La flora de la sierra de La Cabrera 15, Quitameriendas

La flor que anuncia el otoño. Quitameriendas, Colchicum montanum, Merendera montana.

La sabiduría popular afirma que el origen de este curioso nombre se debe a que, antiguamente, los pastores o trabajadores del campo se regían por la luz del sol e incluían sus comidas en la jornada laboral. Así, según se iban haciendo las tardes más cortas las horas de luz se iban reduciendo y se tendía a eliminar una de las comidas del día, generalmente la merienda, ya que se adelantaba la cena.

La mayoría de los nombres son referencias de carácter estacional, dado que la planta florece en otoño. Además de ‘quitameriendas’, en la provincia salmantina estas flores también son conocidas como lirios de otoño, aunque su nombre popular depende del lugar en el que brotan. Por ejemplo, ‘merendera’ o ‘alzameriendas’ son términos empleados en otras provincias castellano y leonesas, ‘escusameriendas’ en Aragón, ‘merendeira’ en Galicia.

Los nombres riojanos de espachapastores y aventapastores hacen referencia a que, cuando empezaban a asomar, los pastores debían prepararse para marcharse a la trashumancia.

Otro de los nombres que recibe es el de mataborregos, que tiene que ver con el contenido en alcaloides que pueden provocar problemas en bóvidos y otros herbívoros. De todas maneras en La Cabrera puedes ver a las vacas y sus chotos pastando entre las quitamerendas, incluso comerlas y no parece afectarles lo más mínimo.

En zonas de montaña de Aragón y de gran afluencia turística, algo ya más propio de los últimos tiempos, se usa el nombre de espachaveraneantes, que cuando aparece la merendera los veraneantes van abandonando la comarca.

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La más bonita de las dehesas (Gracias Antonio)

La Dehesa Bonita es un bosque mixto caducifolio perteneciente al término municipal de Somosierra, el pueblo situado más al norte de la Comunidad de Madrid. Además, con una altitud de 1433 metros sobre el nivel del mar​, se convierte en la localidad ubicada a mayor altitud y la más septentrional de esta Comunidad Autónoma.

El bosque crece en las faldas de la vertiente oeste del pico Peña Cebollera, también llamado pico de las tres provincias, en la Sierra Norte de Madrid. Se trata de una Dehesa que a día de hoy alberga una de las reliquias botánicas que perduran de épocas glaciares. Está considerado como uno de los bosques mejor conservados de la Comunidad de Madrid, ya que su enorme variedad: acebos, robles, cerezos, avellanos, pinos silvestres, serbales, tejos y, sobre todo abedules, hacen de este un lugar una zona con alta biodiversidad. Su mejor visión es en otoño, cuando su cromaticidad y los contrastes de colores entre las diferentes especies se hacen más patentes.​

La singularidad principal del bosque es su gran número de abedules, especie muy abundante en la Dehesa, un árbol típico de zonas húmedas. De hecho, es el abedular más importante de la Comunidad de Madrid. Sin embargo el árbol más abundante es el roble melojo y también hay algunas coníferas como el pino silvestre y el tejo. Destacan dos abedules con más de 200 años, un acebo con más de 300, y un grandioso mostajo, todos ellos declarados árboles singulares de la región.

Al ser una dehesa boyal existe un importe número de especies ganaderas como vacas, bueyes o caballos. A estos se unen los animales salvajes como los corzos, jabalíes, zorros y ocasionalmente el lobo ibérico; aves rapaces como el azor, el mochuelo, el Búho real o el buitre leonado.​

La Dehesa Bonita tiene un clima típico de montaña, por sus 1.400 metros de altitud. Está caracterizado por los inviernos fríos y los veranos suaves. Las precipitaciones son abundantes todo el año excepto en verano, superando los 1.100 mm anuales. Este nivel de precipitaciones hace que los arroyos rebosen agua dando lugar a pequeñas cascadas que discurren entre peñas tapizadas por musgos y líquenes que dan al lugar una aspecto mágico. En los meses de invierno la precipitación suele ser en forma de nieve. La temperatura media anual ronda los 14 grados con máximas de 25 y mínimas de -5.

