La Cabrera geológica, Pilancones.

La Sierra de La Cabrera es una formación granítica (plutón) de gran interés morfológico, pues ofrece un amplio muestrario de las peculiares formaciones del modelado sobre granito como son los domos, las acebolladuras, los thors o canchos de bloques superpuestos o los acastillamientos por fallas verticales, pilancones etc.

En geología un plutón es una gran masa de rocas encajada en la corteza terrestre, procedente del ascenso de magma fundido desde grandes profundidades, que se ha enfriado y cristalizado paulatinamente, antes de llegar a la superficie. Un plutón es una intrusión que puede ser muy grande, de hasta varios kilómetros, dentro de la roca encajante. La mayoría de las veces el magma se ha solidificado a profundidades de hasta 10 km, circunstancia a la cual se debe que solo sean visibles en aquellos casos en que la tectónica ha elevado esa zona de la corteza y ha actuado la erosión. Los más característicos son los batolitos y los lacolitos. Batolito, del griego, bathos y lithos que significan profundo y piedra respectivamente, es una masa extensa de granitoides que se extiende por cientos de kilómetros​ y cubre cientos de kilómetros cuadrados en la corteza terrestre. Los batolitos están compuestos por múltiples plutones individuales los cuales pueden solaparse o intersecarse.​ Los grandes volúmenes de los batolitos se deben a una cuantiosa y repetida producción de magma durante periodos de orogénesis.

Este macizo de La Cabrera está formado con dos tipos de granitos: de grano grueso que tuvo una consolidación lenta y de relieves redondeados y de grano fino, de consolidación rápida que origina formas más agudas.

Hablemos y veamos distintas pilanconas cabrereñas

Las formas circulares que se encuentran con frecuencia en las zonas altas de las regiones graníticas son los pilancones y pueden ser confundidos con las marmitas de gigante, aunque son estructuras que tienen orígenes distintos. Las marmitas son formas de erosión asociadas a canales fluviales, con una elevada relación profundidad / anchura y fondos curvos o cónicos, mientras que los pilancones suelen tener relaciones de profundidad / anchura menores y además mostrar fondos generalmente planos. De hecho, los pilancones están más cerca de parecerse a una paellera que a un perol o marmita.

Para la formación de los pilancones se necesita una superficie horizontal que esté bien expuesta a los agentes meteorológicos, como pueden ser la zona alta de un lanchar o de un domo granítico, donde el agua puede quedar retenida en pequeñas irregularidades de la roca horizontal. Una vez retenida el agua, comienzan a actuar procesos de meteorización química que van haciendo más profunda y ancha la irregularidad. Esta situación genera un sistema de realimentación, ya que a mayor tamaño más agua es retenida y, por tanto, habrá mayor meteorización química.

En el caso de los granitos, esta meteorización afecta con mayor intensidad a las micas y feldespatos, creando así un residuo de granos de cuarzo que quedarán retenidos como sedimento en el fondo del pilancón. Esta primera fase continúa hasta que se alcanza un tamaño en el que los granos de sedimento puedan moverse libremente por el fondo del pilancón incipiente, dando lugar a la aparición de los procesos de meteorización física.

Con ayuda de las lluvias intensas que remueven el fondo arenoso comienza un efecto de molienda (abrasión mecánica) que acelera el crecimiento de la estructura. Estos procesos de meteorización física justifican los fondos planos de los pilancones y el hecho de que sean generalmente más anchos que profundos, llegando a unirse unos con otros para formar geometrías muy llamativas.

Otra diferencia importante entre las marmitas de gigante y los pilancones, es que las primeras necesitan tiempos de formación muy cortos (ya que se asocian a regímenes de aguas turbulentas de mucha energía), mientras que para la formación de los pilancones los procesos son mucho más lentos y en ocasiones suelen hacer falta varios miles de años.

Cuando un plutón granítico aflora en superficie tiende a presentar una forma de cúpula, domo de exfoliación o de lajamiento, atravesado por una red de fracturas y diaclasas producto de su descompresión. A través de estas fracturas circulan las aguas meteóricas produciendo una hidrólisis de los silicatos.

