El Bosque Finlandés de Rascafría.

Situado en el valle de El Paular, en el Valle Alto del Lozoya, rodeado de las montañas más altas de Madrid y probablemente en uno se los espacios naturales más bellos de toda la Comunidad de Madrid, nos encontramos con uno de los bosques más pintorescos e insólitos de toda la sierra. Se trata del Bosque «El Potario», más conocido popularmente como el «Bosque Finlandés», que recibe este nombre debido a su curioso parecido con los bosques de Finlandia.

Vista de Peñalara desde Rascafría

El bosque está ubicado en el término municipal de Rascafría, en la ribera sur del río Lozoya y aguas abajo del Puente del Perdón, entre el Monasterio Santa María de El Paular y el pueblo de Rascafría.

Río Lozoya

El mejor modo para llegar a este bosque es partiendo del Monasterio para cruzar el Puente del Perdón y tomar en dirección este el llamado «Camino del Papel» dentro de la finca de «Los Batanes». Según parece, los monjes que habitaban el Monasterio aprovechaban las aguas de Lozoya para la pesca, sus prados para el pastoreo y el bosque para la producción de papel. Se dice que fueron estos monjes cartujos los que suministraron el papel para la primera impresión de El Quijote en 1605. Estos monjes recorrían este camino desde el Monasterio hasta el molino de papel, hoy en día en ruinas.

En el Bosque podemos ver un pequeño lago con un embarcadero y una cabaña de madera con ventanas rojas que en origen fue una sauna. La estampa nevada de este conjunto, junto con los árboles que crecen alrededor (abedules, álamos, abetos …) es lo que da al lugar la sensación de estar en otras latitudes, en un bosque típico del centro y norte de Europa, de ahí el nombre de Bosque Finlandés.

Monasterio de Santa María de El Paular.

Ubicado en el valle alto del Lozoya, desde su fundación en 1390 y hasta el siglo XIX fue un Monasterio Cartujo. En 1954 empezó a operar como una abadía benedictina.

Las obras de construcción del cenobio cartujo dieron comienzo en 1390 por orden de Enrique II de Castilla y se prolongaron durante varios siglos. La ubicación fue elegida por el monarca, que según cuenta la tradición, decidió que el Monasterio fuese de la orden Cartuja, debido a que durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un Monasterio de la misma orden. Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de su construcción, junto a una Ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta Ermita aún existe, aunque rebautizada como capilla de Nuestra Señora de Monserrat.

El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para use y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la Catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia, así como del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo XV, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe ebe a Rodrigo Gil de Hontañón.

La Iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475-1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el monje cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación. Esta sillería de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia.

Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de diecisiete escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo XV. Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar, algunos de ellos parcialmente labrados y que han aparecido con motivo de recientes obras. Está perfectamente conservado , y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor.

Puente del Perdón

El Puente del Perdón es un puente de piedra sobre el río Lozoya , que data de mediados del siglo XVIII. Originalmente fue erigido a comienzos del siglo XIV, en 1302, justo enfrente del Monasterio de El Paular, para sortear el curso del río Lozoya. Las crecidas del río y la dura climatología invernal del Valle Alto del Lozoya deterioraron en puente, por lo que a mediados del siglo XVIII fue reemplazado por uno nuevo, que es el que existe actualmente. Está edificado en sillería de granito y cuenta con tres arcos de medio punto y dos descansaderos levantados sobre los pilares, que cuentan con dos bancos de piedra.

Sirvió a los monjes de via de acceso hacia el molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Como ya comentamos antes, de esta explotación salió el papel donde se imprimió la primera parte de Don Quijote de la Mancha en Madrid en 1605.

Dado el aislamiento del Valle del Lozoya, separado de Madrid y Segovia por dos cordilleras con cotas superiores a los 2000 metros de altura, las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados volvían sanos y salvos. Si no era así, los alguaciles les conducían a la casa de la horca, situada a unos dos kilómetros en dirección al puerto de Cotos.

Vista del Monasterio desde el puente del perdón
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La Najarra y la Cabra Montés

Hoy toca visitar una de las montañas más emblemáticas de la sierra de Guadarrama. De fácil acceso desde el puerto de la Morcuera, forma parte de la Sierra de la Cuerda Larga y es la cima más oriental de dicho cordal.

Vista de la subida al Puerto y Sierra de la Morcuera
Sierra de la Morcuera desde la subida a La Najarra
Vista hacia el Valle del Lozoya desde la subida a la Najarra
Punto geodésico de La Najarra

La Najarra

Se trata de una montaña de la Sierra de Guadarrama (sierra perteneciente al Sistema Central). Está ubicada en el límite de los términos municipales de Miraflores de la Sierra y Soto del Real, al sur, y Rascafría, al norte, (Comunidad de Madrid) y en el límite oriental de la alineación montañosa de Cuerda Larga.

Vista de la Najarra desde los canchos de la zona este.

La Najarra tiene una altura de 2108 metros (el vértice geodésico) y de 2120 metros la cumbre verdadera. Con frecuencia, las guías y algunos mapas citan erróneamente la altura del antiguo vértice geodésico, como altura máxima de la cumbre. Es la última cumbre del extremo este de la cuerda larga y con ella finalizan en esa zona las cumbres superiores a los 2000 metros de la zona este de la sierra de Guadarrama. Se le considera el lugar donde limitan la Cuerda Larga y la Sierra de la Morcuera, dos cordales con una orientación muy similar.