Amanita Muscaria. Setas de la sierra Madrileña I

Cuentan las sagas nórdicas que gritaban como animales salvajes, lanzaban espuma por la boca y mordían el marco de hierro de sus escudos. Su aparición causaba pánico en las filas enemigas. Los «berserker» eran un cuerpo de guerreros de élite de los primeros reyes vikingos. Se vestían con pieles de oso, sus cuerpos reposaban sobre pieles de oso cuando eran incinerados y probablemente rendían un tipo de culto a los osos. Parece ser que el motivo de este fiero comportamiento era debido al estado de trance producido por la ingesta de hongos alucinógenos, más concretamente la AMANITA MUSCARIA.

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Todas las fotos están hechas en la sierra de Guadarrama, más concretamente en el puerto de Canencia, Puerto de la Morcuera y en el Espaldar de la sierra de La Cabrera.

La amanita muscaria, también conocida como matamoscas o falsa oronja,​ es un hongo basidiomiceto muy común, del orden Agaricales.​ El epíteto específico muscaria proviene del latín musca, mosca, y hace referencia a la interacción que se produce entre este hongo y los insectos. Paraliza temporalmente a los insectos que entran en contacto con la seta. Además del de falsa oronja (puede confundirse con la oronja o amanita cesárea cuando el sombrero está muy lavado), otros de los nombres que puede recibir son agárico pintado y oronja pintada.

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Con un tamaño en su madurez que puede ir de 10 a 20 cm, presenta un vivo color rojo rodeado de puntos blancos que se va difuminando con el paso de los días. Su sombrerillo varía entre los 10 cm y 25 cm de diámetro, evolucionando desde la forma globosa a convexa y finalmente plana como casi todas las amanitas. Su cutícula es de color rojo escarlata que vira al naranja con la edad. Sobre ella hay numerosos restos blancos del velo universal. Estos, suelen ser de textura algodonosa y dispuestos en círculos concéntricos, de color blanco que amarillea con el tiempo. Carnoso, consistente y de aspecto atractivo. Margen incurvado y ligeramente estriado en la madurez. Presenta un pie cilíndrico, fácilmente separable del sombrero, blanco a ligeramente amarillo claro, recto, robusto, lleno y con anillo. Su tamaño varía desde unos 12 a 20 cm de altura y de 1 a 3 cm de diámetro. El anillo es amplio, membranoso y con el borde ligeramente teñido de amarillo. La base del pie es claviforme, rodeado de una volva, blanca, fugaz, a manera de verrugas que componen círculos incompletos.

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En sus primeros estados el sombrero aparece envuelto por un velo blanquecino, presentando una forma globoide que posteriormente, al desgarrarse, se tornará hemisférica para terminar extendiéndose, con el margen ligeramente incurvado. También presenta unas granulaciones blancas o amarillentas que se dispersan por toda la superficie. Estas son los restos de la volva o cobertura inicial y, con el tiempo, van desapareciendo de forma gradual. La cutícula es de color rojo, muy brillante, con matices que van desde el anaranjado al amarillo oscuro. La superficie inferior aparece recubierta por láminas, generalmente blancas, independientes y ventrudas.
El pie, de coloración clara, puede llegar a medir hasta 24 cm de altura y 3 cm de grosor, presentando un aspecto bulboso en la base, sobre la que pende un característico anillo blanco de aspecto membranoso.

 

