Mina de Plata de Bustarviejo 1417-1978.

En las proximidades de la localidad madrileña de Bustarviejo, rodeada por un entorno natural privilegiado y enclavada en la ladera sur de Cabeza de la Braña, se encuentra una de las minas de metales más importantes de toda la Sierra de Guadarrama. Esta antigua mina de plata es una auténtica joya subterránea y un raro vestigio de épocas históricas.

Fue una de las minas metálicas más importantes de toda la Sierra de Guadarrama. Se trata de una explotación de plata que contó también con varias fundiciones, tanto a pie de mina como en el propio pueblo. En ésta última se obtuvieron lingotes del precioso metal en los siglos XVII y XVIII. Las crónicas hablan incluso de la obtención de oro.

Las minas de la Cuesta de la Plata de Bustarviejo son las explotaciones metálicas que más tiempo han estado activas en la provincia de Madrid, desde el siglo XVII (aunque hay pequeños trabajos del siglo XV) hasta 1890, alternándose numerosos explotadores y trabajándose de manera intermitente. En un principio fueron varias minas pequeñas que quedarían integradas en una sola en el siglo XIX.

La mina se encuentra hoy en día en proceso de musealización. Es decir, en su transformación para ser un lugar de divulgación, investigación y desarrollo turístico sostenido. Se han acometido importantes trabajos encaminados principalmente a la delimitación subterránea de la mina y zonas de mayor interés de cara a su explotación. Las ruinas de la torre y rueda del molino del mineral datan de 1660, perfectamente conservada. Por otra parte las labores subterráneas son un museo de la minería, conservando enormes frentes de trabajo en anchurrones y testeros del siglo XVIII. En la parte externa de la mina encontramos paneles informativos que explican cada uno de los elementos que forman el conjunto minero e industrial.

Esquema del conjunto de la Cuesta de la Plata de Bustarviejo.
Molino de la mina
Vista del pozo maestro y escoriales desde el molino
Vista del Molino con el valle de Bustarviejo de fondo
Vista del conjunto de instalaciones de la Cuesta de la Plata
Entrada a la bocamina

Historia de la mina Indiana, antes minas de la cuesta de la Plata.

El descubrimiento de la mineralización, un «venero en el Bustarviejo», se remonta a 1417, a la expedición de Juan Sánchez y Fernando Robledo. Esta campaña fue encargada por el rey Juan II de Castilla, y tuvo por objeto descubrir y ensayar minerales en toda la zona entre Guadarrama y la Sierra de Ayllón.

En 1625 se redescubre la mineralización y se realizan ensayos que dan un contenido en plata y oro que justifican mayores labores, sin embargo la apertura de una mina requería de una fuerte inversión y se abandonan los trabajos. No se tienen nuevos datos de explotación de la zona hasta 1649, cuando se demarca una mina en ese paraje sobre pozos antiguos llenos de agua. No se sabe cuáles fueron los trabajos realizados ni la duración.

En 1659 aparece en escena un «Indiano», un emigrado a América que aporta la tecnología de las minas de plata del Nuevo Mundo. Este personaje, que empieza a trabajar una de estas minas y construir un molino, fallece al parecer sin acabar su obra. Es posible que esta historia inspiró el nombre de la concesión Indiana (siglo XIX), una de las más importantes que han trabajado el yacimiento. Es a partir de ese momento cuando se afianza el topónimo de la Cuesta de la Plata, para la zona de las labores. A partir de mediados del siglo XIX ya no son varias las minas las que son trabajadas, sino que las dos concesiones principales se integran en una sola mina y las otras dos que existían desaparecen sepultadas por las escombreras.

La mina será así trabajada por la Sociedad La Madrileña hasta 1867. Existieron además dos fundiciones, una a pie de la mina activa hasta finales del siglo XIX (y cuyos vestigios todavía se pueden estudiar) y otra en la calle de «La Fundición» de Bustarviejo, operativa fundamentalmente en el siglo XVIII (y desaparecida por diversas obras antes de 1940).

A partir de 1867 ya no se beneficiará la plata sino que habrá tímidas campañas para poner en marcha la explotación del arsénico. Encontramos trabajos de finales del siglo XIX, de la década de 1920 y por último una campaña en los años 70 del siglo XX que dejó numerosos vestigios mineros y maquinaria.

No volvemos a encontrar referencias a estas legendarias minas hasta la década de 1970. En 1977 y 1978 se acometen trabajos de investigación. Vinieron cuatro personas desde Asturias a trabajar en la mina, además de albañiles que trabajaron de manera esporádica en la construcción de un estanque en ladrillo en la parte alta de la mina y las dos casetas de ladrillo en ruinas. Se empieza a trabajar en Agosto de 1977 hasta el final del mismo año y algunos días de 1978, en que la empresa dejó la explotación. Se instalan las machacadoras. En el pozo superior se construye un arco de hormigón y se instala un pequeño cabestrante.

¿Cómo se extraía la plata?

La pregunta que surge es: Cómo eran capaces de obtener lingotes de plata de algo microscópico y en un porcentaje que nunca superaba el 1%?

Un 1% de plata paradójicamente es mucho, es un porcentaje muy elevado. El proceso seguido desde hace siglos es bastante semejante, En primer lugar se reduce el tamaño de los minerales moliéndolo hasta que las partículas que interesan se liberan. Se separa el cuarzo del metal en un lavadero. Acto seguido se tuesta el mineral repetidas veces, así se logra que pierda gran cantidad de arsénico y azufre pues son mucho más volátiles. De esta manera, el residuo que va quedando cada vez es más rico en plata. Después, según la época, la plata era extraída o bien mediante una aleación con plomo (copelación) o mercurio (amalgamación). La pella obtenida era afinada y la plata pura se echaba en los lingotes,

No se han encontrado vestigios de cómo separaban el estéril del mineral antes de proceder a su calcinación. Una vez molido el mineral, se cree que empleando lámina de agua y artesas, separaban las partículas pesadas de metal del cuarzo. Estas partículas metálicas seguían conteniendo impurezas, que se perdían en el posterior proceso de calcinación. Una vez tostado el mineral y enriquecido era transportado a la fundición del pueblo, donde se elaboraban los lingotes.

¿Dónde está la plata?

En esta mina la mineralización no está asociada a filones de cierta potencia y continuidad como en otras minas de la sierra. Aquí encontramos lo que se denomina «stockwork» que a su vez da lugar a «bolsadas mineralizadas» como se puede apreciar en el talud de enfrente. El stockwork consiste en una red de pequeños filones que fracturan la roca. Ahí se concentran los minerales beneficiosos y otros como el cuarzo, al producirse un enfriamiento y cambio de condiciones en los fluidos procedentes de zonas más profundas.

La mina, especialmente las escombreras están cuajadas de bolos y fragmentos de cuarzo de un aspecto tostado y bastante pesados. Al trocearlos aparece un vistoso mineral plateado. Pero esta no es la plata, lo que tenemos ante nosotros es la arsenopirita, un sulfuro de arsénico. Si pulimos estas muestras y las analizamos al microscopio es cuando se ve el mineral que contiene la plata. Es la matildita, un sulfuro (es decir mineral de azufre) con bismuto, plomo y plata.

Perforación y carga de barrenos en mina

En Bustarviejo los barrenos eran manuales; trabajaban dos o tres operarios, uno para sujetar y girar la barrena, el otro para golpear. El taladro rara vez excedía del metro de profundidad. En las minas más modernas se instalan compresores y se barrena mediante martillos neumáticos con empujadores. Una vez realizado el orificio se introducía en el fondo la carga explosiva (antiguamente pólvora, más modernamente dinamita) y se retacaba tapándose el orificio con tierra.

En la minería metálica madrileña, con filones estrechos y roca competente, el método más usual ha sido el de realces. En las zonas de mayor potencia de mineral se trabajaba en «anchurrones» donde se picaba sobre maderas, denominadas «camadas de estemples», circulando bajo ellas una vagoneta con el mineral que los mineros hacían descender por gravedad por pocillos-piquera.

En un principio la mina se profundizó de arriba a abajo, pues a media ladera afloraba el mineral. Estos riñones mineralizados fueron excavados a modo de pozos y espirales hasta una profundidad de unos 15 metros. Las elevadas filtraciones de agua y lo caótico de las labores hacían penosa la extracción del mineral mediante canastos hacia arriba. Así pues, en el siglo XVIII se acomete una galería a media ladera para desagüe y extracción, la cual se ve completada con una galería inferior general comunicando todas las labores, en el siglo XIX. A partir del siglo XVIII las cámaras aumentan su tamaño y se explotan con zonas en realce con galerías inferiores así como banqueos rústicos. Los últimos años del siglo XIX se caracterizan por una minería de rapiña, mordiendo los pilares y repisas y dejando la mina como un auténtico hormiguero.

