente Congosto y después del embalse de Pinilla, donde el río se encajona entre las rocas (gneis) y sus aguas se enfurecen a tal punto que su estruendo perturba la tranquilidad que transmite este idílico lugar. En este punto, el agua y su acción erosiva realizada durante miles de años han creado unas formaciones que merecen ser tenidas en cuenta, son las Marmitas de Gigante del Puente Congosto.

Marmitas de Gigante en el río Lozoya.

Un kettle (en original en inglés, que significa «tetera») o marmita de gigante (término procedente del francés) es una formación de origen fluvio-glaciar, que puede tener forma de depresión en los depósitos glaciales —más o menos circulares, y a veces llenos de agua— o de cavidad circular en las rocas de los cauces de los ríos por la acción erosiva de las corrientes fluviales.

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Los de origen fluvial son una concavidad casi circular formada en los cauces de los ríos por la acción giratoria de algunos fragmentos de rocas duras cuando son arrastrados por la corriente y caen en algún hueco en el fondo del cauce, por lo que al girar por el movimiento de las aguas va profundizando y redondeando tal concavidad. La dureza de los fragmentos tiene que ser similar o mayor que la de la roca en la que se forma la concavidad, aunque muchas veces se trata de fragmentos de la misma roca. En la zona del río Lozoya que discurre aguas abajo de la presa de Pinilla, a la altura del puente Congosto, es un ejemplo de río donde las rocas muy duras que han caído en alguna pequeña depresión han ido agrandando en anchura y profundidad esa concavidad formando marmitas de gigante.

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Las marmitas son muy frecuentes en los escudos canadiense y guayanés. En la Guayana de Venezuela, varias de las marmitas fueron horadadas por piedras de cuarzo y por diamantes, razón por la cual estas concavidades son muy apreciadas por los buscadores de diamantes.

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Una de las formaciones erosivas mas curiosas que se produce en los cursos altos de los ríos son las MARMITAS DE GIGANTE.
Una marmita de gigante es una depresión de forma cilíndrica, muchas veces perfecta, que afecta a las rocas situadas en el fondo del cauce fluvial.

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¿Cómo se originan estos agujeros que a veces tienen más de un metro de diámetro?

Se trata de un proceso erosivo ocasionado por la presencia en el cauce de una roca, que encuentra un obstáculo y no puede ser arrastrada por el agua.

La fuerza de la corriente mueve la piedra y ésta comienza a dar vueltas. Al girar va poco a poco perforando la roca del subsuelo y ese efecto de taladro es el que origina la marmita a lo largo del tiempo. La roca “perforadora” termina también erosionándose al final del proceso.

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Puente Canto, Puente Congosto o Puente de la Horcajada.

El puente Congosto, también llamado puente de la Horcajada o puente Canto (no confundir con el puente situado en el arroyo de Canencia con el mismo nombre), se encuentra en el término municipal de Lozoya, en la sierra Norte de Madrid. Está emplazado junto a la carretera comarcal 604 en el Km. 11,800, se levanta aguas abajo del embalse de Pinilla, la primera de las grandes presas que el río Lozoya tiene en su curso antes de verter sus aguas al Jarama. El puente salva las aguas del río Lozoya en una estrecha y profunda garganta horadada en las rocas por la fuerza erosiva del río en un entorno de gran belleza, en el que el Lozoya se precipita con fuerza y estruendo. Situado en un camino de tierra, hoy abandonado que va paralelo a la carretera actual y que conduce de Lozoya a Garganta de los Montes. Es una construcción que sirve para ilustrar las entidades jurídicas medievales representadas por la Sociedad de Quiñones y el Sexmo de Lozoya.

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Puente Congosto, vista aguas abajo del mismo

El puente tiene seis metros de luz que le permiten salvar la profunda garganta. Su rasgo más peculiar es que se construyó cimentándose sobre los estribos de la propia roca que forma las laderas en las que queda encajonado el río. Se construyó en basto sillarejo, toscamente dispuesto, y está formado por un solo arco de medio punto levantado directamente sobre la roca. En su parte central el arco tiene doble rosca con grandes dovelas desiguales. A ambas caras aparecen desagües rectangulares, los dos de la margen derecha completamente cegados. Con respecto al tablero, por él discurre una calzada formada por losas irregulares. Recientemente se instalaron unos muretes en los lados, para evitar posibles caídas del ganado.

La elección del lugar para su construcción responde a que se trata del lugar donde la distancia entre márgenes del río Lozoya es menor. Su gran altura respecto al caudal constituía una garantía de permanencia y estabilidad frente a las grandes fluctuaciones y fuertes avenidas que experimenta el río.

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Puente Congosto, vista aguas arriba del mismo.

Antes de su restauración, el puente se encontraba semioculto a consecuencia de la espesura de la vegetación aguas arriba. Los problemas más graves eran los relacionados con la falta de mantenimiento. Como consecuencia, había perdido el solado de la parte central y diferentes materiales de la estructura, como es el caso de los pretiles originales.

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Puente Congosto antes de su última restauración.

Muy cerca encontramos las ruinas de lo que fue un antiguo molino. El puente, así como el molino harinero que se sitúa aguas arriba, en la margen izquierda del río Lozoya, se encuentran vinculados al camino histórico que comunicaba los núcleos de los municipios del Valle del Lozoya, antes de que se construyese el Monasterio de El Paular y de que se abriesen otras rutas alternativas que comunicarían los valles del río Miraflores con el propio Monasterio. En la actualidad, se realizan prospecciones y estudios arqueológicos, tanto de la construcción del molino como de su entorno, a fin de descubrir los canales que conducían el agua desde el río hasta el molino y desde este de nuevo al río.

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Antiguo Molino Harinero.

El Puente del Congosto es uno de los cuatro puentes medievales (o romanos) existentes en el Valle del Lozoya. Los otros tres son el Puente Canto, el de Cadenas y el de Matafrailes, todos ellos sobre el arroyo de Canencia, en el municipio del mismo nombre.

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Detalle del puente una vez restaurado.

El origen de esta construcción es incierto y se manejan dos hipótesis sobre su origen:

Algunos autores defienden que el puente se construyese durante la dominación romana de la península ibérica, dadas las similitudes de su fábrica con otros puentes de la citada época, especialmente el de Cangas de Onís, en Asturias. También basada en la posibilidad de la existencia de una vía romana que comunicase las tierras de Madrid con Segovia y el hecho cierto de haber sido reparado en el siglo XIV. El tablero además es llano.

Otros investigadores retrasan su construcción a la Edad Media, más en concreto, a los siglos XII o XIII, ya que su tipología y forma parecen corresponderse con este periodo medieval.

Esta hipótesis está basada también en los únicos datos históricos que se conocen, en la cita de este puente y del puente Canto de Canencia, en el libro de montería que Alfonso XI de Castilla mandó escribir a mediados del siglo XIV, y que fue objeto de una reparación en el siglo XV.

En los años 40 del siglo XX se construyeron los muretes laterales para evitar la caída del ganado. En uno de sus extremos se observa un ensanchamiento que mejora la conducción del ganado a la otra orilla. También pudo acometerse esta obra para facilitar las tareas del cobro del pontazgo a los ganados y peatones procedentes de otros lugares.

Un poquito de historia, Sociedad de Quiñones y Sexmo de Lozoya.

El topónimo Lozoya, que da nombre a un valle, un río y una población parece proceder del aumentativo término Loza, oza, osa, que significa pastizal en el dialecto vasco guipuzcoano.

Parece ser que entre las huestes de Alfonso VI que ocuparon el valle de Lozoya, venían gentes del norte de la península, principalmente astur-leoneses y vascuences. Fueron ellos quienes poblaron o repoblaron el valle, y dieron nombre al lugar: LOZOIHA.

El valle fue disputado durante mucho tiempo por Segovia y Madrid. Fue gestionado por la denominada “Sociedad de Quiñones”, dependiente del Concejo de Segovia, y que obligaba a los que se establecieran en estas tierras “a fabricar casa y poseer caballo propio que valiera 200 maravedíes y sirviera para asir e portar lanza”. Parece que ya existían en la zona muchos campesinos y se necesitaban caballeros que defendiesen la zona. Los Quiñones de Lozoya son los antecedentes de los actuales municipios del valle. Estaban integrados en la Comunidad de Tierras de Segovia y defendían en comunidad sus intereses agropecuarios. Todos los habitantes del valle tenían los mismos derechos y estaban sujetos a las mismas leyes y jueces encargados de administrar la misma justicia para todos.