El uso peculiar de este hongo como enteógeno está documentado desde 1730. Una leyenda koryak habla de un héroe, Gran Cuervo, que capturó una ballena pero después no pudo devolverla al mar debido a su gran peso. El dios Vahiyinin (Existencia) le dijo que consumiera espíritus de wapaq para conseguir la fuerza que necesitaba. Vahiyinin escupió sobre la tierra y surgieron plantas de color blanco, pequeñas. Eran los espíritus de wapaq. Apenas comió wapaq, Gran Cuervo se convirtió en alguien muy fuerte y suplicó: «¡Oh wapaq, crece por siempre en la tierra». Después de esto le dijo a su gente que debían aprender lo que wapaq tenía para enseñarles. Wapaq es la amanita, regalo de Vahiyinin.
En la Rusia siberiana estos hongos son consumidos por los chamanes de algunas tribus. Estas tribus de Siberia no conocían otros intoxicantes hasta que los rusos introdujeron el alcohol. Secaban los hongos al sol y se los comían. Podían comérselos ya fuera solos o en un extracto con agua, con leche de reno o con el jugo de varias plantas dulces. Si se iba a comer solo se humedecía primero en la boca, o bien, una mujer no dejaba de ensalivarlo hasta formar una bolita que el hombre consumía. El uso ceremonial de la amanita dio origen posiblemente a la práctica ritual de beber orina, pues estas tribus sabían que los principios psicoactivos de los hongos son filtrados por el riñón en forma de metabolitos aún activos, algo inusual en relación a los compuestos alucinógenos de las plantas.​ Los koryaks derramaban agua sobre algunos hongos y los hervían. Luego beben este licor y se intoxican: los más pobres se apostaban alrededor de las tiendas de los ricos buscando la oportunidad de recoger la orina de los invitados que salían a orinar. Así lograban intoxicarse ricos y pobres.
En 1968, el estudioso de etnomicología R. G. Wasson propone la identificación del soma, sustancia divina fundamental en los ritos de la India védica, con la Amanita muscaria. Para justificar su tesis hace referencia a la traducción de distintos versos escritos en el Rig-veda (el más antiguo de los Vedas); Wasson cree identificar en ellos pruebas de la ingestión ritual de orina, algo que reforzaría la identificación del soma con la Amanita muscaria: «los hombres hinchados orinan el soma que fluye. Los señores con las vejigas hinchadas, orinan el soma con rápidos movimientos». Los sacerdotes que personificaban a Indra y Vayu orinaban soma tras ingerirlo en la leche. En los poemas védicos la orina no es un término ofensivo; es una metáfora que describe la lluvia. Las nubes fertilizan la tierra con su orina.​ La propuesta de R. G. Wasson, sin embargo, no está demostrada de forma definitiva,​ y el debate sobre la identidad del soma aún no se ha zanjado.

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Este hongo puede encontrarse en condiciones de hábitat muy amplias, desde las regiones más bajas, hasta las zonas de media y alta montaña, siendo éstas últimas circunstancias las más probables. Aunque vive en todo tipo de bosques, es más frecuente encontrarla en los de hayas, pinos negros, abetos y abedules. Crece asociada a las raíces de éstos, con los que intercambia sales minerales y agua por otras sustancias orgánicas, pudiendo llegar a formar grupos relativamente numerosos. Se desarrolla entre finales de verano y otoño, dentro de la estación micológica.

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Comestibilidad y propiedades

Su sabor, al igual que su olor, no son especialmente intensos y está considerada como una seta peligrosa por su toxicidad. En dosis muy altas, tiene un gran efecto neurotóxico, mientras que si está seca su potencial alucinógeno es mucho más alto. En grandes cantidades puede inducir al coma. Sus principales propiedades son enteógenas, por lo que se ha utilizado desde tiempos remotos como estimulante. Administrada por vía oral es también tóxica para el intestino y el hígado, por lo que si se ingiere inadvertidamente, se debe recurrir a un centro médico, mostrar el espécimen ingerido y sugerir pruebas de función hepática para descartar daño permanente. El efecto neurotóxico está dado por un componente llamado muscimol, un potente alucinógeno. El muscimol actúa a nivel de las sinapsis neuronales, como agonista en los sitios de interacción de los receptores de ácido gamma-aminobutírico, también llamados receptores de benzodiazepinas (ejemplo de éstas es el componente activo del Valium, la metildiazepinona), y, entre muchas de sus acciones sobre el sistema neurológico, causa la apreciación deformada de formas y distancias. El compuesto enteógeno o psicoactivo se llama ácido iboténico y si el hongo se deja secar se convierte en muscimol. La seta también produce un alcaloide tóxico llamado muscarina.
Se dice que el consumidor de este hongo siente una alegría retozona, que suele manifestarse con cantos; y cualquier esfuerzo físico que trate de realizar se le hace fácil, porque el tono muscular se eleva considerablemente. En ciertos sujetos, y según la dosis de amanita muscaria ingerida, de la exaltación suceden la calma, un notable decaimiento y la somnolencia. El consumidor acaba durmiéndose, y en sueños cree contemplar sucesos futuros.
Por lo regular, y sobre todo al principio de la intoxicación, el conocimiento se mantiene en buenas condiciones, y el afectado coordina bien, se siente feliz y satisfecho. Luego sobrevienen las alucinaciones. Ve junto a él personas inexistentes, a quienes habla y comunica sus intimidades; pretende hacerlas partícipes de sus bienandanzas, de las maravillas y bellezas que contempla. Con sus dilatadas pupilas, todo cuanto le muestra la realidad se le agranda de manera tan prodigiosa, que de una pequeña concavidad puede antojársele sima profundísima; un vaso de agua, inmenso lago.

