Patones en la niebla y el Rey de los Gatos.

Si vas a conocer Patones atraído por la curiosa leyenda de su “monarquía Patónica”, puedes hacerlo de dos formas: En fin de semana, con lo que te encontrarás el pueblo lleno de turistas disfrutando de su peculiar encanto, bien paseando por sus calles de pizarra o llenando sus pintorescos restaurantes. Pero también puedes hacerlo en días de diario, pasada la medianoche o muy temprano. En estos últimos casos podrás disfrutar de una paz y de una tranquilidad que no encontrarás en ningún otro sitio. Podrás observar que sólo los gatos te hacen compañía, es en esos momentos de soledad cuando la magia de Patones se puede masticar. Algunos incluso llaman a este pueblo Gatones.

Os dejo unas fotos de una invernal mañana de niebla. Y para los que quieran leer, al final dejo algunos apuntes históricos de los gatos con alguna curiosa leyenda, espero que os guste. MIAU, MIAU!!

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Cuando desaparecen los turistas, los gatos son los verdaderos protagonistas en Patones, esos animales tan misteriosos, que van y vienen a su gusto, que ni siquiera su dueño puede saber con seguridad donde han estado, ni a donde piensan ir, ni mucho menos qué ideas pasan por su pequeña cabeza, haciendo que el propietario dependa de su mascota y no al revés.

La tradición les ha asociado al hombre desde la noche de los tiempos. Cuenta la leyenda que Noé tenía serios problemas en el arca, la pareja inicial de ratones proliferaron de tal manera que llegó a poner en riesgo la misión de preservar las distintas especies, ya que además de la molestia que suponían para el resto del pasaje, estaban acabando con los alimentos que llevaba a bordo para el resto de los animales. Según cuenta dicha leyenda, Noé recurrió a un león para que le ayudase a terminar con los roedores pidiéndole consejo. El gran felino meditó la respuesta y concentrando todas sus fuerzas, suspiró profundamente, arqueó la espalda y estornudó con un gran estruendo, expulsando por la nariz una pareja de gatos. Inmediatamente, los pequeños felinos iniciaron su obra destructora sin que nadie les diera el aviso, exterminando a todos los ratones que había en la nave, salvo una pareja que Noé capturó y encerró para perpetuar la especie. Según dice esa leyenda, desde ese instante el gato se mostró engreído, altivo y arrogante, y como castigo Noé los ató al puente del arca cuando más arreciaba la tormenta. A consecuencia de este castigo, viene el terror que la mayoría de los gatos sienten por el agua.

También se asociaron con entidades divinas durante la civilización de los faraones. Era el animal sagrado de la diosa Bastet, una de las divinidades más veneradas  del antiguo Egipto. Se promulgaban leyes prohibiendo la exportación de gatos. Producir la muerte de uno de estos animales se consideraba un grave delito, aunque fuera de forma accidental, y el culpable era condenado a muerte. Cuando algún gato familiar moría, todos los miembros del clan se ponían de luto e incluso se afeitaban las cejas como signo de dolor. Las familias acomodadas incluso momificaban al animal. Se descubrió en Egipto un antiguo cementerio de gatos en el que descansaban para la eternidad más de 170.000 gatos. Otra curiosidad es que en caso de catástrofes el gato era lo primero de toda la casa que se ponía a salvo.

Posteriormente, en la época de los romanos gozaron también de justa fama ya que para ellos simbolizaban la victoria y los llevaban con sus legiones. En el siglo V desembarcaron en los Países Bajos y de ahí se extendieron por toda Europa y ayudaron a acabar con los ratones.

Todo iba de maravilla para los gatos, pero en la Edad Media vivieron tiempos complicados, tiempos de persecución. El motivo fue religioso también, se pensaba que eran la reencarnación del demonio y pasaron de ser queridos a ser perseguidos. La simple posesión de uno servía para acusar a una persona de bruja o de ejercer la brujería. Esta persecución fue especialmente grave en Inglaterra, Alemania y Francia, lugares en los que el día de Todos los Santos se comenzaban los festejos quemando en la plaza pública cestos llenos de gatos vivos, esta costumbre fue abolida por tortura allá por 1648. Debido a esta persecución los grandes «beneficiados» fueron los ratones y las ratas de cloaca. Ante la ausencia de gatos, estos roedores crecieron y se multiplicaron produciendo todo tipo de enfermedades y epidemias que asolaron la población europea de la época.

Napoleón, que aunque no le gustaban los gatos, se vio obligado a estimular la cría de estos felinos con el objetivo de acabar con la plaga de roedores. Por último, en la época de Pasteur, cabe destacar el descubrimiento de los microbios. Estos se manifestaban en la suciedad y en la porquería, y los animales que estaban próximos al hombre podrían contaminar al ser humano. Pero el gato pasa el día lamiéndose, limpiándose y acicalándose, por ello pasó de ser sospechoso a ser el único animal limpio, el único que no podía transmitir microbios.

Como apostilla, decir que en cierta ocasión Mark Twain dijo, «Si se pudiera cruzar al hombre con el gato, sería una gran mejoría para el hombre».

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La leyenda del Rey de los Gatos

Actualmente existe una inquietante sospecha acerca de nuestros amigos felinos a la cual dan forma varias leyendas y narraciones populares, se dice que llevan una vida secreta, que entre los gatos existe una estructura social compleja y análoga a la nuestra, acerca de la cual no sabemos nada porque ellos la mantienen oculta. Varias leyendas de Irlanda, Inglaterra y Escocia, dicen que existe un Rey de los Gatos, que se pasea entre nosotros de incógnito.

La siguiente historia fue recogida por Charlotte S. Burke en tierras escocesas en 1884. A continuación os cuento mi versión serrana de la misma, que cuenta lo siguiente:

Dos jóvenes madrileños habían alquilado una pequeña casa en Patones, un lugar remoto al norte de Madrid. Su intención consistía en pasar allí el otoño, aprovechando para practicar el noble deporte de la caza en los montes adyacentes. Junto a ellos vivía una anciana, a la que habían contratado para que les hiciese la comida, así como el gato de esta y varios perros.

Normalmente, ambos jóvenes salían a cazar juntos, pero una tarde uno de ellos prefirió quedarse en la casa. Así que el otro cogió su escopeta y partió sólo en dirección al monte, prometiendo primero que regresaría antes de la puesta del Sol.

Sin embargo, pasaron las horas y no aparecía. Su amigo esperaba cada vez más preocupado. Ya se había hecho de noche y quedaba muy atrás la hora habitual a la que cenaban. Finalmente el cazador regresó. Al otro joven le pareció que traía el rostro muy pálido y aspecto de estar exhausto.

Hasta que no hubieron terminado de cenar, no accedió a contar a su amigo lo que le había sucedido. Estaban sentados frente al fuego, con los perros tumbados a sus pies y el gato negro de su cocinera adormecido entre ellos, cuando comenzó a hablar:

“Bien, quieres saber qué ha ocurrido para que haya llegado tan tarde, pues te lo contaré, pero has de saber que se trata de algo tan extraño que ni yo mismo estoy seguro de que haya sucedido en realidad”.

“Me encontraba en el camino del monte, apenas a unos veinte minutos de aquí, cuando descendió una espesa niebla que me hizo perder completamente el sentido de la orientación. Intenté ubicarme y regresar en dirección a la casa, pero, al parecer, no hice más que adentrarme en el monte. Para mi desesperación, no tardó en hacerse de noche”.

“De repente me pareció ver una luz moverse entre la niebla y la creciente oscuridad. Decidí seguirla a ver si me conducía a algún lugar habitado. Ya había avanzado unos cien metros tras ella cuando se apagó. Como estaba justo al lado de un roble de aspecto robusto, me subía a él a ver si desde algo más arriba era capaz de volver divisar la misteriosa luz. Y vaya si lo hice”.

“Resulta que estaba justo al otro lado del árbol. Desde las ramas vi bajo mi posición ―y aún no entiendo muy bien como puede ser esto― lo que parecía una iglesia. Se oían cánticos, y alcancé a ver que se estaba celebrando un funeral, pues había un ataúd rodeado de antorchas. Pero quienes llevaban esas antorchas…, oh amigo mío, no me creerás cuando te diga quienes portaban aquellas antorchas”.

De repente el joven detuvo su narración, alegando que le tomaría por un loco si contaba el resto de la historia. Pero tanto le insistió su amigo para que concluyese el relato que al final acabó accediendo. La expectación flotaba en el ambiente, e incluso el gato de la cocinera parecía escucharles con extremada atención, casi como si pudiese entender lo que decían.

“De acuerdo, pues esto es lo que sucedía: las manos que sujetaban las antorchas y el ataúd eran pequeñas y peludas y tenían las uñas afiladas. ¡Sus propietarios eran gatos, te lo juro, gatos! ¡Y sobre la tapa del ataúd había grabadas una corona y un cetro!”

Al decir esto originó un tremendo caos en la habitación: el gato negro de la cocinera comenzó a correr dando vueltas por las paredes a una velocidad vertiginosa, y a los dos hombres les pareció oírle exclamar con una voz extraña pero perfectamente comprensible:

“¡Por Júpiter, el viejo Pepe ha muerto. ¡Ahora yo soy el Rey de los Gatos!”.

Tras lo cual se dirigió hacia el fuego, lo esquivó con un hábil salto y desapareció chimenea arriba. Nunca más lo volvieron a ver…

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El Berrueco.

El origen del término de El Berrueco, parece deberse según diferentes fuentes al cerro de granito que domina el núcleo de población por el norte. De hecho, la palabra “berrueco”, significa literalmente “peñasco rocoso”.

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Vista de El Berrueco y de la dehesa

El término municipal de El Berrueco se encuentra en el noreste de la Comunidad de Madrid. El núcleo urbano se encuentra situado en un terreno llano, al este de la Sierra de La Cabrera y al oeste del río Lozoya retenido por la presa de El Atazar, embalse que ocupa grandes extensiones de terreno municipal. En este embalse desembocan numerosos arroyos, entre los que cabe destacar el Arroyo Jóbalo y el Arroyo de la Dehesilla.

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Plaza del Ayuntamiento

Historia

Los primeros asentamientos ubicados en el territorio de El Berrueco se pueden situar más o menos en la Edad de Bronce. El asentamiento actual de la villa de El Berrueco se sitúa en fechas no muy anteriores a los siglos X y XI.

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El Berrueco

El Berrueco era una de las aldeas pertenecientes a la villa de Uceda. Por otra parte Uceda pertenecía al Arzobispado de Toledo hasta que en 1575, por una Real Cédula del Papa Gregorio XIII al rey Felipe II, Uceda pasó a pertenecer a la corona junto con todas sus aldeas y lugares, lo que originó numerosos conflictos consiguiendo los derechos de Villazgo mediante un Privilegio Real de 1592.

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Ayuntamiento

El Berrueco aprovechó para independizarse y proclamarse villa, eximiéndose de la jurisdicción de la villa de Uceda. El privilegio otorgaba a los vecinos el derecho a nombrar alcaldes con jurisdicción civil y criminal, regidores, procuradores y demás cargos del concejo.

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Campanario de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Fue entonces cuando la Corona ordenó en su término la instalación de una horca y una picota, lo que significaba una total autonomía para poder llevar a cabo juicios y ejecuciones sin necesidad de depender de otra villa.