Los concejos representados por los Quiñones estaban sujetos a Lozoya, y lograron independizarse de su jurisdicción en los últimos años del reinado de los Reyes Católicos, quienes intentaron controlar el amplísimo poder autónomo de los municipios mediante los “corregimientos”. La figura jurídica que da vida a los corregimientos es el “corregidor”, un supervisor del Rey, que dirige los destinos del municipio junto al alcalde. El corregidor llega a adquirir tal poder e importancia con el paso del tiempo, que desplaza de sus funciones a los ayuntamientos elegidos por los pueblos, convirtiéndose el poder concejil, de democrático en autocrático, puesto que se necesitaba el visto bueno del corregidor en cualquier decisión que tomase el ayuntamiento.

Los recursos del valle eran también bienes comunales administrados por unidades administrativas de menor rango, conocidas como “sexmos”. El Sexmo de Lozoya continúa en vigor y su alcalde el “sexmero” o representante del mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Laguna de Peñalara y la leyenda de la pastora.

A la sombra del Pico de Peñalara se encuentra uno de los lugares más bellos, peculiares y misteriosos de la sierra de Guadarrama.

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La Laguna Grande de Peñalara es también conocida como Laguna de Peñalara, es una laguna de origen glaciar situada en el fondo del circo de Peñalara. Está situada a 2017 metros de altitud, en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central de la península ibérica. Se encuentra dentro del parque nacional de la Sierra de Guadarrama, en el término municipal de Rascafría perteneciente a la Comunidad de Madrid.

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Es una laguna permanente de forma ovoidal y tiene una superficie de casi seis mil metros cuadrados. Su pequeño volumen, no llega a los doce mil metros cúbicos, condiciona que determinados factores ambientales como el viento o las precipitaciones influyan más rápida y drásticamente en las condiciones de la masa de agua que en lagos de mayor tamaño. La superficie de su cuenca hidrográfica es de 465 560 m², tiene un perímetro de 650 m, una longitud máxima de 127 m, una anchura máxima de 73 m y una profundidad media de 2 m. La masa de agua se encuentra a una altitud de 2017 metros sobre el nivel del mar y su profundidad máxima sería de 4,8 metros, en su parte norte.

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La laguna está rodeada de praderas y de zonas rocosas (gneis) que tienen algunos matorrales de alta montaña como son el piorno, el brezo y el enebro rastrero. La laguna se mantiene congelada desde diciembre hasta marzo debido a las temperaturas bajo cero que hay en el lugar, por ello no habitan peces en sus aguas. Entre su fauna destacan anfibios y aves.

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Esta laguna permanente es la más grande del Parque Natural de Peñalara y la más visitada. El entorno de la laguna tiene un máximo grado de protección medioambiental dentro del parque natural de Peñalara. Es por ello que no se permite el libre tránsito, los visitantes y senderistas solo pueden transitar por determinados sitios y caminos marcados a tal efecto.

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Como no podía ser de otra forma, la laguna también tiene sus propias leyendas, La gente que ha habitado la sierra de Guadarrama durante siglos ha creado varias leyendas relacionadas con algunos parajes de estas montañas. A continuación se describen dos que transcurren en las lagunas de Peñalara:

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La más conocida es la leyenda de la pastora. Se cuenta que cada noche de difuntos emerge del centro de la laguna un islote donde se distingue la figura de una pastora, entre luces misteriosas. Al parecer, hace mucho tiempo una pastora de la zona extravió un cordero entre las rocas, atraída por unos extraños ruidos que provenían de las oscuras aguas de la laguna, pensando que eran los balidos del cordero se adentró en la laguna para intentar salvarle y se ahogó sin remedio. También hay quien dice que la pastora se convirtió en hada o ninfa de las aguas y que con su dulce canto intenta atraer a los montañeros que andan por la zona para ahogarles en la laguna.

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Otra leyenda cuenta que mucho tiempo después, dos amigos atraídos por el halo de misterio que envuelve la laguna, intentaban averiguar los secretos de la isla que emergía y la luz que desprendía, para ello se propusieron el reto de cruzarla a nado. Uno de ellos cruzó la laguna con un libro entre los dientes mientras nadaba. Cuando llegó a la orilla comenzó a leerlo en voz alta, mientras su amigo cruzaba nadando a su vez.  Cuando éste llegó al centro de la laguna, el que estaba leyendo cerró el libro de golpe y las aguas se tragaron a su amigo, que nunca más apareció.

La flora de la sierra de La Cabrera 6. Thapsia Villosa o Zumillo

El zumillo es una planta que se distribuye en la mayor parte de la Península ibérica (siendo más escasa en el norte), al sur de Francia y al noroeste de África, en la zona occidental del Mediterráneo. Habita en prados secos, en claros de bosque, zonas de matorrales y terrenos algo removidos (taludes, cunetas, bordes de caminos o de cultivos) indiferente al tipo de suelo, desde el mar hasta hasta los 1800m.

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Esta planta es un paraíso para los aficionados a la entomología, pues casi siempre se encuentran sobre ella multitud de insectos normalmente benéficos para los cultivos, como las mariquitas. Por ello también es muy util en los cultivos ecológicos.

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El zumillo o Thapsia villosa es una es una planta perenne erecta, robusta y  con tallo lampiño  de hasta 2 metros de alto que florece en primavera y verano perteneciente a la familia de las umbelíferas. Las hojas basales son mayoría, son grandes y de contorno triangular, con una forma similar a la hoja de los helechos. El nombre génerico Thapsia es el mismo con el que los romanos conocían a esta especie. Los griegos dieron el nombre de Thapsos a una especie de este género y Dioscórides nos informa que se debe a que la describieron por primera vez cerca de la ciudad de Sicilia del mismo nombre, en lo que se llamó la Magna Grecia. El epíteto villosa viene del latín villus, vello, hace referencia a la abundante pilosidad de sus hojas basales.

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Estas hojas basales nacen de una raiz gruesa parecida a una zanahoria blanca, las hojas caulinares son menores que las basales, con su peciolo ensanchado en una vaina. Cada rama del zumillo culmina en una umbela central con unos veinte radios que llevan flores amarillas hermafroditas. En los laterales aparecen umbelas menores que suelen estar constituidas por flores masculinas que en poco tiempo se secarán sin dar fruto. Los frutos o semillas del zumillo están alados, esta peculiaridad las distingue de la cañaheja cuyos frutos no tienen alas.

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El Berrueco.

El origen del término de El Berrueco, parece deberse según diferentes fuentes al cerro de granito que domina el núcleo de población por el norte. De hecho, la palabra “berrueco”, significa literalmente “peñasco rocoso”.

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Vista de El Berrueco y de la dehesa

El término municipal de El Berrueco se encuentra en el noreste de la Comunidad de Madrid. El núcleo urbano se encuentra situado en un terreno llano, al este de la Sierra de La Cabrera y al oeste del río Lozoya retenido por la presa de El Atazar, embalse que ocupa grandes extensiones de terreno municipal. En este embalse desembocan numerosos arroyos, entre los que cabe destacar el Arroyo Jóbalo y el Arroyo de la Dehesilla.

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Plaza del Ayuntamiento

Historia

Los primeros asentamientos ubicados en el territorio de El Berrueco se pueden situar más o menos en la Edad de Bronce. El asentamiento actual de la villa de El Berrueco se sitúa en fechas no muy anteriores a los siglos X y XI.

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El Berrueco

El Berrueco era una de las aldeas pertenecientes a la villa de Uceda. Por otra parte Uceda pertenecía al Arzobispado de Toledo hasta que en 1575, por una Real Cédula del Papa Gregorio XIII al rey Felipe II, Uceda pasó a pertenecer a la corona junto con todas sus aldeas y lugares, lo que originó numerosos conflictos consiguiendo los derechos de Villazgo mediante un Privilegio Real de 1592.