¿Qué se hacía con el estéril?

Este tipo de minería es muy selectiva, y se extrae únicamente el mineral o el encajante con cierta salbanda. Sin embargo no era posible abrir cámaras ni galerías sin sacar una cierta cantidad de estéril. No era de ningún modo rentable y suponía un gran esfuerzo sacar todo este material fuera. Así pues el estéril tenía dos destinos: servir de apoyo para trabajar en realces y como relleno de cámaras ya explotadas. Este último se realizaba por motivos de volumen de material y no como sujeción, pues los hastiales eran estables.

Torre de la mina (Molino del Indiano)

Se trata de un molino eólico cuya finalidad era moler el mineral. Era el primer paso que seguía el mineral de la mina según salía de ella ya antes de ir a una primera fundición.

Restos de la piedra de moler del molino

La Torre de la mina de Bustarviejo es un molino de mineral que se empezó a construir en 1659 por un minero venido de América, un «Indiano», y que queda sin terminar al fallecer éste. Ello es lógicamente compatible con la ubicación de la construcción próxima a las bocaminas y pozos más antiguos. También por la presencia de los restos la piedra de moler (tallada en cuarzo). Todo esto nos hace pensar que con fecha posterior se terminaría el molino, aunque no se dispone de más testimonios sobre obras posteriores a su construcción en el molino. Dado su estado de precariedad y pérdida de mampuestos, fue restaurado en el año 2005. Declarado BIC (Bien de Interés Cultural) de la Comunidad de Madrid por Real Decreto RD-1863/14-09-1983.

Molino de la mina
Vista del acceso al molino de la mina

La Bocamina (año 1701)

La bocamina se empezó a construir en 1701. mediante martillo y punterola con el objetivo de desaguar la mina y poder extraer el mineral de plata de forma más cómoda. En siglos posteriores fue ensanchada mediante barrenos cortos. Al fondo se encuentra un pozo con torno manual que desciende a otros niveles de la mina actualmente inundados.

Esta bocamina da acceso por su parte izquierda según se adentra, a la mina o pozo del El Indiano , y por su ramal derecho al Pozo Maestro y la Gran Sala.

Acceso a la Bocamina
Bocamina

Pozo Maestro

Se trata de la parte más alta de la mina. Este Pozo Maestro da acceso a una joya subterránea; la Gran Sala o «Plaza de Toros» y la sala de la Cruz.

Pozo Maestro
Pozo Maestro

Elementos de molienda modernos (1977)

En la década de los setenta del siglo XX se añadieron otros dos elementos de molienda que realizaban la misma función del molino, pero separados por tres siglos en el tiempo.

De la mina saldrá el material a la machacadora de mandíbulas que machaca el mineral en trozos más pequeños. Ya más fino el material pasa a la trituradora giratoria o cono simons para seguir triturando el mineral.

Machacadora de mandíbulas (1977)

Se trata de una machacadora de mandíbulas simple, pues consta de una mandíbula fija y otra móvil. La mandíbula móvil está articulada en su parte superior y con un eje en su parte inferior (con sólo posibilidad de movimiento circular). La articulación superior le permite acercarse y alejarse a la otra mandíbula fija, para de esta forma comprimir la roca entre ellas y romperlo. El material se va depositando en la parte superior de la apertura mediante una tolva que regula la cantidad de material que entra para evitar atasco.

Machacadora de Mandíbulas

El material una vez triturado y situado en la parte interior de las dos piezas, sale en el momento en que éstas se separan y recomienza el ciclo. Las mandíbulas están recubiertas de unas placas que se cambian una vez desgastadas. El mecanismo de regulación del tamaño de salida consiste en un sistema que permite mover el apoyo de la mandíbula móvil hacia la otra placa. Posee un volante que transfiere su movimiento circular excéntrico a la placa móvil. Este volante (en realidad son dos a cada lado de un eje excéntrico) había estado unido a un motor por medio de una correa.

Trituradora giratoria primaria o cono simons (1977)

En la década de los setenta se instalan en la mina diversos elementos para moler el mineral que sale por la bocamina. Cada uno de ellos cumple una función determinada, reduciendo el tamaño de la molienda anterior.

Trituradora giratoria

Consta de una parte fija en forma de tronco de cono invertido. En su interior se mueve de forma excéntrica por medio de un eje otro tronco de cono que se denomina «nuez» o cabeza- La nuez tiene un simple movimiento de cabeceo, como el badajo de una campana, comprimiendo la roca de mineral contra la pared fija en puntos sucesivos. Es decir, se introduce el mineral a moler por su parte superior, éste es triturado y sale a un tamaño menor por la «regleta» inferior.

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Destacamento Penal de Bustarviejo, «Los Barracones»

El destacamento penal de Bustarviejo ocupó entre 1944 y 1952 a una media anual aproximada de un centenar de presos. La gran mayoría de los reclusos habían sido detenidos a finales de la guerra civil y al comienzo de la postguerra. Procedentes de todo el país vivieron del denominado «turismo penitenciario», pasando de los campos de concentración a la cárcel, donde empezaban su viaje por distintas prisiones. Para obtener la «indulgencia» ofrecida por el Programa de Redención de Penas por el Trabajo había que cumplir numerosos requisitos: Pena dictada, buena conducta, examen de religión, certificados médicos de vacunación y juramento de no haber pertenecido a la Masonería; en algunos casos también se dio la intervención favorable al recluso por parte de alguna persona cercana al Régimen. Además de los presos políticos había un cierto número de presos comunes, condenados tanto por delitos convencionales como por estraperlo.

Destacamento Penal Los Barracones de Bustarviejo

Todos los presos cobraban un «salario». La empresa contratista pagaba a la Jefatura del Servicio Nacional de Prisiones el sueldo íntegro propio de cualquier trabajador libre, del cual, esta Jefatura abonaba un subsidio de 50 céntimos al día al preso, dos pesetas a su mujer (si estaba casado) y una peseta por cada hijo menor de 15 años. El resto se ingresaba en Hacienda. Se fomento así la reunión de los presos con sus mujeres e hijos. De este modo, los familiares pasaron a formar parte del propio sistema represivo, pues su presencia en las inmediaciones del penal fue la manera más eficaz de evitar que los presos se fugaran o adoptaran conductas rebeldes. Así, el régimen franquista se introdujo en lo más profundo de la intimidad de los vencidos. 

Destacamento Penal Los Barracones de Bustarviejo
Garita de vigilancia del penal de Bustarviejo

Dentro del conjunto de edificaciones podemos diferenciar tres grupos: las destinadas a la vigilancia y la reclusión, las relacionadas con el trabajo y las casas de los familiares de los presos.
El primer grupo lo componen el edificio del penal (conocido como los barracones), las garitas de vigilancia y la celda de castigo. En los barracones era donde estaban recluidos los presos, que ocupaban la parte trasera del edificio, donde encontramos los dormitorios y las letrinas. El lateral oriental lo forman la cocina, el botiquín y el economato. La parte delantera la ocupaban las oficinas y las dependencias de la Policía Armada. Estas estancias se usarían como despachos y zonas de descanso, ya que excepto el Teniente, ninguno de los guardias residía en el complejo penal. En cuanto a las garitas, parece que no estaban destinadas tanto a controlar a los reclusos como a vigilar posibles incursiones por parte de la guerrilla antifranquista (el maquis) con cierta actividad en la zona durante los años 1945-1947.
Entre las estructuras relacionadas con el trabajo tenemos algunas canteras, los establos y las propias obras del ferrocarril: un tramo de vía de 9 kilómetros, dos túneles (de 395 y 248 metros de longitud), un viaducto (de 26 metros de altura, con 11 arcos de 12 metros de luz) y la estación situada en las afueras del pueblo.
Por último, algo más de cuarenta estructuras forman el conjunto de las casas de los familiares de los presos, conocidas popularmente como las chabolas. A pesar de su apariencia, estas cabañas seguían un cierto patrón constructivo (todas con un pequeño hogar en una esquina, uno o dos banquillos de piedra interiores y tejado de cemento), lo que parece corroborar que el asentamiento de las familias estaría promovido por la dirección del penal.

Viaducto sobre el arroyo Gargüera
Estación de Bustarviejo
Túnel de La Carguera
Dehesa Boyal de Bustarviejo

1. LA CONSTRUCCIÓN DEL FERROCARRIL MADRID-BURGOS

El ferrocarril Directo Madrid-Burgos cuenta con varios proyectos desde finales del siglo XIX, como alternativa a la línea que, desde Madrid, se dirigía desde Valladolid para desviarse hacia Burgos. No obstante, ante las dificultades para su realización, la «Comisión Burgalesa de Iniciativas Ferroviarias» impulsó el «Plan Guadalhorce», mediante el proyecto redactado por el ingeniero Emilio Kowalski en 1926.