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La Picota y el Ayuntamiento

Todos estos pleitos, amojonamientos y pagos efectuados, llevaron al concejo a contraer numerosas deudas que, para hacerles frente, cargaban de impuestos a los vecinos, lo que generó una fuerte emigración. Ante esta situación el concejo pidió permiso a la Corona para vender sus tierras  y así perder la jurisdicción en 1613, momento en que El Berrueco volvió  a formar parte del Duque de Uceda.

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Vista de El Berrueco desde un canchal

Entre los siglos XVII y XVIII la mayoría de los habitantes de la villa se dedicaban a labores agrícolas y ganaderas imperando sobre todo estas últimas.

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El Berrueco y el embalse del Atazar desde Las Cabreras

Existía por aquel entonces una asociación de ganaderos perteneciente a la Mesta. Dicha asociación era llevada por un alcalde y un escribano nombrados por El Berrueco, Cabanillas, Venturada y Redueña. Todos los ganaderos de estos pueblos se reunían el día de San Bernabé, (el 11 de junio) en la ermita de Santo Domingo de Cabanillas para solucionar cualquier tipo de problema derivado de la actividad que realizaban.

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Vista parcial de El Berrueco

En 1859 se produce la venta de los bienes municipales por la desamortización, a consecuencia de lo cual se formó la Sociedad de Vecinos de El Berrueco con el fin de recuperar las fincas vendidas. El Ayuntamiento consiguió que la dehesa boyal se eximiera de la venta y pasara a propiedad municipal. A partir de 1873 la nueva demarcación le separó definitivamente de Uceda, todos límites municipales van a mantener su actual fisionomía y quedó dentro de la  provincia de Madrid. Como consecuencia de ello hubo largos pleitos, entre los que destacaron los mantenidos con las aldeas vecinas de Sieteiglesias y La Cabrera, principalmente con la segunda, ya que entre los términos de ambos era por donde pasaba la Cañada Real Segoviana.

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Típica construcción

También a finales del S. XIX se realizaron las obras del Canal de Isabel II promoviendo la apertura de canteras para la construcción del canal. En el siglo XX, uno de los hechos que más influirá en la evolución de El Berrueco será la construcción del Embalse del Atazar en 1976.

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Típico abrevadero

Monumentos

Son varios los monumentos y lugares de interés que se pueden encontrar en el término municipal de El Berrueco, destacando las siguientes:

Restos de la Ermita de Santa María en la aldea de Valcamino, que se despobló sin razones aparentes a finales del S.XVII.

El mal llamado Puente romano, puesto que se trata de un puente medieval restaurado recientemente, resalta particularmente por su peculiaridad y su buen estado de conservación. Está situado sobre el Arroyo Jóbalo a unos 300 metros de la carretera que une El Berrueco con Sieteiglesias y su presencia puede tener relación directa con la existencia de un auténtico sendero de trazado prerromano, posiblemente neolítico, que se mantendría hasta la actualidad conservando idénticas funciones.

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Puente sobre el arroyo Jóbalo

Iglesia de El Berrueco, consagrada a Santo Tomás Apóstol, es un edificio realizado en varias fases que aprovecha de un templo anterior, una ermita, la zona ocupada actualmente por el altar. Su planta es rectangular de una sola nave. Tiene una torre de planta cuadrada y tres cuerpos de altura, con ventanas de medio punto en cada cara. Su pórtico es de madera, con un rollo sobre pilares de granito del siglo XVII. La sacristía es gótica y se encuentra junto al presbiterio. El coro es alto a los pies. La cubierta es a dos aguas. Cabe destacar su portada, una realización de gran simplicidad dentro de la tradición románico-mudéjar, aunque su construcción parece datar del siglo XIII, formada por tres arcos de medio punto con dovelas de piedra, impostas con capitel de ladrillo y enmarcado con alfiz sobre paramento encalado. La puerta presenta un arco de medio punto ligeramente peraltado con dos arquivoltas que se continúan hasta el suelo marcando unas ondulaciones a la línea de la imposta. Se encuadra por un rectángulo formado por una faja saliente del paramento a modo de alfiz. En su interior se encuentran esculturas modernas de San Antonio de Padua, Niño Jesús, Inmaculada Virgen de Fátima, entre otras y una pila de agua bendita con gallones renacentistas.

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Iglesia de Santo Tomás Apóstol

Crucero de la Iglesia, se desconoce el origen de estas tres cruces. Actualmente no tienen ningún uso o tradición. Se trata de un elemento cultural del pueblo, que en años pasados pudo tener alguna utilidad. Podría tratarse de la duodécima estación del Viacrucis de la Semana Santa, es decir, sería la del Calvario, punto donde termina dicha procesión. Por otro lado, gentes trabajadoras del campo, afirman que estas tres cruces están relacionadas con la fiesta de la Cruz de Mayo, que se celebraba el día tres de ese mes, y consistía en la bendición del campo, para obtener buenas cosechas.

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Crucero

La picota, elemento más representativo de El Berrueco. De los 178 pueblos de la Comunidad de Madrid, es junto con Lozoya, el único que la conserva. Se cree que remonta su existencia como rollo o columna al año 1000 por una inscripción existente en la parte superior y como picota al siglo XVI. La picota representaba un signo de jurisdicción penal en tiempos pasados. La picota era el extremo del rollo o columna, dándosele por extensión el nombre a toda la construcción. En el siglo XVI su ubicación era distinta a la actual encontrándose entonces en las cercanías de la Iglesia. Posteriormente debido a una orden real las picotas y las horcas debían desplazarse a las afueras de la villa, por lo que la picota de El Berrueco se trasladó hasta su actual ubicación. En agosto de 1996 se desplazó de nuevos unos metros debido a las obras de la Plaza Consistorial.

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La Picota

Potro de herrar, está hecho con pilares de granito y utensilios de madera y hierro. Es uno de los más antiguos de la zona. Se utilizaba en tiempos pasados para el herraje del ganado. Se pueden observar en la piedra algunas huellas de las patas de las vacas que se iban a herrar.

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Al fondo el potro de herrar

Canal del Villar, es una obra civil de finales del siglo pasado. Es una construcción con almenaras y puentes hechos en piedra labrada y sillería.

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Canal del Villar

Museo de cantería, es un proyecto que retoma el pasado. El Berrueco es un municipio típicamente rural que guarda entre sus calles una antigua tradición cantera, que forma parte de la identidad local. Los vecinos de este núcleo urbano han utilizado la piedra como materia prima en la elaboración de instrumentos varios, y como elemento para la arquitectura popular de todos los tiempos. Este museo se sitúa entre las calles del municipio, pudiéndose recorrer a pie, se pueden ver una serie de objetos que pertenecen al oficio de la cantería, tan relacionado con este municipio enclavado en el macizo granítico de la Cabrera.

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Monumento a los canteros

Durante los años 70 la cantería supuso la mayor fuente de ingreso para muchos de sus habitantes, ya que la piedra berroqueña era utilizada para adoquinar las calles en muchas ciudades de España.

El potro de herrar, la piedra de molino y otras, menos conocidas como la pila del cura o la de la fragua son algunos de los objetos que se pueden ver en este museo al aire libre.

La atalaya musulmana llamada Torrepedrera. Fue construida en algún momento indeterminado entre los siglos IX y X, es decir, entre el emirato de Muhammad I de Córdoba y la época de Abd al-Rahman III.

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Atalaya de Torrepedrera

Formaba parte de un sistema de atalayas, levantadas por los musulmanes en diferentes puntos de la Sierra de Guadarrama, que tenían como función vigilar los principales valles y vías de comunicación islámicos, ante posibles incursiones cristianas. Esta red defensiva tenía una gran importancia militar, por su enclave en una zona fronteriza, conocida como la Marca media de Al-Ándalus.

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Vista del embalse del Atazar desde la Atalaya

Junto con otras torres y fortalezas, la atalaya de El Berrueco controlaba el camino fluvial del Jarama, que conducía hasta el puerto de Somosierra, uno de los pasos naturales entre las dos submesetas. De este sistema se conservan cuatro atalayas, que son la de El Berrueco, Torrelaguna, Venturada y El Vellón.

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Vista de la sierra de La Cabrera desde la Atalaya

La atalaya de El Berrueco se encuentra situada en lo alto de un cerro de 1030 m. de altura, destaca por el empleo de la piedra más pintoresca, una piedra de tipo pedernal formada por grandes trozos casi sin desbastar. Tiene forma tronco-cónica con base circular, con un primer piso macizo, un segundo piso donde se sitúa la puerta a 2,25 metros de altura sobre el suelo y un tercer piso que sirve de plataforma de vigilancia. El espesor del muro va desde 1,50 metros en la base al metro del peto de la parte superior, siendo su diámetro interior de 3,30 m. En 1983, fue declarada Monumento Histórico-Artístico, según Real Decreto 2863/1983, de 14 de septiembre. Aunque es de propiedad privada, el acceso está permitido.

Museo del Agua y Patrimonio Hidrográfico: Este museo está ubicado en la Calle Real, en el casco antiguo del Municipio. El Museo refleja las numerosas infraestructuras hidráulicas, presas, canales, etc., existentes en la zona que son el fiel reflejo de la importancia del agua como recurso económico y natural. Representa un elemento diferenciador así como un valor añadido a la simple presencia de la lámina de agua en los pueblos que pertenecen a la Mancomunidad del Embalse del Atazar. El agua parece plantearse en todo caso como uno de los argumentos de la zona y se pretende destacar como principal tema de referencia, aunque tratando de reforzar los aspectos singulares y diferenciadores, aprovechando por otra parte el hecho del suministro de agua a Madrid, lo que le confiere un carácter singular especial. Sin olvidar las potencialidades de la lámina de agua como recurso turístico, se planteó reforzar el carácter diferenciador de la existencia de infraestructuras hidráulicas promovidas por el Canal de Isabel II en el último siglo y medio y que definen las características del paisaje actual. Agua y patrimonio industrial se convierten en los principales elementos de la zona y en el soporte del producto.

El embalse de El Atazar es el mayor de la Comunidad de Madrid: con una capacidad de 425,3 hm³, representa el 46 % del volumen embalsado de la región. Fue construido en 1972, siendo una de las obras más importantes durante el gobierno de Francisco Franco. Es el quinto embalse en el sentido de la corriente que se encuentra el río Lozoya a su paso y pertenece a la red del Canal de Isabel II.

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Embalse del Atazar

Los esquistos de El Berrueco y la falla de La Berzosa

El Lozoya en su tramo norte-sur está encajonado en la falla de La Berzosa, aflorando una banda de esquistos que está atrayendo a numerosos geólogos para su estudio. Aunque la presencia de esquistos suele ser común, sobre todo más al sureste, esta no es una roca muy abundante en una región donde predominan los granitos (La Cabrera y El Berrueco) o las pizarras (El Atazar).
En este sitio aflora localmente una banda de esquistos como “huella” de un importante accidente tectónico producido durante las etapas finales de la orogenia Hercínica, la falla de La Berzosa. Como elemento de especial interés destaca el hecho de que mediante esta falla se ponen en contacto las rocas graníticas y metamórficas de medio y alto grado (al oeste) con las rocas metamórficas de bajo grado (al este).

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Esquistos de El Berrueco

 

 

 

 

 

Villavieja del Lozoya, Los Tercios y La Trinidad.