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Ayuntamiento

El Berrueco aprovechó para independizarse y proclamarse villa, eximiéndose de la jurisdicción de la villa de Uceda. El privilegio otorgaba a los vecinos el derecho a nombrar alcaldes con jurisdicción civil y criminal, regidores, procuradores y demás cargos del concejo.

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Campanario de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Fue entonces cuando la Corona ordenó en su término la instalación de una horca y una picota, lo que significaba una total autonomía para poder llevar a cabo juicios y ejecuciones sin necesidad de depender de otra villa.

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La Picota y el Ayuntamiento

Todos estos pleitos, amojonamientos y pagos efectuados, llevaron al concejo a contraer numerosas deudas que, para hacerles frente, cargaban de impuestos a los vecinos, lo que generó una fuerte emigración. Ante esta situación el concejo pidió permiso a la Corona para vender sus tierras  y así perder la jurisdicción en 1613, momento en que El Berrueco volvió  a formar parte del Duque de Uceda.

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Vista de El Berrueco desde un canchal

Entre los siglos XVII y XVIII la mayoría de los habitantes de la villa se dedicaban a labores agrícolas y ganaderas imperando sobre todo estas últimas.

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El Berrueco y el embalse del Atazar desde Las Cabreras

Existía por aquel entonces una asociación de ganaderos perteneciente a la Mesta. Dicha asociación era llevada por un alcalde y un escribano nombrados por El Berrueco, Cabanillas, Venturada y Redueña. Todos los ganaderos de estos pueblos se reunían el día de San Bernabé, (el 11 de junio) en la ermita de Santo Domingo de Cabanillas para solucionar cualquier tipo de problema derivado de la actividad que realizaban.

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Vista parcial de El Berrueco

En 1859 se produce la venta de los bienes municipales por la desamortización, a consecuencia de lo cual se formó la Sociedad de Vecinos de El Berrueco con el fin de recuperar las fincas vendidas. El Ayuntamiento consiguió que la dehesa boyal se eximiera de la venta y pasara a propiedad municipal. A partir de 1873 la nueva demarcación le separó definitivamente de Uceda, todos límites municipales van a mantener su actual fisionomía y quedó dentro de la  provincia de Madrid. Como consecuencia de ello hubo largos pleitos, entre los que destacaron los mantenidos con las aldeas vecinas de Sieteiglesias y La Cabrera, principalmente con la segunda, ya que entre los términos de ambos era por donde pasaba la Cañada Real Segoviana.

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Típica construcción

También a finales del S. XIX se realizaron las obras del Canal de Isabel II promoviendo la apertura de canteras para la construcción del canal. En el siglo XX, uno de los hechos que más influirá en la evolución de El Berrueco será la construcción del Embalse del Atazar en 1976.

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Típico abrevadero

Monumentos

Son varios los monumentos y lugares de interés que se pueden encontrar en el término municipal de El Berrueco, destacando las siguientes:

Restos de la Ermita de Santa María en la aldea de Valcamino, que se despobló sin razones aparentes a finales del S.XVII.

El mal llamado Puente romano, puesto que se trata de un puente medieval restaurado recientemente, resalta particularmente por su peculiaridad y su buen estado de conservación. Está situado sobre el Arroyo Jóbalo a unos 300 metros de la carretera que une El Berrueco con Sieteiglesias y su presencia puede tener relación directa con la existencia de un auténtico sendero de trazado prerromano, posiblemente neolítico, que se mantendría hasta la actualidad conservando idénticas funciones.

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Puente sobre el arroyo Jóbalo

Iglesia de El Berrueco, consagrada a Santo Tomás Apóstol, es un edificio realizado en varias fases que aprovecha de un templo anterior, una ermita, la zona ocupada actualmente por el altar. Su planta es rectangular de una sola nave. Tiene una torre de planta cuadrada y tres cuerpos de altura, con ventanas de medio punto en cada cara. Su pórtico es de madera, con un rollo sobre pilares de granito del siglo XVII. La sacristía es gótica y se encuentra junto al presbiterio. El coro es alto a los pies. La cubierta es a dos aguas. Cabe destacar su portada, una realización de gran simplicidad dentro de la tradición románico-mudéjar, aunque su construcción parece datar del siglo XIII, formada por tres arcos de medio punto con dovelas de piedra, impostas con capitel de ladrillo y enmarcado con alfiz sobre paramento encalado. La puerta presenta un arco de medio punto ligeramente peraltado con dos arquivoltas que se continúan hasta el suelo marcando unas ondulaciones a la línea de la imposta. Se encuadra por un rectángulo formado por una faja saliente del paramento a modo de alfiz. En su interior se encuentran esculturas modernas de San Antonio de Padua, Niño Jesús, Inmaculada Virgen de Fátima, entre otras y una pila de agua bendita con gallones renacentistas.

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Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Crucero de la Iglesia, se desconoce el origen de estas tres cruces. Actualmente no tienen ningún uso o tradición. Se trata de un elemento cultural del pueblo, que en años pasados pudo tener alguna utilidad. Podría tratarse de la duodécima estación del Viacrucis de la Semana Santa, es decir, sería la del Calvario, punto donde termina dicha procesión. Por otro lado, gentes trabajadoras del campo, afirman que estas tres cruces están relacionadas con la fiesta de la Cruz de Mayo, que se celebraba el día tres de ese mes, y consistía en la bendición del campo, para obtener buenas cosechas.

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Crucero

La picota, elemento más representativo de El Berrueco. De los 178 pueblos de la Comunidad de Madrid, es junto con Lozoya, el único que la conserva. Se cree que remonta su existencia como rollo o columna al año 1000 por una inscripción existente en la parte superior y como picota al siglo XVI. La picota representaba un signo de jurisdicción penal en tiempos pasados. La picota era el extremo del rollo o columna, dándosele por extensión el nombre a toda la construcción. En el siglo XVI su ubicación era distinta a la actual encontrándose entonces en las cercanías de la Iglesia. Posteriormente debido a una orden real las picotas y las horcas debían desplazarse a las afueras de la villa, por lo que la picota de El Berrueco se trasladó hasta su actual ubicación. En agosto de 1996 se desplazó de nuevos unos metros debido a las obras de la Plaza Consistorial.

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La Picota

Potro de herrar, está hecho con pilares de granito y utensilios de madera y hierro. Es uno de los más antiguos de la zona. Se utilizaba en tiempos pasados para el herraje del ganado. Se pueden observar en la piedra algunas huellas de las patas de las vacas que se iban a herrar.

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Al fondo el potro de herrar

Canal del Villar, es una obra civil de finales del siglo pasado. Es una construcción con almenaras y puentes hechos en piedra labrada y sillería.

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Canal del Villar

Museo de cantería, es un proyecto que retoma el pasado. El Berrueco es un municipio típicamente rural que guarda entre sus calles una antigua tradición cantera, que forma parte de la identidad local. Los vecinos de este núcleo urbano han utilizado la piedra como materia prima en la elaboración de instrumentos varios, y como elemento para la arquitectura popular de todos los tiempos. Este museo se sitúa entre las calles del municipio, pudiéndose recorrer a pie, se pueden ver una serie de objetos que pertenecen al oficio de la cantería, tan relacionado con este municipio enclavado en el macizo granítico de la Cabrera.

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Monumento a los canteros

Durante los años 70 la cantería supuso la mayor fuente de ingreso para muchos de sus habitantes, ya que la piedra berroqueña era utilizada para adoquinar las calles en muchas ciudades de España.

El potro de herrar, la piedra de molino y otras, menos conocidas como la pila del cura o la de la fragua son algunos de los objetos que se pueden ver en este museo al aire libre.

La atalaya musulmana llamada Torrepedrera. Fue construida en algún momento indeterminado entre los siglos IX y X, es decir, entre el emirato de Muhammad I de Córdoba y la época de Abd al-Rahman III.

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Atalaya de Torrepedrera

Formaba parte de un sistema de atalayas, levantadas por los musulmanes en diferentes puntos de la Sierra de Guadarrama, que tenían como función vigilar los principales valles y vías de comunicación islámicos, ante posibles incursiones cristianas. Esta red defensiva tenía una gran importancia militar, por su enclave en una zona fronteriza, conocida como la Marca media de Al-Ándalus.