Vista al oeste, a la izquierda las primeras cumbres de la sierra Larga, al fondo Peñalara y más a la derecha los Montes Carpetanos

La vertiente sur, hasta una altura aproximada de 1800 metros, está cubierta casi enteramente por un bosque de Pinos Silvestres, y en su ladera norte está el Puerto de la Morcuera (1796 m), lugar desde el que sale la Travesía de Cuerda Larga, camino que pasa por la cima de La Najarra. Esta montaña cuenta con una caseta a modo de refugio no guardado (Hotel Bizcocho), con capacidad para dos personas, usado desde antiguo en verano para vigilancia de incendios y que carece de agua, puertas y ventanas ni comodidad alguna, por cuanto solo sirve como abrigo eventual, situado cerca de su línea cimera (en la zona que asoma al Hueco de San Blas), lugar habitualmente usado como punto de partida o llegada para hacer la Cuerda Larga en dos jornadas.

Vista del refugio «Hotel Bizcocho»

Su adelantada posición hacia el este y el sur, así como su todavía considerable altitud la convierten en un magnífico mirador. Al norte se puede contemplar buena parte del Valle Alto del Lozoya, Peñalara, las cumbres de los montes carpetanos y la parte del puerto de la Morcuera perteneciente a Rascafría. Al Este toda la Sierra de La Morcuera incluyendo la subida del puerto desde Miraflores, Mondalindo, Sierra de La Cabrera, Sierra del Rincón. Al Sur el cerro de San Pedro y las localidades existentes hasta Madrid. Y al Oeste el resto de cumbres de la cuerda larga, de la que la Najarra es la cumbre más oriental.

Vista al Norte desde el refugio, piornal en la ladera norte de la Najarra, pinar en le vertiente del puerto de la Morcuera en dirección a Rascafría y al fondo los Montes Carpetanos.

Desde el punto de vista faunístico cabe destacar sus colonias de buitres, con nidos en las zonas más escarpadas de la línea cumbrera. La aspereza de su vertiente norte contrasta con la amabilidad de la sur, tapizada de densa vegetación, donde pueden reconocerse diversas especies animales como el corzo, la cabra hispánica (introducida recientemente en la zona del Hueco de San Blas), el jabalí, águila culebrera, cucos, picopicapinos, abubilla, herrerillos, diversas rapaces nocturnas y un largo etcétera.

Vista hacia el Este desde el piornal de la ladera Norte de la Najarra.

Cabra Montés

La cabra montés o íbice ibérico (Capra pyrenaica)​ es una de las especies de bóvidos del género Capra que existen en Europa. Las otras especies del género son el íbice alpino o cabra de los Alpes (Capra Ibex), el íbice siberiano (Capra Sibirica), el tur del Cáucaso occidental (Capra Caucasica), el tur del Cáucaso oriental (Capra Cylindricornis), la cabra salvaje o cabra bezoar (Capra Aegagrus), el marjor (Capra Falconeri), el íbice de Nubia (Capra Nubiana) y el íbice de Etiopía (Capra Walie). Antiguamente repartido por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal, el íbice ibérico es un endemismo que actualmente se encuentra principalmente en las áreas montañosas de España y del norte de Portugal.

El género Capra llegó a la península ibérica, al igual que el resto de Europa, seguramente a finales de Plioceno, procedente de Asia. La consolidación de estas poblaciones y su adaptación a los ecosistemas ibéricos, así como el aislamiento de la península en numerosas ocasiones debido a las glaciaciones, produjeron un proceso de diferenciación y especiación de las poblaciones ibéricas hasta dar lugar a la actual Capra pirenaica.

El íbice ibérico es una especie con fuerte dimorfismo sexual, al igual que muchos otros bóvidos. Las hembras miden unos 1,20 metros de largo y 0,60 metros de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kilogramos. Tiene cuernos bastante cortos y se parece bastante a una cabra doméstica, aunque la cabra doméstica tendría su origen en la cabra bezoar (Capra Aegagrus) o en el marjor (Capra Falconeri).​ Los machos, en cambio, pueden llegar a los 1,48 metros de largo y tener una altura de 0,77 metros en la cruz, alcanzando un peso máximo de 110 kilogramos. Los cuernos de los machos son notablemente gruesos y pueden llegar a ser el triple de largos que los de las hembras. Están más separados entre sí que los cuernos de otras especies del género Capra. Los machos adultos tienen también una cara más alargada y la típica barba de chivo oscura bajo la mandíbula.

El color y longitud del pelaje varía según las subespecies y la época del año, tornándose más largo y grisáceo en invierno. Tras las mudas de pelo de Abril y Mayo, el color es pardo o canela, con manchas oscuras en la parte inferior de las patas que en los machos adultos pueden extenderse hacia los costados, hombros y vientre. La parte central de este es blanca en ambos sexos, y la cola negra y corta (12-13 cm.). La fenología del pelaje podría ser uno de los factores importantes en los ciclos estacionales de algunos parásitos transmitidos por contacto como son por ejemplo los ácaros causantes de la sarna sarcóptica.