Durante la Segunda República, los trabajos se ralentizaron al priorizarse la construcción del túnel de La Castellana. No obstante, se realizaron obras de gran envergadura, como el túnel de Somosierra, el de mayor longitud de los proyectados, con sus 3895 metros.

Con el golpe de Estado de 1936 y la posterior Guerra Civil se produce un paréntesis en el desarrollo de las obras. Además, la estabilización de las trincheras de ambos ejércitos enfrentados en esta zona de la sierra madrileña, produjo efectos devastadores en las infraestructuras ya construidas.

Después de la Guerra Civil se instaura la dictadura franquista, reanudándose la construcción de los 70 kilómetros restantes entre Madrid y el río Lozoya, utilizándose a los presos políticos como mano de obra esclava. Más tarde, se utilizarían también a presos comunes. Estos trabajadores forzados fueron encerrados en once destacamentos penales, algunos construidos de nueva planta y otros mediante la adaptación de viejas instalaciones civiles o públicas, como la cárcel del partido judicial de Colmenar viejo.

La banqueta de la línea y todas las infraestructuras estaban finalizadas en 1948, pero a partir de este año se produjo un nuevo parón, no solo por la falta de material del carril disponible, sino también porque los enlaces ferroviarios de la capital pasaron a ser prioritarios.

A pesar de los esfuerzos y penalidades que sufrieron los presos políticos víctimas de la represión en los destacamentos, el ferrocarril tardaría veinte años más en inaugurarse, el 4 de Julio de 1968.

2. EL SISTEMA DE REDENCIÓN DE PENAS POR EL TRABAJO

Al término de la Guerra Civil, provocada por el golpe militar del 18 de Julio de 1936, España era un país en ruinas y económicamente arruinado. Su reconstrucción necesitaba abundante mano de obra. Ante su escasez y el abarrotamiento de las cárceles, debido a la enorme campaña de represión organizada por los vencedores de la contienda, el nuevo Estado desarrolló el Sistema de Redención de Penas por el Trabajo, que ya contaba con cobertura jurídica, según Orden Ministerial de 7 de Octubre de 1938. Se trataba de hacer trabajar a los prisioneros de guerra y presos políticos, penalizados por su participación en el bando republicano durante la guerra.

La pretensión expresa era «redimir en toda su extensión al penado», tanto en lo político como en lo religioso, aspecto en el que se hacía especial énfasis. El nacionalcatolicismo, fue uno de los rasgos definitorios del régimen franquista. Se pretendía establecer una identidad entre religión católica y el régimen político, al proclamar que el franquismo encarnaba la nación española. La Iglesia católica fue responsable de gran parte de la arquitectura represiva del Régimen y más específicamente del «Sistema de Redención de Penas por el Trabajo». Las regulaciones sobre el número de días redimidos en función del número de los días trabajados se promulgaron muy pronto. Los días trabajados se restaban de las condenas establecidas por los tribunales. También se redimían penas por el trabajo intelectual, la realización de horas extraordinarias o la donación de sangre.

Las remuneraciones que percibía el trabajador penado apenas le permitían mantener a su familia. De ellas se descontaban las cantidades destinadas a su manutención y alojamiento. Este sistema de retribuciones constituyó una fuente de ingresos y un negocio redondo para las empresas concesionarias de las obras y el Estado, que aprovecharon la mano de obra barata y esclava para enriquecerse.

El sistema de redención de penas por el trabajo tuvo su apogeo en las décadas de 1940 y 1950, pero se mantendrían tras el restablecimiento de la democracia, aunque con notables cambios, hasta su derogación en 1995, cuando se aprobó el nuevo Código Penal.

3. LOS DESTACAMENTOS PENALES, 1

Ubicación de los destacamentos penales.

La Normativa represora franquista establecía que los destacamentos penales no se ubicaran en las cercanías de la población, con el propósito de evitar, en la medida de lo posible, cualquier contacto con los habitantes del lugar. El aislamiento de los presos era una condición añadida de represión. Se aconsejaba también que en las proximidades de los destacamentos hubiera puntos de acopio de agua, especialmente en aquellas obras que requerían una mayor complejidad constructiva, como ocurría con la perforación de los túneles o la construcción de grandes viaductos. Con todo, no fue siempre así; viéndose los presos obligados a recorrer varios kilómetros hasta los tajos de trabajo.

Los últimos destacamentos penales en la actual Comunidad de Madrid.

Además de los destacamentos penales vinculados con el ferrocarril Directo Madrid-Buergos, en la actual Comunidad de Madrid se levantaron otros para la construcción de pueblos devastados, como Brunete, Boadilla del Monte o Villanueva de la Cañada, entre ellos los tres de Cuelgamuros, más conocido como «Valle de los Caídos», y otros de menor entidad.

A partir de 1946 el más destacable fue el de Buitrago de Lozoya, dedicado a la construcción del embalse de Rio Sequillo, y en menor medida, el del Canal del Jarama, en Patones. La dictadura franquista sigió utilizando mano de obra de presos políticos para la construcción de obras públicas, a pesar de que ya habían pasado muchos años desde el final de la Guerra Civil.

El destacamento penal de Mirasierra fue el que empleó un mayor número de presos para la construcción de la Colonia de viviendas de Fuencarral. Con el tiempo, se convirtió en el último destacamento de España en clausurarse, durante la década de los años setenta del siglo XX.

4. LOS DESTACAMENTOS PENALES, 2

Los destacamentos penales quedaron encuadrados en el departamento administrativo de «Obras Públicas» o también «Trabajos Exteriores». Su construcción correspondía a empresas privadas adjudicatarias de las obras. Se trataba de infraestructuras de escasa calidad y pobre mantenimiento, ya que se destinaban a su construcción presupuestos muy reducidos. Se persiguió en todo momento el máximo beneficio para las empresas concesionarias y para el Estado.

Casi todas las dependencias de los destacamentos contaban con dormitorios, cocina, botiquín, letrinas, economato, oficina o despacho del jefe de la unidad y un patio central donde se celebraban las ceremonias religiosas, el control de presencia y otras tareas comunes. Las explanadas colindantes eran el punto de encuentro y reunión de los presos con sus familiares en los días festivos.

En las proximidades de algunos destacamentos se levantaron infraviviendas para los familiares de los penados. Eran espacios de muy reducida superficie, algunos de apenas cuatro metros cuadrados y en los que no se podía estar de pie, los materiales empleados eran de ínfima calidad. Las familias soportaban condiciones de vida peores que las de los propios presos y, por ello, deben ser considerados también como víctimas de esta forma de represión.

Ni siquiera la cercanía de estas construcciones a los centros de trabajo era benigna. Por el contrario, se trataba de desincentivar en los penados un eventual ánimo de fuga. En cierto modo, estas infraviviendas eran una especie de ese alambre de espino que no existía en los destacamentos penales.

5. LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO

Cada destacamento mantenía su propia dinámica de trabajo, en función de las necesidades de la empresa contratista. Por lo general, eran turnos extenuantes que se desarrollaban de Lunes a Sábado, desde las ocho de la mañana hasta las seis o las siete de la tarde, con modificaciones impuestas por la climatología. No obstante, los presos realizaron numerosas horas extraordinarias para obtener suplementos económicos con que complementar sus míseros salarios, que apenas les llegaba para subsistir.

Tras el recuento de diana se procedía al reparto de un escaso desayuno, que la mayor parte de las veces consistía en un exiguo caldo con arroz. La dieta alimenticia era pobre, basada en hidratos de carbono y casi desprovista de proteínas de calidad. El hambre era una constante y una forma más de represión.

Finalizado el desayuno, los obreros caminaban hacia los diferentes tajos, en compañía de un número variable de funcionarios. A veces estos recorridos eran sumamente largos. En el destacamento permanecían los que habían causado baja, por enfermedad o accidente.

Los trabajos consistían siempre en penosas labores manuales, de gran dureza física y sin apenas ayuda alguna de maquinaria: movimientos de tierras, minería, perforado de túneles en roca con explosivos, construcción de viaductos y carreteras, transporte de piedras en carretones con fuerza animal, cantería, terraplenados etc. Todas estas tareas se realizaban sin medidas de seguridad laboral, lo que acarreó numerosos accidentes y bajas entre los trabajadores.

Al mediodía se repartía la comida, que se prolongaba durante una hora, incluido un pequeño reposo posterior. Tras la finalización de la jornada se regresaba al destacamento. El descanso se prolongaba hasta la cena, momento utilizado para la realización de otro recuento. Los Domingos se dedicaban a la limpieza del destacamento y de su vestuario. Los internos debían asistir obligatoriamente a misa, que podía celebrarse en las mismas instalaciones o en la iglesia de la localidad, a la que se desplazaban a pie.

