El Bosque Finlandés de Rascafría.

Situado en el valle de El Paular, en el Valle Alto del Lozoya, rodeado de las montañas más altas de Madrid y probablemente en uno se los espacios naturales más bellos de toda la Comunidad de Madrid, nos encontramos con uno de los bosques más pintorescos e insólitos de toda la sierra. Se trata del Bosque «El Potario», más conocido popularmente como el «Bosque Finlandés», que recibe este nombre debido a su curioso parecido con los bosques de Finlandia.

Vista de Peñalara desde Rascafría

El bosque está ubicado en el término municipal de Rascafría, en la ribera sur del río Lozoya y aguas abajo del Puente del Perdón, entre el Monasterio Santa María de El Paular y el pueblo de Rascafría.

Río Lozoya

El mejor modo para llegar a este bosque es partiendo del Monasterio para cruzar el Puente del Perdón y tomar en dirección este el llamado «Camino del Papel» dentro de la finca de «Los Batanes». Según parece, los monjes que habitaban el Monasterio aprovechaban las aguas de Lozoya para la pesca, sus prados para el pastoreo y el bosque para la producción de papel. Se dice que fueron estos monjes cartujos los que suministraron el papel para la primera impresión de El Quijote en 1605. Estos monjes recorrían este camino desde el Monasterio hasta el molino de papel, hoy en día en ruinas.

En el Bosque podemos ver un pequeño lago con un embarcadero y una cabaña de madera con ventanas rojas que en origen fue una sauna. La estampa nevada de este conjunto, junto con los árboles que crecen alrededor (abedules, álamos, abetos …) es lo que da al lugar la sensación de estar en otras latitudes, en un bosque típico del centro y norte de Europa, de ahí el nombre de Bosque Finlandés.

Monasterio de Santa María de El Paular.

Ubicado en el valle alto del Lozoya, desde su fundación en 1390 y hasta el siglo XIX fue un Monasterio Cartujo. En 1954 empezó a operar como una abadía benedictina.

Las obras de construcción del cenobio cartujo dieron comienzo en 1390 por orden de Enrique II de Castilla y se prolongaron durante varios siglos. La ubicación fue elegida por el monarca, que según cuenta la tradición, decidió que el Monasterio fuese de la orden Cartuja, debido a que durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un Monasterio de la misma orden. Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de su construcción, junto a una Ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta Ermita aún existe, aunque rebautizada como capilla de Nuestra Señora de Monserrat.

El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para use y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la Catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia, así como del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo XV, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe ebe a Rodrigo Gil de Hontañón.

La Iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475-1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el monje cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación. Esta sillería de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia.

Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de diecisiete escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo XV. Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar, algunos de ellos parcialmente labrados y que han aparecido con motivo de recientes obras. Está perfectamente conservado , y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor.

Puente del Perdón

El Puente del Perdón es un puente de piedra sobre el río Lozoya , que data de mediados del siglo XVIII. Originalmente fue erigido a comienzos del siglo XIV, en 1302, justo enfrente del Monasterio de El Paular, para sortear el curso del río Lozoya. Las crecidas del río y la dura climatología invernal del Valle Alto del Lozoya deterioraron en puente, por lo que a mediados del siglo XVIII fue reemplazado por uno nuevo, que es el que existe actualmente. Está edificado en sillería de granito y cuenta con tres arcos de medio punto y dos descansaderos levantados sobre los pilares, que cuentan con dos bancos de piedra.

Sirvió a los monjes de via de acceso hacia el molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Como ya comentamos antes, de esta explotación salió el papel donde se imprimió la primera parte de Don Quijote de la Mancha en Madrid en 1605.

Dado el aislamiento del Valle del Lozoya, separado de Madrid y Segovia por dos cordilleras con cotas superiores a los 2000 metros de altura, las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados volvían sanos y salvos. Si no era así, los alguaciles les conducían a la casa de la horca, situada a unos dos kilómetros en dirección al puerto de Cotos.

Vista del Monasterio desde el puente del perdón
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Presa del Pradillo en el arroyo de La Angostura, otro trocito del Lozoya.

Hay una expresión popular que reza: el Lozoya lleva el agua y el Jarama la fama. El río Lozoya es el principal abastecedor de agua potable de la provincia de Madrid. Su agua está considerada como una de las de mayor calidad para el consumo humano de España.

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Arroyo de la Angostura a su paso por «La isla»

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Arroyo de La Angostura desde el puente de «la Isla»

En su tramo inicial, el río Lozoya recoge las aguas de los arroyos de la Laguna Grande de Peñalara, de las Guarramillas y de las Cerradillas, todo ello dentro del término municipal de Rascafría, en este primer tramo el río recibe el nombre de Arroyo de La Angostura. Empieza a ser identificado como Lozoya cuando a este se unen a los arroyos de Umbría y Aguilón.

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Pequeña cascada debajo del puente de «La Isla»

Rascafría es uno de los municipios más sorprendentes y bellos de la Comunidad de Madrid. Además de ser uno de los mayores de la provincia, su ubicación rodeado de montañas le otorga multitud de rincones naturales y otros creados por el hombre que desde hace siglos le han dado un gran valor ecológico e histórico.

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Vista de la Presa del Pradillo desde el margen izquierdo del arroyo de La Angostura.

El límite sur del término de Rascafría discurre por la Cuerda Larga, en donde se elevan las cumbres de Guarramillas, Valdemartín y la Cabeza de Hierro (2.383 m). Al norte de estas cumbres nace el arroyo de la Angostura que más tarde toma el nombre de río Lozoya. En él vierten numerosos arroyos: desde el Sur, el Aguilón, Guarramillas, el de las Cerradillas, el de Valhondillo, el de los Machos y el de la Najarra, que llegan al río a través de profundas gargantas. Desde el Norte destaca el Arroyo de la Umbría que, procedente de Peñalara (2430 m), recoge las aguas de los arroyos de la Pedriza, el Berzal, el de los Pájaros, y el Arroyo del Artiñuelo, que bordea el pueblo.
A los numerosos valles, arroyos y torrenteras que tiene Rascafría hay que añadir las lagunas glaciares de Peñalara, en el Parque Natural de Peñalara.

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Vista superior de la presa del Pradillo desde su margen izquierdo.

Su curso va de oeste a este, a diferencia de la mayoría de los ríos madrileños que surcan la comunidad de norte a sur. El río atraviesa primero la fosa tectónica comprendida entre la sierra de la Cuerda Larga y los Montes Carpetanos, en la zona conocida como valle alto del Lozoya.

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Vista de la presa del Pradillo desde su margen derecho

El territorio posee un alto valor paisajístico, es bellísimo, encontrándose poblado de espesos bosques de robles, abedules, acebos y pinares que alternan con prados.

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Vista de la Presa del Pradillo rodeada de bosques.

La Presa del Pradillo

Tomando desde Rascafría la carretera M-604 que va a hacia el Puerto de Los Cotos, pasamos junto al Monasterio del Paular, al otro lado de la carretera dejamos el arboreto Giner de los Ríos y el Puente del Perdón. Unos kilómetros después pasaremos de largo el área recreativa de Las Presillas, para llegar a otra zona recreativa llamada La Isla, donde hay varios restaurantes en una gran explanada que sirve de aparcamiento, y de donde parte un camino junto al arroyo de la Angostura, aguas arriba.

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Tras un corto paseo desde La Isla, se llega a la antigua presa del Pradillo, un antiguo salto de agua ya abandonado que sirvió como fábrica de luz para el pueblo de Rascafría, se sitúa en pleno valle de la Angostura, el embalse del Pradillo retiene las aguas del arroyo que da vida después al río Lozoya, sus aguas saltan por encima de la misma creando una bonita cascada digna de ver en cualquier época del año.

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En las inmediaciones de la presa del Pradillo, aún se pueden ver las antiguas estructuras que se usaban para la generación de electricidad con el salto de agua, el embalse del Pradillo está totalmente rodeado por un viejo bosque de pinos, muy espeso, haciendo así que pasear en verano por sus senderos sea una delicia debido a las sombras y la frescura que le da el arroyo de la Angostura antes de convertirse en el famoso río Lozoya tras recibir las aguas del arroyo de la Umbría y del Aguilón.

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Subiendo a la presa, por un pequeño sendero, el estruendoso espectáculo de la cascada cambia por un plácido embalse rodeado de pinos que se reflejan en sus aguas tranquilas. Continuando por la orilla, el agua, el bosque y las pequeñas praderas hacen de este lugar un rincón único para pasar una buena jornada en plena naturaleza.

 

Un trocito del Lozoya II, el Puente Congosto y sus Marmitas de Gigante.

El río Lozoya nace en la laguna grande de Peñalara, después va sumando caudal de todos los arroyos situados entre el sur de las montañas y valles de los montes Carpetanos (que separan las provincias de Madrid y Segovia entre Peñalara y Somosierra), la vertiente norte de la sierra de la Morcuera y la vertiente oeste de la sierra del Rincón (que separa Madrid de Guadalajara). Pero es justo antes de llegar al puente Congosto y después del embalse de Pinilla, donde el río se encajona entre las rocas (gneis) y sus aguas se enfurecen a tal punto que su estruendo perturba la tranquilidad que transmite este idílico lugar. En este punto, el agua y su acción erosiva realizada durante miles de años han creado unas formaciones que merecen ser tenidas en cuenta, son las Marmitas de Gigante del Puente Congosto.

Marmitas de Gigante en el río Lozoya.

Un kettle (en original en inglés, que significa «tetera») o marmita de gigante (término procedente del francés) es una formación de origen fluvio-glaciar, que puede tener forma de depresión en los depósitos glaciales —más o menos circulares, y a veces llenos de agua— o de cavidad circular en las rocas de los cauces de los ríos por la acción erosiva de las corrientes fluviales.

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Los de origen fluvial son una concavidad casi circular formada en los cauces de los ríos por la acción giratoria de algunos fragmentos de rocas duras cuando son arrastrados por la corriente y caen en algún hueco en el fondo del cauce, por lo que al girar por el movimiento de las aguas va profundizando y redondeando tal concavidad. La dureza de los fragmentos tiene que ser similar o mayor que la de la roca en la que se forma la concavidad, aunque muchas veces se trata de fragmentos de la misma roca. En la zona del río Lozoya que discurre aguas abajo de la presa de Pinilla, a la altura del puente Congosto, es un ejemplo de río donde las rocas muy duras que han caído en alguna pequeña depresión han ido agrandando en anchura y profundidad esa concavidad formando marmitas de gigante.