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Un potente alucinógeno.

Son muchos los usos psicotrópicos de estos hongos a lo largo de la historia. Según los últimos estudios, parece ser que constituía el componente principal del «soma», el elixir de la juventud de los antiguos vedas, ya presente en el 1500 a.c. en lo que sería actualmente el norte de la India. Este pueblo de guerreros obligaba a sus esclavos a comer este hongo y posteriormente recogían la orina, con la cual fabricaban el soma. De esta manera, a través de la orina podían disponer de sus propiedades psicotrópicas sin sus efectos físicos negativos, dado que el organismo expulsa por la orina el ácido iboténico, principal responsable de estos efectos, mientras que la mayoría del muscinol, que produce la mayoría de los efectos desagradables físicos es retenido en el organismo y metabolizado por el hígado.

De igual manera, la Amanita Muscaria fue muy utilizada por los vikingos. Esta seta es muy abundante en Escandinavia, donde crece debajo de abetos y abedules. Este pueblo de fuertes guerreros ingería este hongo para obtener más fuerza en la batalla y no sentir cansancio o dolor. Entre ellos destacaban los «berserkers», una élite especial de guerreros. Parece ser que bebían un elixir confeccionado especialmente con esta seta, que les proporcionaba un estado de trance muy característico; luchaban como posesos, e incluso llegaban a morir por deshidratación, al no sentir la necesidad de beber. Por la forma que aparecen en los antiguos escritos, como luchaban, el aspecto físico de su cuerpo, la mirada de sus ojos o sus reacciones corporales, se supone que estaban bajo los efectos de la Amanita Muscaria.

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Protagonista en la literatura y el la tradición.

Dada su gran belleza, es el hongo que aparece dibujado en muchos cuentos infantiles o pintado en muchos cuadros. Es el hongo que se describe constantemente en los libros de los Gnomos, Duendes de los bosques, Elfos y otras criaturas similares. En todos estos libros existen similitudes respecto a la conducta y vida de estos seres. Todos ellos viven en los bosques y lo hacen dentro de unos hongos muy vistosos y de color rojo.

Todos estos seres pueden ser al mismo tiempo seres bondadosos, capaces de realizar las mejores acciones cuando están tranquilos y ser completamente malvados cuando se muestran nerviosos o intranquilos. Las propiedades alucinatorias y los cambios de comportamiento que origina la Amanita Muscaria se reflejan claramente en el carácter de estos personajes.

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Roblellano en otoño, La dehesa I

Roblellano es una pequeña dehesa comunal perteneciente al término municipal de La Cabrera. Limita al este con el pueblo, al norte con la sierra homónima, al oeste con el cancho de la Cabeza y al sur con la carretera de Valdemanco.

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Se trata de una superficie más o menos plana con forma de cuadrilátero, regada por el arroyo de Huertavieja que la atraviesa de norte a sur, cuyos valores naturales y paisajísticos han perdurado a lo largo del tiempo.

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Arroyo de Huertavieja

La dehesa está cubierta en sus cotas más altas por espectaculares canchos berroqueños, como es el cancho de los Chiviles, desde donde se puede observar toda la dehesa.

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Está tapizada por un bosque en sus cotas intermedias donde predominan los robles, pero es fácil encontrar también arces de Montpellier, enebros, encinas y fresnos, que dan un colorido especial en otoño.

En su cotas más bajas está cubierto por praderas herbáceas que se llenan de una gran variedad de flores en primavera, Estas praderas  están salpicadas de pequeñas lagunas espejeantes, como son las lagunas de la Mata Torejo, que mantienen el agua salvo en los meses de verano.

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Laguna de Mata Torejo

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Atardecer en la Laguna de Mata Torejo

Por si todo esto no fuera poco, la dehesa está custodiada bajo la atenta mirada del viejo convento franciscano de San Antonio y San Julián situado en la ladera sur del Cancho Gordo.

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Desde esta dehesa se observan a la perfección las formaciones graníticas que abundan en la sierra, imponentes macizos redondeados que se alzan sobre el colorido tapiz vegetal de sus empinadas laderas formado por jaras pringosas, retamas, cantuesos, robles melojos, encinas y enebros comunes.