Esta especie se desenvuelve por igual de día y de noche, aunque sus máximas horas de actividad se localizan por la mañana y a finales de la tarde, cerca del crepúsculo. En invierno desarrollan su actividad en las horas centrales del día, que es cuando hace más calor.

Son animales sociables, pero cambian a menudo de manada. Esta puede estar constituida por machos adultos, hembras con sus crías o adolescentes de ambos sexos (en este último caso, solo durante el verano). Los machos y las hembras adultas se reúnen en la época de celo, en los meses de Noviembre y Diciembre, caracterizados por los violentos combates cabeza contra cabeza de los machos. La inversión en masa testicular es un factor muy importante en los procesos de selección sexual. En el íbice ibérico esta inversión es mayor durante la temporada de celo, especialmente en edades en las que los individuos son subordinados que optan por una estrategia reproductiva de persecución y no de monopolización de la hembra.​ Las crías (una misma hembra puede parir dos o tres chotos) nacen en Mayo.

Habitan tanto en bosques como en extensiones herbáceas, en cotas montañosas de entre 500 y 2500 metros sobre el nivel del mar, subiendo en verano incluso por encima de los 3000 metros. La protección de que disfrutan ha hecho que se distribuyan a zonas antes totalmente impensables como zonas costeras de Málaga, Granada o Almería, donde ocasionalmente pueden ser vistas a la orilla del mar. La dieta es predominantemente herbácea, aunque en invierno se torna más arbustiva. Si es necesario, excavan en la nieve para acceder hasta la vegetación.

La cabra montés cuenta con lobos, osos y águilas como depredadores naturales, pero estos han desaparecido en los últimos tiempos de amplias zonas de su distribución. La caza de esta especie por parte del Hombre se producía ya en la Prehistoria, primero a cargo del Hombre de Neandertal y desde hace cuarenta mil a treinta y cinco mil años, por el Homo Sapiens. Son abundantes sus restos en las cuevas paleolíticas y aparece representada con frecuencia en las pinturas rupestres de toda la península ibérica.

Con la introducción de la agricultura y el aumento de la población humana (y con ello, de la caza), su población desapareció de varias zonas y en otras menguó ostensiblemente. En tiempos recientes, el hecho de ser una especie única en el mundo, endémica de la península, la convirtió en una cotizada especie de caza mayor. Se tiene constancia de la llegada expresa de cazadores procedentes de Francia y Reino Unido durante los siglos XIX y XX, especialmente al Pirineo, buscando cazar algún ejemplar y conseguir un trofeo.

Al igual que para otras especies de ungulados de montaña, los parásitos y las enfermedades tienen también un papel importante como regulador de las poblaciones. Sin embargo, alteraciones en las relaciones ‘parásito-hospedador’ conducen en ocasiones a marcados desequilibrios y a epizootias. Por ejemplo, la sarna sarcóptica, endemia en algunas zonas, también es capaz de poner en riesgo algunas poblaciones. Esta enfermedad, a veces mortal para los íbices, afecta de forma desigual a los machos y a las hembras,​ y limita las capacidades reproductivas de los individuos.​

A finales del siglo XIX la población de cabra montés estaba en rápida regresión, habiéndose extinguido la subespecie gallego-portuguesa. Alfonso XIII de España creó en 1905 el Refugio Real de Caza de la Sierra de Gredos para limitar la caza de este animal en la zona y salvar así a la entonces reducida población local, pero no tomó mayores medidas por el salvamento de la especie. No fue hasta 1950 cuando comenzaron a crearse numerosas reservas para proteger la cabra montés, aunque en muchos casos no se crearon políticas adecuadas al efecto. La extinción reciente del bucardo se debe en buena medida a ello, reducido a solo veinte ejemplares en 1970 y condenado por tanto a la desaparición en unas pocas décadas. La falta de cabras monteses para las cacerías intentó cubrirse durante el tardo franquismo con la introducción de otros bóvidos foráneos, como el muflón y el arruí, especies que han tenido un impacto desigual sobre la flora y fauna local y en algunos casos han puesto aún más en aprietos a la cabra montés, pues compiten con ella por los mismos recursos.​ La competición por el alimento con el ganado doméstico, el riesgo de hibridación con la cabra doméstica y el riesgo de selección artificial por y para la actividad cinegética​ son también factores de riesgo para la conservación de algunas poblaciones.

Las subespecies que sobreviven podrían sumar cerca de cincuenta mil ejemplares, presentes en su mayor parte en Sierra Nevada, Gredos, Las Batuecas, Los Puertos de Morella, Muela de Cortes, Serranía de Cuenca, Alcaraz, Sierra Madrona, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla, Sierra de Segura, Sierra Sur de Jaén, Los Filabres, Sierra de las Nieves y Montes de Cádiz. También se han introducido unas cuantas cabezas en varios puntos del sector peninsular, como la Sierra de Guadarrama o el término municipal de Albadalejo (Ciudad Reall).

En el año 2006 trece ejemplares de cabra fueron reintroducidos en Doney de la Requejada, Sanabria.​

La Junta de Galicia lleva a cabo un plan de reintroducción a gran escala en la Comunidad Autónoma Gallega desde 2003. Mientras que la caza de la especie no está permitida en muchas zonas, en otras, como en Gredos, se usa como medio para controlar su población debido a la escasez de depredadores naturales, a la vez que proporciona valiosas aportaciones a las economías locales.