Villavieja del Lozoya es un pueblo situado en pleno valle del Lozoya, en el norte de la Comunidad de Madrid, emplazado en las faldas de la Sierra de Guadarrama, a 82 kilómetros de Madrid y tres de la villa de Buitrago, se alza en un cerro al pie de los Montes Carpetanos, que dividen las dos mesetas. Esta pequeña localidad destaca sobre todo por su privilegiado entorno natural, ideal para disfrutar de la naturaleza en su más puro estado. Desde el núcleo urbano parten varias sendas señalizadas que invitan al visitante a iniciar un paseo por los alrededores bajo la sombra de un arbolado formado por fresnos, robles y encinas en sus dehesas o pinos en sus zonas más altas. Sus áreas recreativas (El Sauquillo, El Descansadero y la Laguna del Tercio) ofrecen lugares atractivos para disfrutar del paisaje y evadirse del bullicio de la capital.

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Aunque se desconocen sus orígenes, se cree que se pueden remontar al periodo de repoblación de las tierras de la Villa de Buitrago tras la Reconquista. Desde la época prerromana la zona fue habitada por las tribus o pueblos llamados Carpetanos y Vetones de origen Celtíbero y cuya actividad principal ya por entonces era la ganadería de vacuno. Durante la época romana todo eran pastos para ganado vacuno principalmente pertenecientes a la tierra de Litabrum, nombre con el que por entonces se conocía a Buitrago. De la época Visigoda no quedan vestigios, pero sí de la musulmana. Parece ser que el nombre original de este término fue Zarzoso, adquiriendo su actual denominación al obtener la categoría de villa, añadiendo el apelativo “vieja” para diferenciarla de otra villa cercana posterior. La fundación de Villavieja se remonta al periodo de repoblación de las Tierras de Buitrago a las que pertenecía, en torno a 1085. Durante esta época debió ser un poblamiento estacional relacionado con el aprovechamiento de los pastos, sin que se descarte la ocupación árabe previa a la reconquista y posterior repoblación.  De hecho, se ha encontrado una puerta árabe donde actualmente se ha construido una hospedería para conservar el arco de estilo califal del siglo XI (aunque los expertos no llegan a ponerse de acuerdo con la fecha, pues otros creen que es Mudéjar, s. XIV), y existen regueras de construcción árabe.  De la repoblación cristiana han quedado los nombres de pueblos como Gascones y Gallegos en Segovia entre otros.

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El primer documento escrito en que se menciona su existencia data de 1485 y se trata de unas Ordenanzas en las que se tratan diversos aspectos sobre el uso de las regueras, que aún se siguen usando en nuestros días para riego de prados y huertos. El mantenimiento y reparto del agua aún se realiza por las comunidades de regantes del pueblo en base a dichas ordenanzas. También aparece en el inventario de las propiedades que tenían los judíos expulsados de España (1492). La Iglesia actual está construida sobre otra de origen medieval, de traza aparentemente románica.

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Por todo ello, se puede afirmar que la población estable debió producirse entre los años 1350 y 1485. De esta época no quedan muestras de arquitectura, pero las viviendas rurales debieron tener características muy similares a las actuales. El puente de Cal y Canto está datado en el siglo XVI y es el único resto de construcción civil de la época. Perteneció a una vía comercial usada desde la antiguedad que enlazaba las localidades de Buitrago y Pedraza en Segovia a través del Puerto de La Linera y de cuyo trazado aún pueden verse restos y mojones que marcaban el recorrido.

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El Arco Mudéjar es sin lugar a dudas la obra más interesante del municipio y una de las más originales de la sierra, consiste tan sólo en una portada mudéjar, posiblemente de los siglos XIII-XIV formada por un arco de herradura de ladrillo rojo inscrito en un alfiz, todo ello con llagado blanco. Históricamente este arco tiene una gran importancia pues su situación, en la parte más alta del cerro donde se asienta Villavieja y su datación hacia los siglos XIII-XIV, hace pensar en que se tratase de una gran casa de labor de tradición musulmana o judía y que fuera el origen del topónimo de la población. Esta casa sería la “villa” ya “vieja” y abandonada cuando comenzó a fundarse el pueblo y que junto a ella se levantó la antigua ermita, hoy Iglesia de la Inmaculada Concepción.

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En el pueblo caben destacar las siguientes construcciones: La Plaza Mayor constituye el centro del pueblo y se ubica el nuevo ayuntamiento de moderno diseño. Esta plaza es la más relevante del pueblo y es el lugar donde se celebran las fiestas y otros eventos. La Iglesia de la Inmaculada Concepción, se trata de una construcción moderna construida sobre los restos de otra iglesia de origen medieval. Conserva la planta románica, con un ábside en la cabecera. El Arco Mudéjar, se trata de un arco de herradura de origen mudéjar, constituye el resto más antiguo que se conserva dentro del pueblo. Se encuentra en el interior de la Hospedería El Arco. El Potro de herrar, se utilizaba para inmovilizar y herrar al ganado. Se trata de una seña de identidad del pasado ganadero de este y de otros pueblos de la sierra norte que aun lo conservan también. La Corte del verraco, en esta corte o cuadra donde se guardaba al verraco, que era el cerdo semental del pueblo y que era alimentado por todos los vecinos. Los Hornos, los antiguos hornos fueron construidos en piedra, en ellos se cocía el pan con la leña de los fresnos y encinas de las dehesas del pueblo. Aún se conservan algunos, pero ya ninguno está en uso. El Antiguo lavadero, lugar donde antaño, las mujeres acudían a lavar la ropa y también servía de lugar de encuentro donde se comentaba lo que ocurría en el pueblo. La Fragua, en la fragua trabajaba el herrero, arreglando y fabricando rejas, arados, herraduras y todo tipo de herramientas. Hoy en día su interior alberga un museo con utensilios y otros objetos utilizados en el pueblo. Las antiguas escuelas, es uno de los edificios más destacados del pueblo, tiene dos plantas y fue construido en los años cuarenta del siglo XX, en la actualidad se usa como centro polivalente destinándose a diversos usos según las necesidades. La Sala de Exposiciones, se trata de un edificio restaurado situado frente a las antiguas escuelas, se destina a acoger diversa exposiciones que organiza y promueve el Ayuntamiento. Las Áreas recreativas, se ubican varias áreas de este tipo, como son El Sauquillo, El Descansadero y La Laguna del Tercio. La Ermita de la Trinidad, se trata de una edificación de origen medieval situada al sur del término municipal, de la que sólo se conserva su imponente espadaña. El Puente de Cal y Canto, se trata de un puente construido en 1579 sobre otro anterior de madera que facilitaba el camino hacia Pedraza a través del puerto de Linera.

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La Laguna del Tercio es un humedal que constituye una de las zonas de mayor valor ambiental de esta zona de la sierra, puesto que no existen ni en Villavieja ni en los pueblos próximos otra laguna de características similares. La Laguna del Tercio es un humedal estacional y su nivel de agua varía en cada época del año. Esta zona acuática es un hábitat con una gran biodiversidad, puesto que en ella podemos encontrar gran cantidad de plantas y animales. Destacando aves acuáticas como el ánade real o el zampullín común. También es un lugar propicio para los anfibios, como ranas comunes, sapos y tritones.

La ermita de La Trinidad es una construcción de origen medieval situada al sur del término municipal, de la cual sólo se conserva su airosa espadaña. Se trata de una espadaña mocha, sin friso, construida de piedra y argamasa a base de cal y arena, con algunos ladrillos en sus dos amplias troneras para colocar las campanas. También se conserva la puerta de la ermita en la parte inferior de la espadaña, construida con un arco de medio punto. La ermita era muy frecuentada por los pueblos vecinos, en la que de hacía misa los domingos de cuaresma así como otros días. En tiempos de sequía se iba a ella de procesión. Como no podía ser de otra manera, en la parte superior de la espadaña anidan las cigüeñas y en las proximidades hay una colonia de cigüeñas sobre una fresneda.

Puente de cal y canto. Este puente data del siglo XVI, fue construidos en el año 1579 para sustituir otro más antiguo que existía construido en madera. El concejo de Buitrago, sin consultar a los otros 32 pueblos del señorío, construyó el puente sobre el arroyo de la Trinidad. Este puente era el paso de un camino muy transitado para ir a Valladolid, Segovia, Pedraza y acceder a una muy devota ermita de la Trinidad. Se trata de un puente de pequeñas dimensiones, de un solo ojo de medio punto y construido con sillares de piedra. La pavimentación original consistía en lajas de piedra de considerables dimensiones. En la actualidad el puente divide los términos de Buitrago y Villavieja del Lozoya.

Tercio de la Trinidad. Los tercios eran las tierras dedicadas al cultivo de cereales. Estas tierras eran flojas y estériles, pues muchas de ellas necesitaban descansar dos años para sembrarse al tercero. Por tal motivo, estas tierras se dividían en tres partes o zonas que se llamaban tercios, sembrándose una cada año. Además de la flojedad de la tierra y la falta de abono, otra de las razones para sembrar al tercer año era dar más pasto al ganado en las tierras no sembradas que se llamaban rastrojeras. En la actualidad los tercios se dedican a pasto para el ganado. En este tercio de la Trinidad, la vegetación predominante son las encinas, escaramujos y plantas aromáticas como el tomillo y el cantueso. En cuanto a la fauna predominan liebres, conejos y zorros.

 

 

Luna llena en Patones.

Si ya has estado en Patones te habrás dado cuenta que este pueblo tiene algo especial y mágico en sus calles, circulan algunas leyendas que lo hacen más misterioso e interesante y cuando lo visitas seguro que repetirás. Es cierto, que si vas un fin de semana a comer con la familia te encontrarás con problemas para aparcar, que tendrás que esperar para poder comer en alguno de sus restaurantes y que será difícil hacer una foto sin que se te cuele algún “infiltrado”. Pues acércate de noche, y si lo haces con luna llena, mucho mejor. Aquí dejo unas fotos que hice la luna llena de Agosto de 2018, espero que os guste.

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La leyenda del Rey de los Patones:

Según cuenta en 1781 Don Antonio Ponz, en su obra “Viaje de España, en el que se da noticia de las cosas apreciables y dignas de saberse que hay en ellas” (tomo X) (Madrid, 1781) sobre el reino de Patones lo que sigue:”Como a mitad de camino entre Torrelaguna y Uceda se ve a mano izquierda una gran abertura en la cordillera, que cierra un pequeño valle, llamado “Lugar de Patones” sobre el cual sería delito no contar una célebre antigualla, que es la siguiente: En aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España, ya se sabe que muchos de sus moradores huyeron a las montañas y a los parajes más escondidos y retirados. Algunos buenos cristianos de la tierra llana decidieron, pues, introducirse por la expresada abertura, buscando en el interior de la sierra cuevas donde esconderse, y fue de tal suerte, que no cuidando los enemigos de territorio tan áspero y quebrado, pudieron aquellos godos fugitivos vivir en él todo el tiempo libres del poderío musulmán, manteniendo sus costumbres, creencias y sustentándose de la caza, pesca, colmenas, ganado cabrío y del cultivo de algunos centenos, como lo hacen también ahora.