A medida que el domo se va degradando, da lugar a una forma consistente en una serie de bloques apilados (v. berrocal), que si muestran desplazamientos por gravedad constituyen lo que se llama pedriza. En su estado final de degradación, el Domo queda reducido a un pequeño conjunto de bloques, denominado Tor. La superficie plana que aparece además cuando el thor es desmantelado recibe el nombre de lanchar.

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La flora de la sierra de La Cabrera 15, Quitameriendas

La flor que anuncia el otoño. Quitameriendas, Colchicum montanum, Merendera montana.

La sabiduría popular afirma que el origen de este curioso nombre se debe a que, antiguamente, los pastores o trabajadores del campo se regían por la luz del sol e incluían sus comidas en la jornada laboral. Así, según se iban haciendo las tardes más cortas las horas de luz se iban reduciendo y se tendía a eliminar una de las comidas del día, generalmente la merienda, ya que se adelantaba la cena.

La mayoría de los nombres son referencias de carácter estacional, dado que la planta florece en otoño. Además de ‘quitameriendas’, en la provincia salmantina estas flores también son conocidas como lirios de otoño, aunque su nombre popular depende del lugar en el que brotan. Por ejemplo, ‘merendera’ o ‘alzameriendas’ son términos empleados en otras provincias castellano y leonesas, ‘escusameriendas’ en Aragón, ‘merendeira’ en Galicia.

Los nombres riojanos de espachapastores y aventapastores hacen referencia a que, cuando empezaban a asomar, los pastores debían prepararse para marcharse a la trashumancia.

Otro de los nombres que recibe es el de mataborregos, que tiene que ver con el contenido en alcaloides que pueden provocar problemas en bóvidos y otros herbívoros. De todas maneras en La Cabrera puedes ver a las vacas y sus chotos pastando entre las quitamerendas, incluso comerlas y no parece afectarles lo más mínimo.

En zonas de montaña de Aragón y de gran afluencia turística, algo ya más propio de los últimos tiempos, se usa el nombre de espachaveraneantes, que cuando aparece la merendera los veraneantes van abandonando la comarca.

Cancho de La Cabeza de Patones, una montaña con vistas.

El Cancho de la Cabeza de Patones (Madrid) es un modesto cerro que pasa por ser la cima más alta de este término municipal, se trata de una elevación de 1264 metros de altura. Desde su cima se puede disfrutar de unas impresionantes vistas, al norte el embalse del Atazar, la sierra del Rincón donde sobresale de las demás la Peña De La Cabra. Al Oeste la sierra de la Cabrera y las montañas más orientales de la sierra de la Morcuera. Al sur se contempla la vega del Jarama alcanzando la vista hasta la capital. Y al Este las montañas occidentales de la sierra de Guadalajara.

Vistas desde la cima del Cancho de La Cabeza.

Esta montaña está formada fundamentalmente por pizarras. La pizarra es una roca metamórfica homogénea de grano fino formada por la compactación por metamorfismo de bajo grado de lutitas.​ Se presenta generalmente de color opaco negro azulado o negro grisáceo, pero existen variedades rojas, verdes y otros tonos. Está estructurada en lajas u hojas planas por una esquistosidad bien desarrollada (pizarrosidad). Debido a su impermeabilidad, la pizarra se utiliza en la construcción de tejados, como piedra de pavimentación, mesas de billar,​ e incluso para fabricación de elementos decorativos. También se utilizó antiguamente como elemento de escritura. Es por ello, que los pueblos al norte y al este de Patones, son conocidos como los pueblos de arquitectura negra, donde la pizarra es el material constructivo predominante.

Pizarra.

Al formarse las cordilleras a partir de colisiones continentales, estas colisiones conllevan la formación de plegamientos en la corteza terrestre, se trata de fenómenos que hacen que las rocas se vean sometidas a altas temperaturas y presiones en la dirección del movimiento, lo que produce la aparición de rocas metamórficas en dirección paralela al movimiento. Todo esto dio lugar a la aparición de una serie de montañas que con el paso del tiempo se erosionaron. Y dieron lugar a un paisaje con cerros montañosos de baja altura. En la actualidad la zona cercana al Cancho de la Cabeza se encuentra repoblada con pinares de pino silvestre, pino negro y pino resinero.