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Vista del embalse del Atazar desde la Atalaya

Junto con otras torres y fortalezas, la atalaya de El Berrueco controlaba el camino fluvial del Jarama, que conducía hasta el puerto de Somosierra, uno de los pasos naturales entre las dos submesetas. De este sistema se conservan cuatro atalayas, que son la de El Berrueco, Torrelaguna, Venturada y El Vellón.

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Vista de la sierra de La Cabrera desde la Atalaya

La atalaya de El Berrueco se encuentra situada en lo alto de un cerro de 1030 m. de altura, destaca por el empleo de la piedra más pintoresca, una piedra de tipo pedernal formada por grandes trozos casi sin desbastar. Tiene forma tronco-cónica con base circular, con un primer piso macizo, un segundo piso donde se sitúa la puerta a 2,25 metros de altura sobre el suelo y un tercer piso que sirve de plataforma de vigilancia. El espesor del muro va desde 1,50 metros en la base al metro del peto de la parte superior, siendo su diámetro interior de 3,30 m. En 1983, fue declarada Monumento Histórico-Artístico, según Real Decreto 2863/1983, de 14 de septiembre. Aunque es de propiedad privada, el acceso está permitido.

Museo del Agua y Patrimonio Hidrográfico: Este museo está ubicado en la Calle Real, en el casco antiguo del Municipio. El Museo refleja las numerosas infraestructuras hidráulicas, presas, canales, etc., existentes en la zona que son el fiel reflejo de la importancia del agua como recurso económico y natural. Representa un elemento diferenciador así como un valor añadido a la simple presencia de la lámina de agua en los pueblos que pertenecen a la Mancomunidad del Embalse del Atazar. El agua parece plantearse en todo caso como uno de los argumentos de la zona y se pretende destacar como principal tema de referencia, aunque tratando de reforzar los aspectos singulares y diferenciadores, aprovechando por otra parte el hecho del suministro de agua a Madrid, lo que le confiere un carácter singular especial. Sin olvidar las potencialidades de la lámina de agua como recurso turístico, se planteó reforzar el carácter diferenciador de la existencia de infraestructuras hidráulicas promovidas por el Canal de Isabel II en el último siglo y medio y que definen las características del paisaje actual. Agua y patrimonio industrial se convierten en los principales elementos de la zona y en el soporte del producto.

El embalse de El Atazar es el mayor de la Comunidad de Madrid: con una capacidad de 425,3 hm³, representa el 46 % del volumen embalsado de la región. Fue construido en 1972, siendo una de las obras más importantes durante el gobierno de Francisco Franco. Es el quinto embalse en el sentido de la corriente que se encuentra el río Lozoya a su paso y pertenece a la red del Canal de Isabel II.

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Embalse del Atazar

Los esquistos de El Berrueco y la falla de La Berzosa

El Lozoya en su tramo norte-sur está encajonado en la falla de La Berzosa, aflorando una banda de esquistos que está atrayendo a numerosos geólogos para su estudio. Aunque la presencia de esquistos suele ser común, sobre todo más al sureste, esta no es una roca muy abundante en una región donde predominan los granitos (La Cabrera y El Berrueco) o las pizarras (El Atazar).
En este sitio aflora localmente una banda de esquistos como “huella” de un importante accidente tectónico producido durante las etapas finales de la orogenia Hercínica, la falla de La Berzosa. Como elemento de especial interés destaca el hecho de que mediante esta falla se ponen en contacto las rocas graníticas y metamórficas de medio y alto grado (al oeste) con las rocas metamórficas de bajo grado (al este).

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Esquistos de El Berrueco

 

 

 

 

 

La flora de La Cabrera 5, Peonias silvestres.

Es una flor típica en la península ibérica. Se encuentra en bosques y zonas de montaña. La peonia también es conocida como Rosa de los Montes o Rosa de Alejandría, siendo una de las flores silvestres más hermosas que puedes encontrar en la sierra de Madrid y más concretamente en la Sierra de La Cabrera. Es una planta endémica de la Península Ibérica. Aparece en los sistemas montañosos del centro y sur de España y en Portugal donde habita en zonas silíceas, en sotobosques de encinares, melojares, robledales y alcornocales. De 100 a 1850 msnm.

La Peonia o Rosa de Alejandría es una flor que si tienes la oportunidad de verla se aconseja no cortarla ni arrancarla pues se trata de una planta protegida. Es una especie que necesita un cariño especial y no es común encontrarla, su germinación se está perdiendo.

La peonia es una flor vibrante, fragante, resistente y con una larga historia. La planta peonia está relacionada con la antigua mitología griega y cuenta con otras asociaciones significativas. Es muy apreciada por su belleza, fragancia, tolerancia y longevidad. Hoy en día, la peonia es una inclusión popular en los jardines de todo el mundo. Se trata de flores hermafroditas grandes, solitarias, de 5 sépalos y de 5 a 10 pétalos, de color rojo, con numerosos estambres y anteras amarillas, carpelos lanosos. Fruto en folículos cubiertos con pelos blanquecinos que contienen semillas que cuando maduran son negras.

Historia.

Paeonia, del Latín paeǒnĭa, nombre genérico en honor de Peón, el médico de los dioses que aparece mencionado en la Ilíada y en la Odisea de Homero. Curó a Ares cuando fue herido por Diomedes durante la guerra de Troya; también se menciona una curación anterior que le hizo a Hades de una flecha lanzada por Heracles en Pilos. Plinio el Viejo, célebre escritor y naturalista romano, quien vivió en el primer siglo de nuestra Era, sostenía que las flores de peonias tenían el poder de alejar las pesadillas provocadas por los faunos.

Estas plantas son originarias de América del Norte, Europa y Asia (principalmente China, donde es venerada). Los chinos le adjudican propiedades curativas a las peonias y usan sus raíces para el tratamiento de diversas enfermedades respiratorias y dolores menstruales. Las peonias han recorrido un largo periplo a través de la historia. Los registros indican que los chinos las cultivan desde hace 2 mil años, y fueron las legiones romanas quienes introdujeron peonias en Inglaterra. Parece ser que las flores peonias fueron descritas en libros de botánica ya en 1636. Esta hermosa flor ha crecido en jardines privados durante más de 600 años.

La peonia se ha valorado no sólo por sus propiedades estéticas, sino también por sus usos medicinales. El origen del nombre de la peonia se atribuye al médico de los dioses, Peón. En Asia el “ebisugusuri”, que es el nombre japonés para la peonía, se traduce como “medicina de China”. Los chinos han usado la raíz de la planta para la alimentación y para el tratamiento de los síntomas del asma, dolores menstruales y convulsiones.

Tipos de peonias.

Las peonias, cuyo nombre científico es peoniáceas, constituyen una familia de plantas monogenéricas. con 40 especies reconocidas, conforman la familia de las peonias. Hay dos tipos de peonia; herbáceas y arbustivas, ambas son perennes y pueden vivir hasta 50 años en un mismo lugar, no son muy afectas a ser trasplantadas, por ello al momento de plantarlas, debemos elegir muy bien el lugar porque allí pasarán el resto de su vida. Sus flores son grandes y con colores que van del blanco al rojo con distintos tonos intermedios rosados. Dentro de la familia de las peonias, existen, aproximadamente, unas 40 especies reconocidas.

Las peonias herbáceas, se encuentra comúnmente en los jardines caseros, crece de medio metro a poco más de un metro de alto, tiene tallos carnosos con muchas hojas, y se cultiva a partir de un bulbo o tubérculo.  Aparecen en primavera y desaparecen en el invierno. Su cultivo es el más extendido, debido a la belleza de sus flores, pero, además, por ser una planta rústica de fácil cultivo y que no requiere mayores cuidados para devolvernos un espectáculo de flores que ha cautivado a floricultores y amantes de los arreglos florales.

Las peonias arbustivas se asemejan a un arbusto alto, tiene tallos leñosos, con ramas, que crece desde el metro y medio a los dos metros de altura, y se cultiva a partir de semillas o injertos.

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La flor

Como ya hemos mencionado, esta planta es muy admirada por la belleza de sus flores, muchas veces confundidas con las rosas. Las flores de las peonias son imponentes, con una diversidad de colores que van desde el blanco, rosa, hasta el fucsia. Poseen un aroma exquisito y destacan por el tamaño de la flor, que puede llegar a tener hasta 20 cm de diámetro. Algunas especies de esta familia pueden dar flores dobles que le dan una belleza aún mayor a esta planta que habita los jardines de todos aquellos que son amantes de las flores.