Los penados coincidían en ocasiones con obreros libres, pero trabajaban separadamente y se reservaban a los primeros la realización de las tareas con mayores dificultades y en las condiciones más duras.

6. FUGAS Y GUERRILLEROS

En el sistema de redención de penas por el trabajo, las fugas se consideraban faltas muy graves. Por ello, los presos que eran atrapados después de intentar escapar eran devueltos a las prisiones ordinarias de las que procedían, donde generalmente se padecían fuertes penalidades, se podía sufrir tortura y existía un elevado riesgo de muerte. Por supuesto, se eliminaba la posibilidad de volver a disfrutar de reducción de pena por el trabajo y generar mínimos ingresos para sus familiares. Para el servicio de vigilancia no se emplearon grandes recursos humanos, ya que la mayor parte de la policía estaba militarizada y solo había escasos funcionarios adscritos al destacamento.

El control de los penados consistía fundamentalmente en el establecimiento de un determinado número de recuentos, fijados por el jefe del destacamento. Por lo general, se realizaban tras la diana o el desayuno, poco antes de partir hacia los tajos de trabajo, durante las comidas y en la retreta. Tampoco faltaban los recuentos nocturnos. Durante los festivos, cuando los penados disponían de «mayor libertad» para realizar sus tareas de limpieza y recibir la visita de los familiares, podían realizarse encuentros extraordinarios, sin una hora predeterminada, para prevenir las fugas; a pesar de ello, eran estos días cuando se producían la mayoría de los intentos.

En 1945, coincidiendo con el final de la Segunda Guerra Mundial, tuvieron lugar dos grandes evasiones, el los destacamentos de Miraflores de la Sierra (22 fugados), y Valdemanco (37 fugados). Este último caso tuvo un fuerte cariz político, a juzgar por las filiaciones políticas de los fugados, la mayoría de ellos comunistas y ugetistas.

A finales de ese año se produjeron diferentes acciones guerrilleras de resistencia contra la dictadura en la sierra madrileña, encabezadas por Adolfo Lucas Reguilón, autodenominado «Severo Eubel de la Paz». Los guerrilleros pretendían generar un levantamiento en los diferentes destacamentos del ferrocarril Madrid-Burgos. En una operación realizada en el destacamento de Valdemanco, sustrajeron explosivos para otras intervenciones que pensaban realizar en distintos puntos de Madrid.

La estrategia más destacada consistía en la captación de un número suficiente de vecinos para organizar los Comités de Resistencia Antifranquista. Sin embargo, la creación de una fuerte base guerrillera no fue factible, debido a la persecución practicada por la Guardia Civil y al temor de los vecinos.

7. CONSERVACIÓN Y DIFUSIÓN DE LOS DESTACAMENTOS PENALES

Los destacamentos penales, como arquitectura punitiva de la posguerra, forman parte destacada de las infraestructuras ferroviarias del ferrocarril Madrid-Burgos. Su conocimiento y conservación son requisitos básicos para su incorporación en los Catálogos Geográficos de Bienes Inmuebles del Patrimonio Histórico de los municipios. La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid debe garantizar su protección.

Además de estas consideraciones institucionales y administrativas, la conservación y valoración de los destacamentos deben servir como actividad de reparación y de tributo a la memoria de los más de 6000 penados utilizados como mano de obra forzada, implantada por un sistema injusto y esclavista, bajo la denominación de la Redención de Penas por el Trabajo.

La Asociación memorialista «Los Barracones» surgió como necesidad de recuperar el destacamento penal de Bustarviejo, cuyas actividades de pedagogía social se proyectan al resto de los municipios cercanos, con el objeto de desarrollar lo establecido en la Ley de Memoria Democrática.

Esta Asociación ofrece a la ciudadanía visitas gratuitas los primeros Sábados de mes al destacamento de Bustarviejo, hoy convertido en un lugar público de Memoria. Además favorece investigaciones históricas y organiza eventos docentes y culturales que profundizan en el conocimiento y ampliación de nuestra memoria colectiva presente y pasada.

Para contactar con la asociación: amhlosbarracones@gmail.com

 

RUTAS GUIADAS

En 2007 llega el cambio político a Bustarviejo, con un gobierno de izquierdas en el ayuntamiento por primera vez desde la Segunda República, un grupo de vecinos crean la Asociación de Memoria Histórica Los Barracones. Nace esta asociación con el objetivo de rehabilitar el destacamento penal que hay en la dehesa vieja, que se ha conservado gracias a que los ganaderos lo usaron durante décadas como cuadra para el ganado. Gracias a su esfuerzo y a una pequeña subvención, reformaron la parte delantera del antiguo penal y, desde hace unos siete años, comenzaron a realizar pequeñas rutas guiadas y gratuitas de unas dos horas de duración.

Comienzo de la ruta guiada en la estación de Bustarviejo

La ruta guiada sale desde la antigua estación con una pequeña introducción por parte de los guías explicando el contexto histórico en el que se construyó esta infraestructura. Continuamos caminando por la vía de tren que actualmente está en desuso y en un estado lamentable de abandono. Pasaremos por el viaducto sobre el arroyo Gargüera, construido con escasos o nulos medios técnicos y sin medidas de seguridad. Para después atravesar el túnel de La Carguera, perforado a base de barrenos, de los cuales quedan algunas marcas en las paredes de la zanja o trinchera que da acceso al mismo. Al salir del túnel salimos a la Dehesa Boyal de Bustarviejo, donde se encuentra el destacamento penal, el mejor conservado y el único visitable de España.

Estación de Bustarviejo
Marcas de un barreno en la roca
Vista del Viaducto

Lo primero que nos encontramos son las garitas de vigilancia, a primera vista llama la atención que están orientadas para vigilar hacia afuera en vez de al interior del penal, como parecería más lógico. El motivo de esta disposición eran los guerrilleros antifascistas, la resistencia republicana que no se rindió y permaneció escondida en el monte, con la esperanza de que las cosas pudieran cambiar, sobre todo tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

Garita 1
Garita 2
Garita 3
Garita 4

De los presos apenas se tenían que preocupar los vigilantes, puesto que muchos de ellos tenían a sus familias viviendo alrededor del propio destacamento, en caso de fuga, los familiares pagarían las consecuencias. Estas familias vivían en las chabolas de piedra que había alrededor del penal, construcciones de apenas dos por dos metros, no se cabía de pie dentro, lo que obligaba a cocinar en la lumbre de fuera. No hace falta mucha imaginación para comprender las penurias y calamidades que pasaron los familiares de los presos, tan víctimas de la represión como ellos.

Viviendas de los familiares «Chabolas»
Viviendas de los familiares «Chabolas»

También veremos los restos las casas del capataz y del teniente de guardia, estas con tejado, ventanas y suelo. También se puede ver el establo para los animales de tiro en el que se pueden apreciar los pesebres, o la construcción dedicada a celda de castigo, que está desprovista de ventanas. Un lavadero construido en la misma roca, donde tenían que romper literalmente el hielo antes de meter las manos con la ropa.

Cuadras de animales de tiro
Vivienda capataz, al fondo el penal.
Celda de castigo
Lavadero

Finalmente accedemos al penal propiamente dicho. Tiene forma rectangular, tras pasar por la entrada principal al patio interior, a nuestra derecha encontramos varias dependencias dedicadas al economato, (los presos recibían una mísera remuneración por su trabajo que podían gastarse allí), la enfermería o botiquín y las cocinas. De frente encontramos dos barracones donde los presos dormían, aún se conservan los restos de las repisas donde tendrían sus pocas pertenencias, incluso los restos de una cenefa pintada como artículo decorativo dentro de tan lúgubre lugar. Destacar las pequeñas ventanas por encima de la vista de los presos, que no les permitía ver el exterior. Contrastan con los habitáculos destinados a la oficina de la empresa contratista, donde aún se pueden ver los restos del hogar de las chimeneas y con ventanas a una altura que permitía vigilar a los presos.

Acceso al penal, a la derecha economato, enfermería y cocina, al fondo la entrada a los dormitorios
Patio central del penal, a la izquierda oficinas de la empresa. Al fondo el tercer Barracón
Patio central del penal, a la izquierda primer barracón. En frente cocina, enfermería y economato. A la derecha puesto de guardia y oficinas empresa

A la derecha del primer barracón encontramos las letrinas, este lugar atestigua las condiciones insanas en las que allí vivían, presenta huellas marcadas en el suelo para hacer aguas mayores, restos de unas pilas para lavarse y una ducha, todo ello alimentado con agua fría. Parece ser que este primer barracón era de los tres el peor, por tener una puerta al exterior y estar pegado a las letrinas. Al frío, los trabajos forzados, la mala alimentación, el poco descanso y la insalubridad de las instalaciones se sumaban plagas y chinches.