Es habitual avistar distintas aves sobrevolando estas formaciones rocosas, como lo hace el buitre leonado. También son muy habituales los ejemplares de milano real, azor común, codorniz común, zorzal real, carbonero común y bisbita campestre. En primavera y otoño, las lluvias forman pequeñas lagunas en las que se concentran gran cantidad de seres vivos. Además, es común cruzarse con corzos, jabalíes, conejos, liebres y pequeños reptiles como lagartijas colilargas.

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Dehesa es un bosque formado por encinas, alcornoques, robles u otras especies, con estrato inferior de pastizales o matorrales, donde la actividad del ser humano ha sido intensa en prácticamente la totalidad del bosque y generalmente están destinados al mantenimiento del ganado, a la actividad cinegética y al aprovechamiento de otros productos forestales (leñas, corcho, setas, etc.).

Es un ejemplo típico de sistema agrosilvopastoral y típico de la zona occidental de la península ibérica.

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El término dehesa viene del latín defesa (defensa), pues los primeros pobladores en la reconquista hacían vallados para proteger los rebaños alojados en ellas. Se trata de un ecosistema derivado de la actividad humana a partir del bosque de encinas, alcornoques, etc. Es la consecuencia de conquistar al bosque terrenos para destinarlos a pastizales. Pasa por una fase inicial en la que se aclara el bosque denso para pasar a una segunda fase de control de la vegetación leñosa y la estabilización de los pastizales.

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Abrevadero para el ganado

El término de dehesa aparece en la Edad Media, probablemente entre los siglos X y XII, utilizado para designar aquellos terrenos protegidos del pastoreo del ganado trashumante y destinados al descanso y pastoreo del ganado de los asentamientos humanos o de los señores feudales. Sin embargo, la mayor parte de las dehesas arboladas actuales fueron creadas entre los siglos XIX y XX a partir del aclarado del bosque mediterráneo o de dehesas previamente abandonadas para cubrir las necesidades alimenticias humanas en un medio con recursos estacionales y escasos.

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En la actualidad, la dehesa es un sistema de uso múltiple del territorio originado por el hombre, fruto de la experiencia y del conocimiento local. Mediante el aclarado del bosque mediterráneo, el control del matorral y el fomento de un estrato herbáceo diverso se ha conseguido armonizar en un frágil equilibrio, el aprovechamiento agrícola, ganadero y forestal en un medio con suelos poco fértiles, no aptos para una agricultura permanente, y un clima de marcada estacionalidad, con periodos críticos para plantas y animales. Dentro de este escenario difícil, la dehesa ha supuesto históricamente una solución de compromiso entre producción y conservación, cubriendo las necesidades humanas al mismo tiempo que se genera biodiversidad y otros muchos servicios ecosistémicos.

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Reflejos de la sierra en una pilancona

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La Cabrera en otoño

Vamos a dar un paseo otoñal por La Cabrera.

De todas las estaciones del año, ninguna es como el otoño para pasear por la dehesa. Hoy recorreremos distintos lugares buscando las mejores vistas de la sierra de La Cabrera.

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Dehesa de Roblellano

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La sierra desde el Tobarejo, los fresnos amarillean en roblehorno

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Vista del Cerro de la Cabeza, Mondalindo y Cancho Gordo

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El Cancho Gordo desde La Mata de la Zorrera

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Cancho Gordo reflejado en una pilancona no fluvial

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La Cabrera con la sierra al fondo

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Pico de la Miel

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Arces de Montpelier en la dehesa de Roblellano

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Dehesa de Roblellano

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Convento de San Antonio desde Roblellano

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Pico de la Miel desde Roblellano

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Cancho de la Bola desde el Tormo

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Cancho de la Bola desde el arroyo Alfrecho

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El Castaño del Tormo

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El castaño del Tormo

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El castaño del Convento

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El Pico de la Miel desde la ventana de la Mata de la Zorrera

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La sierra desde la Ventana

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Lagunilla de la Mata Torejo

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Lagunilla de la Mata Torejo, dehesa de Roblellano

El Hayedo de Tejera Negra

La ruta de la «Senda del Robledal»

Haremos una ruta por la que llegaremos caminando hasta el hayedo de Tejera Negra. En la que podremos disfrutar de impresionantes vistas de los valles surcados por el río Zarzas y por el río Lillas. También veremos elementos de la arquitectura tradicional como puentes y tainas, construidos con la pizarra que abunda en esta zona de la sierra, así como la réplica de una carbonera, ejemplo del aprovechamiento de los recursos que ofrece este lugar. Y podremos contemplar los distintos ecosistemas que constituyen esta zona de la sierra, como son pastizales, robledales, matorrales y pinares de repoblación, para llegar finalmente al hayedo, que atravesaremos hasta llegar hasta la pradera de Matarredonda. El camino de regreso lo haremos caminando por los pastizales que hay junto al río Lillas.