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Las marmitas son muy frecuentes en los escudos canadiense y guayanés. En la Guayana de Venezuela, varias de las marmitas fueron horadadas por piedras de cuarzo y por diamantes, razón por la cual estas concavidades son muy apreciadas por los buscadores de diamantes.

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Una de las formaciones erosivas mas curiosas que se produce en los cursos altos de los ríos son las MARMITAS DE GIGANTE.
Una marmita de gigante es una depresión de forma cilíndrica, muchas veces perfecta, que afecta a las rocas situadas en el fondo del cauce fluvial.

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¿Cómo se originan estos agujeros que a veces tienen más de un metro de diámetro?

Se trata de un proceso erosivo ocasionado por la presencia en el cauce de una roca, que encuentra un obstáculo y no puede ser arrastrada por el agua.

La fuerza de la corriente mueve la piedra y ésta comienza a dar vueltas. Al girar va poco a poco perforando la roca del subsuelo y ese efecto de taladro es el que origina la marmita a lo largo del tiempo. La roca «perforadora» termina también erosionándose al final del proceso.

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Puente Canto, Puente Congosto o Puente de la Horcajada.

El puente Congosto, también llamado puente de la Horcajada o puente Canto (no confundir con el puente situado en el arroyo de Canencia con el mismo nombre), se encuentra en el término municipal de Lozoya, en la sierra Norte de Madrid. Está emplazado junto a la carretera comarcal 604 en el Km. 11,800, se levanta aguas abajo del embalse de Pinilla, la primera de las grandes presas que el río Lozoya tiene en su curso antes de verter sus aguas al Jarama. El puente salva las aguas del río Lozoya en una estrecha y profunda garganta horadada en las rocas por la fuerza erosiva del río en un entorno de gran belleza, en el que el Lozoya se precipita con fuerza y estruendo. Situado en un camino de tierra, hoy abandonado que va paralelo a la carretera actual y que conduce de Lozoya a Garganta de los Montes. Es una construcción que sirve para ilustrar las entidades jurídicas medievales representadas por la Sociedad de Quiñones y el Sexmo de Lozoya.

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Puente Congosto, vista aguas abajo del mismo

El puente tiene seis metros de luz que le permiten salvar la profunda garganta. Su rasgo más peculiar es que se construyó cimentándose sobre los estribos de la propia roca que forma las laderas en las que queda encajonado el río. Se construyó en basto sillarejo, toscamente dispuesto, y está formado por un solo arco de medio punto levantado directamente sobre la roca. En su parte central el arco tiene doble rosca con grandes dovelas desiguales. A ambas caras aparecen desagües rectangulares, los dos de la margen derecha completamente cegados. Con respecto al tablero, por él discurre una calzada formada por losas irregulares. Recientemente se instalaron unos muretes en los lados, para evitar posibles caídas del ganado.

La elección del lugar para su construcción responde a que se trata del lugar donde la distancia entre márgenes del río Lozoya es menor. Su gran altura respecto al caudal constituía una garantía de permanencia y estabilidad frente a las grandes fluctuaciones y fuertes avenidas que experimenta el río.

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Puente Congosto, vista aguas arriba del mismo.

Antes de su restauración, el puente se encontraba semioculto a consecuencia de la espesura de la vegetación aguas arriba. Los problemas más graves eran los relacionados con la falta de mantenimiento. Como consecuencia, había perdido el solado de la parte central y diferentes materiales de la estructura, como es el caso de los pretiles originales.

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Puente Congosto antes de su última restauración.

Muy cerca encontramos las ruinas de lo que fue un antiguo molino. El puente, así como el molino harinero que se sitúa aguas arriba, en la margen izquierda del río Lozoya, se encuentran vinculados al camino histórico que comunicaba los núcleos de los municipios del Valle del Lozoya, antes de que se construyese el Monasterio de El Paular y de que se abriesen otras rutas alternativas que comunicarían los valles del río Miraflores con el propio Monasterio. En la actualidad, se realizan prospecciones y estudios arqueológicos, tanto de la construcción del molino como de su entorno, a fin de descubrir los canales que conducían el agua desde el río hasta el molino y desde este de nuevo al río.

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Antiguo Molino Harinero.

El Puente del Congosto es uno de los cuatro puentes medievales (o romanos) existentes en el Valle del Lozoya. Los otros tres son el Puente Canto, el de Cadenas y el de Matafrailes, todos ellos sobre el arroyo de Canencia, en el municipio del mismo nombre.

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Detalle del puente una vez restaurado.

El origen de esta construcción es incierto y se manejan dos hipótesis sobre su origen:

Algunos autores defienden que el puente se construyese durante la dominación romana de la península ibérica, dadas las similitudes de su fábrica con otros puentes de la citada época, especialmente el de Cangas de Onís, en Asturias. También basada en la posibilidad de la existencia de una vía romana que comunicase las tierras de Madrid con Segovia y el hecho cierto de haber sido reparado en el siglo XIV. El tablero además es llano.

Otros investigadores retrasan su construcción a la Edad Media, más en concreto, a los siglos XII o XIII, ya que su tipología y forma parecen corresponderse con este periodo medieval.

Esta hipótesis está basada también en los únicos datos históricos que se conocen, en la cita de este puente y del puente Canto de Canencia, en el libro de montería que Alfonso XI de Castilla mandó escribir a mediados del siglo XIV, y que fue objeto de una reparación en el siglo XV.

En los años 40 del siglo XX se construyeron los muretes laterales para evitar la caída del ganado. En uno de sus extremos se observa un ensanchamiento que mejora la conducción del ganado a la otra orilla. También pudo acometerse esta obra para facilitar las tareas del cobro del pontazgo a los ganados y peatones procedentes de otros lugares.

Un poquito de historia, Sociedad de Quiñones y Sexmo de Lozoya.

El topónimo Lozoya, que da nombre a un valle, un río y una población parece proceder del aumentativo término Loza, oza, osa, que significa pastizal en el dialecto vasco guipuzcoano.

Parece ser que entre las huestes de Alfonso VI que ocuparon el valle de Lozoya, venían gentes del norte de la península, principalmente astur-leoneses y vascuences. Fueron ellos quienes poblaron o repoblaron el valle, y dieron nombre al lugar: LOZOIHA.

El valle fue disputado durante mucho tiempo por Segovia y Madrid. Fue gestionado por la denominada “Sociedad de Quiñones”, dependiente del Concejo de Segovia, y que obligaba a los que se establecieran en estas tierras “a fabricar casa y poseer caballo propio que valiera 200 maravedíes y sirviera para asir e portar lanza”. Parece que ya existían en la zona muchos campesinos y se necesitaban caballeros que defendiesen la zona. Los Quiñones de Lozoya son los antecedentes de los actuales municipios del valle. Estaban integrados en la Comunidad de Tierras de Segovia y defendían en comunidad sus intereses agropecuarios. Todos los habitantes del valle tenían los mismos derechos y estaban sujetos a las mismas leyes y jueces encargados de administrar la misma justicia para todos.

Los concejos representados por los Quiñones estaban sujetos a Lozoya, y lograron independizarse de su jurisdicción en los últimos años del reinado de los Reyes Católicos, quienes intentaron controlar el amplísimo poder autónomo de los municipios mediante los “corregimientos”. La figura jurídica que da vida a los corregimientos es el “corregidor”, un supervisor del Rey, que dirige los destinos del municipio junto al alcalde. El corregidor llega a adquirir tal poder e importancia con el paso del tiempo, que desplaza de sus funciones a los ayuntamientos elegidos por los pueblos, convirtiéndose el poder concejil, de democrático en autocrático, puesto que se necesitaba el visto bueno del corregidor en cualquier decisión que tomase el ayuntamiento.

Los recursos del valle eran también bienes comunales administrados por unidades administrativas de menor rango, conocidas como “sexmos”. El Sexmo de Lozoya continúa en vigor y su alcalde el “sexmero” o representante del mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Laguna de Peñalara y la leyenda de la pastora.

A la sombra del Pico de Peñalara se encuentra uno de los lugares más bellos, peculiares y misteriosos de la sierra de Guadarrama.

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La Laguna Grande de Peñalara es también conocida como Laguna de Peñalara, es una laguna de origen glaciar situada en el fondo del circo de Peñalara. Está situada a 2017 metros de altitud, en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central de la península ibérica. Se encuentra dentro del parque nacional de la Sierra de Guadarrama, en el término municipal de Rascafría perteneciente a la Comunidad de Madrid.

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Es una laguna permanente de forma ovoidal y tiene una superficie de casi seis mil metros cuadrados. Su pequeño volumen, no llega a los doce mil metros cúbicos, condiciona que determinados factores ambientales como el viento o las precipitaciones influyan más rápida y drásticamente en las condiciones de la masa de agua que en lagos de mayor tamaño. La superficie de su cuenca hidrográfica es de 465 560 m², tiene un perímetro de 650 m, una longitud máxima de 127 m, una anchura máxima de 73 m y una profundidad media de 2 m. La masa de agua se encuentra a una altitud de 2017 metros sobre el nivel del mar y su profundidad máxima sería de 4,8 metros, en su parte norte.

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La laguna está rodeada de praderas y de zonas rocosas (gneis) que tienen algunos matorrales de alta montaña como son el piorno, el brezo y el enebro rastrero. La laguna se mantiene congelada desde diciembre hasta marzo debido a las temperaturas bajo cero que hay en el lugar, por ello no habitan peces en sus aguas. Entre su fauna destacan anfibios y aves.

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Esta laguna permanente es la más grande del Parque Natural de Peñalara y la más visitada. El entorno de la laguna tiene un máximo grado de protección medioambiental dentro del parque natural de Peñalara. Es por ello que no se permite el libre tránsito, los visitantes y senderistas solo pueden transitar por determinados sitios y caminos marcados a tal efecto.