Estos hombres, que se llamaron los Patones, eligieron entre ellos a la persona de más probidad para que les gobernase y decidiese sus disputas, de cuya familia era el sucesor, y así se fueron manteniendo de siglo en siglo con un gobierno hereditario, llamando a su cabeza “Rey de los Patones”. No es esto lo más gracioso, sino que después de haber recobrado España su primitiva libertad, y sacudido totalmente el yugo de los sarracenos, se ha conservado entre los Patones este género de Gobierno (bien que subordinado a los Reyes de España y a su Consejo) hasta nuestro días, en que el último rey de Patones solía ir a vender algunas carguillas de leña a Torrelaguna, en donde le han conocido varios sujetos, que le trataron y me han hablado de él.

Este hombre, que era pacífico y enemigo de chismes, se dejó de cuentos, y comprobando que sus súbditos se situaban ya en el boquete, a vistas a la llanura, hubo de barruntar alguna inundación de las fórmulas legales de su reino (donde los juicios eran verbales, sin autos, pedimentos, ni traslados), o acaso la ocupación del Gobierno le impidiese atender debidamente a su propia subsistencia, por lo que abandonó su trono; de modo que los Patones, viéndose sin pastor, se sujetaron espontáneamente a la jurisdicción y al corregimiento de Uceda, de la cual hoy es aldea el Reino Patónico.

¡Cuantas reflexiones morales y políticas me viene a la imaginación! Un reino hereditario de mil años por lo menos, gobernados en profunda paz, sin otras reglas que la razón natural; un pueblo conservado en medio de España, en el cual no pudo hacer brecha el Corán, ni tanto errores como después fueron viniendo; un reino contento con la angostura de sus límites, sin dar entrada a otras costumbre, ni trajes, ni más idea que la de cultivar bien su estrecho territorio, ni más cuidado que los de sus colmenas y su ganado; los hijos de las familias sujetos a los padres, y todos ellos obedientes a su rey..

Queden, por lo tanto, los lectores instruidos de esta singular Monarquía Patónica, de su principio, duración y fin; y aunque alguien diga (que bien se dirá) ¿cómo es posible que existiese eso a doce leguas de Madrid, sin saberlo yo, ni haber oído hablar a alma viviente? no me causara maravilla, pues yo me hallaba en el mismo caso. Sabido es cuál suele ser nuestra curiosidad por indagar lo que sucede a dos o tres mil leguas de aquí, ignorando lo que hay en nuestra propia casa..”

Buitrago de noche

Un paseo nocturno recorriendo la Villa medieval de Buitrago. Entramos por la puerta principal de dicha Villa situada en el Adarve alto, bajo la torre Albarrana, la entrada hace una forma de ángulo recto y lo primero que nos encontramos al traspasar sus imponentes muros es la Iglesia de Santa María del Castillo.

Entrada a la villa de Buitrago bajo la Torre Albarrana

Dicha entrada se encuentra justo debajo de la Torre Albarrana o la Torre del Reloj como se la conoce popularmente. La finalidad de esta torre era la defensa de esta entrada a la villa. Desafortunadamente se encuentra cerrada al público por la noche y no se puede subir a recorrer esta parte de la muralla denominada Adarve alto, situada en el flanco meridional de la Villa, la única zona de la muralla que no está protegida por el río Lozoya, este es el motivo de su mayor altura con respecto a las otras zonas de la muralla de la Villa.

Torre Albarrana vista desde el interior del recinto amurallado

Una vez dentro del recinto amurallado nos encontramos con la Iglesia de Santa María del Castillo, donde destaca su espectacular torre-campanario, de estilo mudéjar, ubicada en la fachada norte, presenta planta cuadrada y cinco cuerpos. De gran altura y esbeltez, aloja en lo alto el campanario con cinco vanos enmarcados por elementos mudéjares. La iglesia de Santa María del Castillo es la única parroquia que actualmente se conserva de las cuatro con las que contaba Buitrago del Lozoya en el siglo XVI.

Iglesia de Santa María del Castillo

Después de contemplar la Iglesia desde todos los ángulos posibles nos dirigimos hacia la entrada de la Coracha, protegida por los torreones del castillo y situada en el flanco oriental de la villa, junto al río. En este punto comienza la zona de la muralla que discurre paralela al río. La protección del río a modo de foso haría una más fácil defensa de la Villa, por ello su altura en toda esta zona es mucho menor y se la denomina Adarve bajo. Podemos observar los imponentes torreones del castillo que al quedar incrustados en la muralla servían de defensa de la parte sureste de la muralla. Fue construido al estilo gótico-mudéjar en el siglo XV, en el flanco sureste del recinto amurallado de la localidad, a orillas del río Lozoya.

Castillo de Buitrago y puerta de la Coracha

A continuación subiremos a la parte de la muralla denominada Adarve bajo para recorrer perimetralmente toda esta parte de la Villa desde sus almenadas defensas, como lo haría la soldadesca medieval en sus rondas nocturnas, caminaremos siempre acompañados por el río Lozoya al otro lado de las murallas.

Adarve bajo y vistas de la Villa desde esta parte de la muralla

Posteriormente y para finalizar la visita, saldremos por la tercera entrada a la Villa, la puerta que sale al puente del Arrabal, el acceso situado más al norte de la Villa.

Puerta norte de la muralla con salida al puente del Arrabal

La villa de Buitrago

Buitrago del Lozoya es el único pueblo de toda la comunidad de Madrid que conserva íntegro su recinto amurallado, es el mejor conservado de la región madrileña y el único que se mantiene en estado completo. Situado en un meandro del río Lozoya, que da sobrenombre al municipio, lo rodea por todos sus lados menos el meridional, convirtiéndose así en un foso natural de defensa, de gran importancia desde el punto de vista estratégico. Buitrago del Lozoya es Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural desde 1993, y su recinto amurallado es Monumento Nacional desde 1931.

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Vista del puente del Arrabal y de la muralla de Buitrago desde el puente nuevo

 

La muralla de Buitrago del Lozoya es de origen musulmán. Es probable que la primera construcción fuera edificada entre los siglos IX y XI, en el contexto defensivo de la Marca Media, una extensa zona situada en el centro de la Península Ibérica que la población musulmana fortificó para detener el avance de los reinos cristianos y asegurar la plaza de Toledo. Más concretamente, protegía el paso hacia el puerto de Somosierra, una de las principales vías de entrada de las incursiones cristianas. Existen restos de otras murallas musulmanas levantadas en la misma época con una finalidad similar en otros lugares de la comunidad madrileña como son: Talamanca del Jarama, Torrelaguna, Alcalá de Henares y en Madrid.

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De izquierda a derecha, puente del Arrabal, muralla de Buitrago y puente nuevo sobre el río Lozoya

El trazado y fábrica de la muralla denotan su origen musulmán. Siguiendo las pautas de la arquitectura militar andalusí, presenta numerosas torres de planta rectangular y escaso saliente, así como mampostería encintada con ladrillo en numerosos tramos.

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Entrada al Adarve bajo desde el exterior de la muralla

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Adarve bajo

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Puerta del Adarve bajo desde el interior de la muralla

Sin embargo, la construcción que ha llegado hasta nuestros días es fruto de sucesivas ampliaciones y reformas acometidas por los cristianos, una vez que Buitrago del Lozoya quedó integrada dentro de la Corona de Castilla. Estas se prolongaron desde el siglo XI, cuando la primitiva ciudadela musulmana fue conquistada por el rey Alfonso VI, hasta el siglo XV con los Mendoza como señores de estas tierras.

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Calle de la Coracha

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

La muralla de Buitrago del Lozoya tiene más de 800 metros de perímetro y cuenta con tres entradas. Dos situadas en el adarve bajo, al noroeste la entrada que da acceso al puente del arrabal y al este la puerta que da acceso a la coracha. Y otra puerta situada al sur en el adarve alto, protegida por su imponente torre albarrana. La muralla se asienta sobre un pronunciado meandro del río Lozoya, configurando a modo de península un triángulo escaleno. El río está actualmente retenido en el embalse de Puentes Viejas presentando actualmente una mayor anchura en su recorrido por Buitrago, pero antiguamente estaba encajado en un desfiladero con el río en su parte más baja, que actuaba como barrera defensiva natural por sus caras noreste, norte y noroeste.

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

 

La muralla configura dos tramos bien diferenciados: la primera en los lados contiguos al río, la muralla está conformada únicamente por un adarve bajo. Y la segunda en los restantes flancos, la construcción es mucho más sólida y consistente, ante la ausencia de una defensa natural, esta parte consta de un adarve alto, alrededor del cual se articulan doce torres adosadas, una torre albarrana, una barbacana, un foso, un castillo y una coracha, entre otros elementos característicos de la arquitectura militar medieval.

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Alcázar de Buitrago con la Iglesia de Santa María del Castillo al fondo

Adarve bajo: se trata del tramo de muralla que transcurre paralelo al río Lozoya. Debido a las posibilidades defensivas que este río aporta, la muralla no excede de los 6 metros de altura y 2 metros de grosor. Tampoco se construyeron torres ni cubos, pues habrían sido innecesarios. Solo cuenta con una serie de contrafuertes en su flanco este, y almenado en todo su perímetro.

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Adarve bajo

Adarve alto: abarca los flancos sur y suroeste de la muralla. En esta parte la altura es más heterogénea, no bajando de 9 metros y alcanzando los 16 metros en la parte correspondiente a la Torre Albarrana. En estos flancos el espesor es de 3,5 metros y, por ser la zona más vulnerable del recinto, sí se introdujeron numerosos elementos defensivos: cuenta con torreones macizos, barbacana, foso, coracha, una torre albarrana y un alcázar. Los torreones macizos se conservan casi en su totalidad presentando la misma altura que los lienzos. La barbacana se conserva un tramo en el lado suroeste con alguna de sus torres sin sobrepasar los 4 metros de altura y los 2 metros de grosor. Del foso, aunque se conservan algunos tramos, el paso de los siglos ha provocado que solo sean visibles desde los sótanos de las viviendas contiguas a él. La coracha se trata de un apéndice de muralla que se introduce en el río y cuya función era cubrir el acceso al agua en caso de sitio; se trata de uno de los ejemplos más importantes y mejor conservados de toda Europa. La torre albarrana, también conocida como Torre del Reloj, consiste en un gran bastión que protege la entrada principal del recinto. De planta pentagonal, contiene un acceso en recodo con un arco doble de herradura hacia el interior y uno ojival hacia el exterior.

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Vista del flanco suroeste, adarve alto reforzado con torreones macizos y barbacanas

 

Elementos constructivos más importantes:

Adarve

Un adarve (del árabe «ad-darb» o, según otras fuentes, «adz-dzir-we» como ‘muro de fortaleza’), adarve, camino o paseo de ronda, es un pasillo estrecho situado sobre una muralla, protegido al exterior por un parapeto almenado, que permitía tanto hacer la ronda a los centinelas, como la distribución de defensores.

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Vista del Castillo y de los restos del Adarve alto sobre la muralla desde la Torre Albarrana

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Entrada a la Torre Albarrana desde el Adarve alto

Barbacana

Una barbacana es una estructura defensiva medieval que servía como soporte al muro de contorno o cualquier torre o fortificación, adelantada y aislada, situada sobre una puerta, poterna o puente que era utilizada con propósitos defensivos. Las barbacanas estaban por lo general situadas fuera de la línea principal de defensa y conectadas a los muros de la ciudad por un camino fortificado. Tal fortificación era a menudo sólo un terraplén adosado al muro junto a la zona más vulnerable de un castillo o de una plaza fuerte. Este sistema defensivo se difundió ya en el alto medievo prácticamente en toda Europa también por su relativa simplicidad de construcción.