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Foto del grupo

La ruta comienza desde el aparcamiento que hay junto al Centro de Interpretación, situado a poco más de 2 kms de Cantalojas. En un principio, caminamos en paralelo a la pista forestal de acceso al aparcamiento, aproximadamente durante medio kilómetro, hasta llegar a un vallado, que atravesamos por un paso canadiense. Superado este paso, giramos a la izquierda tomando una vereda que nos lleva al río Lillas, pasando cerca de una taina en estado ruinoso.

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Puente sobre el río Lillas

Descendemos por una senda indicada con unos postes con marcas verdes y cruzamos el río Lillas por un puente de pizarra típico de la zona, junto al que suele estar pastando el ganado, y continuamos hasta otra taina próxima de construcción tradicional. Desde dicha taina, giramos a la derecha para ascender por una senda que discurre por la línea de cresta que separa los valles de los ríos Zarzas y Lillas.

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Pastizales, matorrales y robles en la senda del robledal

En este recorrido, atravesamos zonas de roble melojo, matorrales de jara estepa y pastizales de alta montaña, como el de La Torrecilla, llamado así por la pequeña torre de señalización de piedras de pizarra realizada por los pastores.

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Vista del parque natural de la Tejera Negra desde la senda del robledal

Las vistas panorámicas que vemos son únicas en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, pudiendo observar los contrastes producidos por el color de las hayas (al fondo), los robles, los pinos y demás vegetación existente. A pocos metros hacia la izquierda de la senda del robledal, podemos encontrar un viejo roble centenario, que aunque no se ve a primera vista desde el sendero, está convenientemente señalizado para poder contemplarlo.

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Un roble centenario

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Agallones de roble

Desde La Torrecilla, la senda se convierte en pista forestal, que seguimos en la misma dirección. A esta pista se le une por la derecha otra que viene desde Cantalojas habilitada para el tránsito de bicicletas.

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Pinos, robles, jaras y brezos en la senda del robledal

Continuamos en la misma dirección que llevábamos, hacia la cabecera de los valles, por la línea de cumbres, hasta llegar al Collado del Hornillo, en el que vuelven a separarse ambas rutas, la de a pie y la de bicicletas. Giramos entonces a la derecha, abandonando la pista forestal para adentrarnos en otra pista que se introduce en el bosque de pino silvestre y que nos lleva hacia la Senda de Carretas y por fin hacia las hayas.

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Ya estamos en el hayedo

Según avanzamos van apareciendo estas hayas, haciéndose cada vez más abundantes. Las podemos distinguir muy bien además de por su hoja, por su corteza de color gris y por su textura lisa, dando el paisaje característico de los hayedos.

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Cruce con la Senda Carretas dentro del hayedo

Al llegar a otro cruce en el mismo corazón del hayedo, la ruta enlaza con la Senda de Carretas. En este punto, podemos bajar directamente hacia el aparcamiento (la ruta más habitual de los visitantes que acceden al parque del hayedo en coche, coincidente con la parte final de la Senda de Carretas), o bien continuar de frente para disfrutar algo más de las hayas, pudiendo hacer la Senda de Carretas en sentido contrario, hasta el aparcamiento. Cabe destacar en esta zona de hayas la existencia de algunas especies de árboles salpicadas en el bosque, donde destaca un magnífico ejemplar de Tejo.

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Un bello ejemplar de tejo entre las hayas

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Las hayas ofrecen este crisol de colores

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La presencia de pizarra es una constante en el suelo del hayedo

Continuamos caminando por la senda carretas en su sentido inverso hasta llegar a la pradera de Matarredonda, una pradera con unas espectaculares vistas del bosque que acabamos de atravesar, así como de los valles y montañas que nos rodean.