Jaras.

Desde el Cancho de la Cabeza se forma un macizo montañoso de alturas desordenadas y tapizado de jaras. Finaliza en los cerros de Torrelaguna y se prolongan hasta El Berrueco, donde se enlazan con la sierra granítica de la Cabrera. Dicen los vecinos de Patones que desde la cima se pueden observar hasta diecisiete pueblos. Para comprobarlo se puede recorrer la ruta del cancho de la cabeza. El recorrido de menos de 13 kilómetros de distancia y unas cuatro horas de duración asciende hasta la cima desde el pueblo, pero también se puede hacer un recorrido más corto desde el poblado que sirvió para los trabajadores de la presa del Atazar.

Vista de los meandros del Lozoya aguas abajo de la presa del Atazar desde el aparcamiento del poblado.
Monumento dedicado a los trabajadores de la presa del Atazar en el poblado.
Vista del poblado de la presa del Atazar desde la subida al Cancho de La Cabeza, al fondo la sierra del Rincon donde destaca la Peña de La Cabra.
Cortafuegos antes de coger el desvío a la derecha que nos lleva a la cumbre del Cancho de La Cabeza.
Vista al sureste, la vega del Jarama y a la izquierda la provincia de Guadalajara.
La Pizarra comienza a dominar el paisaje a medida que nos acercamos a la cumbre.
Refugio de pastores construido a base de pizarra, al fondo la cumbre del cancho de La Cabeza.
Interior del refugio de pastores.
Vistas de la presa de El Atazar, a la derecha la sierra del Rincón, al fondo la sierra de Guadarrama.
Detalle de las formaciones rocosas de pizarra.
Panel informativo junto a la cumbre.
Cumbre del Cancho de La Cabeza.
Vista de la presa, a la derecha el pueblo que le da nombre al embalse.
Vista de la cumbre del Cancho de La Cabeza.
Zona más occidental del Cancho de La Cabeza.
Vista al Oeste, en el centro la sierra de La Cabrera, detrás de ella y de derecha a izquierda, el Mondalindo, la sierra de la Morcuera y la Najarra, al fondo del todo la nevada cumbre de Peñalara.
Vista de la presa y el pueblo de El Atazar.

Las Cárcavas de Uceda

Aunque son más conocidas las cárcavas de Alpedrete de la sierra (Valdepeñas de la sierra), un poco más al sur existen otras que no desmerecen en nada respecto a las primeras. Se trata de las cárcavas situadas al norte del término municipal de Uceda, en la provincia de Guadalajara, entre los cursos del río Lozoya y el río Jarama.

Las recorreremos perimetralmente, subiendo por su lado oriental, para rodearlas totalmente y bajar por el lado occidental

Las cárcavas son los socavones producidos por la erosión en los suelos con pendiente a causa de las avenidas de agua de lluvia. Se producen normalmente en sustratos de tipo arcilloso y se concretan en abarrancamientos formados en en los materiales blandos por el agua de arroyada que, ataca las pendientes excavando largos y pronunciados surcos de bordes vivos.

La flora de la sierra de La Cabrera 14, Jacintos del Bosque.

Cuenta la leyenda que esta flor nació de la sangre que brotó de la herida que el Dios Apolo infirió accidentalmente al hermoso héroe laconio llamado Jacinto, hijo del rey espartano Amiclas y Diómedes, causándole la muerte. Según dicha leyenda la belleza de Jacinto hizo que el Dios Apolo se enamorase de él. Un día los dos enamorados estaban jugando a lanzar el disco y Apolo quiso presumir ante Jacinto lanzando el disco con todas sus fuerzas, con tan mala suerte que su amado no pudo tomarlo con las manos y le impactó en la sien hiriéndole de muerte. Así, del torrente de sangre que teñía de rojo la hierba, brotó una flor de sombrío brillo como la púrpura de Tiro y de un tallo salieron numerosas flores en forma de lirio. Apolo, al ver que no podía curarle ni devolverle la vida, le concedió la inmortalidad bautizando la flor con el nombre de su amado. Por ello, a la entrada del verano, en Laconia se celebraba todos los años un gran festival en honor de Jacinto y de su divino amigo. «Las Jacintas», en el cual se rememoraba melancólicamente la prematura muerte del joven, y a la vez se celebraba su divinización.