Ha sido reintroducida en la Cordillera Cantábrica a partir del núcleo cautivo de Riaño, existiendo diversos núcleos en los Ancares y el Parque Regional de Picos de Europa en Castilla y León y observándose individuos dispersivos en Asturias y Liébana. A medio plazo recolonizará todo el sistema montañoso.

Desde el año 2014 se esta reintroduciendo en los Pirineos, concretamente en el Parque Nacional de los Pirineos franceses y en el Parque Natural Regional de los Pirineos de Ariège, a partir de individuos procedentes de la Sierra de Guadarrama.

Se reconocen cuatro subespecies de cabras monteses, dos de las cuales se han extinguido en tiempos recientes.​ No obstante, varios autores han puesto en duda su validez.​ Estas subespecies son las siguientes:

  • Capra Pyrenaica Hispánica, con una distribución discontinua que se extiende por las cordilleras cercanas al Mar Mediterráneo. Alcanza su mayor concentración en Sierra Nevada.
  • Capra Pyrenaica Lusitanica, era conocida como Mueyu. Distribuida originalmente por las montañas fronterizas entre Galicia y Portugal, se extinguió en 1892 en la Serra de Gerês (Portugal).
  • Capra Pyrenaica Pyrenaica, subespecie-tipo situada originalmente en los Pirineos franceses y españoles, llamada popularmente Bucardo. El último ejemplar murió en enero de 2000.
  • Capra Pyrenaica Victoriae, distribuida de forma desigual en las cordilleras del centro y norte de España. Su principal población está en la Sierra de Gredos, donde moran unos 10 000 ejemplares. Considerada subespecie cinegética, bajo ciertas restricciones.

Presa del Pradillo en el arroyo de La Angostura, otro trocito del Lozoya.

Hay una expresión popular que reza: el Lozoya lleva el agua y el Jarama la fama. El río Lozoya es el principal abastecedor de agua potable de la provincia de Madrid. Su agua está considerada como una de las de mayor calidad para el consumo humano de España.

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Arroyo de la Angostura a su paso por «La isla»

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Arroyo de La Angostura desde el puente de «la Isla»

En su tramo inicial, el río Lozoya recoge las aguas de los arroyos de la Laguna Grande de Peñalara, de las Guarramillas y de las Cerradillas, todo ello dentro del término municipal de Rascafría, en este primer tramo el río recibe el nombre de Arroyo de La Angostura. Empieza a ser identificado como Lozoya cuando a este se unen a los arroyos de Umbría y Aguilón.

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Pequeña cascada debajo del puente de «La Isla»

Rascafría es uno de los municipios más sorprendentes y bellos de la Comunidad de Madrid. Además de ser uno de los mayores de la provincia, su ubicación rodeado de montañas le otorga multitud de rincones naturales y otros creados por el hombre que desde hace siglos le han dado un gran valor ecológico e histórico.

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Vista de la Presa del Pradillo desde el margen izquierdo del arroyo de La Angostura.

El límite sur del término de Rascafría discurre por la Cuerda Larga, en donde se elevan las cumbres de Guarramillas, Valdemartín y la Cabeza de Hierro (2.383 m). Al norte de estas cumbres nace el arroyo de la Angostura que más tarde toma el nombre de río Lozoya. En él vierten numerosos arroyos: desde el Sur, el Aguilón, Guarramillas, el de las Cerradillas, el de Valhondillo, el de los Machos y el de la Najarra, que llegan al río a través de profundas gargantas. Desde el Norte destaca el Arroyo de la Umbría que, procedente de Peñalara (2430 m), recoge las aguas de los arroyos de la Pedriza, el Berzal, el de los Pájaros, y el Arroyo del Artiñuelo, que bordea el pueblo.
A los numerosos valles, arroyos y torrenteras que tiene Rascafría hay que añadir las lagunas glaciares de Peñalara, en el Parque Natural de Peñalara.

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Vista superior de la presa del Pradillo desde su margen izquierdo.

Su curso va de oeste a este, a diferencia de la mayoría de los ríos madrileños que surcan la comunidad de norte a sur. El río atraviesa primero la fosa tectónica comprendida entre la sierra de la Cuerda Larga y los Montes Carpetanos, en la zona conocida como valle alto del Lozoya.

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Vista de la presa del Pradillo desde su margen derecho

El territorio posee un alto valor paisajístico, es bellísimo, encontrándose poblado de espesos bosques de robles, abedules, acebos y pinares que alternan con prados.

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Vista de la Presa del Pradillo rodeada de bosques.

La Presa del Pradillo

Tomando desde Rascafría la carretera M-604 que va a hacia el Puerto de Los Cotos, pasamos junto al Monasterio del Paular, al otro lado de la carretera dejamos el arboreto Giner de los Ríos y el Puente del Perdón. Unos kilómetros después pasaremos de largo el área recreativa de Las Presillas, para llegar a otra zona recreativa llamada La Isla, donde hay varios restaurantes en una gran explanada que sirve de aparcamiento, y de donde parte un camino junto al arroyo de la Angostura, aguas arriba.