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Vista del hayedo desde la pradera de Matarredonda

Después de un pequeño descanso en la pradera de Matarredonda para reponer fuerzas y recrearnos con sus espectaculares vistas, empezamos a descender por el interior del hayedo camino del aparcamiento por la senda carretas, con un ambiente que parece sacado de un cuento de hadas.

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Hayas

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Hayas y pinos

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Hayas jóvenes

Antes de salir del hayedo nos encontramos con la réplica de una carbonera, lugar donde antiguamente se producía carbón vegetal, que era una de las actividades que el hombre realizaba para aprovechar los recursos del monte.

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Carbonera

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Hayas

Desde el aparcamiento, el camino de vuelta a pie discurre por el pastizal situado junto al río Lillas, aguas abajo. En este tramo de la ruta no existe un sendero definido. Se trata simplemente de seguir el curso del río, que cruzamos frecuentemente de un lado al otro para buscar las zonas más fácilmente transitables.

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Río Lillas

En este tramo nos encontramos con la «Taina Grande», que aunque no lo parece, todavía está en uso. Cuando llegamos al puente sobre el río de la pista procedente de Cantalojas, continuamos por la propia pista de retorno al Centro de Interpretación  finalizando así la ruta.

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Río Lillas

Que es el hayedo de la Tejera Negra?

La Tejera Negra es un hayedo situado en el término municipal de Cantalojas, en el rincón noroccidental de la provincia de Guadalajara. Forma parte del macizo de Ayllón, en el extremo oriental del Sistema Central. Tiene la singularidad de ser uno de los hayedos más meridionales de España y de Europa y ocupa una extensión aproximada de 400 hectáreas.

En 1974 se declara al hayedo de Tejera Negra sitio natural de interés nacional y en 1978 se declara parque natural, que se amplió en 1987. Desde la creación del parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara, el 22 de marzo de 2011, quedó integrado dentro de éste, por lo que se derogó su anterior declaración de parque natural. En 2017, junto con otros hayedos de España y Europa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como extensión de los Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa.

El «Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra» recibe su nombre principal del Hayedo y su nombre complementario, «Tejera Negra», del valle vecino por el Poniente, la cuenca del río Sorbe, donde aparece en los mapas topográficos un barranco menor, expuesto al Norte, con el nombre de Tejera Negra.

Estas masas han sobrevivido, gracias a su situación estratégica en los lugares más inaccesibles, a la obtención de leña y carbón vegetal, así como a la roturación con objeto de crear pastos para el ganado. El melojo y el pino silvestre también forman masas boscosas principalmente en solanas, de manera natural el primero y procedente de repoblaciones el segundo. También cabe destacar la presencia de tejos, acebos y abedules que de manera aislada o en pequeños grupos salpican aquellas zonas con mayor humedad.

 

Puebla de la Sierra, el valle de los sueños.

Situada en uno de los parajes más bellos y escondidos de la Sierra del Rincón, a poco más de 100 kilómetros al Noreste de la capital, Puebla de la Sierra es un municipio perteneciente a la Comunidad de Madrid, que hasta mediados del siglo XX fue conocida como Puebla de la Mujer Muerta. Fue en los años 40, cuando se le cambió el nombre, a petición de Carlos Ruiz, el gobernador civil de la provincia, ese nombre provenía de que en las montañas del municipio había una forma de una mujer fallecida.

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El municipio está situado en medio del denominado Valle de la Puebla, rodeado a su vez por la Sierra del Lobosillo. Esta sierra del Lobosillo bordea todo el municipio excepto hacia el sur, donde el Valle de la Puebla se abre camino siguiendo el curso del arroyo de la Puebla, hasta desembocar en el Embalse del Atazar.

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Este valle alberga gran cantidad de especies arbóreas, donde destacan fundamentalmente robles centenarios en sus dehesas, álamos y sauces en las partes más bajas del valle y pinos en las zonas más altas de las montañas.

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También es notable y digna de mención la presencia de pizarra, que ha sido usada en toda esta zona como material para la construcción de casas y cuadras para el ganado.

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Se cree que el origen de Puebla de la Sierra se remonta a épocas árabes, aunque es probable que la presencia islámica fuese poco importante. En el Siglo XII se comenzaron a crear poblaciones estables por razones defensivas en la Comarca de Buitrago, y se piensa que Puebla de la Sierra debió ser una de esas poblaciones. Ya a finales del siglo XIII, la aldea (para entonces Puebla de la Mujer Muerta) pertenecía a un arcediano madrileño, que la recibió de Sancho IV de Castilla. El arcediano la permutó después con otra pequeña población.