Letrinas
Letrinas

Tras recorrer los dos primeros barracones giramos a la izquierda para pasar por el tercer y último de ellos. En este caso lleno de las camas que se pusieron allí para el rodaje de La reina de España. A su lado, una pequeña colección de fotos muestra a los presos en plena faena o junto a sus familias.

Barracones
Barracones
Barracones
Barracones

La visita termina en la parte frontal del penal, a la izquierda de la entrada, correspondiente a las oficinas de la empresa contratista y de los guardias del penal. Actualmente acoge una exposición dedicada a todos los destacamentos penales que hubo a lo largo de la vía férrea y una muestra de objetos de la época como periódicos, zapatos o latas de conserva. 

Restos de los hogares de las chimeneas en oficinas

La Cabrera geológica, Pilancones.

La Sierra de La Cabrera es una formación granítica (plutón) de gran interés morfológico, pues ofrece un amplio muestrario de las peculiares formaciones del modelado sobre granito como son los domos, las acebolladuras, los thors o canchos de bloques superpuestos o los acastillamientos por fallas verticales, pilancones etc.

En geología un plutón es una gran masa de rocas encajada en la corteza terrestre, procedente del ascenso de magma fundido desde grandes profundidades, que se ha enfriado y cristalizado paulatinamente, antes de llegar a la superficie. Un plutón es una intrusión que puede ser muy grande, de hasta varios kilómetros, dentro de la roca encajante. La mayoría de las veces el magma se ha solidificado a profundidades de hasta 10 km, circunstancia a la cual se debe que solo sean visibles en aquellos casos en que la tectónica ha elevado esa zona de la corteza y ha actuado la erosión. Los más característicos son los batolitos y los lacolitos. Batolito, del griego, bathos y lithos que significan profundo y piedra respectivamente, es una masa extensa de granitoides que se extiende por cientos de kilómetros​ y cubre cientos de kilómetros cuadrados en la corteza terrestre. Los batolitos están compuestos por múltiples plutones individuales los cuales pueden solaparse o intersecarse.​ Los grandes volúmenes de los batolitos se deben a una cuantiosa y repetida producción de magma durante periodos de orogénesis.

Este macizo de La Cabrera está formado con dos tipos de granitos: de grano grueso que tuvo una consolidación lenta y de relieves redondeados y de grano fino, de consolidación rápida que origina formas más agudas.

Hablemos y veamos distintas pilanconas cabrereñas

Las formas circulares que se encuentran con frecuencia en las zonas altas de las regiones graníticas son los pilancones y pueden ser confundidos con las marmitas de gigante, aunque son estructuras que tienen orígenes distintos. Las marmitas son formas de erosión asociadas a canales fluviales, con una elevada relación profundidad / anchura y fondos curvos o cónicos, mientras que los pilancones suelen tener relaciones de profundidad / anchura menores y además mostrar fondos generalmente planos. De hecho, los pilancones están más cerca de parecerse a una paellera que a un perol o marmita.

Para la formación de los pilancones se necesita una superficie horizontal que esté bien expuesta a los agentes meteorológicos, como pueden ser la zona alta de un lanchar o de un domo granítico, donde el agua puede quedar retenida en pequeñas irregularidades de la roca horizontal. Una vez retenida el agua, comienzan a actuar procesos de meteorización química que van haciendo más profunda y ancha la irregularidad. Esta situación genera un sistema de realimentación, ya que a mayor tamaño más agua es retenida y, por tanto, habrá mayor meteorización química.

En el caso de los granitos, esta meteorización afecta con mayor intensidad a las micas y feldespatos, creando así un residuo de granos de cuarzo que quedarán retenidos como sedimento en el fondo del pilancón. Esta primera fase continúa hasta que se alcanza un tamaño en el que los granos de sedimento puedan moverse libremente por el fondo del pilancón incipiente, dando lugar a la aparición de los procesos de meteorización física.

Con ayuda de las lluvias intensas que remueven el fondo arenoso comienza un efecto de molienda (abrasión mecánica) que acelera el crecimiento de la estructura. Estos procesos de meteorización física justifican los fondos planos de los pilancones y el hecho de que sean generalmente más anchos que profundos, llegando a unirse unos con otros para formar geometrías muy llamativas.

Otra diferencia importante entre las marmitas de gigante y los pilancones, es que las primeras necesitan tiempos de formación muy cortos (ya que se asocian a regímenes de aguas turbulentas de mucha energía), mientras que para la formación de los pilancones los procesos son mucho más lentos y en ocasiones suelen hacer falta varios miles de años.

Cuando un plutón granítico aflora en superficie tiende a presentar una forma de cúpula, domo de exfoliación o de lajamiento, atravesado por una red de fracturas y diaclasas producto de su descompresión. A través de estas fracturas circulan las aguas meteóricas produciendo una hidrólisis de los silicatos.

A medida que el domo se va degradando, da lugar a una forma consistente en una serie de bloques apilados (v. berrocal), que si muestran desplazamientos por gravedad constituyen lo que se llama pedriza. En su estado final de degradación, el Domo queda reducido a un pequeño conjunto de bloques, denominado Tor. La superficie plana que aparece además cuando el thor es desmantelado recibe el nombre de lanchar.

Un remember para Paco

Es difícil escribir algo que esté a la altura de un buen amigo cuando ya no está con nosotros, aunque realmente sigue estando muy presente en nuestros pensamientos. Las fotos siguientes son de una bonita mañana de verano en Buitrago y van dedicadas a Celia, sus hijas y el resto de su familia … Para terminar, rescato un poema del gran Miguel Hernández, unos versos que me hubiera gustado escribir de mi mano para dedicárselos.

Elegía

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández

Elegía es el título por el que se conoce a este poema, que además es un subgénero de la poesía lírica pensada para mostrar el lamento por la muerte de un ser querido. Este poema muestra el corazón resquebrajado de Miguel Hernández que se ha visto sumido en la más auténtica desolación ante la muerte repentina de su amigo Ramón Sijé.

La Casa del Bosque de Buitrago

La Casa del Bosque es uno de los monumentos más desconocidos de Buitrago del Lozoya. Se trata de un palacete de origen renacentista construido entre los últimos años del siglo XV y los primeros del siglo XVI. Es de la época de Iñigo López de Mendoza y Mendoza (1536-1601), quinto duque del Infantado y amigo personal de Felipe II. Los trabajos de construcción se extendieron desde 1596 hasta 1601 y fueron dirigidos por Diego de Valera, maestro constructor de la casa ducal.

El palacete está ubicado en el término municipal de Buitrago del Lozoya, en la parte septentrional de la Comunidad de Madrid, en la margen izquierda del río Lozoya, separado del casco urbano por las aguas del Embalse de Puentes Viejas. Antiguamente existía un acceso directo desde la villa de Buitrago a través del Puente de la Coracha, pero con la construcción en la primera mitad del siglo XX de la citada presa, dicho puente quedó completamente sumergido, sin posibilidad de ser utilizado. Actualmente, este edificio se encuentra en estado ruinoso, pero a pesar de su lamentable estado de conservación, constituye una curiosa muestra de arquitectura manierista.

La planta es de indudable inspiración palladiana asociada a la familia Mendoza (duques del Infantado), familia que siempre trajo las novedades más recientes desde Italia, y de hecho los primeros edificios renacentistas de España se asocian a su nombre, como los palacios de Cogolludo, del Infantado (Guadalajara) o de Santa Cruz (Valladolid).

La influencia palladiana ha sido defendida por diferentes investigadores, como el historiador cántabro José Miguel Muñoz Jiménez (1956). La utilización de este término no alude tanto a una pretendida inspiración arquitectónica, como a la existencia un planteamiento similar, en lo que respecta a su configuración como villa rústica. Según el historiador José Miguel Muñoz Jiménez, el palacete guarda similitudes en su concepto y trazado con las villas palladianas, levantadas en la segunda mitad del siglo XVI en la región italiana del Véneto.​ Como éstas, la Casa del Bosque se articula alrededor de una gran rotonda interior, que queda cubierta mediante una cúpula y que fue utilizada como capilla.

El edificio fue concebido para tener un uso recreativo, en la línea de las casas diseñadas a mediados del siglo XVI por el célebre arquitecto Andrea Palladio (1508-1580), en la región italiana del Véneto. Una tipología de villa de recreo en el campo, abierta a la naturaleza pero con las comodidades de la ciudad, villa de descanso y alejada del protocolo, para poder organizar partidas de caza, pesca, organizar fiestas.