Planta perenne provista de un bulbo subterráneo de unos dos centímetros de diámetro del que sale un tallo de hasta cuarenta centímetros de altura y en cuyo extremos se encuentran las hojas. Las flores aparecen en racimos de cuatro a dieciséis unidades dispuestas unilateralmente, pediceladas y bracteadas. El periantio, tepaloideo es cilíndrico, con segmentos de catorce a veinte milímetros, de color azul violáceo, que en el extremo se curvan hacia afuera. El androceo está formado por seis estambres que surgen de la base de los tépalos, con filamentos lineares y anteras amarillentas. El gineceo triocular que al madurar origina un fruto de tipo cápsula de quince milímetros y de forma ovoide. Florecen de Marzo a Junio.

Crecen en las orlas y claros de los bosques como robledales y abedulares, en suelos generalmente básicos o neutros, umbríos, desde el nivel del mar hasta los 1000 metros de altitud. Es característico en comunidades arbóreas de la clase quercus.

A los ingleses les encanta esta planta, allí la llaman «bluebell», que significa campanilla azul. Pero debemos distinguir dos tipos de campanillas azules, las inglesas son la especie Hyacinthoides nonscripta, mientras que las campanillas españolas son Hyacinthoides hispánica.

Este tipo de plantas tiene gran éxito en jardinería, ya que su cuidado no es demasiado complicado. Son bulbos que se naturalizan fácilmente. Prosperan a la sombra o con algo de sol en climas templados y lo hacen a pleno sol en climas fríos. Se multiplican fácilmente bajo la sombra de los árboles grandes y son excelentes compañeras de helechos y otras plantas del bosque.

Alto de las Rozas y Peña del Águila

Otra de las rutas interesantes en las montañas de Puebla de la Sierra es la que nos llevará a conocer el Cordal del Alto de las Rozas y la Peña del Águila, La ruta se puede hacer de varias formas, pero la haremos partiendo del puerto de la Puebla recorriendo las crestas de estas espectaculares montañas que separan los términos de Puebla de la Sierra y Prádena del Rincón.

Este cordal es un apéndice secundario del circo que forma el valle de la Puebla, que se extiende en dirección SO desde la Tiesa (1675 metros), ubicada en la subida a la Peña de la Cabra desde el puerto de la Puebla, hasta Peña Zamara, cerca de Berzosa del Lozoya y Robledillo de la Jara. La alineación montañosa completa incluye el Alto de las Rozas (1673 metros), Peña del Águila (1657 metros), Peña Labanto (1477 metros), Peña Parda (1379 metros), Pico Albirigaño (1419 metros), Peña Portillo (1402), El Picazo (1392 metros), Cerro Porrejón (1235 metros)y Peña Zamara (1238 metros), todas ellas de menos de 1700 metros pero no exentas de un gran atractivo. Este cordal constituye el margen occidental del Valle del río del Riato, el margen oriental se corresponde con la ladera suroeste del Macizo de la Peña de La Cabra y el Pie Bajero

Vista al norte desde la pedrera, dejamos atrás en primer término las antenas junto al puerto de la puebla, detrás el cordal donde se distinguen el Cerro Montejo, El Cortadero y el Porrejón.

Partimos del Puerto de la Puebla en dirección sur para subir por un pequeño sendero, Se pasan unas antenas de comunicación dentro del pinar y tras subir una pequeña pedrera ya estamos sobre el cordal, Desde este lugar veremos el cerro de Portezuela con su antena.

Vista al sur desde la pedrera, en primer término el cerro de Portezuela que tapa a la derecha el cordal de la Peña del Águila y el cerro de las Rozas, a la izquierda al fondo destaca la Peña de la Cabra.
Cerro Portezuela a la derecha, Peña de la Cabra al fondo a la izquierda.