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A finales del Siglo XV, más exactamente en el año 1490, se convirtió en villa, gracias al Marqués de Santillana, el motivo fue compensar el aislamiento que tenía. Adquiriría entonces jurisdicción propia. Hasta la segunda mitad del siglo XVI el concejo de la puebla tuvo que reunirse en la puerta de la iglesia ya que no tenían ayuntamiento, acabaron de tener que hacerlo con la construcción de un ayuntamiento.

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En el año 1768, se produjo el momento de mayor población de la villa, 313 habitantes, una cifra muy parecida a la de la población actual de Montejo de la Sierra. Las principales actividades económicas eran: la agricultura (de secano y regadío) y la ganadería.

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Durante el siglo XIX se sucedieron distintas medidas, tocó fin el antiguo régimen. Las medidas fueron: la división provincial, la desamortización religiosa y civil y la abolición de los señoríos. Entonces el 70% de las tierras de Puebla de la Mujer Muerta, como se llamaba antiguamente, se pusieron en subasta, la mayor parte quedaron en manos de los vecinos.

En la Guerra Civil Española el ayuntamiento fue demolido y la iglesia sufrió graves daños, unos años después, todo en el siglo XX, un plan de regiones devastadas tocó la villa, se construyó un nuevo ayuntamiento y se restauró la plaza del pueblo. Desde la guerra la población ha descendido imparablemente.

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Como monumentos mas significativos destacan:

La Ermita de Nuestra Señora de la Soledad: construida en el año 1562. Para entonces pertenecía a la cofradía de la Vera Cruz. Actualmente se emplea como ermita del cementerio de la localidad. Existe una fuente Árabe situada junto a dicha Ermita, tiene un arco de medio punto, es allí donde la gente iba a recoger el agua.

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Iglesia parroquial de la Purísima: fue probablemente construida a principios del siglo XVII. Consta de un cuerpo principal, y tres naves que están separadas por arcos. En la cabecera sobresale una preciosa espadaña. En la Guerra Civil Española fue gravemente dañada.

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Esculturas del Valle de los Sueños, situadas a lo largo y ancho del municipio de Puebla de la Sierra, perfectamente integradas en este medio rural.

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Área recreativa del arroyo de la Puebla, donde destaca una representación megalítica totalmente integrada en un bello paraje.

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La Hiruela

La Hiruela es un pueblo situado a 98 kilómetros de la capital, enclavado en la denominada sierra del Rincón, en el límite nororiental de la Comunidad Autónoma de Madrid.

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La Sierra del Rincón comprende los términos municipales de cinco pueblos, Prádena del Rincón, Montejo de la Sierra, Horcajuelo, Puebla de la Sierra y la Hiruela. Está catalogada como reserva de la Biosfera por la UNESCO desde 2005.

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Gracias a su aislamiento ha conseguido mantener un ecosistema prácticamente inalterado a lo largo de los siglos. Rodeado de montañas tiene un gran valor paisajístico, donde predomina el roble melojo en su dehesa y con una variada mezcla de otros árboles como enebros, abedules, avellanos o fresnos entre otros, que ofrecen un verdor propio de las tierras del Norte.

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Siendo la producción de carbón vegetal de roble, junto con la producción de miel en sus colmenas de abejas, unas de las principales actividades económicas de este y otros pueblos de la zona durante los tiempos pasados.

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El Molino

Uno de sus mayores atractivos actuales, sobre todo de cara al turismo, es su molino harinero. Está situado en la orilla occidental del río Jarama en un privilegiado lugar rodeado de árboles. Según parece su origen data de la segunda mitad del siglo XVIII. Fue de propiedad comunal hasta el año 1888 que fue vendido a un particular. Tras varios cambios de propietario volvió a ser adquirido por 65 familias de la Hiruela y mantuvo su carácter comunal hasta 1975 que finalizó su actividad.

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En 2001 fue restaurado con fondos de la Unión Europea y de la Comunidad de Madrid, recuperando las muelas y la estructura del edificio que se había hundido con el paso del tiempo.

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La fiesta del Pero

Desde el año 2006 se celebra en La Hiruela la denominada fiesta de recolección del pero. Aunque su nombre induce al error, el pero es una variedad de manzana que se caracteriza por un olor agradable y un exquisito sabor.

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