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Tras un corto paseo desde La Isla, se llega a la antigua presa del Pradillo, un antiguo salto de agua ya abandonado que sirvió como fábrica de luz para el pueblo de Rascafría, se sitúa en pleno valle de la Angostura, el embalse del Pradillo retiene las aguas del arroyo que da vida después al río Lozoya, sus aguas saltan por encima de la misma creando una bonita cascada digna de ver en cualquier época del año.

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En las inmediaciones de la presa del Pradillo, aún se pueden ver las antiguas estructuras que se usaban para la generación de electricidad con el salto de agua, el embalse del Pradillo está totalmente rodeado por un viejo bosque de pinos, muy espeso, haciendo así que pasear en verano por sus senderos sea una delicia debido a las sombras y la frescura que le da el arroyo de la Angostura antes de convertirse en el famoso río Lozoya tras recibir las aguas del arroyo de la Umbría y del Aguilón.

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Subiendo a la presa, por un pequeño sendero, el estruendoso espectáculo de la cascada cambia por un plácido embalse rodeado de pinos que se reflejan en sus aguas tranquilas. Continuando por la orilla, el agua, el bosque y las pequeñas praderas hacen de este lugar un rincón único para pasar una buena jornada en plena naturaleza.

 

La Laguna de Peñalara y la leyenda de la pastora.

A la sombra del Pico de Peñalara se encuentra uno de los lugares más bellos, peculiares y misteriosos de la sierra de Guadarrama.

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La Laguna Grande de Peñalara es también conocida como Laguna de Peñalara, es una laguna de origen glaciar situada en el fondo del circo de Peñalara. Está situada a 2017 metros de altitud, en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central de la península ibérica. Se encuentra dentro del parque nacional de la Sierra de Guadarrama, en el término municipal de Rascafría perteneciente a la Comunidad de Madrid.

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Es una laguna permanente de forma ovoidal y tiene una superficie de casi seis mil metros cuadrados. Su pequeño volumen, no llega a los doce mil metros cúbicos, condiciona que determinados factores ambientales como el viento o las precipitaciones influyan más rápida y drásticamente en las condiciones de la masa de agua que en lagos de mayor tamaño. La superficie de su cuenca hidrográfica es de 465 560 m², tiene un perímetro de 650 m, una longitud máxima de 127 m, una anchura máxima de 73 m y una profundidad media de 2 m. La masa de agua se encuentra a una altitud de 2017 metros sobre el nivel del mar y su profundidad máxima sería de 4,8 metros, en su parte norte.

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La laguna está rodeada de praderas y de zonas rocosas (gneis) que tienen algunos matorrales de alta montaña como son el piorno, el brezo y el enebro rastrero. La laguna se mantiene congelada desde diciembre hasta marzo debido a las temperaturas bajo cero que hay en el lugar, por ello no habitan peces en sus aguas. Entre su fauna destacan anfibios y aves.

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Esta laguna permanente es la más grande del Parque Natural de Peñalara y la más visitada. El entorno de la laguna tiene un máximo grado de protección medioambiental dentro del parque natural de Peñalara. Es por ello que no se permite el libre tránsito, los visitantes y senderistas solo pueden transitar por determinados sitios y caminos marcados a tal efecto.

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Como no podía ser de otra forma, la laguna también tiene sus propias leyendas, La gente que ha habitado la sierra de Guadarrama durante siglos ha creado varias leyendas relacionadas con algunos parajes de estas montañas. A continuación se describen dos que transcurren en las lagunas de Peñalara:

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La más conocida es la leyenda de la pastora. Se cuenta que cada noche de difuntos emerge del centro de la laguna un islote donde se distingue la figura de una pastora, entre luces misteriosas. Al parecer, hace mucho tiempo una pastora de la zona extravió un cordero entre las rocas, atraída por unos extraños ruidos que provenían de las oscuras aguas de la laguna, pensando que eran los balidos del cordero se adentró en la laguna para intentar salvarle y se ahogó sin remedio. También hay quien dice que la pastora se convirtió en hada o ninfa de las aguas y que con su dulce canto intenta atraer a los montañeros que andan por la zona para ahogarles en la laguna.

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Otra leyenda cuenta que mucho tiempo después, dos amigos atraídos por el halo de misterio que envuelve la laguna, intentaban averiguar los secretos de la isla que emergía y la luz que desprendía, para ello se propusieron el reto de cruzarla a nado. Uno de ellos cruzó la laguna con un libro entre los dientes mientras nadaba. Cuando llegó a la orilla comenzó a leerlo en voz alta, mientras su amigo cruzaba nadando a su vez.  Cuando éste llegó al centro de la laguna, el que estaba leyendo cerró el libro de golpe y las aguas se tragaron a su amigo, que nunca más apareció.

Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos.

Hoy haremos una ruta recorriendo gran parte del macizo de Peñalara, la montaña sagrada de los arévacos, visitando y haciendo algunas paradas para hacer unas fotos de sus lugares más conocidos y emblemáticos de esta zona de la sierra.