El palacete tuvo una intensa actividad social. En él residieron, de forma temporal, personalidades muy destacadas y poderosas, que eran invitadas para pasar unas jornadas de caza y asueto. Es el caso del rey Felipe III, que visitó la finca entre el 12 y el 16 de mayo de 1601.

La construcción que ha llegado hasta nuestros días se encuentra parcialmente derruida. Uno de los elementos mejor conservados es la estructura circular que preside el conjunto. También se mantienen en pie diferentes muros.

En cuanto a planta, es muy similar por ejemplo a la Villa Capra de Palladio, aunque lógicamente mucho más modesta. Se articula en torno a un cuerpo central de forma circular a modo de rotonda que sobresale en planta y estaba cubierta con una cúpula de media naranja actualmente desaparecida. Su función era la de capilla del palacio. Conserva el enlucido interior de los paramentos, así como escudos nobiliarios con la cruz de los Mendoza.

En torno a esta rotonda circular se articulan cuatro cuerpos rectangulares que originalmente tenían dos plantas de altura, de las que únicamente quedan algunos muros. Una de ellas era de carácter íntimo y daba paso al jardín privado, enmarcado por una muralla. En ese muro de la casa se conservan semienterradas dos hornacinas, y en el espacio del jardín se aprecia un montículo en el que seguramente se ubicaba una fuente.

En la parte opuesta de la casa hay un muro de acceso en el que se conserva una de las puertas con almohadillado. En los materiales de construcción, se combina la piedra con fábrica de ladrillo.

La ruta para llegar hasta ella desde la villa empieza por cruzar el Puente Viejo o del Arrabal hacia el barrio del Andarrío. Allí, en la primera plazoleta que encontramos, tomamos con cuidado una calleja que rodea la depuradora del Canal de Isabel II y que nos lleva a un camino paralelo al curso del Arroyo de la Cigüeñuela y por el que seguiremos durante unos trescientos metros hasta encontrar un estrecho paso que nos permite atravesarlo. Comenzamos la subida hacia la cima conocida como Los Canchos, desde donde podremos tomar vistas panorámicas del pueblo y del río. A unos 50 metros de la cima, tenemos una pista forestal que nos lleva hasta la Casa del Bosque. A la derecha e izquierda de esta pista, existen algunos restos de construcciones y trincheras correspondientes a la Guerra Civil Española.

Vista de la villa de Buitrago desde las instalaciones del Canal de Isabel II, a la derecha el puente del Arrabal o Puente Viejo.
Entrada a la finca del Bosque después de cruzar el arroyo Cigüeñuela
Vista al Este de la finca El Bosque desde los canchos, al fondo la sierra del Rincón donde sobresale la Peña de la Cabra.
Vista de Buitrago desde los Canchos.
Vista de la Iglesia de Santa María del Castillo desde el camino a la casa del Bosque.
Camino de la Casa del Bosque en medio del pinar.
Continuando por el camino cruzamos un arroyo y a continuación veremos la casa del bosque.
Casa del Bosque.
Restos de los muros de la Casa del Bosque.
Detalle de puerta posterior con almohadillado.
Vista posterior
Detalle de los muros en la zona de acceso
Restos de los muros posteriores
Restos de los muros posteriores
Detalle interior
Detalle interior
Detalle interior
Vista del muro exterior.

Hablar de la Casa del Bosque de Buitrago es hablar de la poderosa familia de los Mendoza, que, durante la Baja Edad Media, se hizo con el control de grandes extensiones de tierra en el centro peninsular, en las actuales provincias de Madrid y Guadalajara.

En el siglo XIV, la Casa de Mendoza recibió entre otras propiedades, el Señorío de Buitrago, que el rey Enrique II de Castilla (1333-1379) donó a Pedro González de Mendoza (1340-1385).

En el siglo XV, fue Íñigo López de Mendoza (1398-1458), el célebre Marqués de Santillana, quien convirtió la llamada Dehesa de El Bosque, una finca situada a unos tres kilómetros del recinto histórico de Buitrago, en un coto de caza mayor.

En el siglo XVI, otro Íñigo López de Mendoza (1566-1601), descendiente de aquel y, a la sazón, quinto Duque del Infantado, decidió levantar en este cazadero el palacio que ha llegado hasta nosotros. ordenó la construcción de una villa de recreo en la citada finca. Las obras comenzaron en noviembre de 1596 , bajo la dirección de Diego de Valera, y probablemente finalizaron en 1601.

Cancho de La Cabeza de Patones, una montaña con vistas.

El Cancho de la Cabeza de Patones (Madrid) es un modesto cerro que pasa por ser la cima más alta de este término municipal, se trata de una elevación de 1264 metros de altura. Desde su cima se puede disfrutar de unas impresionantes vistas, al norte el embalse del Atazar, la sierra del Rincón donde sobresale de las demás la Peña De La Cabra. Al Oeste la sierra de la Cabrera y las montañas más orientales de la sierra de la Morcuera. Al sur se contempla la vega del Jarama alcanzando la vista hasta la capital. Y al Este las montañas occidentales de la sierra de Guadalajara.

Vistas desde la cima del Cancho de La Cabeza.

Esta montaña está formada fundamentalmente por pizarras. La pizarra es una roca metamórfica homogénea de grano fino formada por la compactación por metamorfismo de bajo grado de lutitas.​ Se presenta generalmente de color opaco negro azulado o negro grisáceo, pero existen variedades rojas, verdes y otros tonos. Está estructurada en lajas u hojas planas por una esquistosidad bien desarrollada (pizarrosidad). Debido a su impermeabilidad, la pizarra se utiliza en la construcción de tejados, como piedra de pavimentación, mesas de billar,​ e incluso para fabricación de elementos decorativos. También se utilizó antiguamente como elemento de escritura. Es por ello, que los pueblos al norte y al este de Patones, son conocidos como los pueblos de arquitectura negra, donde la pizarra es el material constructivo predominante.

Pizarra.

Al formarse las cordilleras a partir de colisiones continentales, estas colisiones conllevan la formación de plegamientos en la corteza terrestre, se trata de fenómenos que hacen que las rocas se vean sometidas a altas temperaturas y presiones en la dirección del movimiento, lo que produce la aparición de rocas metamórficas en dirección paralela al movimiento. Todo esto dio lugar a la aparición de una serie de montañas que con el paso del tiempo se erosionaron. Y dieron lugar a un paisaje con cerros montañosos de baja altura. En la actualidad la zona cercana al Cancho de la Cabeza se encuentra repoblada con pinares de pino silvestre, pino negro y pino resinero.

Jaras.

Desde el Cancho de la Cabeza se forma un macizo montañoso de alturas desordenadas y tapizado de jaras. Finaliza en los cerros de Torrelaguna y se prolongan hasta El Berrueco, donde se enlazan con la sierra granítica de la Cabrera. Dicen los vecinos de Patones que desde la cima se pueden observar hasta diecisiete pueblos. Para comprobarlo se puede recorrer la ruta del cancho de la cabeza. El recorrido de menos de 13 kilómetros de distancia y unas cuatro horas de duración asciende hasta la cima desde el pueblo, pero también se puede hacer un recorrido más corto desde el poblado que sirvió para los trabajadores de la presa del Atazar.

Vista de los meandros del Lozoya aguas abajo de la presa del Atazar desde el aparcamiento del poblado.
Monumento dedicado a los trabajadores de la presa del Atazar en el poblado.
Vista del poblado de la presa del Atazar desde la subida al Cancho de La Cabeza, al fondo la sierra del Rincon donde destaca la Peña de La Cabra.
Cortafuegos antes de coger el desvío a la derecha que nos lleva a la cumbre del Cancho de La Cabeza.
Vista al sureste, la vega del Jarama y a la izquierda la provincia de Guadalajara.
La Pizarra comienza a dominar el paisaje a medida que nos acercamos a la cumbre.
Refugio de pastores construido a base de pizarra, al fondo la cumbre del cancho de La Cabeza.
Interior del refugio de pastores.
Vistas de la presa de El Atazar, a la derecha la sierra del Rincón, al fondo la sierra de Guadarrama.
Detalle de las formaciones rocosas de pizarra.
Panel informativo junto a la cumbre.
Cumbre del Cancho de La Cabeza.
Vista de la presa, a la derecha el pueblo que le da nombre al embalse.
Vista de la cumbre del Cancho de La Cabeza.
Zona más occidental del Cancho de La Cabeza.
Vista al Oeste, en el centro la sierra de La Cabrera, detrás de ella y de derecha a izquierda, el Mondalindo, la sierra de la Morcuera y la Najarra, al fondo del todo la nevada cumbre de Peñalara.
Vista de la presa y el pueblo de El Atazar.

La flora de la sierra de La Cabrera 14, Jacintos del Bosque.