Siete tipos de peonías crecen de flores doblemente gigantes que pueden alcanzar los 20 cm de diámetro cada flor; son atractivas por su simpleza. La anémona, la hoja de helecho, semi-doble y la japonesa son otros tipos de peonía.

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Cultivo.

Si bien es cierto que las peonias son plantas que se adaptan a la mayoría de los suelos, es recomendable hacerlo en tierra rica en nutrientes y relativamente arcillosa. Para las peonias es conveniente un lugar con media sombra, donde puedan recibir al menos 6 horas de sol. Con la precaución de separar unos 80 cm cada planta, y de limpiar periódicamente la maleza de los alrededores para un crecimiento óptimo.

Al ser plantas rústicas solo requieren un riego frecuente y abundante que mantenga la tierra húmeda, lo que es diferente a suelo mojado porque esto sería perjudicial para la planta.

La poda de las peonias se realiza conforme se traten de plantas herbáceas o arbustivas. Deben podarse en otoño, cortando sus tallos, casi al ras del suelo, mientras que en el caso de las arbustivas la poda se realiza en el invierno y alcanza con cortar las partes secas del arbusto. Durante el invierno es aconsejable cubrir la base de las peonias con un mantillo, pero es conveniente retirarlo al inicio de la primavera.

La multiplicación de las peonias puede hacerse por estacas, injertos, semillas o división de tubérculos. La mejor época para plantar las semillas es durante la primavera y la primera parte del verano. Pero en el caso de la división de tubérculos, es conveniente hacerlo durante el otoño.

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Simbolismo.

Las peonias y sus bellas flores tienen un significado tradicional del romance, el amor y la prosperidad desde hace miles de años, que simboliza un matrimonio feliz y buena fortuna.

Siempre habrá peonias en una boda porque ellas atraen la felicidad del matrimonio y la abundancia para la pareja, también los bouquets de la novia se confeccionan con este tipo de flores. Las peonías son una buena opción para muchas otras ocasiones debido a sus flores de larga duración y de olor dulce.

En algunos países, la peonia es la flor asociada con el 12º aniversario de matrimonio, por lo que es un regalo popular para celebrar esta ocasión, regalar peonias simboliza la fortaleza de esa unión. Esto suele estar asociado con el delicado aroma de la flor y su larga duración.

Un antiguo mito cuenta la historia de que la madre del dios griego Apolo ofrece una peonia al mortal Peón, médico de los dioses, en el Monte Olimpo. La peonía puede también simbolizar la compasión, sobre la base de otra leyenda que dice que Peón se convirtió en una peonia evitando su muerte física. China, Mongolia y el estado de Indiana en los Estados Unidos toman la peonia como flor oficial.

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Una mañana sobre la niebla.

La Cabrera (Madrid) amanecía cubierta por una espesa niebla, era difícil imaginar que unos metros por encima, el sol lucía en todo su esplendor regalando una insólita vista de la sierra rodeada por un mar de nubes, lo que viene a ser una montaña isla,  en definitiva lo que es la sierra de La Cabrera.

A continuación os dejo una serie de fotos con las vistas tomadas desde el Cancho Gordo y desde el Cancho de la Bola.

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Villavieja del Lozoya, Los Tercios y La Trinidad.

Villavieja del Lozoya es un pueblo situado en pleno valle del Lozoya, en el norte de la Comunidad de Madrid, emplazado en las faldas de la Sierra de Guadarrama, a 82 kilómetros de Madrid y tres de la villa de Buitrago, se alza en un cerro al pie de los Montes Carpetanos, que dividen las dos mesetas. Esta pequeña localidad destaca sobre todo por su privilegiado entorno natural, ideal para disfrutar de la naturaleza en su más puro estado. Desde el núcleo urbano parten varias sendas señalizadas que invitan al visitante a iniciar un paseo por los alrededores bajo la sombra de un arbolado formado por fresnos, robles y encinas en sus dehesas o pinos en sus zonas más altas. Sus áreas recreativas (El Sauquillo, El Descansadero y la Laguna del Tercio) ofrecen lugares atractivos para disfrutar del paisaje y evadirse del bullicio de la capital.

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Aunque se desconocen sus orígenes, se cree que se pueden remontar al periodo de repoblación de las tierras de la Villa de Buitrago tras la Reconquista. Desde la época prerromana la zona fue habitada por las tribus o pueblos llamados Carpetanos y Vetones de origen Celtíbero y cuya actividad principal ya por entonces era la ganadería de vacuno. Durante la época romana todo eran pastos para ganado vacuno principalmente pertenecientes a la tierra de Litabrum, nombre con el que por entonces se conocía a Buitrago. De la época Visigoda no quedan vestigios, pero sí de la musulmana. Parece ser que el nombre original de este término fue Zarzoso, adquiriendo su actual denominación al obtener la categoría de villa, añadiendo el apelativo “vieja” para diferenciarla de otra villa cercana posterior. La fundación de Villavieja se remonta al periodo de repoblación de las Tierras de Buitrago a las que pertenecía, en torno a 1085. Durante esta época debió ser un poblamiento estacional relacionado con el aprovechamiento de los pastos, sin que se descarte la ocupación árabe previa a la reconquista y posterior repoblación.  De hecho, se ha encontrado una puerta árabe donde actualmente se ha construido una hospedería para conservar el arco de estilo califal del siglo XI (aunque los expertos no llegan a ponerse de acuerdo con la fecha, pues otros creen que es Mudéjar, s. XIV), y existen regueras de construcción árabe.  De la repoblación cristiana han quedado los nombres de pueblos como Gascones y Gallegos en Segovia entre otros.

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El primer documento escrito en que se menciona su existencia data de 1485 y se trata de unas Ordenanzas en las que se tratan diversos aspectos sobre el uso de las regueras, que aún se siguen usando en nuestros días para riego de prados y huertos. El mantenimiento y reparto del agua aún se realiza por las comunidades de regantes del pueblo en base a dichas ordenanzas. También aparece en el inventario de las propiedades que tenían los judíos expulsados de España (1492). La Iglesia actual está construida sobre otra de origen medieval, de traza aparentemente románica.

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Por todo ello, se puede afirmar que la población estable debió producirse entre los años 1350 y 1485. De esta época no quedan muestras de arquitectura, pero las viviendas rurales debieron tener características muy similares a las actuales. El puente de Cal y Canto está datado en el siglo XVI y es el único resto de construcción civil de la época. Perteneció a una vía comercial usada desde la antiguedad que enlazaba las localidades de Buitrago y Pedraza en Segovia a través del Puerto de La Linera y de cuyo trazado aún pueden verse restos y mojones que marcaban el recorrido.

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El Arco Mudéjar es sin lugar a dudas la obra más interesante del municipio y una de las más originales de la sierra, consiste tan sólo en una portada mudéjar, posiblemente de los siglos XIII-XIV formada por un arco de herradura de ladrillo rojo inscrito en un alfiz, todo ello con llagado blanco. Históricamente este arco tiene una gran importancia pues su situación, en la parte más alta del cerro donde se asienta Villavieja y su datación hacia los siglos XIII-XIV, hace pensar en que se tratase de una gran casa de labor de tradición musulmana o judía y que fuera el origen del topónimo de la población. Esta casa sería la “villa” ya “vieja” y abandonada cuando comenzó a fundarse el pueblo y que junto a ella se levantó la antigua ermita, hoy Iglesia de la Inmaculada Concepción.