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Como no podía ser de otra forma, la laguna también tiene sus propias leyendas, La gente que ha habitado la sierra de Guadarrama durante siglos ha creado varias leyendas relacionadas con algunos parajes de estas montañas. A continuación se describen dos que transcurren en las lagunas de Peñalara:

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La más conocida es la leyenda de la pastora. Se cuenta que cada noche de difuntos emerge del centro de la laguna un islote donde se distingue la figura de una pastora, entre luces misteriosas. Al parecer, hace mucho tiempo una pastora de la zona extravió un cordero entre las rocas, atraída por unos extraños ruidos que provenían de las oscuras aguas de la laguna, pensando que eran los balidos del cordero se adentró en la laguna para intentar salvarle y se ahogó sin remedio. También hay quien dice que la pastora se convirtió en hada o ninfa de las aguas y que con su dulce canto intenta atraer a los montañeros que andan por la zona para ahogarles en la laguna.

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Otra leyenda cuenta que mucho tiempo después, dos amigos atraídos por el halo de misterio que envuelve la laguna, intentaban averiguar los secretos de la isla que emergía y la luz que desprendía, para ello se propusieron el reto de cruzarla a nado. Uno de ellos cruzó la laguna con un libro entre los dientes mientras nadaba. Cuando llegó a la orilla comenzó a leerlo en voz alta, mientras su amigo cruzaba nadando a su vez.  Cuando éste llegó al centro de la laguna, el que estaba leyendo cerró el libro de golpe y las aguas se tragaron a su amigo, que nunca más apareció.

El Berrueco.

El origen del término de El Berrueco, parece deberse según diferentes fuentes al cerro de granito que domina el núcleo de población por el norte. De hecho, la palabra «berrueco», significa literalmente «peñasco rocoso».

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Vista de El Berrueco y de la dehesa

El término municipal de El Berrueco se encuentra en el noreste de la Comunidad de Madrid. El núcleo urbano se encuentra situado en un terreno llano, al este de la Sierra de La Cabrera y al oeste del río Lozoya retenido por la presa de El Atazar, embalse que ocupa grandes extensiones de terreno municipal. En este embalse desembocan numerosos arroyos, entre los que cabe destacar el Arroyo Jóbalo y el Arroyo de la Dehesilla.

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Plaza del Ayuntamiento

Historia

Los primeros asentamientos ubicados en el territorio de El Berrueco se pueden situar más o menos en la Edad de Bronce. El asentamiento actual de la villa de El Berrueco se sitúa en fechas no muy anteriores a los siglos X y XI.

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El Berrueco

El Berrueco era una de las aldeas pertenecientes a la villa de Uceda. Por otra parte Uceda pertenecía al Arzobispado de Toledo hasta que en 1575, por una Real Cédula del Papa Gregorio XIII al rey Felipe II, Uceda pasó a pertenecer a la corona junto con todas sus aldeas y lugares, lo que originó numerosos conflictos consiguiendo los derechos de Villazgo mediante un Privilegio Real de 1592.

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Ayuntamiento

El Berrueco aprovechó para independizarse y proclamarse villa, eximiéndose de la jurisdicción de la villa de Uceda. El privilegio otorgaba a los vecinos el derecho a nombrar alcaldes con jurisdicción civil y criminal, regidores, procuradores y demás cargos del concejo.

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Campanario de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Fue entonces cuando la Corona ordenó en su término la instalación de una horca y una picota, lo que significaba una total autonomía para poder llevar a cabo juicios y ejecuciones sin necesidad de depender de otra villa.

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La Picota y el Ayuntamiento

Todos estos pleitos, amojonamientos y pagos efectuados, llevaron al concejo a contraer numerosas deudas que, para hacerles frente, cargaban de impuestos a los vecinos, lo que generó una fuerte emigración. Ante esta situación el concejo pidió permiso a la Corona para vender sus tierras  y así perder la jurisdicción en 1613, momento en que El Berrueco volvió  a formar parte del Duque de Uceda.

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Vista de El Berrueco desde un canchal

Entre los siglos XVII y XVIII la mayoría de los habitantes de la villa se dedicaban a labores agrícolas y ganaderas imperando sobre todo estas últimas.

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El Berrueco y el embalse del Atazar desde Las Cabreras

Existía por aquel entonces una asociación de ganaderos perteneciente a la Mesta. Dicha asociación era llevada por un alcalde y un escribano nombrados por El Berrueco, Cabanillas, Venturada y Redueña. Todos los ganaderos de estos pueblos se reunían el día de San Bernabé, (el 11 de junio) en la ermita de Santo Domingo de Cabanillas para solucionar cualquier tipo de problema derivado de la actividad que realizaban.

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Vista parcial de El Berrueco

En 1859 se produce la venta de los bienes municipales por la desamortización, a consecuencia de lo cual se formó la Sociedad de Vecinos de El Berrueco con el fin de recuperar las fincas vendidas. El Ayuntamiento consiguió que la dehesa boyal se eximiera de la venta y pasara a propiedad municipal. A partir de 1873 la nueva demarcación le separó definitivamente de Uceda, todos límites municipales van a mantener su actual fisionomía y quedó dentro de la  provincia de Madrid. Como consecuencia de ello hubo largos pleitos, entre los que destacaron los mantenidos con las aldeas vecinas de Sieteiglesias y La Cabrera, principalmente con la segunda, ya que entre los términos de ambos era por donde pasaba la Cañada Real Segoviana.

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Típica construcción

También a finales del S. XIX se realizaron las obras del Canal de Isabel II promoviendo la apertura de canteras para la construcción del canal. En el siglo XX, uno de los hechos que más influirá en la evolución de El Berrueco será la construcción del Embalse del Atazar en 1976.

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Típico abrevadero

Monumentos

Son varios los monumentos y lugares de interés que se pueden encontrar en el término municipal de El Berrueco, destacando las siguientes:

Restos de la Ermita de Santa María en la aldea de Valcamino, que se despobló sin razones aparentes a finales del S.XVII.

El mal llamado Puente romano, puesto que se trata de un puente medieval restaurado recientemente, resalta particularmente por su peculiaridad y su buen estado de conservación. Está situado sobre el Arroyo Jóbalo a unos 300 metros de la carretera que une El Berrueco con Sieteiglesias y su presencia puede tener relación directa con la existencia de un auténtico sendero de trazado prerromano, posiblemente neolítico, que se mantendría hasta la actualidad conservando idénticas funciones.

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Puente sobre el arroyo Jóbalo

Iglesia de El Berrueco, consagrada a Santo Tomás Apóstol, es un edificio realizado en varias fases que aprovecha de un templo anterior, una ermita, la zona ocupada actualmente por el altar. Su planta es rectangular de una sola nave. Tiene una torre de planta cuadrada y tres cuerpos de altura, con ventanas de medio punto en cada cara. Su pórtico es de madera, con un rollo sobre pilares de granito del siglo XVII. La sacristía es gótica y se encuentra junto al presbiterio. El coro es alto a los pies. La cubierta es a dos aguas. Cabe destacar su portada, una realización de gran simplicidad dentro de la tradición románico-mudéjar, aunque su construcción parece datar del siglo XIII, formada por tres arcos de medio punto con dovelas de piedra, impostas con capitel de ladrillo y enmarcado con alfiz sobre paramento encalado. La puerta presenta un arco de medio punto ligeramente peraltado con dos arquivoltas que se continúan hasta el suelo marcando unas ondulaciones a la línea de la imposta. Se encuadra por un rectángulo formado por una faja saliente del paramento a modo de alfiz. En su interior se encuentran esculturas modernas de San Antonio de Padua, Niño Jesús, Inmaculada Virgen de Fátima, entre otras y una pila de agua bendita con gallones renacentistas.

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Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Crucero de la Iglesia, se desconoce el origen de estas tres cruces. Actualmente no tienen ningún uso o tradición. Se trata de un elemento cultural del pueblo, que en años pasados pudo tener alguna utilidad. Podría tratarse de la duodécima estación del Viacrucis de la Semana Santa, es decir, sería la del Calvario, punto donde termina dicha procesión. Por otro lado, gentes trabajadoras del campo, afirman que estas tres cruces están relacionadas con la fiesta de la Cruz de Mayo, que se celebraba el día tres de ese mes, y consistía en la bendición del campo, para obtener buenas cosechas.

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Crucero

La picota, elemento más representativo de El Berrueco. De los 178 pueblos de la Comunidad de Madrid, es junto con Lozoya, el único que la conserva. Se cree que remonta su existencia como rollo o columna al año 1000 por una inscripción existente en la parte superior y como picota al siglo XVI. La picota representaba un signo de jurisdicción penal en tiempos pasados. La picota era el extremo del rollo o columna, dándosele por extensión el nombre a toda la construcción. En el siglo XVI su ubicación era distinta a la actual encontrándose entonces en las cercanías de la Iglesia. Posteriormente debido a una orden real las picotas y las horcas debían desplazarse a las afueras de la villa, por lo que la picota de El Berrueco se trasladó hasta su actual ubicación. En agosto de 1996 se desplazó de nuevos unos metros debido a las obras de la Plaza Consistorial.

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La Picota

Potro de herrar, está hecho con pilares de granito y utensilios de madera y hierro. Es uno de los más antiguos de la zona. Se utilizaba en tiempos pasados para el herraje del ganado. Se pueden observar en la piedra algunas huellas de las patas de las vacas que se iban a herrar.

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Al fondo el potro de herrar

Canal del Villar, es una obra civil de finales del siglo pasado. Es una construcción con almenaras y puentes hechos en piedra labrada y sillería.

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Canal del Villar

Museo de cantería, es un proyecto que retoma el pasado. El Berrueco es un municipio típicamente rural que guarda entre sus calles una antigua tradición cantera, que forma parte de la identidad local. Los vecinos de este núcleo urbano han utilizado la piedra como materia prima en la elaboración de instrumentos varios, y como elemento para la arquitectura popular de todos los tiempos. Este museo se sitúa entre las calles del municipio, pudiéndose recorrer a pie, se pueden ver una serie de objetos que pertenecen al oficio de la cantería, tan relacionado con este municipio enclavado en el macizo granítico de la Cabrera.

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Monumento a los canteros

Durante los años 70 la cantería supuso la mayor fuente de ingreso para muchos de sus habitantes, ya que la piedra berroqueña era utilizada para adoquinar las calles en muchas ciudades de España.

El potro de herrar, la piedra de molino y otras, menos conocidas como la pila del cura o la de la fragua son algunos de los objetos que se pueden ver en este museo al aire libre.