El primer tramo va desde el puerto de Cotos (1830 metros) hasta la cumbre de Peñalara (2428 metros), se trata de la subida más común y practicada, y se realiza por un camino en buen estado y bien señalizado. Tiene una longitud aproximada de cinco kilómetros y medio, un desnivel acumulado de 600 metros. Este camino comienza por una pista forestal, que atraviesa primero un bosque de pinos silvestres, de piornos cuando se acaba la zona del pinar según vamos ganando altura y en el tramo final dejaremos la vegetación arbustiva atrás haciendo el camino en un terreno yermo donde sólo la hierba y algunas flores de montaña aparecen cuando desaparece la nieve y el hielo acumulados durante el invierno, veremos algún nevero pese a que estamos en pleno mes de Julio.

La pista es bastante ancha y está bien marcada,  sale desde el citado puerto y asciende haciendo zetas hacia el noroeste, por la ladera sur de la Hermana Menor (2271 m). Tras recorrer tres kilómetros y medio se alcanza la cima de esta montaña, y ahí el camino gira hacia el norte-noreste. Desde la cima de la Hermana Menor la subida es mucho más suave y el sendero transcurre por la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara. Después de medio kilómetro se alcanza la cima de la Hermana Mayor (2285 metros), y después de kilómetro y medio se llegaremos a la cima de Peñalara, que está señalada con un vértice geodésico a una altitud de 2428 metros.

Continuaremos nuestra ruta en dirección noreste por un complicado sendero entre grandes rocas graníticas, que a veces no es visible más que siguiendo algunos montoncillos de piedras colocados a modo de hito, recorriendo todo el resto del cordal del macizo de Peñalara, para descender posteriormente hasta la Laguna de los Pájaros (2169 metros). En este segundo tramo de unos dos kilómetros y medio, primero pasaremos por el Risco de los Claveles (2388 metros) y después por el Risco de los Pájaros (2334 metros). En esta zona es fácil encontrarse con bastantes cabras, que suelen apartarse ante la presencia humana. Esta ruta de descenso está mucho menos transitada que la anterior debido a su complicación.

En los aledaños de la Laguna de los pájaros volvemos a encontrarnos con grandes zonas de piornos, que dan un colorido fantástico y un olor dulce que facilita el difícil camino para llegar aquí. Después de una pequeña parada para comer algo y hacer unas fotos continuamos con nuestra ruta en dirección suroeste, en este tercer tramo caminaremos paralelo al macizo cuyo cordal hemos recorrido anteriormente, por los denominados Llanos de Peñalara con destino de vuelta al puerto de Cotos. Iremos pasando por más lagunas situadas a este lado del Macizo de Peñalara, como la laguna de los Claveles y otras más pequeñas pero de no menor belleza.

Al llegar al arroyo de la Laguna Grande de Peñalara decidimos dejar la visita de esta laguna y del refugio Zabala para otra ocasión, al fin y al cabo ya hemos visto la Laguna Grande desde arriba y tendríamos que volver a subir otro tramo para acceder al refugio. Así que desde aquí continuamos nuestro camino descendiendo entre piornos primero y pinos silvestres después hasta nuestro punto de partida en el Puerto de Cotos.

Algunos datos de Peñalara

Peñalara es la montaña más alta de la sierra de Guadarrama (perteneciente al sistema Central) y de las provincias de Madrid y Segovia, con una altura de 2428 metros sobre el nivel del mar. El pico, uno de los más emblemáticos de este sistema montañoso, forma parte del parque nacional de la Sierra de Guadarrama.

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Vértice geodésico del pico de Peñalara

En la cumbre hay un vértice geodésico y varios letreros de madera indicando varias rutas. Peñalara se encuentra en el centro del macizo montañoso de mismo nombre, de naturaleza granitítica y que cuenta con una serie de picos alineados de suroeste a noreste: Hermana Menor, Hermana Mayor, Peñalara, el Risco de los Claveles y el Risco de los Pájaros. Los bosques de pino silvestre que tapizan las laderas de la montaña dejan paso, por encima de los 1900 metros de altitud, a las praderas alpinas y matorrales de alta montaña como los piornos. A esta cota, y en la ladera este, existe un circo glaciar y más de veinte pequeñas lagunas donde viven más de diez especies de anfibios y otros animales de alta montaña. Se trata de una montaña muy frecuentada por montañeros y turistas gracias a su fácil acceso.

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Laguna Grande de Peñalara vista desde Hermana Mayor

Desde el punto de vista etimológico, el nombre ‘Peñalara’ parece ser que viene de la unión de las palabras latinas ‘Penna’ y ‘Lara’, que significan ‘cabeza’ y ‘llanura’ respectivamente. Por tanto, «Penna Lara» significa «cabezas planas», nombre que hace honor a la silueta redondeada que tiene la cornisa de cumbres del macizo de Peñalara si se mira desde el este u oeste. La ‘nn’ del latín evolucionó a la ‘ñ’ española, dando lugar al nombre que actualmente tiene esta montaña: ‘Peñalara’.