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En el pueblo caben destacar las siguientes construcciones: La Plaza Mayor constituye el centro del pueblo y se ubica el nuevo ayuntamiento de moderno diseño. Esta plaza es la más relevante del pueblo y es el lugar donde se celebran las fiestas y otros eventos. La Iglesia de la Inmaculada Concepción, se trata de una construcción moderna construida sobre los restos de otra iglesia de origen medieval. Conserva la planta románica, con un ábside en la cabecera. El Arco Mudéjar, se trata de un arco de herradura de origen mudéjar, constituye el resto más antiguo que se conserva dentro del pueblo. Se encuentra en el interior de la Hospedería El Arco. El Potro de herrar, se utilizaba para inmovilizar y herrar al ganado. Se trata de una seña de identidad del pasado ganadero de este y de otros pueblos de la sierra norte que aun lo conservan también. La Corte del verraco, en esta corte o cuadra donde se guardaba al verraco, que era el cerdo semental del pueblo y que era alimentado por todos los vecinos. Los Hornos, los antiguos hornos fueron construidos en piedra, en ellos se cocía el pan con la leña de los fresnos y encinas de las dehesas del pueblo. Aún se conservan algunos, pero ya ninguno está en uso. El Antiguo lavadero, lugar donde antaño, las mujeres acudían a lavar la ropa y también servía de lugar de encuentro donde se comentaba lo que ocurría en el pueblo. La Fragua, en la fragua trabajaba el herrero, arreglando y fabricando rejas, arados, herraduras y todo tipo de herramientas. Hoy en día su interior alberga un museo con utensilios y otros objetos utilizados en el pueblo. Las antiguas escuelas, es uno de los edificios más destacados del pueblo, tiene dos plantas y fue construido en los años cuarenta del siglo XX, en la actualidad se usa como centro polivalente destinándose a diversos usos según las necesidades. La Sala de Exposiciones, se trata de un edificio restaurado situado frente a las antiguas escuelas, se destina a acoger diversa exposiciones que organiza y promueve el Ayuntamiento. Las Áreas recreativas, se ubican varias áreas de este tipo, como son El Sauquillo, El Descansadero y La Laguna del Tercio. La Ermita de la Trinidad, se trata de una edificación de origen medieval situada al sur del término municipal, de la que sólo se conserva su imponente espadaña. El Puente de Cal y Canto, se trata de un puente construido en 1579 sobre otro anterior de madera que facilitaba el camino hacia Pedraza a través del puerto de Linera.

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La Laguna del Tercio es un humedal que constituye una de las zonas de mayor valor ambiental de esta zona de la sierra, puesto que no existen ni en Villavieja ni en los pueblos próximos otra laguna de características similares. La Laguna del Tercio es un humedal estacional y su nivel de agua varía en cada época del año. Esta zona acuática es un hábitat con una gran biodiversidad, puesto que en ella podemos encontrar gran cantidad de plantas y animales. Destacando aves acuáticas como el ánade real o el zampullín común. También es un lugar propicio para los anfibios, como ranas comunes, sapos y tritones.

La ermita de La Trinidad es una construcción de origen medieval situada al sur del término municipal, de la cual sólo se conserva su airosa espadaña. Se trata de una espadaña mocha, sin friso, construida de piedra y argamasa a base de cal y arena, con algunos ladrillos en sus dos amplias troneras para colocar las campanas. También se conserva la puerta de la ermita en la parte inferior de la espadaña, construida con un arco de medio punto. La ermita era muy frecuentada por los pueblos vecinos, en la que de hacía misa los domingos de cuaresma así como otros días. En tiempos de sequía se iba a ella de procesión. Como no podía ser de otra manera, en la parte superior de la espadaña anidan las cigüeñas y en las proximidades hay una colonia de cigüeñas sobre una fresneda.

Puente de cal y canto. Este puente data del siglo XVI, fue construidos en el año 1579 para sustituir otro más antiguo que existía construido en madera. El concejo de Buitrago, sin consultar a los otros 32 pueblos del señorío, construyó el puente sobre el arroyo de la Trinidad. Este puente era el paso de un camino muy transitado para ir a Valladolid, Segovia, Pedraza y acceder a una muy devota ermita de la Trinidad. Se trata de un puente de pequeñas dimensiones, de un solo ojo de medio punto y construido con sillares de piedra. La pavimentación original consistía en lajas de piedra de considerables dimensiones. En la actualidad el puente divide los términos de Buitrago y Villavieja del Lozoya.

Tercio de la Trinidad. Los tercios eran las tierras dedicadas al cultivo de cereales. Estas tierras eran flojas y estériles, pues muchas de ellas necesitaban descansar dos años para sembrarse al tercero. Por tal motivo, estas tierras se dividían en tres partes o zonas que se llamaban tercios, sembrándose una cada año. Además de la flojedad de la tierra y la falta de abono, otra de las razones para sembrar al tercer año era dar más pasto al ganado en las tierras no sembradas que se llamaban rastrojeras. En la actualidad los tercios se dedican a pasto para el ganado. En este tercio de la Trinidad, la vegetación predominante son las encinas, escaramujos y plantas aromáticas como el tomillo y el cantueso. En cuanto a la fauna predominan liebres, conejos y zorros.

 

 

Una leyenda, una fuente y Santa María Egipcíaca

Según cuenta la leyenda desde la baja edad media, en la falda de la sierra de La Cabrera había una cueva donde se retiró una mujer imitando a Santa María Egipcíaca. Santa María Egipcíaca o María de Egipto era una prostituta que se arrepiente de su vida y se retira al desierto de Egipto como eremita para hacer penitencia por sus pecados, de ahí viene el apelativo de Egipcíaca. Esta santa parece que vivió entre los siglos IV y V, pero se su historia se extendió en el S. XIII gracias a la poesía castellana.

Vista de la sierra desde el lugar donde se encuentra la fuente de Santa María

Tras la muerte de esta mujer, en el centro de la cueva brotó un manantial de agua limpia y fresca. Un día un pastor que recorría la zona con su ganado entró a beber a la fuente y se encontró junto a ella la imagen de una virgen de no más de 15 centímetros de tamaño, y avisó a los monjes del monasterio de su hallazgo. Pues bien, un grupo de monjes con el abad a la cabeza fueron hasta la cueva a recoger la imagen y llevarla solemnemente hasta su nueva morada. Pero inevitablemente, cada vez que llegaban al umbral de la puerta de entrada al edificio, la imagen desaparecía, y era de nuevo encontrada en la cueva, junto a la fuente. Atada a las mangas de sus hábitos, los monjes volvieron a recorrer el camino, creyendo que esta vez la imagen entraría con ellos en San Antonio, pero de nuevo al llegar al atrio, la virgen volvió a desaparecer y a ser encontrada de nuevo en la cueva. Ante esa insistencia el abad reconoció que la imagen no quería abandonar el lugar, y allí mismo, en el exterior, junto a la entrada a la oquedad rocosa le fue levantada una ermita, que desgraciadamente, y como tantas otras ha desaparecido totalmente.

Bancales o terrazas correspondientes a la antigua huerta

En un terreno con restos de pequeñas terrazas de cultivo, a los pies del Pico de la Miel nos encontramos una buena tierra de huerta y frutales que aún se trabajaba hasta hace unos treinta años. Producía fruta muy apreciada en la comarca. Se conserva, en la zona alta de la finca, una fuente, antes tapada por zarzales. La fuente da un agua fresca y limpia durante todo el año y los lugareños la llaman la fuente de Santa María. Se ha transmitido de boca en boca que allí antiguamente había un pequeño monasterio o convento de mujeres, que desapareció. Parece ser, que ahí se encontraba el eremitorio de Santa María Egipcíaca.