La atalaya musulmana llamada Torrepedrera. Fue construida en algún momento indeterminado entre los siglos IX y X, es decir, entre el emirato de Muhammad I de Córdoba y la época de Abd al-Rahman III.

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Atalaya de Torrepedrera

Formaba parte de un sistema de atalayas, levantadas por los musulmanes en diferentes puntos de la Sierra de Guadarrama, que tenían como función vigilar los principales valles y vías de comunicación islámicos, ante posibles incursiones cristianas. Esta red defensiva tenía una gran importancia militar, por su enclave en una zona fronteriza, conocida como la Marca media de Al-Ándalus.

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Vista del embalse del Atazar desde la Atalaya

Junto con otras torres y fortalezas, la atalaya de El Berrueco controlaba el camino fluvial del Jarama, que conducía hasta el puerto de Somosierra, uno de los pasos naturales entre las dos submesetas. De este sistema se conservan cuatro atalayas, que son la de El Berrueco, Torrelaguna, Venturada y El Vellón.

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Vista de la sierra de La Cabrera desde la Atalaya

La atalaya de El Berrueco se encuentra situada en lo alto de un cerro de 1030 m. de altura, destaca por el empleo de la piedra más pintoresca, una piedra de tipo pedernal formada por grandes trozos casi sin desbastar. Tiene forma tronco-cónica con base circular, con un primer piso macizo, un segundo piso donde se sitúa la puerta a 2,25 metros de altura sobre el suelo y un tercer piso que sirve de plataforma de vigilancia. El espesor del muro va desde 1,50 metros en la base al metro del peto de la parte superior, siendo su diámetro interior de 3,30 m. En 1983, fue declarada Monumento Histórico-Artístico, según Real Decreto 2863/1983, de 14 de septiembre. Aunque es de propiedad privada, el acceso está permitido.

Museo del Agua y Patrimonio Hidrográfico: Este museo está ubicado en la Calle Real, en el casco antiguo del Municipio. El Museo refleja las numerosas infraestructuras hidráulicas, presas, canales, etc., existentes en la zona que son el fiel reflejo de la importancia del agua como recurso económico y natural. Representa un elemento diferenciador así como un valor añadido a la simple presencia de la lámina de agua en los pueblos que pertenecen a la Mancomunidad del Embalse del Atazar. El agua parece plantearse en todo caso como uno de los argumentos de la zona y se pretende destacar como principal tema de referencia, aunque tratando de reforzar los aspectos singulares y diferenciadores, aprovechando por otra parte el hecho del suministro de agua a Madrid, lo que le confiere un carácter singular especial. Sin olvidar las potencialidades de la lámina de agua como recurso turístico, se planteó reforzar el carácter diferenciador de la existencia de infraestructuras hidráulicas promovidas por el Canal de Isabel II en el último siglo y medio y que definen las características del paisaje actual. Agua y patrimonio industrial se convierten en los principales elementos de la zona y en el soporte del producto.

El embalse de El Atazar es el mayor de la Comunidad de Madrid: con una capacidad de 425,3 hm³, representa el 46 % del volumen embalsado de la región. Fue construido en 1972, siendo una de las obras más importantes durante el gobierno de Francisco Franco. Es el quinto embalse en el sentido de la corriente que se encuentra el río Lozoya a su paso y pertenece a la red del Canal de Isabel II.

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Embalse del Atazar

Los esquistos de El Berrueco y la falla de La Berzosa

El Lozoya en su tramo norte-sur está encajonado en la falla de La Berzosa, aflorando una banda de esquistos que está atrayendo a numerosos geólogos para su estudio. Aunque la presencia de esquistos suele ser común, sobre todo más al sureste, esta no es una roca muy abundante en una región donde predominan los granitos (La Cabrera y El Berrueco) o las pizarras (El Atazar).
En este sitio aflora localmente una banda de esquistos como “huella” de un importante accidente tectónico producido durante las etapas finales de la orogenia Hercínica, la falla de La Berzosa. Como elemento de especial interés destaca el hecho de que mediante esta falla se ponen en contacto las rocas graníticas y metamórficas de medio y alto grado (al oeste) con las rocas metamórficas de bajo grado (al este).

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Esquistos de El Berrueco

 

 

 

 

 

Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos.

Hoy haremos una ruta recorriendo gran parte del macizo de Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos, visitando y haciendo algunas paradas para hacer unas fotos de sus lugares más conocidos y emblemáticos de esta zona de la sierra.

El primer tramo va desde el puerto de Cotos (1830 metros) hasta la cumbre de Peñalara (2428 metros), se trata de la subida más común y practicada, y se realiza por un camino en buen estado y bien señalizado. Tiene una longitud aproximada de cinco kilómetros y medio, un desnivel acumulado de 600 metros. Este camino comienza por una pista forestal, que atraviesa primero un bosque de pinos silvestres, de piornos cuando se acaba la zona del pinar según vamos ganando altura y en el tramo final dejaremos la vegetación arbustiva atrás haciendo el camino en un terreno yermo donde sólo la hierba y algunas flores de montaña aparecen cuando desaparece la nieve y el hielo acumulados durante el invierno, veremos algún nevero pese a que estamos en pleno mes de Julio.

La pista es bastante ancha y está bien marcada,  sale desde el citado puerto y asciende haciendo zetas hacia el noroeste, por la ladera sur de la Hermana Menor (2271 m). Tras recorrer tres kilómetros y medio se alcanza la cima de esta montaña, y ahí el camino gira hacia el norte-noreste. Desde la cima de la Hermana Menor la subida es mucho más suave y el sendero transcurre por la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara. Después de medio kilómetro se alcanza la cima de la Hermana Mayor (2285 metros), y después de kilómetro y medio se llegaremos a la cima de Peñalara, que está señalada con un vértice geodésico a una altitud de 2428 metros.

Continuaremos nuestra ruta en dirección noreste por un complicado sendero entre grandes rocas graníticas, que a veces no es visible más que siguiendo algunos montoncillos de piedras colocados a modo de hito, recorriendo todo el resto del cordal del macizo de Peñalara, para descender posteriormente hasta la Laguna de los Pájaros (2169 metros). En este segundo tramo de unos dos kilómetros y medio, primero pasaremos por el Risco de los Claveles (2388 metros) y después por el Risco de los Pájaros (2334 metros). En esta zona es fácil encontrarse con bastantes cabras, que suelen apartarse ante la presencia humana. Esta ruta de descenso está mucho menos transitada que la anterior debido a su complicación.

En los aledaños de la Laguna de los pájaros volvemos a encontrarnos con grandes zonas de piornos, que dan un colorido fantástico y un olor dulce que facilita el difícil camino para llegar aquí. Después de una pequeña parada para comer algo y hacer unas fotos continuamos con nuestra ruta en dirección suroeste, en este tercer tramo caminaremos paralelo al macizo cuyo cordal hemos recorrido anteriormente, por los denominados Llanos de Peñalara con destino de vuelta al puerto de Cotos. Iremos pasando por más lagunas situadas a este lado del Macizo de Peñalara, como la laguna de los Claveles y otras más pequeñas pero de no menor belleza.

Al llegar al arroyo de la Laguna Grande de Peñalara decidimos dejar la visita de esta laguna y del refugio Zabala para otra ocasión, al fin y al cabo ya hemos visto la Laguna Grande desde arriba y tendríamos que volver a subir otro tramo para acceder al refugio. Así que desde aquí continuamos nuestro camino descendiendo entre piornos primero y pinos silvestres después hasta nuestro punto de partida en el Puerto de Cotos.

Algunos datos de Peñalara

Peñalara es la montaña más alta de la sierra de Guadarrama (perteneciente al sistema Central) y de las provincias de Madrid y Segovia, con una altura de 2428 metros sobre el nivel del mar. El pico, uno de los más emblemáticos de este sistema montañoso, forma parte del parque nacional de la Sierra de Guadarrama.

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Vértice geodésico del pico de Peñalara

En la cumbre hay un vértice geodésico y varios letreros de madera indicando varias rutas. Peñalara se encuentra en el centro del macizo montañoso de mismo nombre, de naturaleza granitítica y que cuenta con una serie de picos alineados de suroeste a noreste: Hermana Menor, Hermana Mayor, Peñalara, el Risco de los Claveles y el Risco de los Pájaros. Los bosques de pino silvestre que tapizan las laderas de la montaña dejan paso, por encima de los 1900 metros de altitud, a las praderas alpinas y matorrales de alta montaña como los piornos. A esta cota, y en la ladera este, existe un circo glaciar y más de veinte pequeñas lagunas donde viven más de diez especies de anfibios y otros animales de alta montaña. Se trata de una montaña muy frecuentada por montañeros y turistas gracias a su fácil acceso.

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Laguna Grande de Peñalara vista desde Hermana Mayor

Desde el punto de vista etimológico, el nombre ‘Peñalara’ parece ser que viene de la unión de las palabras latinas ‘Penna’ y ‘Lara’, que significan ‘cabeza’ y ‘llanura’ respectivamente. Por tanto, «Penna Lara» significa «cabezas planas», nombre que hace honor a la silueta redondeada que tiene la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara si se mira desde el este u oeste. La ‘nn’ del latín evolucionó a la ‘ñ’ española, dando lugar al nombre que actualmente tiene esta montaña: ‘Peñalara’.

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De izquierda a derecha, Hermana Menor, Hermana Mayor y Peñalara

El contorno de Peñalara es, en general, redondeado y sin grandes sobresalientes. Las laderas de esta montaña están cubiertas de diferente vegetación, según la altitud. Desde los 1000 m a los 1300 podemos encontrar robledales en bastante buen estado. Desde los 1100 m a los 2000 m, el bosque predominante es el de pino silvestre. Esta especie arbórea forma bosques muy densos en todas las vertientes de Peñalara, siendo especialmente famoso el bosque de Valsaín (Segovia). El sotobosque que hay en esta zona está compuesto principalmente por helechos. Desde los 2000 m en adelante, la vegetación se compone por matorrales bajos de alta montaña como son el piorno y la retama. La principal causa de que los árboles no crezcan a esa altitud es el viento, que sopla con fuerza con mucha frecuencia. El factor del frío también influye en que no proliferen árboles adaptados a un clima más benévolo. En las laderas más inclinadas, los matorrales de alta montaña dejan paso a la piedra vista, que en este caso se trata de granito.