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Barbacanas y torres Macizas en el Adarve alto

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Torreones y Barbacana desde la Torre Albarrana

Torre Albarrana o Torre del Reloj

Una torre albarrana es una torre que forma parte de un recinto fortificado con el que está comunicada, aunque generalmente exenta de la muralla​ y conectada a esta mediante un pequeño arco o puente, que pudiera ser destruido fácilmente en caso de que la torre cayese en manos del enemigo. Puede ir también adosada como gran baluarte pero en este caso es de mayor tamaño que las demás. Según la RAE, albarrana proviene de la palabra albarrán, y esta a su vez del árabe hispánico al-barrāna (‘la de fuera’).​ Sirve de atalaya pero también para hostigar al enemigo que intenta acercarse o rebasar la muralla.

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Torre Albarrana

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Torre Albarrana

 

 

 

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Torre Albarrana

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Entrada a la Villa bajo la Torre Albarrana

Coracha

Una coracha es una parte de la muralla que protege la comunicación entre una fortaleza y un punto concreto que no está lejos de dicha fortificación. Lo más común es que se utilice para proteger el acceso al lugar de suministro de agua cuando éste se encuentra fuera del recinto fortificado. La coracha suele terminar en una “torre del agua” que protege en su interior el pozo o la fuente de abastecimiento. A veces su adarve puede tener doble pretil, pues puede ser atacada por ambos flancos.

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Coracha

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Vista del río desde la puerta de la Coracha

Iglesia

La Iglesia de Santa María del Castillo fue concluida en el año 1321 y consta de una sola nave, de planta y alzados góticos. La entrada principal es de estilo gótico flamígero (siglos XV al XVII). La torre, de gran altura y esbeltez, es un bello ejemplar del estilo mudéjar. Del edificio original se mantienen los muros exteriores, la portada y la torre mudéjar, ya que fue incendiado el 14 de marzo de 1936 en el marco de la violencia anticlerical que precedió la Guerra Civil,​ hundiéndose en ese momento sus nervadas bóvedas de crucería. Actualmente, la nave de la iglesia está restaurada en estilo neomudéjar, y sobre el altar mayor se ha colocado el artesonado original del Hospital de San Salvador.

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Iglesia de Santa María del Castillo

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Vista de la Iglesia y parte del Castillo desde la puerta de la Coracha

Castillo

El castillo de Buitrago del Lozoya es un conjunto arquitectónico gótico-mudéjar del siglo XV con planta rectangular, siete torres y un patio de armas central. Este recinto está enmarcado dentro de la muralla en su esquina sureste y cuenta con un foso que lo protegía de las invasiones. Las torres son todas diferentes entre sí, habiendo incluso una de planta pentagonal. El acceso se realiza por una puerta en forma de recodo que se sitúa bajo una de las torres.

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Vista del Castillo desde La Torre Albarrana

Su influencia árabe es evidente. Los materiales que se utilizaron para su construcción fueron el ladrillo, la cal y la piedra. Las torres presentan ladrillos colocados en bandas horizontales unidos por cal y enmarcados por bloques de piedra maciza. En los muros se utilizó el sillarejo, que es piedra labrada toscamente unida también con cal.

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Vista del Castillo y de la Torre Albarrana desde el Adarve Alto

Dentro del mismo castillo, son interesantes y dignos de mención los sistemas de cubrición mediante bóvedas constituidas por arcos de medio punto y por aproximación de hiladas, lo que le daba el toque decorativo al conjunto defensivo. El recinto además sirvió de palacio, por lo que también se adornó con yeserías y techumbres de gran calidad. Entre los personajes históricos que han residido entre sus muros cabe mencionar a Juana la Beltraneja, famosa por la guerra civil que mantuvo contra su tía Isabel la Católica.

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Castillo o Alcazar de Buitrago

El foso es una trinchera profunda, a veces llena de agua, excavada alrededor de una muralla o de un castillo para formar una barrera contra ataques a estas fortificaciones. Una fosa dificulta el acceso de las máquinas de asedio, como la torre de asedio o el ariete, que necesitan estar junto al muro para ser eficaces. Una característica muy importante es que dificulta mucho los intentos de minar los cimientos de los muros mediante túneles con vista a colapsarlos, por una parte obligando a profundizar más en la excavación y en caso de haber agua, esta inundaría esos túneles o causaría que se tuvieran que reforzar mucho. Actualmente no se puede apreciar en Buitrago, pero existen sus vestigios bajo las viviendas construidas en la parte exterior del Adarve alto de la parte sur de la muralla.

 

 

 

Somosierra, Napoleón y la chorrera de los Litueros

Somosierra ha sido desde la antigüedad uno de los lugares de paso obligado para todo aquel que pretendía atravesar el sistema central de la península ibérica. Su nombre proviene de Somo de la Sierra, usado en la Edad Media y que significa “en lo más alto de la sierra”. Puede hacer referencia al puerto, a la sierra, al municipio o a la famosa batalla que tuvo lugar en este sitio.

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Vista de la vertiente norte del puerto de Somosierra desde la ladera Oeste de Peña Cebollera

 

Puerto y sierra de Somosierra

El puerto de Somosierra es un paso de montaña situado dentro del Sistema Central de la península ibérica, que sirve como lugar de paso entre la submeseta norte y la submeseta sur. Este paso de montaña pertenece al municipio madrileño de Somosierra. Por debajo del puerto, que tiene una altitud de 1440 msnm, se encuentra la autovía nacional A-1, que atraviesa la sierra a través de un túnel, en los últimos metros de ascensión. Esta carretera, une la provincia de Segovia, situada al norte de la cadena montañosa, con la provincia de Madrid, situada al sur. El valle por el que discurre este puerto de montaña, también hace de límite entre la sierra de Somosierra, que queda al oeste, y la sierra de Ayllón, al este. Peña Cebollera (sierra de Ayllón) es la montaña más alta de esta zona montañosa, con una altitud de 2129 metros. En ella nace el río Duratón que discurre por el valle paralelo a la carretera del puerto camino de Segovia. Destacando las llamadas chorreras de los Litueros, donde el recién nacido río Duratón se despeña en una sucesión de varias cascadas dignas de ser visitadas.

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de Los Litueros

 

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Chorrera de los Litueros

 

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Chorrera de los Litueros

 

Este puerto de montaña ha sido un lugar estratégico de gran importancia en muchas de las contiendas bélicas acontecidas a lo largo de la historia de España. Durante la ocupación musulmana de la península ibérica pertenecía a la llamada Tierra Media o tierra de nadie, y durante un largo periodo de tiempo separaba las tierras cristianas situadas al Norte, de la zona de influencia musulmana situada al sur, así lo atestiguan las atalayas árabes que vigilaban desde lejos este paso de montaña en la defensa de importantes plazas musulmanas (Buitrago del Lozoya, Torrelaguna y Talamanca del Jarama) de posibles incursiones cristianas. Posteriormente se libró la famosa batalla de Somosierra entre el Ejército español y el ejército francés de Napoleón en 1808, durante la Guerra de la Independencia Española. En la batalla de Somosierra las tropas de Napoleón, tras derrotar a las tropas españolas que guarnecían el puerto, abrieron el camino hacia Madrid.

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Chorrera de Los Litueros

Más recientemente, durante la guerra civil, las tropas rebeldes de Franco ocuparon estas posiciones en su ofensiva hacia Madrid por el Norte, quedando establecido el frente unos kilómetros mas al sur, en el llamado “Frente del agua”, que duraría toda la contienda civil por el control de las aguas del Lozoya. En los pueblos de Buitrago del Lozoya, Piñuécar-Gandullas, Prádena del Rincón, Paredes de Buitrago y Mangirón hay una serie de construcciones militares (nidos de ametralladoras, parapetos, observatorios, fortines y trincheras) que defendieron el acceso al agua de los habitantes de Madrid, los embalses madrileños del norte de la Comunidad eran una fuente vital de abastecimiento y esta zona fue línea de frente durante la Guerra Civil.

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Río Duratón en el puerto de Somosierra

 

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Río Duratón en el puerto de Somosierra

Municipio de Somosierra

Somosierra es un pequeño municipio madrileño situado 90 kilómetros al norte de Madrid, circulando por la A-1. Se encuentra situado en el puerto de montaña del mismo nombre (siendo éste el único caso en el que ambas laderas de la sierra pertenecen a un mismo municipio), es el último pueblo de la comunidad de Madrid por el norte, a una altitud de 1433 metros sobre el nivel del mar.​ Es por tanto ésta la primera localidad de mayor altitud de la Comunidad de Madrid y la más septentrional de la comunidad autónoma.

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Somosierra

 

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Iglesia Parroquial de Santa María de las Nieves

 

Su vida se ha desarrollado principalmente gracias al comercio y los servicios que han ofrecido a los viajeros que cruzaban este paso de montaña. Somosierra pertenece a la Sierra Norte de Madrid, y como en la mayoría de las localidades de la zona, se ha desarrollado el turismo rural como alternativa de vida para sus habitantes.

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Mesón La Conce, hoy en día cerrado, antiguamente una parada obligada para camioneros y viajantes.

 

La Batalla de Somosierra.

En la mañana del 30 de Noviembre de 1808 tuvo lugar la llamada batalla de Somosierra. Fue un enfrentamiento entre las tropas españolas, y las fuerzas francesas del Grande Armée de Napoleón, que además contaba con el decisivo apoyo de la caballería polaca, durante la Guerra de la Independencia Española. La batalla adquirió tintes épicos en el transcurso de la misma, se la considera como el mayor éxito de la caballería polaca de todos los tiempos.

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Ermita de Nuestra Señor de la Soledad

 

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Esta carga que la caballería polaca llevó a cabo aquel día, hizo que el propio Emperador impusiera al oficial al mando de la misma la Orden de la Legión de Honor en el mismo escenario del combate, e incluso hoy, el lugar de la batalla es recordado con una placa conmemorativa colocada por la República de Polonia y por otra placa que recuerda a todos los caídos en esta batalla, españoles y polacos, en la ermita que hoy se levanta en el lugar donde concluyó la batalla. La noche siguiente, Buitrago se convertiría en el cuartel general del ejército francés. El propio Napoleón se hospedó en esta localidad de la sierra madrileña.

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Atril conmemorativo de la Batalla de Somosierra

 

El ejército de Napoleón se vio bloqueado durante su avance a Madrid en el valle de Somosierra por unos 9000 españoles, procedentes de algunas divisiones de los ejércitos de Extremadura, Andalucía y Castilla,​ recién incorporados al Ejército del Centro y bajo el mando del general San Juan.

Ante el avance de los 45 000 hombres del Grande Armée, la fuerza armada más poderosa del mundo en aquella época, el militar encargado para la defensa de Madrid fue el general Eguía, que disponía de unos 21 000 hombres con poca experiencia o disciplina. Eguía envió al general San Juan al mando de unos 12 000 hombres al puerto de Somosierra, la entrada más directa a Madrid. A su vez, San Juan envió a unos 3000 hombres a Sepúlveda, a 30 kilómetros de Somosierra, y estableció otra barricada, formado por unos cientos de milicias en Cerezo de Abajo, a unos 10 km al Norte de Somosierra. A lo largo de un camino ascendente habían sido situadas cuatro baterías de cuatro cañones de 12 libras cada una para batir a la infantería francesa durante el ascenso hacia el puerto de montaña. Por otra parte, Eguía envió unos 9000 hombres del Ejército de Extremadura al mando del general Heredia, para proteger el puerto de Guadarrama, unos 100 kilómetros al oeste, otra eventual vía del Sistema Central por la que Napoleón podría avanzar hacia Madrid.