Dejamos atrás el Cerro Portezuela en dirección Sur y ya podemos ver a nuestra derecha, por encima del pinar, el cordal del Alto de las Rozas donde destacan sus espolones rocosos, al fondo vemos una pequeña construcción dedicada a la vigilancia de los forestales, desde donde tomaremos la dirección suroeste para dirigirnos a nuestro destino. Pasaremos por la Tiesa para bajar a la cabecera del valle del Riato y comenzar a recorrer el cordal que vamos buscando.

Vista del cordal del Alto de las Rozas
Estamos llegando a la Tiesa, seguimos viendo La Peña de la Cabra al fondo a la izquierda.
Vista desde La tiesa del cordal del Alto de las Rozas.
El la Tiesa abundan las crestas rocosas, volvemos la vista al Norte y a la derecha vemos el Cerro Portezuela que hemos dejado atrás, al fondo entre la calima de distinguen las cimas de la Sierra del Ayllón.
El cordal del Alto de las Rozas y la Peña del Águila desde la bajada de la Tiesa a la cabecera del valle del Riato.

Una vez llegamos al cordal del Alto de las Rozas, podemos ver algunas construcciones correspondientes a posiciones del bando republicano de la guerra civil, aunque se encuentran bastante deterioradas, podemos ver algún parapeto y pequeños refugios de tropas, todos ellos construidos en piedra seca sin ningún tipo de argamasa.

Restos de lo que pudo ser un parapeto de las tropas republicanas que vigila la zona de Prádena del Rincón.
En el inicio del cordal del Alto de las Rozas, a la izquierda, junto al pinar unos restos de un refugio de tropas republicanas.

Comenzamos a recorrer el cordal en dirección sur sorteando las crestas que empiezan a ser de considerables dimensiones, al estar la piedra bastante seca no es difícil andar por estos canchales. Las vistas al Oeste son fantásticas, lástima que el día haya salido con una calima que enturbia el ambiente.

Vista hacia el norte, a la derecha el cerro Portezuela, a media ladera se distingue un saliente rocoso por el que haremos el camino de vuelta llamado Peña Cuervo.
Vista al Noroeste, al fondo la sierra del Ayllón, a la derecha la Peña Bañaderos y la subida al puerto de La Hiruela.
Vista del Alto de las Rozas.
Vista hacia el norte desde el Alto de las Rozas, en su lado oriental hay bastantes construcciones correspondientes a la guerra civil.
Vista al norte del cordal desde el Alto de las Rozas

Dejamos atrás el Alto de las Rozas siempre en dirección sur para buscar el último objetivo del día, la Peña del Águila. Este Alto de las Rozas es un cancho de grandes proporciones que sortearemos por su lado occidental. Curiosamente nos encontramos con una persona que resulta ser un cabrero de Prádena del Rincón, una de sus cabras acaba de parir hace una hora y con gran amabilidad me lleva hasta ella antes de continuar el camino.

Una Cabra de Luis acaba de parir un precioso cabrito, la sorpresa del día.
Vista desde la ladera Oeste del Alto de las Rozas, al fondo Montejo de la Sierra
Vista del Alto de las Rozas desde las inmediaciones de la Peña del Águila, ya en el término de Paredes de Buitrago
Peña del Águila y al fondo todo el cordal que baja hacia Robledillo de la Jara
Parapeto republicano en la ladera este de la Peña del Águila, en el centro el Alto de las Rozas, a la derecha el Cerro Portezuela
Vista de Peña de la Cabra desde la ladera este de Peña del Águila.

Para volver al Puerto de la Puebla esta vez sortearemos el Alto de las Rozas por su ladera oriental, la pendiente de estos canchales nos obliga casi a bajar hasta el pinar, desandaremos nuestros pasos hasta el inicio del cordal y tomaremos una pista forestal que nos lleva por media ladera del cerro Portezuela. En el saliente rocoso que antes mencionamos nos detendremos para ver algunos restos más de posiciones republicanas. Para seguir por la pista que nos llevará a la carretera del Puerto de la Puebla.