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Risco de los Claveles

En la ladera este de Peñalara hay zonas llanas en altitudes comprendidas entre los 2000 y 2100 metros en los que abundan las lagunas de origen glaciar, humedales y praderas alpinas. La fauna de la zona se compone de pequeños mamíferos, distintas especies de anfibios que habitan las lagunas, águilas, buitres, cuervos y gran variedad de insectos.

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Laguna de los Pájaros

De las laderas de Peñalara emergen numerosas fuentes de agua, las cuales dan lugar a arroyos, y lagunas de alta montaña. En la ladera este hay bastantes más arroyos que en la vertiente oeste. Los más importantes de la cara este, ordenados de norte a sur, son los siguientes: arroyo de los Pájaros, arroyo del Breza, arroyo de la Pedriza, arroyo de la Laguna de Peñalara y arroyo de la Hoya del Toril. Todos ellos nacen a una altitud superior a los 1900 metros. La cara oeste de Peñalara es más seca que la anterior, sin embargo también existen arroyos que emergen de la zona alta de esta ladera.

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Laguna de los Claveles

 

En la vertiente este hay aproximadamente veinte pequeñas lagunas y charcas de origen glaciar que se ubican en zonas llanas a una altitud comprendida entre los 2000 y 2100 metros de altitud. Las tres más grandes e importantes, ordenadas de norte a sur, son las siguientes: laguna de los Pájaros, laguna de los Claveles y laguna Grande de Peñalara.

El pico de Peñalara es parte del resultado del choque entre las placas correspondientes a la Submeseta Sur y la Submeseta Norte, ambas pertenecientes a la Meseta Central de la península ibérica. La elevación de este macizo ocurrió en la Era Terciaria (hace unos 65 millones de años) aunque los materiales sobre los que se asienta (el zócalo granítico meseteño) sean anteriores (de la orogenia herciniana). El tipo de roca más predominante en este macizo montañoso es el granito, visible desde el exterior en las laderas con más pendiente y en la cornisa de cumbres.

La acción glaciar del Cuaternario (hace unos 1,8 millones de años) acabó de modelar varios de los relieves actuales del macizo de Peñalara con pequeños circos y morrenas de tipo pirenaico. El mayor circo glaciar que hay en este macizo es el circo de Peñalara, situado directamente al sur de la cima de Peñalara, en la vertiente este y a una altitud de 2000 metros. Otro circo glaciar, aunque este es más pequeño que el anterior, es la Hoya de Pepe Hernando. Está situada también en la vertiente este, al noreste del circo de Peñalara y a una altitud de 1900 metros. Cada uno de estos dos circos glaciares tienen una morrena.

El pico de Peñalara ha sido desde siempre un importante referente en toda la sierra de Guadarrama debido a su altitud y al hecho de encontrarse en el punto de confluencia de las dos Castillas y de dos grandes valles, el del Lozoya y el de Valsaín. También era la montaña sagrada de los arévacos, pueblo celta que habitaba en el centro de la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Señores de la meseta, ellos fueron los guerreros celtíberos inmolados en Numancia, vencidos al fin tras humillar durante décadas al Imperio Romano.  La primera ascensión a Peñalara no se conoce porque la dificultad que entraña este ascenso no es excesiva. Las verticales paredes de la vertiente este de este pico han sido la «cuna» de los principales escaladores y alpinistas madrileños de los siglos XX y XXI.

El conocimiento popular de la importancia geológica y medio ambiental de esta montaña se expande en la década de los años veinte, cuando varios intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza destacaron el importante valor ecológico que posee la sierra de Guadarrama. En esa época se planeó la creación del Parque Nacional de Guadarrama para proteger las zonas altas de la sierra, incluido el pico de Peñalara. Finalmente ese proyecto no se puso en marcha debido a los cambios de gobierno y la Guerra Civil.

El gran interés científico y paisajístico que despertó el macizo de Peñalara a lo largo de la década de 1920 hizo que en 1930 fuera declarado Sitio Natural de Interés Nacional, con el objetivo de preservar el paisaje de ataques externos. Durante estas décadas, la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara, creada en 1912, experimentó un gran crecimiento y participó activamente en la divulgación del conocimiento sobre esta montaña.

 

Durante la década de los años ochenta, se creó un proyecto para proteger la vertiente este del pico de Peñalara, incluyendo el circo glaciar de Peñalara y las lagunas glaciares que salpican la zona. El 15 de junio de 1990, la Comunidad de Madrid declaró la vertiente este del pico como Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara mediante la Ley 6/1990, otorgando la administración del mismo al gobierno autonómico. Desde 1998 hasta principios de la década de 2000, se llevó a cabo el desmantelado de la antigua estación de esquí de Valcotos que ocupaba gran parte de la zona sur del área protegida. De esta forma, se eliminaron los remontes y se repoblaron con pino silvestre las antiguas pistas. Este hecho se puede considerar pionero en todo el mundo. También hay que destacar la mejora de las instalaciones del puerto de Cotos llevadas a cabo durante estos años.

A principios de la década de los años 2000, los gobiernos de la Comunidad de Madrid y de Castilla y León llevaron a cabo un proyecto para declarar como Parque Nacional de Guadarrama gran parte de la sierra de Guadarrama, incluido el pico de Peñalara. De esta forma, la vertiente oeste de esta montaña quedaría también protegida. Sin embargo, la declaración como Parque Nacional fue muy polémica y discutida, pues dejó amplias zonas de gran valor ecológico fuera del Parque Nacional de Guadarrama por parte de los gobiernos de la Comunidad de Madrid y Castilla-León.

 

 

La villa de Buitrago

Buitrago del Lozoya es el único pueblo de toda la comunidad de Madrid que conserva íntegro su recinto amurallado, es el mejor conservado de la región madrileña y el único que se mantiene en estado completo. Situado en un meandro del río Lozoya, que da sobrenombre al municipio, lo rodea por todos sus lados menos el meridional, convirtiéndose así en un foso natural de defensa, de gran importancia desde el punto de vista estratégico. Buitrago del Lozoya es Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural desde 1993, y su recinto amurallado es Monumento Nacional desde 1931.

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Vista del puente del Arrabal y de la muralla de Buitrago desde el puente nuevo

 

La muralla de Buitrago del Lozoya es de origen musulmán. Es probable que la primera construcción fuera edificada entre los siglos IX y XI, en el contexto defensivo de la Marca Media, una extensa zona situada en el centro de la Península Ibérica que la población musulmana fortificó para detener el avance de los reinos cristianos y asegurar la plaza de Toledo. Más concretamente, protegía el paso hacia el puerto de Somosierra, una de las principales vías de entrada de las incursiones cristianas. Existen restos de otras murallas musulmanas levantadas en la misma época con una finalidad similar en otros lugares de la comunidad madrileña como son: Talamanca del Jarama, Torrelaguna, Alcalá de Henares y en Madrid.

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De izquierda a derecha, puente del Arrabal, muralla de Buitrago y puente nuevo sobre el río Lozoya

El trazado y fábrica de la muralla denotan su origen musulmán. Siguiendo las pautas de la arquitectura militar andalusí, presenta numerosas torres de planta rectangular y escaso saliente, así como mampostería encintada con ladrillo en numerosos tramos.

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Entrada al Adarve bajo desde el exterior de la muralla

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Adarve bajo

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Puerta del Adarve bajo desde el interior de la muralla

Sin embargo, la construcción que ha llegado hasta nuestros días es fruto de sucesivas ampliaciones y reformas acometidas por los cristianos, una vez que Buitrago del Lozoya quedó integrada dentro de la Corona de Castilla. Estas se prolongaron desde el siglo XI, cuando la primitiva ciudadela musulmana fue conquistada por el rey Alfonso VI, hasta el siglo XV con los Mendoza como señores de estas tierras.

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Calle de la Coracha

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

La muralla de Buitrago del Lozoya tiene más de 800 metros de perímetro y cuenta con tres entradas. Dos situadas en el adarve bajo, al noroeste la entrada que da acceso al puente del arrabal y al este la puerta que da acceso a la coracha. Y otra puerta situada al sur en el adarve alto, protegida por su imponente torre albarrana. La muralla se asienta sobre un pronunciado meandro del río Lozoya, configurando a modo de península un triángulo escaleno. El río está actualmente retenido en el embalse de Puentes Viejas presentando actualmente una mayor anchura en su recorrido por Buitrago, pero antiguamente estaba encajado en un desfiladero con el río en su parte más baja, que actuaba como barrera defensiva natural por sus caras noreste, norte y noroeste.

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

 

La muralla configura dos tramos bien diferenciados: la primera en los lados contiguos al río, la muralla está conformada únicamente por un adarve bajo. Y la segunda en los restantes flancos, la construcción es mucho más sólida y consistente, ante la ausencia de una defensa natural, esta parte consta de un adarve alto, alrededor del cual se articulan doce torres adosadas, una torre albarrana, una barbacana, un foso, un castillo y una coracha, entre otros elementos característicos de la arquitectura militar medieval.

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Alcázar de Buitrago con la Iglesia de Santa María del Castillo al fondo

Adarve bajo: se trata del tramo de muralla que transcurre paralelo al río Lozoya. Debido a las posibilidades defensivas que este río aporta, la muralla no excede de los 6 metros de altura y 2 metros de grosor. Tampoco se construyeron torres ni cubos, pues habrían sido innecesarios. Solo cuenta con una serie de contrafuertes en su flanco este, y almenado en todo su perímetro.

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Adarve bajo

Adarve alto: abarca los flancos sur y suroeste de la muralla. En esta parte la altura es más heterogénea, no bajando de 9 metros y alcanzando los 16 metros en la parte correspondiente a la Torre Albarrana. En estos flancos el espesor es de 3,5 metros y, por ser la zona más vulnerable del recinto, sí se introdujeron numerosos elementos defensivos: cuenta con torreones macizos, barbacana, foso, coracha, una torre albarrana y un alcázar. Los torreones macizos se conservan casi en su totalidad presentando la misma altura que los lienzos. La barbacana se conserva un tramo en el lado suroeste con alguna de sus torres sin sobrepasar los 4 metros de altura y los 2 metros de grosor. Del foso, aunque se conservan algunos tramos, el paso de los siglos ha provocado que solo sean visibles desde los sótanos de las viviendas contiguas a él. La coracha se trata de un apéndice de muralla que se introduce en el río y cuya función era cubrir el acceso al agua en caso de sitio; se trata de uno de los ejemplos más importantes y mejor conservados de toda Europa. La torre albarrana, también conocida como Torre del Reloj, consiste en un gran bastión que protege la entrada principal del recinto. De planta pentagonal, contiene un acceso en recodo con un arco doble de herradura hacia el interior y uno ojival hacia el exterior.