Napoleón ordenó al mariscal Victor, al mando de la vanguardia que atacara el puerto al amanecer del día 30. La mañana trajo una densa niebla que no se levantaría hasta mediodía. El desigual duelo artillero que se trabó en las primeras horas de la batalla puso de manifiesto que el fuego francés de contrabatería era algo completamente ineficaz a la hora de tomar la posición española. Las baterías españolas, además de bien servidas, eran muy superiores en alcance y potencia a sus contrapartes francesas, que solo contaban con artillería de campaña de un calibre de 6 y 8 libras. No obstante, la posición de las baterías españolas no se había protegido por obras, tierra, parapetos, caballos de frisia, cestones, ni ninguna otra previsión que pudiera estorbar un avance directo y decidido hacia ellas, error que después se demostraría clave en el desenlace de la batalla.

Ante las evidentes dificultades al flanqueo de la posición gracias al buen trabajo de la infantería española, apoyada por guerrillas y milicias, Napoleón, impaciente, ordenó avanzar por el estrecho desfiladero a sucesivas columnas de infantería de línea, que fueron martilleadas por el constante fuego de las baterías españolas causando la metralla una auténtica carnicería que obligó a retroceder una y otra vez a los regimientos de línea franceses. El estrecho puente que necesariamente tenían que cruzar los franceses antes de poder desplegar sus regimientos en línea de fuego hacía muy dificultoso el avance bajo el fuego de la artillería española. Decididamente San Juan había elegido un terreno excelente para plantear una batalla defensiva. La jornada avanzaba, eran las 11 de la mañana y al levantar la niebla Napoleón constató lo difícil y costoso que estaba resultando el ataque. Como era típico en él, ordenó otro ataque frontal, en este caso una carga a la compañía de Cazadores a Caballo que le acompañaba como escolta. Esta carga fue deshecha por la artillería española a poco de comenzar, con grandes pérdidas. Es entonces cuando al parecer se recurrió al Tercer Escuadrón del Regimiento de Caballería Ligera Polaca de la División de Caballería de Lasalle, ese día de servicio junto al emperador. Eran 150 jinetes liderados por Jan Kozietulski, que recibieron la orden de tomar a toda costa las posiciones fortificadas de artillería española. Napoleón dio la orden a pesar del distinto parecer de sus asesores, que juzgaban imposible tomar la posición con una carga directa. Los polacos, deseosos de demostrar su valía ante el emperador, se lanzaron a la carga a través del puente, y después por un camino ascendente de fuerte pendiente. A pesar de la pérdida de dos tercios de los jinetes, éstos consiguieron que los españoles perdieran su posición defensiva y les obligaron a retirarse del paso con ayuda de la División de Dragones de La Houssaye, que cargó en apoyo de los polacos.

Resulta difícilmente comprensible desde un punto de vista táctico que el ejército español perdiera de esa forma una batalla en una posición tan ventajosa. La carga suicida de la caballería polaca, por entonces todavía armados con sables, contaba con pocas posibilidades, a poco que la posición se hubiera apoyado algo más decididamente con defensas pasivas, unidades de infantería de línea o unidades ligeras de caballería. Según testimonios de los jinetes, aun a pesar de que la carga alcanzó las piezas de la primera batería, los polacos dudaban de continuarla al comprobar el coste en vidas que habían tenido que pagar y lo terrible de la carnicería. No obstante, los supervivientes dijeron que la alocada huida de los españoles les animó a proseguir hasta que, sorprendidos, se vieron dueños de toda la posición artillera. Sin duda, las tropas españolas que fueron desplegadas en Somosierra no tenían mucha experiencia, y se ha comprobado que en gran medida estaban compuestas de soldados sin la debida instrucción y de voluntarios: San Juan disponía de seis batallones de tropa regular, dos batallones de milicias y siete batallones de hombres de alistamiento. Además, la moral de los españoles estaba bajo mínimos debido a la escasez de medios, a las derrotas de fechas recientes, al aura de la presencia de Napoleón en persona y también a la desunión del mando propio. Muchos factores que influyeron en que una acción con tan pocas probabilidades acabara teniendo tan rotundo éxito. No obstante, ni siquiera estos factores eximen de responsabilidad a los mandos españoles, que con mayor previsión habrían podido evitar una acción que no volvió a intentarse con éxito en la historia militar.

Por otra parte, la acción francesa puede considerarse igualmente precipitada, pues lo más probable es que aumentando la presión sobre los flancos españoles, estos habrían terminado por ceder ante las más numerosas y más disciplinadas fuerzas francesas. Pero Napoleón era impaciente por naturaleza y ante todo no deseaba prolongar la batalla y mucho menos permitir que la llegada de la noche permitiera a los españoles reforzar sus posiciones.

Navarredonda, San Mamés y su famosa Chorrera

La Chorrera de San Mamés es un salto de agua situado en la parte Norte del término municipal de Navarredonda y San Mamés, en la vertiente sureste de la sierra de Guadarrama, en el Norte de la Comunidad de Madrid, a poco más de 80 kilómetros de la capital. Esta Chorrera pertenece al arroyo del Chorro que vierte sus aguas al río Lozoya en el embalse de Riosequillo a la altura de Pinilla de Buitrago. Tiene una altura de treinta metros y está situada a una altura de 1470 metros sobre el nivel del mar. El agua se despeña por un accidente rocoso que forma un claro en bosque de pinos silvestres al pie de la ladera del Lomo Gordo, de 2075 metros y que es visible a varios kilómetros de distancia.

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Para llegar a la Chorrera existen dos opciones; la primera partiendo del núcleo urbano de San Mamés y la segunda partiendo de Navarredonda. En ambos casos las rutas se juntan en el tramo final de la pista forestal que atraviesa el pinar de repoblación y que lleva finalmente a la cascada de referencia. Partiremos de San Mamés para volver por Navarredonda y poder contemplar toda la belleza natural que alberga esta zona de la sierra de Guadarrama. Iniciamos la ruta en la Ermita de San Mamés, cruzamos la carretera y nos adentramos por un camino que se dirige al Norte, según vamos dejando atrás las últimas construcciones nos encontramos a la derecha con la Quesería de Santo Mamés, donde merece la pena hacer una parada para degustar alguno de sus excelentes quesos artesanales. Además el propietario tuvo el detalle de ofrecernos una pequeña exposición del proceso de elaboración de tan rico manjar.

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El camino sigue siempre con una ligera pendiente ascendente entre algunas fincas ganaderas y nos adentramos entre los primeros robledales donde se pueden apreciar claros en el bosque consecuencia de la intensa actividad de carboneo que siempre ha existido en esta zona. La pendiente va aumentando según avanzamos y nos adentramos en la sierra, pronto veremos de frente el pinar (pino silvestre) de repoblación que es el protagonista de las zonas más altas de la sierra de Guadarrama. A la izquierda del camino y en el fondo del valle podemos ver discurrir el arroyo del Chorro que siempre nos acompañará a un par de centenas de metros, aunque lo perderemos de vista al entrar en el pinar.

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A la entrada del pinar cruzamos una valla y dejamos atrás una construcción que sirvió de casa del guarda y probablemente de almacén y refugio en la época de la repoblación arbórea del monte. Continuamos por la pista forestal atravesando el bosque de pinos hasta llegar a un desvío señalizado que nos indica el camino a seguir para llegar a La Chorrera.

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Tras un pequeño tramo llegaremos al final de la pista forestal, donde tras atravesar un pequeño arroyo, continuaremos por un pequeño sendero donde la pendiente se hace más pronunciada. Salimos del pinar para atravesar un piornal y al coronar una pequeña cuesta entre piedras tendremos a la vista la chorrera de San Mames.

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Para regresar tomamos el mismo camino desandando nuestros pasos, tras entrar en el pinar y cruzar el arroyo que hemos citado antes, a unos doscientos metros caminando por la pista forestal, tenemos que fijarnos en un pequeño sendero a la derecha de la pista que nos bajará zigzagueando a través del pinar hasta el mismo arroyo del Chorro, cruzaremos por un pequeño puente (o más bien un vado) construido con lajas de piedra. Seguimos por el sendero siguiendo el curso del arroyo y pronto nos encontraremos con una puerta en la valla que delimita el pinar.

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El sendero continua primero por praderas y después entre robledales, hasta terminar en una vía pecuaria que nos lleva directos al final de la ruta en Navarredonda.

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Navarredonda y San Mamés

Navarredonda y San Mamés es un municipio formado por dos núcleos urbanos, situado al Norte de la Comunidad de Madrid y en la ladera sur de la sierra de Guadarrama. Según parece la historia de este municipio se remonta a la época de la reconquista. Como en el caso de Villavieja del Lozoya, se cree que los primeros asentamientos son de origen árabe en el siglo XI. Pero será a finales del siglo XII, coincidiendo con el avance de los cristianos hacia Toledo, cuando se produce un repoblamiento de la zona con pastores llegados de Segovia y más concretamente de Sepúlveda, que fundarán los primeros núcleos urbanos de esta zona del valle del Lozoya a partir de la construcción de las primeras ermitas. En este tiempo la actividad se centra en una economía de subsistencia, dedicándose sus gentes fundamentalmente a la explotación maderera, el carboneo, la agricultura y la ganadería. Existe un gran vacío en la historia del municipio, de tal manera que los primeros datos fiables se remontan al siglo XVI, que figuran en el catastro del Marqués de la Ensenada, actualmente guardado en el Castillo de Chinchón. En este catastro se catalogan las tierras y las gentes que las explotaban. A mediados del siglo XIX Navarredonda incorpora a San Mamés y ya en el siglo XX las informaciones nos remiten al periodo de la guerra civil española. Segú parece, en Navarredonda se estableció un puesto de mando republicano, mientras que en los cercanos pueblos de La Serna o Braojos estaban las posiciones franquistas, formando parte del denominado frente del agua por el control del río Lozoya de importante valor estratégico, ya que suministra de agua a Madrid. Este frente se mantuvo durante toda la guerra, el bando franquista no pudo avanzar más hacia el sur, convirtiéndose Buitrago en una plaza de gran importancia durante todo el conflicto civil. Al parecer la iglesia de Navarredonda fue utilizada como puesto de mando republicano, motivo por el que fue bombardeada en la contienda y reconstruida años después en 1962.

En 1936 el municipio de Navarredonda y San Mamés estaba gobernado por el alcalde “Tío Carolo”, simpatizante de la derecha política. Cuando los rojos se establecieron en el pueblo quisieron asesinarle, pero algunos mozos republicanos oriundos de Navarredonda lo evitaron al hacerse responsables de él, salvándole la vida.
Tras la victoria de las tropas franquistas algunos de los habitantes de esta zona fueron llevados a campos de concentración. El “Tío Carolo” envió cartas a los dirigentes políticos y consiguió que algunos de los presos fueran liberados.

