Cabo de San Vicente

El cabo de San Vicente es un accidente geográfico situado en el extremo sudoeste de Portugal, que marca el límite occidental del golfo de Cádiz. Se encuentra cerca de Sagres, concejo de Vila do Bispo. Se le conocía en tiempos romanos como Promontorium Sacrum, lugar dedicado al dios Saturno.

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Estrabón al describir la península ibérica, dijo de él que “no era el punto más occidental de Europa, sino de todo el mundo habitado”. Aunque hoy se sabe que el punto más occidental de la Europa continental es el cabo de Roca.

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En el mismo cabo de San Vicente hay una antigua fortaleza visitable y un faro dentro de la misma fortaleza. También existen otras fortalezas en las proximidades de este cabo, como en Sagres, localidad donde residió Enrique el navegante durante la última etapa de su vida.

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Enrique de Portugal, apodado “El Navegante” (Oporto 4 de Marzo de 1394 – Sagres, 13 de noviembre de 1460),​ Infante de Portugal y primer duque de Viseu, fue uno de los protagonistas de la política portuguesa de la primera mitad del siglo XV y del inicio de la Era de los Descubrimientos en Portugal. Por ser hijo, hermano y tío de reyes consiguió el monopolio de las exploraciones por las costas africanas y las islas del Océano Atlántico.

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Lagos, a escasos veinticinco kilómetros al este del cabo de San Vicente, se convirtió en un importante lugar de construcción naval gracias a su puerto. Desde allí partieron las expediciones de la casa del infante Enrique, donde estableció su escuela de navegación en el siglo XV, impulsora de los grandes descubrimientos portugueses.

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Frente a este cabo se produjo la conocida como batalla del Cabo de San Vicente el 14 de febrero de 1797, donde una flota española comandada por José de Córdova fue derrotada por la flota británica comandada por John Jervis.

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Aunque otras batallas anteriores también recibieron el mismo nombre; La batalla del Cabo de San Vicente de 1719, que tuvo lugar el 21 de diciembre, con victoria de un escuadrón de la Real Armada Española al mando de Rodrigo de Torres sobre una fuerza similar de la Marina Real Británica comandada por el comodoro Philip Cavendish. Y la batalla del Cabo de San Vicente de 1780, que tuvo lugar el 16 de enero, donde una flota española comandada por Juan de Lángara es derrotada por la flota británica al mando de George Rodney.

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Desde este cabo es posible apreciar el paso continuo de barcos que transitan entre el Mediterráneo y el norte de Europa.

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Cabo Sardao, el cabo de las cigüeñas

Existe un cabo en la costa alentejana de Portugal, que tiene una curiosa particularidad. Sus negros y escarpados acantilados son el lugar elegido por las cigüeñas para anidar y criar sus pollos. Está situado en el concejo de Odemira, distrito de Beja, más o menos a medio camino entre el cabo de Sines y el cabo de San Vicente.

Aunque fui más veces, os dejo unas fotos de tres de esas visitas.  Los nidos se pueden ver desde una posición privilegiada, desde la parte superior de los acantilados sin molestar a las aves.

El primer día, con un cielo cubierto, el mar tenía un bonito color verdoso y las cigüeñas estaban cuidando de los huevos en sus nidos.

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El segundo día pude ver varios nidos con las cigüeñas criando sus polluelos.

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Y en la última visita unas vistas del farol del cabo y el océano Atlántico luciendo un azul maravilloso.

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Domingos con “El Nen” en Zambujeira do Mar

En plena costa alentejana y unos pocos kilómetros al sur del Cabo Sardao (famoso por sus escarpados acantilados y por los nidos de cigüeña que alberga) encontramos un pequeño pueblo de pescadores llamado Zambujeira do Mar, otra más de las pequeñas maravillas portuguesas.

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Se trata de un pequeño pueblo de apenas mil habitantes donde aun se puede disfrutar de paz y tranquilidad cuando paseas por sus calles, lo cierto es que en el Alentejo nunca hay prisa y aquí menos aun. Se puede comer un pescado y un marisco propios de un Sultán árabe o de un Patricio romano y siempre por un módico precio. Se puede decir que en este lugar se cumplen las tres bes, bueno, bonito y barato.

El pueblo se levanta sobre un acantilado de rocas negras que dan abrigo a pequeñas playas que en muchos casos son de difícil acceso, pero que siempre son de una belleza fuera de lo normal.

De sus abundantes playas destacaría la Praia dos alteirinhos, aunque el agua está tan fría que cuando sumerges la cabeza parece que una prensa gigante presiona tus sienes.

En definitiva, otro sitio al que quiero volver más pronto que tarde y que aconsejaría visitar a cualquiera. Te apuntas Nen?

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Iniesta de mi vida y un lugar llamado Porto Covo

En el suroeste de Portugal, en plena costa alentejana y a unos pocos kilómetros de Sines, hay un pueblo de pescadores formado por pequeñas casas bajas donde predomina el azul y el blanco en sus fachadas. Donde el suelo está laboriosamente empedrado en blanco.

Está rodeado de una gran belleza natural en forma de pequeñas playas, retorcidos acantilados de rocas imposibles y un inmenso mar de frías aguas donde darse un baño es todo un ejercicio de valentía.

Una calurosa tarde de Domingo de Julio (tan solo llevaba una semana trabajando en Sines), tuve la oportunidad de ver junto a otros compañeros de trabajo la final del campeonato del Mundo de fútbol. Si, la única copa del mundo que tiene España a nivel de selecciones, la conquista que nunca se nos olvidará con aquel solitario gol en la prórroga de “Iniesta de mi vida”.

Después de aquella visita futbolera volví muchas más veces durante un año, muchos otros Domingos en los que fui descubriendo muchos de sus pequeños secretos. El pueblo es una maravilla, donde se come un pescado a la brasa tan fresco que aun se mueve después de asarlo. Puedes caminar por sus calles con la misma tranquilidad que si estuvieras en tu casa. Es uno de esos lugares donde parece haberse detenido el tiempo.

El mar cambia de color cada día, de manera que nunca te puedes cansar de verlo, ni de escucharlo, ni de olerlo. En bajamar, si te metes entre sus rocas y tienes suerte puedes ver su más preciado manjar, el pata negra del mar, percebes, pero no se te ocurra tocarlos, como mucho ten cuidado al pisar, saca unas fotos y déjalos como están.

Al sur de Porto Covo hay una pequeña isla, llamada isla de Pessegueiro. Cuentan de ella que antaño ya estuvieron los cartagineses. Y justamente en frente de dicha isla hay una fortaleza que nos hace soñar con los tiempos de piratas.

Porto Covo, un lugar de ensueño que tiene hasta una canción de Rui Veloso

Havia um pessegueiro na ilha
Plantado por um vizir de Odemira
Que dizem por amor se matou novo
Aquí, no lugar do Porto Covo