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Vista del flanco suroeste, adarve alto reforzado con torreones macizos y barbacanas

 

Elementos constructivos más importantes:

Adarve

Un adarve (del árabe «ad-darb» o, según otras fuentes, «adz-dzir-we» como ‘muro de fortaleza’), adarve, camino o paseo de ronda, es un pasillo estrecho situado sobre una muralla, protegido al exterior por un parapeto almenado, que permitía tanto hacer la ronda a los centinelas, como la distribución de defensores.

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Vista del Castillo y de los restos del Adarve alto sobre la muralla desde la Torre Albarrana

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Entrada a la Torre Albarrana desde el Adarve alto

Barbacana

Una barbacana es una estructura defensiva medieval que servía como soporte al muro de contorno o cualquier torre o fortificación, adelantada y aislada, situada sobre una puerta, poterna o puente que era utilizada con propósitos defensivos. Las barbacanas estaban por lo general situadas fuera de la línea principal de defensa y conectadas a los muros de la ciudad por un camino fortificado. Tal fortificación era a menudo sólo un terraplén adosado al muro junto a la zona más vulnerable de un castillo o de una plaza fuerte. Este sistema defensivo se difundió ya en el alto medievo prácticamente en toda Europa también por su relativa simplicidad de construcción.

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Barbacanas y torres Macizas en el Adarve alto

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Torreones y Barbacana desde la Torre Albarrana

Torre Albarrana o Torre del Reloj

Una torre albarrana es una torre que forma parte de un recinto fortificado con el que está comunicada, aunque generalmente exenta de la muralla​ y conectada a esta mediante un pequeño arco o puente, que pudiera ser destruido fácilmente en caso de que la torre cayese en manos del enemigo. Puede ir también adosada como gran baluarte pero en este caso es de mayor tamaño que las demás. Según la RAE, albarrana proviene de la palabra albarrán, y esta a su vez del árabe hispánico al-barrāna (‘la de fuera’).​ Sirve de atalaya pero también para hostigar al enemigo que intenta acercarse o rebasar la muralla.

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Torre Albarrana

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Torre Albarrana

 

 

 

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Torre Albarrana

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

Coracha

Una coracha es una parte de la muralla que protege la comunicación entre una fortaleza y un punto concreto que no está lejos de dicha fortificación. Lo más común es que se utilice para proteger el acceso al lugar de suministro de agua cuando éste se encuentra fuera del recinto fortificado. La coracha suele terminar en una «torre del agua» que protege en su interior el pozo o la fuente de abastecimiento. A veces su adarve puede tener doble pretil, pues puede ser atacada por ambos flancos.

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Coracha

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Vista del río desde la puerta de la Coracha

Iglesia

La Iglesia de Santa María del Castillo fue concluida en el año 1321 y consta de una sola nave, de planta y alzados góticos. La entrada principal es de estilo gótico flamígero (siglos XV al XVII). La torre, de gran altura y esbeltez, es un bello ejemplar del estilo mudéjar. Del edificio original se mantienen los muros exteriores, la portada y la torre mudéjar, ya que fue incendiado el 14 de marzo de 1936 en el marco de la violencia anticlerical que precedió la Guerra Civil,​ hundiéndose en ese momento sus nervadas bóvedas de crucería. Actualmente, la nave de la iglesia está restaurada en estilo neomudéjar, y sobre el altar mayor se ha colocado el artesonado original del Hospital de San Salvador.

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Vista de la Iglesia y parte del Castillo desde la puerta de la Coracha

Castillo

El castillo de Buitrago del Lozoya es un conjunto arquitectónico gótico-mudéjar del siglo XV con planta rectangular, siete torres y un patio de armas central. Este recinto está enmarcado dentro de la muralla en su esquina sureste y cuenta con un foso que lo protegía de las invasiones. Las torres son todas diferentes entre sí, habiendo incluso una de planta pentagonal. El acceso se realiza por una puerta en forma de recodo que se sitúa bajo una de las torres.

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Vista del Castillo desde La Torre Albarrana

Su influencia árabe es evidente. Los materiales que se utilizaron para su construcción fueron el ladrillo, la cal y la piedra. Las torres presentan ladrillos colocados en bandas horizontales unidos por cal y enmarcados por bloques de piedra maciza. En los muros se utilizó el sillarejo, que es piedra labrada toscamente unida también con cal.

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Vista del Castillo y de la Torre Albarrana desde el Adarve Alto

Dentro del mismo castillo, son interesantes y dignos de mención los sistemas de cubrición mediante bóvedas constituidas por arcos de medio punto y por aproximación de hiladas, lo que le daba el toque decorativo al conjunto defensivo. El recinto además sirvió de palacio, por lo que también se adornó con yeserías y techumbres de gran calidad. Entre los personajes históricos que han residido entre sus muros cabe mencionar a Juana la Beltraneja, famosa por la guerra civil que mantuvo contra su tía Isabel la Católica.

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Castillo o Alcazar de Buitrago

El foso es una trinchera profunda, a veces llena de agua, excavada alrededor de una muralla o de un castillo para formar una barrera contra ataques a estas fortificaciones. Una fosa dificulta el acceso de las máquinas de asedio, como la torre de asedio o el ariete, que necesitan estar junto al muro para ser eficaces. Una característica muy importante es que dificulta mucho los intentos de minar los cimientos de los muros mediante túneles con vista a colapsarlos, por una parte obligando a profundizar más en la excavación y en caso de haber agua, esta inundaría esos túneles o causaría que se tuvieran que reforzar mucho. Actualmente no se puede apreciar en Buitrago, pero existen sus vestigios bajo las viviendas construidas en la parte exterior del Adarve alto de la parte sur de la muralla.

 

 

 

La Ermita de Santiago y … Juana «La Beltraneja» o «La Excelente Senhora»

Esta ermita en ruinas, a la que solo parecen hacer caso las cigüeñas que anidan sobre su espadaña, fue escenario de un acuerdo firmado entre los reinos de Castilla y Francia hace más de cinco siglos, mediante el que se quiso nombrar a una reina y unir dos naciones. La historia tomaría otros derroteros.

 

Diversas vistas de la Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya)

Hacia el 1470, Enrique IV, apodado por sus adversarios «El Impotente» por su manifiesta dejación conyugal, había nombrado heredera a su única hija Juana. Una parte importante de los nobles castellanos no lo aceptaron, pues sostenían que Juana no era hija del rey, sino de su favorito Beltrán de la Cueva. Por eso el mote de «La Beltraneja».

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Vista de Gargantilla del Lozoya desde el camino de la Ermita

 

Al parecer era falso, pues Beltrán no se encontraba con Juana de Portugal cuando pudo producirse el encuentro carnal. En cualquier caso, Enrique IV, obligado por la nobleza, firmó el Tratado de los Toros de Guisando, a los pies de la sierra de Gredos, por el que nombraba a su hermana Isabel heredera del trono, siempre que se casara con quien eligiese el rey. No debió quedar muy conforme, pues un par de años después se opuso a su hermana y a quienes la defendían, apostando de nuevo por Juana.

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Prados y bosques de fresnos de Valdelozoya

 

Isabel se casó en secreto con su primo Fernando de Aragón, lo que hizo que Enrique IV pactara con la corona francesa que su hija se casara con el duque de Guyena, revocando el pacto de Guisando. El 26 de octubre de 1470, los embajadores franceses, entre los que estaba el cardenal de Albi, y los nobles castellanos prestaron juramento de fidelidad a Juana como heredera legítima de la corona de Castilla. Según algunas fuentes, Enrique IV hizo testamento a favor de su única heredera, pero nunca apareció, siendo destruido al parecer por Fernando el Católico, tras la muerte de Isabel.

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Prados y bosques de Valdelozoya

 

Cuatro años después murió Enrique IV, resucitando el enfrentamiento entre los partidarios de Juana e Isabel. Vencieron los segundos, a pesar de que los primeros se aliaron con el poderoso reino de Portugal, a donde desheredada y despojada de todos sus títulos, Juana se retiró a un convento el resto de sus días.

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Prado de la Viña

 

Según cuentan las crónicas, esta Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya) fue el sitio elegido por ser el punto intermedio entre Buitrago de Lozoya, donde durmieron los castellanos, y el Monasterio del Paular, donde descansaron los franceses. La ermita era un importante epicentro del poderoso tercio de Santiago.

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Prado de la Viña

 

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Prado de la Viña

 

La aldea en torno a la Iglesia de Santiago. Tercio de Santiago. Un lugar de Valdelozoya. Don Moxe de Cuellar.

Durante el S.XII y hasta el 1390 existió un asentamiento ahora despoblado, situado en el actual término municipal de Gargantilla del Lozoya en la Comunidad Autónoma de Madrid, y en el que como vestigio de lo que fue, aún se levantan las paredes y la espadaña de la Iglesia de Santiago.

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A finales del siglo X y durante los cien años siguientes, el Valdelozoya es un territorio de nadie en el que se sucedían enfrentamientos y escaramuzas. En el 1085 los señoríos segovianos conquistan este territorio en su avance hacia Magerit y Toledo, iniciándose un proceso de cristianización con la construcción de pequeñas Iglesias en los bosques de robles, lo cual daría lugar a los primeros asentamientos donde cohabitaron mudéjares, cristianos y judíos.

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Estas Iglesias no solo eran lugares de culto, el tañido de sus campanas marcaba las horas del día, también era una forma de control de una población diseminada formada por colonos llegados del Norte, fundamentalmente de Segovia y Navarra.