Cuenta la leyenda que esta flor nació de la sangre que brotó de la herida que el Dios Apolo infirió accidentalmente al hermoso héroe laconio llamado Jacinto, hijo del rey espartano Amiclas y Diómedes, causándole la muerte. Según dicha leyenda la belleza de Jacinto hizo que el Dios Apolo se enamorase de él. Un día los dos enamorados estaban jugando a lanzar el disco y Apolo quiso presumir ante Jacinto lanzando el disco con todas sus fuerzas, con tan mala suerte que su amado no pudo tomarlo con las manos y le impactó en la sien hiriéndole de muerte. Así, del torrente de sangre que teñía de rojo la hierba, brotó una flor de sombrío brillo como la púrpura de Tiro y de un tallo salieron numerosas flores en forma de lirio. Apolo, al ver que no podía curarle ni devolverle la vida, le concedió la inmortalidad bautizando la flor con el nombre de su amado. Por ello, a la entrada del verano, en Laconia se celebraba todos los años un gran festival en honor de Jacinto y de su divino amigo. «Las Jacintas», en el cual se rememoraba melancólicamente la prematura muerte del joven, y a la vez se celebraba su divinización.

Planta perenne provista de un bulbo subterráneo de unos dos centímetros de diámetro del que sale un tallo de hasta cuarenta centímetros de altura y en cuyo extremos se encuentran las hojas. Las flores aparecen en racimos de cuatro a dieciséis unidades dispuestas unilateralmente, pediceladas y bracteadas. El periantio, tepaloideo es cilíndrico, con segmentos de catorce a veinte milímetros, de color azul violáceo, que en el extremo se curvan hacia afuera. El androceo está formado por seis estambres que surgen de la base de los tépalos, con filamentos lineares y anteras amarillentas. El gineceo triocular que al madurar origina un fruto de tipo cápsula de quince milímetros y de forma ovoide. Florecen de Marzo a Junio.

Crecen en las orlas y claros de los bosques como robledales y abedulares, en suelos generalmente básicos o neutros, umbríos, desde el nivel del mar hasta los 1000 metros de altitud. Es característico en comunidades arbóreas de la clase quercus.

A los ingleses les encanta esta planta, allí la llaman «bluebell», que significa campanilla azul. Pero debemos distinguir dos tipos de campanillas azules, las inglesas son la especie Hyacinthoides nonscripta, mientras que las campanillas españolas son Hyacinthoides hispánica.

Este tipo de plantas tiene gran éxito en jardinería, ya que su cuidado no es demasiado complicado. Son bulbos que se naturalizan fácilmente. Prosperan a la sombra o con algo de sol en climas templados y lo hacen a pleno sol en climas fríos. Se multiplican fácilmente bajo la sombra de los árboles grandes y son excelentes compañeras de helechos y otras plantas del bosque.

Alto de las Rozas y Peña del Águila

Otra de las rutas interesantes en las montañas de Puebla de la Sierra es la que nos llevará a conocer el Cordal del Alto de las Rozas y la Peña del Águila, La ruta se puede hacer de varias formas, pero la haremos partiendo del puerto de la Puebla recorriendo las crestas de estas espectaculares montañas que separan los términos de Puebla de la Sierra y Prádena del Rincón.

Este cordal es un apéndice secundario del circo que forma el valle de la Puebla, que se extiende en dirección SO desde la Tiesa (1675 metros), ubicada en la subida a la Peña de la Cabra desde el puerto de la Puebla, hasta Peña Zamara, cerca de Berzosa del Lozoya y Robledillo de la Jara. La alineación montañosa completa incluye el Alto de las Rozas (1673 metros), Peña del Águila (1657 metros), Peña Labanto (1477 metros), Peña Parda (1379 metros), Pico Albirigaño (1419 metros), Peña Portillo (1402), El Picazo (1392 metros), Cerro Porrejón (1235 metros)y Peña Zamara (1238 metros), todas ellas de menos de 1700 metros pero no exentas de un gran atractivo. Este cordal constituye el margen occidental del Valle del río del Riato, el margen oriental se corresponde con la ladera suroeste del Macizo de la Peña de La Cabra y el Pie Bajero

Vista al norte desde la pedrera, dejamos atrás en primer término las antenas junto al puerto de la puebla, detrás el cordal donde se distinguen el Cerro Montejo, El Cortadero y el Porrejón.

Partimos del Puerto de la Puebla en dirección sur para subir por un pequeño sendero, Se pasan unas antenas de comunicación dentro del pinar y tras subir una pequeña pedrera ya estamos sobre el cordal, Desde este lugar veremos el cerro de Portezuela con su antena.

Vista al sur desde la pedrera, en primer término el cerro de Portezuela que tapa a la derecha el cordal de la Peña del Águila y el cerro de las Rozas, a la izquierda al fondo destaca la Peña de la Cabra.
Cerro Portezuela a la derecha, Peña de la Cabra al fondo a la izquierda.

Dejamos atrás el Cerro Portezuela en dirección Sur y ya podemos ver a nuestra derecha, por encima del pinar, el cordal del Alto de las Rozas donde destacan sus espolones rocosos, al fondo vemos una pequeña construcción dedicada a la vigilancia de los forestales, desde donde tomaremos la dirección suroeste para dirigirnos a nuestro destino. Pasaremos por la Tiesa para bajar a la cabecera del valle del Riato y comenzar a recorrer el cordal que vamos buscando.

Vista del cordal del Alto de las Rozas
Estamos llegando a la Tiesa, seguimos viendo La Peña de la Cabra al fondo a la izquierda.
Vista desde La tiesa del cordal del Alto de las Rozas.
El la Tiesa abundan las crestas rocosas, volvemos la vista al Norte y a la derecha vemos el Cerro Portezuela que hemos dejado atrás, al fondo entre la calima de distinguen las cimas de la Sierra del Ayllón.
El cordal del Alto de las Rozas y la Peña del Águila desde la bajada de la Tiesa a la cabecera del valle del Riato.

Una vez llegamos al cordal del Alto de las Rozas, podemos ver algunas construcciones correspondientes a posiciones del bando republicano de la guerra civil, aunque se encuentran bastante deterioradas, podemos ver algún parapeto y pequeños refugios de tropas, todos ellos construidos en piedra seca sin ningún tipo de argamasa.

Restos de lo que pudo ser un parapeto de las tropas republicanas que vigila la zona de Prádena del Rincón.
En el inicio del cordal del Alto de las Rozas, a la izquierda, junto al pinar unos restos de un refugio de tropas republicanas.

Comenzamos a recorrer el cordal en dirección sur sorteando las crestas que empiezan a ser de considerables dimensiones, al estar la piedra bastante seca no es difícil andar por estos canchales. Las vistas al Oeste son fantásticas, lástima que el día haya salido con una calima que enturbia el ambiente.

Vista hacia el norte, a la derecha el cerro Portezuela, a media ladera se distingue un saliente rocoso por el que haremos el camino de vuelta llamado Peña Cuervo.
Vista al Noroeste, al fondo la sierra del Ayllón, a la derecha la Peña Bañaderos y la subida al puerto de La Hiruela.
Vista del Alto de las Rozas.
Vista hacia el norte desde el Alto de las Rozas, en su lado oriental hay bastantes construcciones correspondientes a la guerra civil.
Vista al norte del cordal desde el Alto de las Rozas

Dejamos atrás el Alto de las Rozas siempre en dirección sur para buscar el último objetivo del día, la Peña del Águila. Este Alto de las Rozas es un cancho de grandes proporciones que sortearemos por su lado occidental. Curiosamente nos encontramos con una persona que resulta ser un cabrero de Prádena del Rincón, una de sus cabras acaba de parir hace una hora y con gran amabilidad me lleva hasta ella antes de continuar el camino.

Una Cabra de Luis acaba de parir un precioso cabrito, la sorpresa del día.
Vista desde la ladera Oeste del Alto de las Rozas, al fondo Montejo de la Sierra
Vista del Alto de las Rozas desde las inmediaciones de la Peña del Águila, ya en el término de Paredes de Buitrago
Peña del Águila y al fondo todo el cordal que baja hacia Robledillo de la Jara
Parapeto republicano en la ladera este de la Peña del Águila, en el centro el Alto de las Rozas, a la derecha el Cerro Portezuela
Vista de Peña de la Cabra desde la ladera este de Peña del Águila.

Para volver al Puerto de la Puebla esta vez sortearemos el Alto de las Rozas por su ladera oriental, la pendiente de estos canchales nos obliga casi a bajar hasta el pinar, desandaremos nuestros pasos hasta el inicio del cordal y tomaremos una pista forestal que nos lleva por media ladera del cerro Portezuela. En el saliente rocoso que antes mencionamos nos detendremos para ver algunos restos más de posiciones republicanas. Para seguir por la pista que nos llevará a la carretera del Puerto de la Puebla.