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De izquierda a derecha, Hermana Menor, Hermana Mayor y Peñalara

El contorno de Peñalara es, en general, redondeado y sin grandes sobresalientes. Las laderas de esta montaña están cubiertas de diferente vegetación, según la altitud. Desde los 1000 m a los 1300 podemos encontrar robledales en bastante buen estado. Desde los 1100 m a los 2000 m, el bosque predominante es el de pino silvestre. Esta especie arbórea forma bosques muy densos en todas las vertientes de Peñalara, siendo especialmente famoso el bosque de Valsaín (Segovia). El sotobosque que hay en esta zona está compuesto principalmente por helechos. Desde los 2000 m en adelante, la vegetación se compone por matorrales bajos de alta montaña como son el piorno y la retama. La principal causa de que los árboles no crezcan a esa altitud es el viento, que sopla con fuerza con mucha frecuencia. El factor del frío también influye en que no proliferen árboles adaptados a un clima más benévolo. En las laderas más inclinadas, los matorrales de alta montaña dejan paso a la piedra vista, que en este caso se trata de granito.

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Risco de los Claveles

En la ladera este de Peñalara hay zonas llanas en altitudes comprendidas entre los 2000 y 2100 metros en los que abundan las lagunas de origen glaciar, humedales y praderas alpinas. La fauna de la zona se compone de pequeños mamíferos, distintas especies de anfibios que habitan las lagunas, águilas, buitres, cuervos y gran variedad de insectos.

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Laguna de los Pájaros

De las laderas de Peñalara emergen numerosas fuentes de agua, las cuales dan lugar a arroyos, y lagunas de alta montaña. En la ladera este hay bastantes más arroyos que en la vertiente oeste. Los más importantes de la cara este, ordenados de norte a sur, son los siguientes: arroyo de los Pájaros, arroyo del Breza, arroyo de la Pedriza, arroyo de la Laguna de Peñalara y arroyo de la Hoya del Toril. Todos ellos nacen a una altitud superior a los 1900 metros. La cara oeste de Peñalara es más seca que la anterior, sin embargo también existen arroyos que emergen de la zona alta de esta ladera.

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Laguna de los Claveles

 

En la vertiente este hay aproximadamente veinte pequeñas lagunas y charcas de origen glaciar que se ubican en zonas llanas a una altitud comprendida entre los 2000 y 2100 metros de altitud. Las tres más grandes e importantes, ordenadas de norte a sur, son las siguientes: laguna de los Pájaros, laguna de los Claveles y laguna Grande de Peñalara.

El pico de Peñalara es parte del resultado del choque entre las placas correspondientes a la Submeseta Sur y la Submeseta Norte, ambas pertenecientes a la Meseta Central de la península ibérica. La elevación de este macizo ocurrió en la Era Terciaria (hace unos 65 millones de años) aunque los materiales sobre los que se asienta (el zócalo granítico meseteño) sean anteriores (de la orogenia herciniana). El tipo de roca más predominante en este macizo montañoso es el granito, visible desde el exterior en las laderas con más pendiente y en la cornisa de cumbres.

La acción glaciar del Cuaternario (hace unos 1,8 millones de años) acabó de modelar varios de los relieves actuales del macizo de Peñalara con pequeños circos y morrenas de tipo pirenaico. El mayor circo glaciar que hay en este macizo es el circo de Peñalara, situado directamente al sur de la cima de Peñalara, en la vertiente este y a una altitud de 2000 metros. Otro circo glaciar, aunque este es más pequeño que el anterior, es la Hoya de Pepe Hernando. Está situada también en la vertiente este, al noreste del circo de Peñalara y a una altitud de 1900 metros. Cada uno de estos dos circos glaciares tienen una morrena.

El pico de Peñalara ha sido desde siempre un importante referente en toda la sierra de Guadarrama debido a su altitud y al hecho de encontrarse en el punto de confluencia de las dos Castillas y de dos grandes valles, el del Lozoya y el de Valsaín. También era la montaña sagrada de los arévacos, pueblo celta que habitaba en el centro de la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Señores de la meseta, ellos fueron los guerreros celtíberos inmolados en Numancia, vencidos al fin tras humillar durante décadas al Imperio Romano.  La primera ascensión a Peñalara no se conoce porque la dificultad que entraña este ascenso no es excesiva. Las verticales paredes de la vertiente este de este pico han sido la «cuna» de los principales escaladores y alpinistas madrileños de los siglos XX y XXI.

El conocimiento popular de la importancia geológica y medio ambiental de esta montaña se expande en la década de los años veinte, cuando varios intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza destacaron el importante valor ecológico que posee la sierra de Guadarrama. En esa época se planeó la creación del Parque Nacional de Guadarrama para proteger las zonas altas de la sierra, incluido el pico de Peñalara. Finalmente ese proyecto no se puso en marcha debido a los cambios de gobierno y la Guerra Civil.

El gran interés científico y paisajístico que despertó el macizo de Peñalara a lo largo de la década de 1920 hizo que en 1930 fuera declarado Sitio Natural de Interés Nacional, con el objetivo de preservar el paisaje de ataques externos. Durante estas décadas, la Real Sociedad de Alpinismo Peñalara, creada en 1912, experimentó un gran crecimiento y participó activamente en la divulgación del conocimiento sobre esta montaña.

 

Durante la década de los años ochenta, se creó un proyecto para proteger la vertiente este del pico de Peñalara, incluyendo el circo glaciar de Peñalara y las lagunas glaciares que salpican la zona. El 15 de junio de 1990, la Comunidad de Madrid declaró la vertiente este del pico como Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara mediante la Ley 6/1990, otorgando la administración del mismo al gobierno autonómico. Desde 1998 hasta principios de la década de 2000, se llevó a cabo el desmantelado de la antigua estación de esquí de Valcotos que ocupaba gran parte de la zona sur del área protegida. De esta forma, se eliminaron los remontes y se repoblaron con pino silvestre las antiguas pistas. Este hecho se puede considerar pionero en todo el mundo. También hay que destacar la mejora de las instalaciones del puerto de Cotos llevadas a cabo durante estos años.