Después de este periodo devastador se reconstruyeron las casas y edificios que habían resultado dañados, además se edificaron el ayuntamiento y las escuelas y se incorporó un moderno sistema de alcantarillado y agua corriente en torno a 1974.

 

Ayuntamiento

Está situado en la plaza principal del núcleo de Navarredonda. Fue construido en la posguerra por el organismo público Regiones Devastadas. El edificio se compone de dos plantas. Aunque al principio ambas se utilizaban como ayuntamiento y como iglesia improvisada, en la actualidad hay situado en la parte inferior el bar “La Ronda”, el único que aún sigue en funcionamiento. En la parte superior existen varias salas empleadas para reuniones y como almacén de los archivos oficiales.

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La ermita de San Mamés

Situada a las afueras del núcleo, la ermita de San Mamés llegó a convertirse en el templo de mayor importancia del entorno. Su exterior es de mampostería y ladrillo, y bajo el alero del ábside, han sido trazados juegos decorativos en los ladrillos. En la parte sur de la iglesia encontramos un pequeño jardín que precede la entrada que se cobija bajo un pórtico; junto a él puede verse un pequeño cementerio. En el interior, la decoración está formada por un conjunto de pinturas murales modernas de estilo neo románico. Según algunas fuentes, se comenta que fue el escenario de la coronación de la reina de Castilla Juana la Loca.

La Iglesia de San Miguel Arcángel

Situada en Navarredonda pero fuera de su plaza principal, resultó seriamente dañada durante la Guerra Civil Española, pero fue reconstruida en 1962. Posteriormente ha sufrido otra reforma. De la fachada original de la iglesia ya solamente se conserva el ábside semicircular románico.

 

 

La Ermita de Santiago y … Juana “La Beltraneja” o “La Excelente Senhora”

Esta ermita en ruinas, a la que solo parecen hacer caso las cigüeñas que anidan sobre su espadaña, fue escenario de un acuerdo firmado entre los reinos de Castilla y Francia hace más de cinco siglos, mediante el que se quiso nombrar a una reina y unir dos naciones. La historia tomaría otros derroteros.

 

Diversas vistas de la Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya)

Hacia el 1470, Enrique IV, apodado por sus adversarios “El Impotente” por su manifiesta dejación conyugal, había nombrado heredera a su única hija Juana. Una parte importante de los nobles castellanos no lo aceptaron, pues sostenían que Juana no era hija del rey, sino de su favorito Beltrán de la Cueva. Por eso el mote de “La Beltraneja”.

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Vista de Gargantilla del Lozoya desde el camino de la Ermita

 

Al parecer era falso, pues Beltrán no se encontraba con Juana de Portugal cuando pudo producirse el encuentro carnal. En cualquier caso, Enrique IV, obligado por la nobleza, firmó el Tratado de los Toros de Guisando, a los pies de la sierra de Gredos, por el que nombraba a su hermana Isabel heredera del trono, siempre que se casara con quien eligiese el rey. No debió quedar muy conforme, pues un par de años después se opuso a su hermana y a quienes la defendían, apostando de nuevo por Juana.

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Prados y bosques de fresnos de Valdelozoya

 

Isabel se casó en secreto con su primo Fernando de Aragón, lo que hizo que Enrique IV pactara con la corona francesa que su hija se casara con el duque de Guyena, revocando el pacto de Guisando. El 26 de octubre de 1470, los embajadores franceses, entre los que estaba el cardenal de Albi, y los nobles castellanos prestaron juramento de fidelidad a Juana como heredera legítima de la corona de Castilla. Según algunas fuentes, Enrique IV hizo testamento a favor de su única heredera, pero nunca apareció, siendo destruido al parecer por Fernando el Católico, tras la muerte de Isabel.

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Prados y bosques de Valdelozoya

 

Cuatro años después murió Enrique IV, resucitando el enfrentamiento entre los partidarios de Juana e Isabel. Vencieron los segundos, a pesar de que los primeros se aliaron con el poderoso reino de Portugal, a donde desheredada y despojada de todos sus títulos, Juana se retiró a un convento el resto de sus días.

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Prado de la Viña

 

Según cuentan las crónicas, esta Ermita de Santiago (Gargantilla del Lozoya) fue el sitio elegido por ser el punto intermedio entre Buitrago de Lozoya, donde durmieron los castellanos, y el Monasterio del Paular, donde descansaron los franceses. La ermita era un importante epicentro del poderoso tercio de Santiago.

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Prado de la Viña

 

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Prado de la Viña

 

La aldea en torno a la Iglesia de Santiago. Tercio de Santiago. Un lugar de Valdelozoya. Don Moxe de Cuellar.

Durante el S.XII y hasta el 1390 existió un asentamiento ahora despoblado, situado en el actual término municipal de Gargantilla del Lozoya en la Comunidad Autónoma de Madrid, y en el que como vestigio de lo que fue, aún se levantan las paredes y la espadaña de la Iglesia de Santiago.

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A finales del siglo X y durante los cien años siguientes, el Valdelozoya es un territorio de nadie en el que se sucedían enfrentamientos y escaramuzas. En el 1085 los señoríos segovianos conquistan este territorio en su avance hacia Magerit y Toledo, iniciándose un proceso de cristianización con la construcción de pequeñas Iglesias en los bosques de robles, lo cual daría lugar a los primeros asentamientos donde cohabitaron mudéjares, cristianos y judíos.

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Estas Iglesias no solo eran lugares de culto, el tañido de sus campanas marcaba las horas del día, también era una forma de control de una población diseminada formada por colonos llegados del Norte, fundamentalmente de Segovia y Navarra.

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Aquellas primeras edificaciones hechas con materiales constructivos muy simples de adobe y madera desaparecen, y sobre sus cimientos, ya en el siglo XII se levantan nuevos templos de piedra y ladrillo siguiendo el estilo “mudéjar”. De aquel momento quedan las Iglesias de San Mamés, Navarredonda, Villavieja y Santiago. Gargantilla se fundará cuatro siglos después.

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Según las crónicas históricas estas tierras eran conocidas como “Tercio de Santiago”. En 1470, la Heredad de Santiago era propiedad de Don Moisés de Cuellar (Moxe o Mose en hebreo), siendo el “Prado de la Viña” uno de los pagos que lo comprenden, que son parte de los prados que rodean la Iglesia de Santiago y al que los historiadores se refieren como “un lugar de Valdelozoya”.

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Arroyo de Santiago

 

Habría que imaginarse unos territorios en los que solamente la luz del sol y la campana de la Iglesia, desde el amanecer hasta el ocaso, marcaba la actividad cotidiana de sus pobladores, musulmanes, judíos y cristianos, todos nacidos en estas tierras. Los oficios de aquel momento eran los relacionados con las labores del campo y la supervivencia; la cantería, tejería, carboneo, herrería, cestería, odrería, cerería, pergaminería, platería, arriería.

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Ranúnculos acuáticos en el arroyo de Santiago

 

Hasta 1492 se mantuvieron en pie pequeñas construcciones utilizadas para cobijar el ganado, y a los aparteros y cuidadores que estaban al servicio de Don Moxe Cuellar, propietario de todas estas tierras, y una de las personas más ricas y poderosas de todo el Valle del Lozoya. La Heredad se encontraba limitada por los montes circundantes, en el “Exido de la Aldehuela”, y el cauce natural del río Lozoya, al que sus pobladores se referían como “el río mayor”. Distaba cuatro leguas del Castillo de Buitrago de Lozoya, propiedad y residencia de los Duques del Infantado, título nobiliario que ostentaría la Casa de Mendoza. En un inventario encargado por estos, se confirmaba a la Heredad de Santiago como un núcleo de población hasta 1390, pasando a ser caserío propiedad de Moxe Cuellar hasta 1492, fecha en la que los judíos fueron expulsados por los reyes católicos. En el entorno de la Ermita, según el dicho inventario: … “ay en la heredad tres pares de casas donde biven los quinteros e pastores e donde queseavan e unas casas que dicen de la cuadra donde come el ganado de invierno e encierran yerba” … “unas casas fechas nuevas en que lavava su lanas … Mose e los otros judíos de Buitrago que es todo dentro de la heredad” … Había un lavadero de lana para uso exclusivo de judíos, lo que indica la gran cabaña que poseía y como en ese momento el ganado lanar representaba uno de los mayores ejes del comercio existente, se puede afirmar que, junto al Duque del Infantado, ambos formaban una “oligarquía ganadera”.

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Arroyo de Santiago

 

El prestigioso geógrafo Al-Idrisi describió esta zona… “en los altos montes llamados Al-Sarat situados a alguna distancia al norte de Toledo pastan grandes rebaños de ovejas y vacas que los mercados de ganado venden en puntos lejanos y cuya fama es proverbialmente conocida”. Las propiedades de Don Moxe se extendían también a las poblaciones vecinas de Pinilla y Villavieja, lo que la convertían en una de las mayores haciendas comprendidas en los límites del Infantado.

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Arroyo de Santiago

 

Existía un camino que partía de la Villa de Buitrago, de la cual dependía toda la comarca, que bordeando el Lozoya atravesaba todo el valle, hasta la cartuja de El Paular. El “Camino del Cartero”, vía de comunicación histórica que discurría junto al río desde Buitrago al pueblo de Lozoya, atravesaba por un pequeño puente ya desaparecido al construirse la presa de Riosequillo y continuaba cruzando el arroyo Buitraguillo por el puente de Cal y Canto, ya en tierras de Villavieja donde aún subsiste la espadaña de la ermita de la Trinidad. La subida valle arriba continuaba por el margen derecho hasta llegar a Pinilla de Buitrago y posteriormente a la Heredad de Santiago, lugar en el que se encontraba el lavadero de lanas de Moxe Cuellar, en el Valdelozoya, continuando su trazado hasta el Monasterio de Santa María de El Paular y el puerto de Malagosto, así como el de la Fuenfría, conocido por las andanzas del Marqués de Santillana. Esta senda de herradura desapareció en algunos tramos de su recorrido bajo las aguas de los embalses de Pinilla y Riosequillo. Llegada la noche los caminos se hacían inhóspitos y peligrosos por la abundancia de alimañas y los asaltacaminos. En invierno las nieves dejaban incomunicadas las aldeas de Valdelozoya.

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Arroyo de Santiago

 

Según los apuntes históricos, en este lugar existió hasta 1390 una pequeña aldea llamada Santiago, de la cual solo quedan los restos de la Iglesia. La Iglesia está construida con piedra y ladrillo en la que resalta majestuosa su hermosa espadaña, el ábside y el arco apuntado son de estilo mudéjar, y la portada es de estilo gótico mudéjar. En la fachada oeste, se pueden observar a la puesta de sol una serie de inscripciones de carácter funerario. Debió de ser a lo largo del siglo XVII, cuando se fue produciendo el expolio de la pila bautismal y las campanas hasta llegar hasta el estado actual de ruina. Hacia 1785 el párroco de la Iglesia de San Benito de Gargantilla describe las ruinas con su torre y sus dos troneras para las campanas y en su inmediación se ven ruinas y cimientos.

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Iglesia de San Benito, Gargantilla del Lozoya

 

Es en este escenario donde se produce el encuentro del monarca Enrique IV y el séquito que acompañaba a la niña Juana con la embajada francesa el 26 de Octubre de 1470. Se oficia una singular ceremonia en la que los nobles castellano juran a la Princesa Juana como legítima heredera al trono, oficiándose las capitulaciones matrimoniales entre el Conde de Boulogne, que representa al Duque de Guyena, hermano del rey Luis XI de Francia y la hija del rey Enrique IV de Castilla.