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Aquellas primeras edificaciones hechas con materiales constructivos muy simples de adobe y madera desaparecen, y sobre sus cimientos, ya en el siglo XII se levantan nuevos templos de piedra y ladrillo siguiendo el estilo «mudéjar». De aquel momento quedan las Iglesias de San Mamés, Navarredonda, Villavieja y Santiago. Gargantilla se fundará cuatro siglos después.

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Según las crónicas históricas estas tierras eran conocidas como «Tercio de Santiago». En 1470, la Heredad de Santiago era propiedad de Don Moisés de Cuellar (Moxe o Mose en hebreo), siendo el «Prado de la Viña» uno de los pagos que lo comprenden, que son parte de los prados que rodean la Iglesia de Santiago y al que los historiadores se refieren como «un lugar de Valdelozoya».

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Arroyo de Santiago

 

Habría que imaginarse unos territorios en los que solamente la luz del sol y la campana de la Iglesia, desde el amanecer hasta el ocaso, marcaba la actividad cotidiana de sus pobladores, musulmanes, judíos y cristianos, todos nacidos en estas tierras. Los oficios de aquel momento eran los relacionados con las labores del campo y la supervivencia; la cantería, tejería, carboneo, herrería, cestería, odrería, cerería, pergaminería, platería, arriería.

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Ranúnculos acuáticos en el arroyo de Santiago

 

Hasta 1492 se mantuvieron en pie pequeñas construcciones utilizadas para cobijar el ganado, y a los aparteros y cuidadores que estaban al servicio de Don Moxe Cuellar, propietario de todas estas tierras, y una de las personas más ricas y poderosas de todo el Valle del Lozoya. La Heredad se encontraba limitada por los montes circundantes, en el “Exido de la Aldehuela”, y el cauce natural del río Lozoya, al que sus pobladores se referían como “el río mayor”. Distaba cuatro leguas del Castillo de Buitrago de Lozoya, propiedad y residencia de los Duques del Infantado, título nobiliario que ostentaría la Casa de Mendoza. En un inventario encargado por estos, se confirmaba a la Heredad de Santiago como un núcleo de población hasta 1390, pasando a ser caserío propiedad de Moxe Cuellar hasta 1492, fecha en la que los judíos fueron expulsados por los reyes católicos. En el entorno de la Ermita, según el dicho inventario: … «ay en la heredad tres pares de casas donde biven los quinteros e pastores e donde queseavan e unas casas que dicen de la cuadra donde come el ganado de invierno e encierran yerba» … «unas casas fechas nuevas en que lavava su lanas … Mose e los otros judíos de Buitrago que es todo dentro de la heredad» … Había un lavadero de lana para uso exclusivo de judíos, lo que indica la gran cabaña que poseía y como en ese momento el ganado lanar representaba uno de los mayores ejes del comercio existente, se puede afirmar que, junto al Duque del Infantado, ambos formaban una “oligarquía ganadera”.

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Arroyo de Santiago

 

El prestigioso geógrafo Al-Idrisi describió esta zona… “en los altos montes llamados Al-Sarat situados a alguna distancia al norte de Toledo pastan grandes rebaños de ovejas y vacas que los mercados de ganado venden en puntos lejanos y cuya fama es proverbialmente conocida”. Las propiedades de Don Moxe se extendían también a las poblaciones vecinas de Pinilla y Villavieja, lo que la convertían en una de las mayores haciendas comprendidas en los límites del Infantado.

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Arroyo de Santiago

 

Existía un camino que partía de la Villa de Buitrago, de la cual dependía toda la comarca, que bordeando el Lozoya atravesaba todo el valle, hasta la cartuja de El Paular. El «Camino del Cartero», vía de comunicación histórica que discurría junto al río desde Buitrago al pueblo de Lozoya, atravesaba por un pequeño puente ya desaparecido al construirse la presa de Riosequillo y continuaba cruzando el arroyo Buitraguillo por el puente de Cal y Canto, ya en tierras de Villavieja donde aún subsiste la espadaña de la ermita de la Trinidad. La subida valle arriba continuaba por el margen derecho hasta llegar a Pinilla de Buitrago y posteriormente a la Heredad de Santiago, lugar en el que se encontraba el lavadero de lanas de Moxe Cuellar, en el Valdelozoya, continuando su trazado hasta el Monasterio de Santa María de El Paular y el puerto de Malagosto, así como el de la Fuenfría, conocido por las andanzas del Marqués de Santillana. Esta senda de herradura desapareció en algunos tramos de su recorrido bajo las aguas de los embalses de Pinilla y Riosequillo. Llegada la noche los caminos se hacían inhóspitos y peligrosos por la abundancia de alimañas y los asaltacaminos. En invierno las nieves dejaban incomunicadas las aldeas de Valdelozoya.

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Arroyo de Santiago

 

Según los apuntes históricos, en este lugar existió hasta 1390 una pequeña aldea llamada Santiago, de la cual solo quedan los restos de la Iglesia. La Iglesia está construida con piedra y ladrillo en la que resalta majestuosa su hermosa espadaña, el ábside y el arco apuntado son de estilo mudéjar, y la portada es de estilo gótico mudéjar. En la fachada oeste, se pueden observar a la puesta de sol una serie de inscripciones de carácter funerario. Debió de ser a lo largo del siglo XVII, cuando se fue produciendo el expolio de la pila bautismal y las campanas hasta llegar hasta el estado actual de ruina. Hacia 1785 el párroco de la Iglesia de San Benito de Gargantilla describe las ruinas con su torre y sus dos troneras para las campanas y en su inmediación se ven ruinas y cimientos.

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Iglesia de San Benito, Gargantilla del Lozoya

 

Es en este escenario donde se produce el encuentro del monarca Enrique IV y el séquito que acompañaba a la niña Juana con la embajada francesa el 26 de Octubre de 1470. Se oficia una singular ceremonia en la que los nobles castellano juran a la Princesa Juana como legítima heredera al trono, oficiándose las capitulaciones matrimoniales entre el Conde de Boulogne, que representa al Duque de Guyena, hermano del rey Luis XI de Francia y la hija del rey Enrique IV de Castilla.

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Gargantilla reclama su lugar dentro de la historia

 

Unos apuntes históricos de la época de los Trastámara.

 

Doña Juana de Trastámara «La excelente senhora».

La figura que pudo ser reina, aparece en los anales de la historia de Gargantilla del Lozoya. Conocida como «La Beltraneja», hija de Enrique IV y Juana de Portugal, era la legítima heredera del trono de Castilla, ya que fue jurada como Princesa de Asturias en las Cortes de Madrid. Pero las intrigas, ambiciones y maldicencias de la nobleza impidieron su ascenso al trono de Castilla. De no haber sido así, el término de Santiago habría marcado un hito importante en la historia de España.

En Portugal le fue concedido el título de Excelente Senhora». En ciertos documentos Juana firma como «Yo, la Reina» y timbra con su blasón acompañado del lema «Memoria de mi derecho».

Puesta bajo la protección de Don Íñigo López de Mendoza y Figueroa por su padre el rey, en el castillo de Buitrago, este defendió siempre su causa.

Casada por poderes a la edad de ocho años, el día 26 de Octubre de 1470, con el Duque de Guyena, hermano del rey de Francia Luis XI, en el prado de la Viña, junto al actual cementerio de Gargantilla del Lozoya.

En este mismo acto se anuló el Pacto de Guisando, mediante el cual se consideraba Princesa heredera a Isabel, hermana del rey Enrique IV.

El nacimiento de Juana, el 21 de Febrero de 1462, se recibió con alegría por todos, reconociéndola como Princesa de Asturias y como legítima heredera de la corona de Castilla, incluso por los dos hermanos de Enrique IV, Alfonso e Isabel, que hasta ese momento habían sido candidatos al trono.

Isabel actuó como madrina en su bautismo y el Marqués de Villena lo hizo como padrino. Pero el rey que seguía impulsando la figura de Don Beltrán de la Cueva, provocando la ira del Marques de Villena, el cual calumnió a toda la familia Real, afirmando que la Princesa Juana no era hija del Rey, sino de Beltrán de la Cueva. La acusación causó un efecto inmediato y se extendió por todo el reino de Castilla, valiéndole a Juana el injusto apodo de «La Beltraneja».

Tras la muerte de Enrique IV en 1474 se proclama reina Isabel, pero su sobrina Juana se enfrenta y comienza una cruel guerra de sucesión.

Juana contaba con doce años e Isabel con veintitrés, y en 1475, en plena contienda, Juana contrajo matrimonio con su tío el rey Alfonso V de Portugal, que tenía 43 años. En ese momento hay en Castilla dos reinas, pero en 1479 terminan venciendo los partidarios de Isabel, que además eran mayoría, tras firmar el tratado de Alcazovas, Juana se ve obligada a renuciar al trono de Castilla, teniendo que marchar a Portugal, abandonando su país. La legítima reina de Castilla eligió la vida espiritual y desde 1480 aquella pequeña niña que se había casado ya dos veces fue una monja más en el Convento de Santa Clara de Coimbra. El rey de Portugal le permitió vivir en un palacio de Lisboa desde el año 1500, rodeada de una pequeña corte, hasta el año de su muerte en 1530. Fernando el Católico, al quedar viudo en 1504, y para impedir que en Castilla reinase Felipe el Hermoso, pensó en casarse con su sobrina Juana y así reforzar su posición en Castilla, pero Juana lo rechazó.

Con los datos existentes sería lógico reequilibrar la historia, y sin merma del prestigio de los Reyes Católicos conceder a los otros personajes el lugar que merecen. Seguir llamando a este personaje «La Beltraneja» es injusto, dado que el apodo es producto de luchas y envidias por conseguir el poder, además de ser falso.

Isabel I de Castilla.

Isabel I de Castillla (1451-1504) fue reina de Castilla desde 1474 hasta 1504, reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479,​ por su matrimonio con Fernando de Aragón. Se la conoce también como «Isabel la Católica», título que les fue otorgado a ella y a su marido por el papa Alejandro VI mediante la bula «Si convenit», el 19 de diciembre de 1496.​ Es por lo que se conoce a la pareja real con el nombre de Reyes Católicos.

Se casó el 19 de octubre de 1469 con el príncipe Fernando de Aragón. Por el hecho de ser primos segundos necesitaban una bula papal de dispensa que solo consiguieron de Sixto IV a través de su enviado el cardenal Rodrigo Borgia en 1472. Ella y su esposo Fernando conquistaron el reino nazarí de Granada y participaron en una red de alianzas matrimoniales que hicieron que su nieto, Carlos, heredase las coronas de Castilla y de Aragón, así como otros territorios europeos, y se convirtiese en emperador del Sacro Imperio Romano.