Antiguo estanque desde donde se almacenaba el agua para regar la huerta

Lo que dice la historia

Desde tiempos prehistóricos la sierra de La Cabrera ha estado habitada por el hombre. Hay vestigios que así lo corroboran, como son los restos protoceltas ubicados en el cancho gordo, o como los restos del castro celta situado en el cerro de La Cabeza, asentamiento que fue ocupado posteriormente por los visigodos, a lo que habría que añadir el yacimiento de la necrópolis paleocristiana de la Tumba del Moro, de origen también visigodo y situado junto a la carretera que une La Cabrera con Valdemanco, en la parte sureste del citado cerro de La Cabeza.
Parece ser que en tiempos del rey Alfonso VI, a finales del siglo XI, para poblar los nuevos territorios conquistados por la cristiandad impulsó la creación de monasterios benedictinos, pero también se cree que los cristianos de origen visigodo que vivían en Al-Andalus emigraban a los territorios recién conquistados en el norte. Pudo ser que de esta manera surgiera el pequeño eremitorio de San Julián (actual convento de San Antonio) y posteriormente el de Santa María Egipcíaca dependiente de este.
Hasta el momento actual, el documento escrito más antiguo conocido que hace referencia al eremitorio de Santa María Egipcíaca es el Libro de las Monterías de Alfonso XI, rey de Castilla y León, escrito hacia 1340. En él se describen las cacerías de este rey buscando osos y jabalíes por estas tierras. En dicho escrito se mencionan, este eremitorio de Santa María y el eremitorio de San Julián, actual Convento de San Antonio.
También figura cuando el Papa Benedicto XIII autorizó a los franciscanos en 1413 a utilizar los eremitorios de San Julián y Santa María Egipcíaca en La Cabrera. Con la llegada de los franciscanos en los primeros años del siglo XV a lo que era el eremitorio de San Julián, se convierte en el convento de San Antonio. Los franciscanos toman también como anexo al mismo, el eremitorio de Santa María Egipcíaca, y es de suponer que un camino unía ambos en esa pequeña distancia de kilómetro y medio. Los dos tenían huerta en bancales y fuente propia, la del “Duque del infantado” en el convento, y la de “Santa María” en el eremitorio egipciano; las dos con arcos de granito de medio punto. A mediados del siglo XV, en razón de nuevas reformas en la orden, los franciscanos dejan el eremitorio de Santa María Egipciana, que pasa a depender de la diócesis de Toledo y concretamente de la parroquia de la Cabrera. Con ello se convierte en ermita del pueblo, y en lugar de peregrinaciones y romerías de algunos otros pueblo cercanos, especialmente de Sieteiglesias y Redueña.
En el año 1647, el visitador eclesiástico de Toledo, al informar de La Cabrera dice que visitó la ermita de Santa María Egipcíaca, “que está a un cuarto de legua de este lugar, de mucha devoción, tiene una huerta, y junto a ella hay una casa donde vive el ermitaño, que al presente es el hermano Alvear, hombre de buena vida, y la ermita está bien adornada”. Y en la visita eclesiástica de 1.657-58 se dice: “se visitó la ermita de Santa María Egipcíaca, es ermita de mucha devoción, y el ermitaño de ella se llama José de la Cruz, hombre virtuoso y de buena vida según los informes que tuvo del cura y de otros vecinos del lugar”.
Casi un siglo después (1.749), el catastro Ensenada dice que La Cabrera tiene 50 vecinos, y que no hay casa de campo alguna en el pueblo, sino solo la ermita de Santa María Egipcíaca con casa para el ermitaño. Y en el Libro de Eclesiásticos del mismo catastro, al tratar de los bienes que pertenecían a esta ermita, se nombra “una casa propia de la santa imagen, una huerta de una fanega, de buena calidad y de regadío, con diez árboles frutales, que linda por poniente con dicha ermita, y por los demás aires con el cerro del pico de la miel, paga el ermitaño por ella y la casa cien reales en tres años”.
Se cree que la ermita fue destruida a principios del siglo XIX coincidiendo con la invasión de las tropas francesas de Napoleón. En esta época también los franciscanos abandonaron el convento de San Antonio.
En 1.964, el historiador e investigador Matías Fernández visitó el lugar donde estuvo la ermita de Santa María Egipcíaca y dejó el siguiente testimonio:
“Hoy llaman a este lugar Fuente de Santa María, por la existencia de una fuente que, sin duda, abastecía de agua a los ermitaños y se empleaba para regar la huerta. La citada fuente está construida de piedra de sillería con arco de medio punto, con pilón y parece de alguna antigüedad.”

Fuente de Santa María y canalización para llevar el agua al estanque

Quien era María de Egipto?

María de Egipto o Santa María Egipcíaca (344 – 421 o 422 d.c.) era una asceta que se retiró al desierto tras una vida de prostitución. Es venerada como patrona de las mujeres penitentes, muy especialmente en la Iglesia copta, pero también en las Iglesias: católica, ortodoxa y anglicana.

La principal fuente de información sobre Santa María de Egipto es la Vita escrita por Sofronio, Patriarca de Jerusalén (634 – 638). Santa María nació en algún lugar de Egipto, y a los doce años se escapó a la ciudad de Alejandría, donde vivió una vida disoluta. Muchos escritos se refieren a ella como una prostituta durante este período, pero, en su Vita se afirma que se negó a menudo a aceptar el dinero ofrecido por sus favores sexuales. Fue, según la hagiografía, impulsada por «un deseo insaciable y una irrefrenable pasión». En la misma línea, la Vita expone que vivía principalmente de la mendicidad, trabajando en el hilado de lino.

Después de diecisiete años viviendo este estilo de vida, viajó a Jerusalén para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Emprendió el viaje como una especie de “anti-peregrinación”, afirmando que esperaba encontrar en la multitud de peregrinos aún más socios en su lujuria. Consiguió el dinero para su viaje ofreciendo favores sexuales a otros peregrinos, y continuó su habitual estilo de vida por un corto tiempo en Jerusalén.

Su Vita relata que, cuando intentaba entrar en la Iglesia del Santo Sepulcro para la celebración, una fuerza invisible le impidió hacerlo. Consciente de que este extraño fenómeno era a causa de su impureza, sintió un fuerte remordimiento y, al ver un icono de la Theotokos fuera de la iglesia, rezó implorando perdón y prometió renunciar al mundo (es decir, convertirse en una asceta).

Más tarde intentó de nuevo entrar en la iglesia, y esta vez se le permitió. Después de venerar la reliquia de la cruz, regresó al icono para darle las gracias, y escuchó una voz diciéndole, “Si cruzas el Jordán, encontrarás un glorioso descanso”. De inmediato fue al monasterio de San Juan Bautista en la ribera del río Jordán, donde recibió la comunión.

A la mañana siguiente cruzó el Jordán y se retiró al desierto a vivir el resto de su vida como una ermitaña. Según la leyenda, llevó para sí sólo tres panes (símbolo de la eucaristía), y vivió de lo que podría encontrar en la naturaleza.

Aproximadamente un año antes de su muerte, después de 47 años en soledad, le contó su vida a San Zósimo de Palestina, que se había encontrado con ella en el desierto. Cuando conoció inesperadamente a la mujer en el desierto, ésta estaba completamente desnuda y casi irreconocible como humana. Pidió a Zosimo tirar su manto para cubrirse con él, y después le narró la historia de su vida, manifestando una maravillosa clarividencia.

Quedaron en encontrarse de nuevo en el Jordán el Jueves Santo del año siguiente, y llevarle la comunión. Al año siguiente, viajó Zósimo al mismo lugar donde se reunió por primera vez con ella, a una veintena de días de viaje desde su monasterio, y allí la encontró muerta. De acuerdo con una inscripción escrita en la arena al lado de la cabeza, había muerto en la misma noche que le dio la comunión y de alguna manera había sido milagrosamente transportada al lugar donde la encontraron, y su cuerpo se preservó incorrupto. Zósimo, de nuevo según la leyenda, enterró su cuerpo con la ayuda de un león del desierto. A su regreso al monasterio, relató la historia de María a los hermanos, y entre ellos se conservó como tradición oral hasta que fue escrita por San Sofronio.

En la iconografía clásica, Santa María de Egipto es representada como una anciana canosa muy bronceada tras largos años en el desierto, bien desnuda o cubierta por el manto que pidió prestado a Zósimo. Se la representa a menudo con los tres panes que compró antes de emprender su viaje al desierto.

Hay una capilla dedicada a ella en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, que conmemora el momento de su conversión.

En el entorno de órdenes religiosas inspiradas en María de Egipto comenzaron a construirse en España desde el siglo XIV diversos «establecimientos o casas» denominadas genéricamente de Egipcíacas. (En 1372 se funda una casa de Egipcíacas en Barcelona). En España se denomina indistintamente como Arrepentidas, Recogidas o Egipcíacas para referirse a aquellas mujeres que abandonaban el ejercicio público de la prostitución, ergo antes de la conversión denominadas «mujeres públicas».

Roblellano en otoño, La dehesa I

Roblellano es una pequeña dehesa comunal perteneciente al término municipal de La Cabrera. Limita al este con el pueblo, al norte con la sierra homónima, al oeste con el cancho de la Cabeza y al sur con la carretera de Valdemanco.

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Se trata de una superficie más o menos plana con forma de cuadrilátero, regada por el arroyo de Huertavieja que la atraviesa de norte a sur, cuyos valores naturales y paisajísticos han perdurado a lo largo del tiempo.