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Gargantilla reclama su lugar dentro de la historia

 

Unos apuntes históricos de la época de los Trastámara.

 

Doña Juana de Trastámara “La excelente senhora”.

La figura que pudo ser reina, aparece en los anales de la historia de Gargantilla del Lozoya. Conocida como “La Beltraneja”, hija de Enrique IV y Juana de Portugal, era la legítima heredera del trono de Castilla, ya que fue jurada como Princesa de Asturias en las Cortes de Madrid. Pero las intrigas, ambiciones y maldicencias de la nobleza impidieron su ascenso al trono de Castilla. De no haber sido así, el término de Santiago habría marcado un hito importante en la historia de España.

En Portugal le fue concedido el título de Excelente Senhora”. En ciertos documentos Juana firma como “Yo, la Reina” y timbra con su blasón acompañado del lema “Memoria de mi derecho”.

Puesta bajo la protección de Don Íñigo López de Mendoza y Figueroa por su padre el rey, en el castillo de Buitrago, este defendió siempre su causa.

Casada por poderes a la edad de ocho años, el día 26 de Octubre de 1470, con el Duque de Guyena, hermano del rey de Francia Luis XI, en el prado de la Viña, junto al actual cementerio de Gargantilla del Lozoya.

En este mismo acto se anuló el Pacto de Guisando, mediante el cual se consideraba Princesa heredera a Isabel, hermana del rey Enrique IV.

El nacimiento de Juana, el 21 de Febrero de 1462, se recibió con alegría por todos, reconociéndola como Princesa de Asturias y como legítima heredera de la corona de Castilla, incluso por los dos hermanos de Enrique IV, Alfonso e Isabel, que hasta ese momento habían sido candidatos al trono.

Isabel actuó como madrina en su bautismo y el Marqués de Villena lo hizo como padrino. Pero el rey que seguía impulsando la figura de Don Beltrán de la Cueva, provocando la ira del Marques de Villena, el cual calumnió a toda la familia Real, afirmando que la Princesa Juana no era hija del Rey, sino de Beltrán de la Cueva. La acusación causó un efecto inmediato y se extendió por todo el reino de Castilla, valiéndole a Juana el injusto apodo de “La Beltraneja”.

Tras la muerte de Enrique IV en 1474 se proclama reina Isabel, pero su sobrina Juana se enfrenta y comienza una cruel guerra de sucesión.

Juana contaba con doce años e Isabel con veintitrés, y en 1475, en plena contienda, Juana contrajo matrimonio con su tío el rey Alfonso V de Portugal, que tenía 43 años. En ese momento hay en Castilla dos reinas, pero en 1479 terminan venciendo los partidarios de Isabel, que además eran mayoría, tras firmar el tratado de Alcazovas, Juana se ve obligada a renuciar al trono de Castilla, teniendo que marchar a Portugal, abandonando su país. La legítima reina de Castilla eligió la vida espiritual y desde 1480 aquella pequeña niña que se había casado ya dos veces fue una monja más en el Convento de Santa Clara de Coimbra. El rey de Portugal le permitió vivir en un palacio de Lisboa desde el año 1500, rodeada de una pequeña corte, hasta el año de su muerte en 1530. Fernando el Católico, al quedar viudo en 1504, y para impedir que en Castilla reinase Felipe el Hermoso, pensó en casarse con su sobrina Juana y así reforzar su posición en Castilla, pero Juana lo rechazó.

Con los datos existentes sería lógico reequilibrar la historia, y sin merma del prestigio de los Reyes Católicos conceder a los otros personajes el lugar que merecen. Seguir llamando a este personaje “La Beltraneja” es injusto, dado que el apodo es producto de luchas y envidias por conseguir el poder, además de ser falso.

Isabel I de Castilla.

Isabel I de Castillla (1451-1504) fue reina de Castilla desde 1474 hasta 1504, reina consorte de Sicilia desde 1469 y de Aragón desde 1479,​ por su matrimonio con Fernando de Aragón. Se la conoce también como «Isabel la Católica», título que les fue otorgado a ella y a su marido por el papa Alejandro VI mediante la bula “Si convenit”, el 19 de diciembre de 1496.​ Es por lo que se conoce a la pareja real con el nombre de Reyes Católicos.

Se casó el 19 de octubre de 1469 con el príncipe Fernando de Aragón. Por el hecho de ser primos segundos necesitaban una bula papal de dispensa que solo consiguieron de Sixto IV a través de su enviado el cardenal Rodrigo Borgia en 1472. Ella y su esposo Fernando conquistaron el reino nazarí de Granada y participaron en una red de alianzas matrimoniales que hicieron que su nieto, Carlos, heredase las coronas de Castilla y de Aragón, así como otros territorios europeos, y se convirtiese en emperador del Sacro Imperio Romano.

Enrique IV de Trastámara.

Accedió al trono de Castilla a la edad de veintinueve años en 1454. Amante de la música, culto y respetuoso con los que le rodeaban, siguió con la tradición de los Trastámara y fue el gran ideólogo de una monarquía-estado.

Su reinado duró dos décadas, la primera década fue un periodo de tranquilidad social y de autoridad indiscutida, su prestigio es reconocido dentro y fuera del reino. Pero no así en la segunda década, en la que se enfrenta a la nobleza y sobre todo a Juan Pacheco, Marqués de Villena. Una consecuencia es la firma de los pactos de Guisando, de los que no hay documentación, en los que se reconoce a su hermana Isabel como heredera del trono, aunque dos años después los invalida aquí, en la iglesia de Santiago.

Don Beltrán de la Cueva.

Enrique IV, con el fin de contrarrestar la influencia a la que se ve sometido por el favorito Juan Pacheco, marques de Villena, hace venir al joven hidalgo de Úbeda y le concede el título de Conde, además consigue del Marqués de Santillana la entrega de su hija Mencia de Mendoza en matrimonio. De esta manera el joven Don Beltrán consigue emparentar con el linaje de Mendoza, una de las familias más poderosas del reino. Su ascenso se debió a la determinación de Enrique IV de encontrar la lealtad en hombres nuevos. Esto le genera poderosos enemigos que encuentran su mejor arma en la difamación. La decadente nobleza castellana y el favorito, de manera insidiosa se encargarán de correr la voz haciéndole pasar por el padre de Doña Juana, desde entonces esta fue injustamente apodada como “La Beltraneja”.

Don Juan Pacheco, Marques de Villena.

Don Juan Pacheco es considerado como uno de los personajes más intrigantes del reinado de Enrique IV. Puesto al servicio del Infante don Enrique, cuando aún era príncipe de Asturias supo ganarse su voluntad y desde 1440 fomentó las intrigas del príncipe contra su padre Juan II y su valido (Álvaro de Luna).

El Marqués de Villena, convertido en favorito de Enrique IV, domina el Consejo Real, plataforma que sólo utilizó para enriquecerse. Tras la muerte del Infante Alfonso fue el artífice de la Concordia de los Toros de Guisando (18 de Septiembre de 1468), por la que Enrique IV reconocía como heredera del reino a su hermana Isabel, en lugar de su hija Juana (La Beltraneja).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Pueblos Negros y el Pico Ocejón

Existe una antigua leyenda sobre el pico Ocejón, el Moncayo y el Alto Rey. Según cuenta dicha leyenda, un poderoso Señor de una tribu prerromana, que además tenía poderes de brujería, era poseedor de grandes riquezas y de un extenso territorio entre lo que hoy son las provincias de Zaragoza, Soria y Guadalajara. Al enviudar tuvo que hacerse cargo de sus tres hijos, la envidia y la codicia por conseguir la herencia de su padre hacía que los tres hermanos se llevasen muy mal.

Las duras peleas entre los hijos eran cada vez más frecuentes, hasta que el padre, harto de sus disputas, decidió castigarles con una maldición eterna, de tal manera que pudieran verse siempre pero no pudieran hablarse nunca, les convirtió en tres altas montañas que situó a cada extremo de su territorio, para que además sirviera de ejemplo para las tribus cercanas: el mayor, Moncayo; el mediano, Ocejón, y el pequeño, Alto Rey.

En la ermita situada en la cima del Alto Rey se puede contemplar un grabado en la piedra en la que se muestran tres cabezas situadas las unas al lado de las otras de la misma manera que se sitúan geográficamente el Moncayo, el Ocejón y el Alto Rey.

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Pico Ocejón

 

El Pico Ocejón.

El pico Ocejón es una montaña perteneciente al sistema Central situada en la vertiente sur de la sierra de Ayllón, en la parte noroccidental de la provincia de Guadalajara. Toma importancia por su visibilidad desde gran parte de la provincia, por su sinuosa forma y por los pintorescos “pueblos negros” que se hallan ubicados en sus faldas: Majaelrayo, Robleluengo, Campillo de Ranas, Roblelacasa, El Espinar y Campillejo en la vertiente oeste, Valverde de los Arroyos, Zarzuela de Galve, Palancares y Almiruete en la vertiente este.

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Vista de Valverde de los Arroyos con el Pico Ocejón al fondo

 

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Vista de El Espinar

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Vista de Roblelacasa con el Pico Ocejón al fondo

Los Pueblos Negros.

La arquitectura negra es un tipo de arquitectura popular que emplea como elemento constructivo principal la pizarra, compuesto mineral de tonos grises, violetas, azulados, pardos, plateados o negruzcos. Es una técnica empleada tradicionalmente en algunas zonas españolas como la sierra de Ayllón (entre Guadalajara, Segovia y Madrid) y la sierra de Alto Rey (Guadalajara). En estas zonas serranas la pizarra es un material muy abundante, además debido a los precarios medios de comunicación, en estas zonas antiguamente no se disponía de otros materiales alternativos.

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Detalle de un tejado construido en pizarra al estilo tradicional

 

Este tipo de arquitectura es aplicable a todo tipo de construcciones, tanto viviendas como edificios comunitarios (Ayuntamientos e Iglesias), pavimentado de calles, cerramientos y delimitaciones agrícolas y ganaderas, tainas para el ganado, fuentes, caminos, puentes, etcétera.

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Puente sobre el río Jarama entre Roblelacasa y Matallana

 

 

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Espadaña de la Iglesia de Roblelacasa

 

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Fuente, plaza y Ayuntamiento de Valverde de los Arroyos

 

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Una calle de Roblelacasa

 

Los ayuntamientos de Campillo de Ranas, Majaelrayo y Valverde de los Arroyos han aprobado nuevas normas encaminadas a proteger el estilo arquitectónico tradicional propio de la arquitectura negra, tales como el uso exclusivo de la pizarra propia de la zona, la prohibición de cables cruzando las calles, de cubiertas planas, de buardillones y de terrazas o ventanas sobre la cubierta.

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Iglesia de Campillo de Ranas

 

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Vivienda típica de Campillo de Ranas

 

La pizarra es el elemento estructural fundamental en las construcciones de este tipo de arquitectura, sirviendo para cubiertas y paramentos. El uso exclusivo de la pizarra provoca que sus pueblos presenten un aspecto negruzco en sus vistas, de ahí el nombre de Pueblos Negros.

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Iglesia de Majaelrayo