A principios de la década de los años 2000, los gobiernos de la Comunidad de Madrid y de Castilla y León llevaron a cabo un proyecto para declarar como Parque Nacional de Guadarrama gran parte de la sierra de Guadarrama, incluido el pico de Peñalara. De esta forma, la vertiente oeste de esta montaña quedaría también protegida. Sin embargo, la declaración como Parque Nacional fue muy polémica y discutida, pues dejó amplias zonas de gran valor ecológico fuera del Parque Nacional de Guadarrama por parte de los gobiernos de la Comunidad de Madrid y Castilla-León.

 

 

Camino del Purgatorio

Las cascadas del Purgatorio de Rascafría.

No se sabe a ciencia cierta quien puso el nombre a este recóndito lugar, puede ser que se le ocurriese a algún cartujo del cercano Monasterio del Paular (Rascafría), pero es fácil imaginar que lo hiciera alguien, fuese religioso o no, que hubiera leído la Divina Comedia de Dante Alighieri.

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Cascada del Purgatorio desde el mirador

 

Las cascadas del Purgatorio son un pequeño conjunto de saltos de agua situadas en la zona central de la sierra de Guadarrama, perteneciente al Sistema Central, en la cabecera del valle del Lozoya, en la vertiente norte de la alineación montañosa de Cuerda Larga, dentro del término municipal de Rascafría, en el noroeste de la Comunidad de Madrid.

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Arroyo Aguilón

 

Las cascadas se localizan en el arroyo del Aguilón, uno de los afluentes más caudalosos del río Lozoya, en el punto en que supera una barrera rocosa a través de un estrecho desfiladero. Hay dos saltos principales: la cascada Baja, un salto de agua muy vertical de una altura de 10 metros y situada a una altitud de 1350 metros, y a unos 200 metros aguas arriba, la cascada Alta. Este segundo salto es de 15 metros y está más encajonado.

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Monasterio del Paular desde el Puente del Perdón

 

Para llegar a ellas, se pueden utilizar las diversas pistas que recorren la cabecera del arroyo Aguilón. La ruta más utilizada por los excursionistas, de 6 km de longitud, parte del monasterio de Santa María del Paular, desde este punto, se atraviesa el puente del Perdón que queda enfrente y de aquí se continua por la antigua carretera de Madrid, el Camino Viejo de Madrid.

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Río Lozoya desde el Puente del Perdón

 

Tras dejar a la derecha la zona recreativa de Las Presillas, se toma un desvío a la izquierda convenientemente señalizado. Después se llega a un puente de madera sobre el arroyo Aguilón que hay que cruzar, aquí acaba el camino y comienza un sendero serpenteante y estrecho de 1,5 km de longitud, que remonta aguas arriba el arroyo hasta las cascadas, llegando así a un mirador de madera situado en frente de la cascada Baja.

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Puente de madera sobre el arroyo Aguilón

 

El acceso a la cascada Alta no se ve desde este punto, exige salvar la gran roca que hace de pared o dar un rodeo campo a través por el pedregal de fuerte pendiente que queda en la margen izquierda de la cascada baja.

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Cascada del Purgatorio, arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Arroyo Aguilón

 

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Primavera en el Arroyo Aguilón

 

El Purgatorio de Dante

El Purgatorio es el segundo de los tres cantos de La Divina Comedia. Lo antecede el canto del Infierno y le sigue el canto del Paraíso. El Purgatorio de Dante se divide en siete escalones, en los cuales se expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Su estructura es la imagen inversa del Infierno, pues si el Infierno es un abismo, el Purgatorio es una montaña, y el orden de las penas en el camino de Dante va del pecado más grave (la soberbia) al más leve ( la lujuria, o sea, el amor que se excede en la medida). Al pie de la montaña se encuentra el Antepurgatorio, y en la cima el Paraíso terrestre

Cada escalón de la montaña tiene un Ángel custodio, precisamente son los Ángeles de la humildad, de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad. En cada escalón del Purgatorio, los que expían las culpas tienen ante sí ejemplos del vicio castigado y de la virtud opuesta. En la entrada del Paraíso terrestre las almas del Purgatorio ya están salvadas, pero antes de llegar deben subir la montaña para expiar sus pecados como hacían en los tiempos de Dante los peregrinos que se dirigían hacia Roma o hacia Santiago de Compostela para hacer penitencia. Cada alma debe por consiguiente recorrer todo el camino y purificarse en cada escalón del pecado correspondiente. El Purgatorio tiene la función específica de expiación, reflexión y arrepentimiento, y es solo a través del camino, es decir de la peregrinación hacia Dios, que el alma puede aspirar a la redención. Esto también vale para Dante, quien al principio tiene grabadas en la frente siete «P», que simbolizan los siete pecados capitales. Al final de cada escalón el ala del Ángel custodio borra una de ellas, indicando que el pecado específico ha sido expiado.