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Arroyo de Huertavieja

La dehesa está cubierta en sus cotas más altas por espectaculares canchos berroqueños, como es el cancho de los Chiviles, desde donde se puede observar toda la dehesa.

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Está tapizada por un bosque en sus cotas intermedias donde predominan los robles, pero es fácil encontrar también arces de Montpellier, enebros, encinas y fresnos, que dan un colorido especial en otoño.

En su cotas más bajas está cubierto por praderas herbáceas que se llenan de una gran variedad de flores en primavera, Estas praderas  están salpicadas de pequeñas lagunas espejeantes, como son las lagunas de la Mata Torejo, que mantienen el agua salvo en los meses de verano.

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Laguna de Mata Torejo

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Atardecer en la Laguna de Mata Torejo

Por si todo esto no fuera poco, la dehesa está custodiada bajo la atenta mirada del viejo convento franciscano de San Antonio y San Julián situado en la ladera sur del Cancho Gordo.

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Desde esta dehesa se observan a la perfección las formaciones graníticas que abundan en la sierra, imponentes macizos redondeados que se alzan sobre el colorido tapiz vegetal de sus empinadas laderas formado por jaras pringosas, retamas, cantuesos, robles melojos, encinas y enebros comunes.

Es habitual avistar distintas aves sobrevolando estas formaciones rocosas, como lo hace el buitre leonado. También son muy habituales los ejemplares de milano real, azor común, codorniz común, zorzal real, carbonero común y bisbita campestre. En primavera y otoño, las lluvias forman pequeñas lagunas en las que se concentran gran cantidad de seres vivos. Además, es común cruzarse con corzos, jabalíes, conejos, liebres y pequeños reptiles como lagartijas colilargas.

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Dehesa es un bosque formado por encinas, alcornoques, robles u otras especies, con estrato inferior de pastizales o matorrales, donde la actividad del ser humano ha sido intensa en prácticamente la totalidad del bosque y generalmente están destinados al mantenimiento del ganado, a la actividad cinegética y al aprovechamiento de otros productos forestales (leñas, corcho, setas, etc.).

Es un ejemplo típico de sistema agrosilvopastoral y típico de la zona occidental de la península ibérica.

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El término dehesa viene del latín defesa (defensa), pues los primeros pobladores en la reconquista hacían vallados para proteger los rebaños alojados en ellas. Se trata de un ecosistema derivado de la actividad humana a partir del bosque de encinas, alcornoques, etc. Es la consecuencia de conquistar al bosque terrenos para destinarlos a pastizales. Pasa por una fase inicial en la que se aclara el bosque denso para pasar a una segunda fase de control de la vegetación leñosa y la estabilización de los pastizales.

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Abrevadero para el ganado

El término de dehesa aparece en la Edad Media, probablemente entre los siglos X y XII, utilizado para designar aquellos terrenos protegidos del pastoreo del ganado trashumante y destinados al descanso y pastoreo del ganado de los asentamientos humanos o de los señores feudales. Sin embargo, la mayor parte de las dehesas arboladas actuales fueron creadas entre los siglos XIX y XX a partir del aclarado del bosque mediterráneo o de dehesas previamente abandonadas para cubrir las necesidades alimenticias humanas en un medio con recursos estacionales y escasos.

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En la actualidad, la dehesa es un sistema de uso múltiple del territorio originado por el hombre, fruto de la experiencia y del conocimiento local. Mediante el aclarado del bosque mediterráneo, el control del matorral y el fomento de un estrato herbáceo diverso se ha conseguido armonizar en un frágil equilibrio, el aprovechamiento agrícola, ganadero y forestal en un medio con suelos poco fértiles, no aptos para una agricultura permanente, y un clima de marcada estacionalidad, con periodos críticos para plantas y animales. Dentro de este escenario difícil, la dehesa ha supuesto históricamente una solución de compromiso entre producción y conservación, cubriendo las necesidades humanas al mismo tiempo que se genera biodiversidad y otros muchos servicios ecosistémicos.

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Reflejos de la sierra en una pilancona

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Luna llena en Patones.

Si ya has estado en Patones te habrás dado cuenta que este pueblo tiene algo especial y mágico en sus calles, circulan algunas leyendas que lo hacen más misterioso e interesante y cuando lo visitas seguro que repetirás. Es cierto, que si vas un fin de semana a comer con la familia te encontrarás con problemas para aparcar, que tendrás que esperar para poder comer en alguno de sus restaurantes y que será difícil hacer una foto sin que se te cuele algún “infiltrado”. Pues acércate de noche, y si lo haces con luna llena, mucho mejor. Aquí dejo unas fotos que hice la luna llena de Agosto de 2018, espero que os guste.

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La leyenda del Rey de los Patones:

Según cuenta en 1781 Don Antonio Ponz, en su obra “Viaje de España, en el que se da noticia de las cosas apreciables y dignas de saberse que hay en ellas” (tomo X) (Madrid, 1781) sobre el reino de Patones lo que sigue:”Como a mitad de camino entre Torrelaguna y Uceda se ve a mano izquierda una gran abertura en la cordillera, que cierra un pequeño valle, llamado “Lugar de Patones” sobre el cual sería delito no contar una célebre antigualla, que es la siguiente: En aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España, ya se sabe que muchos de sus moradores huyeron a las montañas y a los parajes más escondidos y retirados. Algunos buenos cristianos de la tierra llana decidieron, pues, introducirse por la expresada abertura, buscando en el interior de la sierra cuevas donde esconderse, y fue de tal suerte, que no cuidando los enemigos de territorio tan áspero y quebrado, pudieron aquellos godos fugitivos vivir en él todo el tiempo libres del poderío musulmán, manteniendo sus costumbres, creencias y sustentándose de la caza, pesca, colmenas, ganado cabrío y del cultivo de algunos centenos, como lo hacen también ahora.

Estos hombres, que se llamaron los Patones, eligieron entre ellos a la persona de más probidad para que les gobernase y decidiese sus disputas, de cuya familia era el sucesor, y así se fueron manteniendo de siglo en siglo con un gobierno hereditario, llamando a su cabeza “Rey de los Patones”. No es esto lo más gracioso, sino que después de haber recobrado España su primitiva libertad, y sacudido totalmente el yugo de los sarracenos, se ha conservado entre los Patones este género de Gobierno (bien que subordinado a los Reyes de España y a su Consejo) hasta nuestro días, en que el último rey de Patones solía ir a vender algunas carguillas de leña a Torrelaguna, en donde le han conocido varios sujetos, que le trataron y me han hablado de él.

Este hombre, que era pacífico y enemigo de chismes, se dejó de cuentos, y comprobando que sus súbditos se situaban ya en el boquete, a vistas a la llanura, hubo de barruntar alguna inundación de las fórmulas legales de su reino (donde los juicios eran verbales, sin autos, pedimentos, ni traslados), o acaso la ocupación del Gobierno le impidiese atender debidamente a su propia subsistencia, por lo que abandonó su trono; de modo que los Patones, viéndose sin pastor, se sujetaron espontáneamente a la jurisdicción y al corregimiento de Uceda, de la cual hoy es aldea el Reino Patónico.

¡Cuantas reflexiones morales y políticas me viene a la imaginación! Un reino hereditario de mil años por lo menos, gobernados en profunda paz, sin otras reglas que la razón natural; un pueblo conservado en medio de España, en el cual no pudo hacer brecha el Corán, ni tanto errores como después fueron viniendo; un reino contento con la angostura de sus límites, sin dar entrada a otras costumbre, ni trajes, ni más idea que la de cultivar bien su estrecho territorio, ni más cuidado que los de sus colmenas y su ganado; los hijos de las familias sujetos a los padres, y todos ellos obedientes a su rey..

Queden, por lo tanto, los lectores instruidos de esta singular Monarquía Patónica, de su principio, duración y fin; y aunque alguien diga (que bien se dirá) ¿cómo es posible que existiese eso a doce leguas de Madrid, sin saberlo yo, ni haber oído hablar a alma viviente? no me causara maravilla, pues yo me hallaba en el mismo caso. Sabido es cuál suele ser nuestra curiosidad por indagar lo que sucede a dos o tres mil leguas de aquí, ignorando lo que hay en nuestra propia casa..”