Ladera Este del Alto de las Rozas
Peña Cuervo, al fondo el Cerro Portezuela
Restos de un parapeto de las tropas republicanas en Peña Cuervo
Pista forestal para llegar a la carretera del Puerto de la Puebla

El Porrejón y El Cortadero

La localidad de Puebla de la Sierra pasa por ser el pueblo más aislado de la Comunidad de Madrid, se encuentra encajonado en un valle rodeado de montañas pertenecientes a la sierra del Rincón. Dicho valle tiene forma de herradura, cuya apertura corresponde a la salida sur del valle por donde discurre el arroyo de la puebla que se unirá con el arroyo del Riato antes de verter sus aguas al Lozoya, ya en el embalse del Atazar.

Si seguimos imaginando esa herradura, al norte se presenta el lado curvo de la misma, donde destacan dos cimas más o menos situadas en el centro del arco apuntando al Norte, dichas cumbre serán el objetivo de esta ruta, El Cortadero (1789 metros) y el Porrejón (1824 metros). En la cuerda Este de la herradura desde El Cortadero distinguimos el cerro Montejo (1682 metros), el mismo puerto de la Puebla (1632) , el cerro Portezuela (1746 metros) y la Peña de La Cabra (1831 metros). En la Cuerda oeste de la herradura desde el Porrejón, podemos distinguir Peña Hierro (1743 metros), Cabeza del Estillo (1671 metros), Cabeza Minga (1623 metros), La Tornera (1866 metros) y Peña Centenera (1809 metros) de la que salen varios cordales menores.

Esta cuerda Oeste merece un apunte anecdótico. Puebla de la Sierra es el actual nombre del municipio, ya que se lo pusieron los propios vecinos allá por el 1940, para sustituir el antiguo nombre, Puebla de la Mujer Muerta. Parece que el viejo nombre no era muy alegre, aunque si descriptivo, pues la sierra de la Puebla, al igual que la del Espinar, muestra a quien la sabe mirar la figura de una mujer yacente; al Norte, cerca del puerto de la Puebla se eleva el Porrejón, que serían los pies de la mujer, al sur Peña centenera que sería la cabeza de la Mujer, y en su sitio el busto que sería La Tornera, unas decenas metros más alta que la testa, diferencia que no es tan escandalosa si imaginamos a la difunta con las manos posadas sobre el pecho.

La ruta para llegar al Porrejón consiste en un sencillo paseo si se parte del Puerto de La Puebla, el puerto el Porrejón permanece invisible puesto que queda tapado por El Cortadero. Pero siguiendo el cordal desde el puerto y tomando como referencia primero el cerro Montejo, inconfundible porque en su cima alberga una caseta de vigilancia de incendios de la Comunidad de Madrid. Junto a esta caseta y a los largo de la cuerda que nos lleva al Cortadero podemos contemplar varios puestos de las tropas republicanas de la guerra civil española, que probablemente después han sido utilizados como puestos de caza.

Vista del valle de la Puebla, al fondo La Tornera
Subiendo al cerro Montejo
Ya vemos la caseta de vigilancia de los forestales del Cerro Montejo
Vistas hacia el Oeste, Montejo de la Sierra y al fondo los Montes Carpetanos
Puestos de las tropas republicanas junto al cerro Montejo, al fondo Peña Cebollera y las cumbres de la Sierra del Ayllón
En primer término un parapeto republicano de la guerra civil
Caseta de vigilancia de forestales, Cerro Montejo.
Restos de posiciones republicanas de la guerra civil, al fondo el Cortadero.

Después de dejar atrás el cerro Montejo nuestra siguiente referencia será El Cortadero, una impresionante cresta rocosa que podremos rodear o subirlo serpenteando por una trocha señalizada con hitos entre las rocas, las vistas desde este punto no pueden ser más espectaculares, al sur todo el valle de la puebla con el pueblo encajonado en medio, al este podremos ver ya la cima del Porrejón y detrás las cumbres de Guadalajara pertenecientes a la sierra del Ayllón. al Norte el final de la sierra de Guadarrama y el comienzo de las cumbres como Peña Cebollera que separan las provincias de Madrid, Segovia y Guadalajara. Y al este todo el valle Medio del Lozoya, los Montes Carpetanos y por encima de todos ellos la majestuosa cumbre de Peñalara.

Sorteamos algún espolón rocoso según nos acercamos al Cortadero.
Crestas rocosas con la sierra del Ayllón al fondo desde las inmediaciones del Cortadero
El Cortadero nos cierra el paso, tendremos que atravesarlo o rodearlo
Vistas al Norte desde el Cortadero
Vista al sur desde el Cortadero, en el centro el valle de la Puebla, a la izquierda La Tornera
Pico de Bañaderos y la subida al puerto de la Hiruela desde El Cortadero
La cima de El Cortadero, a la derecha La Peña de la Cabra

Dejaremos atrás El Cortadero para recorrer el último trecho siguiendo un pequeño sendero que recorre el cordal hasta la cumbre del Porrejon, con vistas mucho más profundas hacia el este, donde se distingue la formidable silueta del Pico Ocejón de Guadalajara. Desde aquí las vistas de La Hiruela y El Cardoso son realmente de ensueño con las montañas detrás.

Dejamos atrás el Cortadero y seguimos salvando pequeños espolones camino del Porrejón
Al fondo ya vemos el Porrejón
El Porrejón
Cima del Porrejón, al fondo el Pico Ocejón y la sierra de Guadalajara
Vista al Norte desde el Porrejón
El Porrejón

Peña de la Cabra.

Se trata sin duda de una de las cumbres más espectaculares de toda la sierra norte, con sus 1831 metros, no es la cima más alta, pero si es la cima más emblemática de la sierra del Rincón y ofrece unas vista espectaculares en todas direcciones.

La forma más fácil para acceder a esta cima, es partiendo del puerto de La Puebla a 1638 metros. Desde el puerto se coge un pequeño sendero por el cordal del puerto en dirección sur. Se pasan unas antenas de comunicación y tras subir una pequeña pedrera ya estamos sobre el cordal, un terreno bastante fácil de recorrer. Desde aquí veremos el cerro de Portezuela, inconfundible por tener otra antena. Las vistas en todas direcciones son espectaculares, al lado Este el valle de la Puebla y al Oeste el valle del Lozoya.

Vistas al oeste desde el puerto de La Puebla (Montejo, Prádena y Horcajuelo)
Vistas al Este, valle de la Puebla.
Vista del cordel de la Peña El Águila y el Alto de las Rozas desde el Collado de la Tiesa

Después de dejar atrás el Cerro Portezuela, donde como dijimos anteriormente hay una estructura que alberga una antena, Veremos al sur un puesto de vigilancia de forestales que pasamos de Largo para iniciar una ligera bajada al Collado de la Tiesa ya siempre con la vista puesta en La Peña de La Cabra. Al Este podemos ver el cordal de la Peña El Águila y bajo este los pinares del valle del Riato. Continuaremos en dirección Sur esquivando por el oeste algunas crestas de afiladas aristas hasta llegar a la ladera norte de la Peña.

Valle del Riato, vista al suroeste desde la ladera norte de la Peña de La Cabra.
Vista de La Puebla de la Sierra, con La Tornera al fondo.
Vista del Valle del Riato desde Peña de La Cabra

Una vez alcanzamos la ladera norte de Peña de La Cabra, la rodeamos parcialmente para subir por su ladera Este por un sendero ascendiendo entre brezos y rocas hasta la misma cumbre.

Vista al Norte desde la ladera este, en segundo plano, La Cortadera y el Porrejón, más al fondo las cumbres de la sierra del Ayllón.
Peña de La Cabra.

En toda esta zona podemos contemplar interesantes formaciones rocosas. Las vistas son extraordinarias, estamos rodeados de montañas. Al sur todas las montañas que rodean el embalse del Atazar, hacia el suroeste la sierra de La Cabrera, la sierra de la Morcuera, Cuerda Larga y el Macizo de Peñalara, al Oeste los Montes Carpetanos, al Norte Somosierra que continua con la sierra del Ayllón con las cimas de Pico Cebollera y Pico del Lobo como más destacadas, y al Este la continuación de la intrincada sierra del Ayllón entre Madrid y Guadalajara.

Normalmente es fácil ver ejemplares de cabra montés que habitan estas montañas y dan nombre a esta cima en concreto.

Antes de emprender el camino de regreso bajamos hacia el sur para tener una mejor perspectiva de la Peña donde las cretas rocosas dan un aspecto mágico al paisaje.

Vista de la Peña de La Cabra desde su ladera sur.
Peña de La Cabra, a la izquierda el valle del Riato