Enrique IV de Trastámara.

Accedió al trono de Castilla a la edad de veintinueve años en 1454. Amante de la música, culto y respetuoso con los que le rodeaban, siguió con la tradición de los Trastámara y fue el gran ideólogo de una monarquía-estado.

Su reinado duró dos décadas, la primera década fue un periodo de tranquilidad social y de autoridad indiscutida, su prestigio es reconocido dentro y fuera del reino. Pero no así en la segunda década, en la que se enfrenta a la nobleza y sobre todo a Juan Pacheco, Marqués de Villena. Una consecuencia es la firma de los pactos de Guisando, de los que no hay documentación, en los que se reconoce a su hermana Isabel como heredera del trono, aunque dos años después los invalida aquí, en la iglesia de Santiago.

Don Beltrán de la Cueva.

Enrique IV, con el fin de contrarrestar la influencia a la que se ve sometido por el favorito Juan Pacheco, marques de Villena, hace venir al joven hidalgo de Úbeda y le concede el título de Conde, además consigue del Marqués de Santillana la entrega de su hija Mencia de Mendoza en matrimonio. De esta manera el joven Don Beltrán consigue emparentar con el linaje de Mendoza, una de las familias más poderosas del reino. Su ascenso se debió a la determinación de Enrique IV de encontrar la lealtad en hombres nuevos. Esto le genera poderosos enemigos que encuentran su mejor arma en la difamación. La decadente nobleza castellana y el favorito, de manera insidiosa se encargarán de correr la voz haciéndole pasar por el padre de Doña Juana, desde entonces esta fue injustamente apodada como «La Beltraneja».

Don Juan Pacheco, Marques de Villena.

Don Juan Pacheco es considerado como uno de los personajes más intrigantes del reinado de Enrique IV. Puesto al servicio del Infante don Enrique, cuando aún era príncipe de Asturias supo ganarse su voluntad y desde 1440 fomentó las intrigas del príncipe contra su padre Juan II y su valido (Álvaro de Luna).

El Marqués de Villena, convertido en favorito de Enrique IV, domina el Consejo Real, plataforma que sólo utilizó para enriquecerse. Tras la muerte del Infante Alfonso fue el artífice de la Concordia de los Toros de Guisando (18 de Septiembre de 1468), por la que Enrique IV reconocía como heredera del reino a su hermana Isabel, en lugar de su hija Juana (La Beltraneja).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Camino del Purgatorio

Las cascadas del Purgatorio de Rascafría.

No se sabe a ciencia cierta quien puso el nombre a este recóndito lugar, puede ser que se le ocurriese a algún cartujo del cercano Monasterio del Paular (Rascafría), pero es fácil imaginar que lo hiciera alguien, fuese religioso o no, que hubiera leído la Divina Comedia de Dante Alighieri.

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Cascada del Purgatorio desde el mirador

 

Las cascadas del Purgatorio son un pequeño conjunto de saltos de agua situadas en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central, en la cabecera del valle del Lozoya, en la vertiente norte de la alineación montañosa de Cuerda Larga, dentro del término municipal de Rascafría, en el noroeste de la Comunidad de Madrid.

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Arroyo Aguilón

 

Las cascadas se localizan en el arroyo del Aguilón, uno de los afluentes más caudalosos del río Lozoya, en el punto en que supera una barrera rocosa a través de un estrecho desfiladero. Hay dos saltos principales: la cascada Baja, un salto de agua muy vertical de una altura de 10 metros y situada a una altitud de 1350 metros, y a unos 200 metros aguas arriba, la cascada Alta. Este segundo salto es de 15 metros y está más encajonado.

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Monasterio del Paular desde el Puente del Perdón

 

Para llegar a ellas, se pueden utilizar las diversas pistas que recorren la cabecera del arroyo Aguilón. La ruta más utilizada por los excursionistas, de 6 km de longitud, parte del monasterio de Santa María del Paular, desde este punto, se atraviesa el puente del Perdón que queda enfrente y de aquí se continua por la antigua carretera de Madrid, el Camino Viejo de Madrid.

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Río Lozoya desde el Puente del Perdón

 

Tras dejar a la derecha la zona recreativa de Las Presillas, se toma un desvío a la izquierda convenientemente señalizado. Después se llega a un puente de madera sobre el arroyo Aguilón que hay que cruzar, aquí acaba el camino y comienza un sendero serpenteante y estrecho de 1,5 km de longitud, que remonta aguas arriba el arroyo hasta las cascadas, llegando así a un mirador de madera situado en frente de la cascada Baja.

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Puente de madera sobre el arroyo Aguilón

 

El acceso a la cascada Alta no se ve desde este punto, exige salvar la gran roca que hace de pared o dar un rodeo campo a través por el pedregal de fuerte pendiente que queda en la margen izquierda de la cascada baja.

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Cascada del Purgatorio, arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Primavera en el Arroyo Aguilón

 

El Purgatorio de Dante

El Purgatorio es el segundo de los tres cantos de La Divina Comedia. Lo antecede el canto del Infierno y le sigue el canto del Paraíso. El Purgatorio de Dante se divide en siete escalones, en los cuales se expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Su estructura es la imagen inversa del Infierno, pues si el Infierno es un abismo, el Purgatorio es una montaña, y el orden de las penas en el camino de Dante va del pecado más grave (la soberbia) al más leve ( la lujuria, o sea, el amor que se excede en la medida). Al pie de la montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre

Cada escalón de la montaña tiene un Ángel custodio, precisamente son los Ángeles de la humildad, de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad. En cada escalón del Purgatorio, los que expían las culpas tienen ante sí ejemplos del vicio castigado y de la virtud opuesta. En la entrada del Paraíso terrestre las almas del Purgatorio ya están salvadas, pero antes de llegar deben subir la montaña para expiar sus pecados como hacían en los tiempos de Dante los peregrinos que se dirigían hacia Roma o hacia Santiago de Compostela para hacer penitencia. Cada alma debe por consiguiente recorrer todo el camino y purificarse en cada escalón del pecado correspondiente. El Purgatorio tiene la función específica de expiación, reflexión y arrepentimiento, y es solo a través del camino, es decir de la peregrinación hacia Dios, que el alma puede aspirar a la redención. Esto también vale para Dante, quien al principio tiene grabadas en la frente siete «P», que simbolizan los siete pecados capitales. Al final de cada escalón el ala del Ángel custodio borra una de ellas, indicando que el pecado específico ha sido expiado.

 

 

El embalse de El Villar

Casi todos los años por estas fechas, podemos ver uno de los saltos de agua más interesantes de la sierra madrileña. Dicho salto de agua sólo se puede ver cuando el embalse de El Villar supera el 100% de su capacidad y el agua rebosa por uno de sus laterales en una impresionante cascada de unos cincuenta metros de altura.

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El embalse de El Villar está situado en el curso bajo del río Lozoya y aguas arriba del embalse de El Atazar, en la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama perteneciente a la Comunidad de Madrid. Se trata del embalse más antiguo en funcionamiento de toda la región y en consecuencia de todo el sistema de embalses del Canal de Isabel II, red hidráulica que suministra el agua potable a la capital de España.

Tras el fiasco que supuso la inauguración del Pontón de la Oliva (embalse que nunca llegó a funcionar a pleno rendimiento por culpa de las filtraciones de agua), el Canal de Isabel II encargó una nueva presa aguas arriba del río Lozoya, a unos 50 metros por bajo de un antiguo puente denominado El Villar. Este puente, y por tanto la presa, deben su nombre a un poblado hoy en día desaparecido. La obra comenzó en 1869 y estuvo proyectada y dirigida por los ingenieros Elzeario Boix y José Morer.

Se escogió una garganta cerrada y profuda para ubicar la presa, al igual que se hizo anteriormente en el Pontón de la Oliva. Boix, que era gran admirador de las infraestructuras hidráulicas que por aquella época se construían en otros países de Europa, diseñó una original presa de gravedad de planta curva que supuso todo un alarde innovador de ingeniería, ya que fue la primera presa de este estilo construida en todo el mundo. Su característica curvatura es la que ayuda a la estructura de la presa a soportar mejor las presiones laterales. Fue terminada e inaugurada en 1873 como la presa más alta de España, marca que en la actualidad ya ha sido superada. A lo largo de más de un siglo ha sido sometida a diversas reformas y actualmente sigue prestando servicio.

En 1911 se puso en servicio el canal de El Villar, denominado por entonces canal Transversal, a través del mismo se podía suministrar agua a Madrid, tomándola directamente del embalse. Entre los años 1916 y 1934, se construyeron en sus márgenes diversos canales perimetrales para mejorar la calidad del agua que desde este embalse se suministraba a la población madrileña.

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La presa tiene 107 metros de longitud y 5 metros de anchura en la coronación. La altura del muro es de 50,50 metros. Puede almacenar hasta 22,4 hm³ de agua y ocupa una superficie de 144 hectáreas a Nivel Máximo Normal que conforman 20 kilómetros de ribera. La fábrica de la presa es de mampostería unida con cal hidráulica con remates de sillería. Dispone de torre de toma independiente del cuerpo de presa, y un aliviadero de labio fijo en la margen derecha. Se convirtió en todo un referente dentro de las obras hidráulicas de su época, al ser la primera presa de gravedad de planta curva construida del mundo.

En 1994 se puso en servicio una pequeña central eléctrica alojada en una caverna excavada en el margen derecho del río, junto a la presa, y alimentada desde una torre de toma, también de nueva construcción, que aprovecha la energía del agua al ser desembalsada hacia el embalse de El Atazar. La instalación está equipada con una turbina Francis de eje vertical, para un caudal de 17 metros cúbicos por segundo, con un salto bruto máximo de 42 m y una potencia de 5.990 kw.

Las características técnicas de esta presa (según fuentes del Canal de Isabel II) permiten almacenar agua equivalente al 110% de su capacidad. El embalse de El Villar está construido de tal manera que sólo puede verter agua por arriba y cuando lo hace, el excedente va a parar al embalse del Atazar.