Ladera Este del Alto de las Rozas
Peña Cuervo, al fondo el Cerro Portezuela
Restos de un parapeto de las tropas republicanas en Peña Cuervo
Pista forestal para llegar a la carretera del Puerto de la Puebla

El Porrejón y El Cortadero

La localidad de Puebla de la Sierra pasa por ser el pueblo más aislado de la Comunidad de Madrid, se encuentra encajonado en un valle rodeado de montañas pertenecientes a la sierra del Rincón. Dicho valle tiene forma de herradura, cuya apertura corresponde a la salida sur del valle por donde discurre el arroyo de la puebla que se unirá con el arroyo del Riato antes de verter sus aguas al Lozoya, ya en el embalse del Atazar.

Si seguimos imaginando esa herradura, al norte se presenta el lado curvo de la misma, donde destacan dos cimas más o menos situadas en el centro del arco apuntando al Norte, dichas cumbre serán el objetivo de esta ruta, El Cortadero (1789 metros) y el Porrejón (1824 metros). En la cuerda Este de la herradura desde El Cortadero distinguimos el cerro Montejo (1682 metros), el mismo puerto de la Puebla (1632) , el cerro Portezuela (1746 metros) y la Peña de La Cabra (1831 metros). En la Cuerda oeste de la herradura desde el Porrejón, podemos distinguir Peña Hierro (1743 metros), Cabeza del Estillo (1671 metros), Cabeza Minga (1623 metros), La Tornera (1866 metros) y Peña Centenera (1809 metros) de la que salen varios cordales menores.

Esta cuerda Oeste merece un apunte anecdótico. Puebla de la Sierra es el actual nombre del municipio, ya que se lo pusieron los propios vecinos allá por el 1940, para sustituir el antiguo nombre, Puebla de la Mujer Muerta. Parece que el viejo nombre no era muy alegre, aunque si descriptivo, pues la sierra de la Puebla, al igual que la del Espinar, muestra a quien la sabe mirar la figura de una mujer yacente; al Norte, cerca del puerto de la Puebla se eleva el Porrejón, que serían los pies de la mujer, al sur Peña centenera que sería la cabeza de la Mujer, y en su sitio el busto que sería La Tornera, unas decenas metros más alta que la testa, diferencia que no es tan escandalosa si imaginamos a la difunta con las manos posadas sobre el pecho.

La ruta para llegar al Porrejón consiste en un sencillo paseo si se parte del Puerto de La Puebla, el puerto el Porrejón permanece invisible puesto que queda tapado por El Cortadero. Pero siguiendo el cordal desde el puerto y tomando como referencia primero el cerro Montejo, inconfundible porque en su cima alberga una caseta de vigilancia de incendios de la Comunidad de Madrid. Junto a esta caseta y a los largo de la cuerda que nos lleva al Cortadero podemos contemplar varios puestos de las tropas republicanas de la guerra civil española, que probablemente después han sido utilizados como puestos de caza.

Vista del valle de la Puebla, al fondo La Tornera
Subiendo al cerro Montejo
Ya vemos la caseta de vigilancia de los forestales del Cerro Montejo
Vistas hacia el Oeste, Montejo de la Sierra y al fondo los Montes Carpetanos
Puestos de las tropas republicanas junto al cerro Montejo, al fondo Peña Cebollera y las cumbres de la Sierra del Ayllón
En primer término un parapeto republicano de la guerra civil
Caseta de vigilancia de forestales, Cerro Montejo.
Restos de posiciones republicanas de la guerra civil, al fondo el Cortadero.

Después de dejar atrás el cerro Montejo nuestra siguiente referencia será El Cortadero, una impresionante cresta rocosa que podremos rodear o subirlo serpenteando por una trocha señalizada con hitos entre las rocas, las vistas desde este punto no pueden ser más espectaculares, al sur todo el valle de la puebla con el pueblo encajonado en medio, al este podremos ver ya la cima del Porrejón y detrás las cumbres de Guadalajara pertenecientes a la sierra del Ayllón. al Norte el final de la sierra de Guadarrama y el comienzo de las cumbres como Peña Cebollera que separan las provincias de Madrid, Segovia y Guadalajara. Y al este todo el valle Medio del Lozoya, los Montes Carpetanos y por encima de todos ellos la majestuosa cumbre de Peñalara.

Sorteamos algún espolón rocoso según nos acercamos al Cortadero.
Crestas rocosas con la sierra del Ayllón al fondo desde las inmediaciones del Cortadero
El Cortadero nos cierra el paso, tendremos que atravesarlo o rodearlo
Vistas al Norte desde el Cortadero
Vista al sur desde el Cortadero, en el centro el valle de la Puebla, a la izquierda La Tornera
Pico de Bañaderos y la subida al puerto de la Hiruela desde El Cortadero
La cima de El Cortadero, a la derecha La Peña de la Cabra

Dejaremos atrás El Cortadero para recorrer el último trecho siguiendo un pequeño sendero que recorre el cordal hasta la cumbre del Porrejon, con vistas mucho más profundas hacia el este, donde se distingue la formidable silueta del Pico Ocejón de Guadalajara. Desde aquí las vistas de La Hiruela y El Cardoso son realmente de ensueño con las montañas detrás.

Dejamos atrás el Cortadero y seguimos salvando pequeños espolones camino del Porrejón
Al fondo ya vemos el Porrejón
El Porrejón
Cima del Porrejón, al fondo el Pico Ocejón y la sierra de Guadalajara
Vista al Norte desde el Porrejón
El Porrejón

Peña de la Cabra.

Se trata sin duda de una de las cumbres más espectaculares de toda la sierra norte, con sus 1831 metros, no es la cima más alta, pero si es la cima más emblemática de la sierra del Rincón y ofrece unas vista espectaculares en todas direcciones.

La forma más fácil para acceder a esta cima, es partiendo del puerto de La Puebla a 1638 metros. Desde el puerto se coge un pequeño sendero por el cordal del puerto en dirección sur. Se pasan unas antenas de comunicación y tras subir una pequeña pedrera ya estamos sobre el cordal, un terreno bastante fácil de recorrer. Desde aquí veremos el cerro de Portezuela, inconfundible por tener otra antena. Las vistas en todas direcciones son espectaculares, al lado Este el valle de la Puebla y al Oeste el valle del Lozoya.

Vistas al oeste desde el puerto de La Puebla (Montejo, Prádena y Horcajuelo)
Vistas al Este, valle de la Puebla.
Vista del cordel de la Peña El Águila y el Alto de las Rozas desde el Collado de la Tiesa

Después de dejar atrás el Cerro Portezuela, donde como dijimos anteriormente hay una estructura que alberga una antena, Veremos al sur un puesto de vigilancia de forestales que pasamos de Largo para iniciar una ligera bajada al Collado de la Tiesa ya siempre con la vista puesta en La Peña de La Cabra. Al Este podemos ver el cordal de la Peña El Águila y bajo este los pinares del valle del Riato. Continuaremos en dirección Sur esquivando por el oeste algunas crestas de afiladas aristas hasta llegar a la ladera norte de la Peña.

Valle del Riato, vista al suroeste desde la ladera norte de la Peña de La Cabra.
Vista de La Puebla de la Sierra, con La Tornera al fondo.
Vista del Valle del Riato desde Peña de La Cabra

Una vez alcanzamos la ladera norte de Peña de La Cabra, la rodeamos parcialmente para subir por su ladera Este por un sendero ascendiendo entre brezos y rocas hasta la misma cumbre.

Vista al Norte desde la ladera este, en segundo plano, La Cortadera y el Porrejón, más al fondo las cumbres de la sierra del Ayllón.
Peña de La Cabra.

En toda esta zona podemos contemplar interesantes formaciones rocosas. Las vistas son extraordinarias, estamos rodeados de montañas. Al sur todas las montañas que rodean el embalse del Atazar, hacia el suroeste la sierra de La Cabrera, la sierra de la Morcuera, Cuerda Larga y el Macizo de Peñalara, al Oeste los Montes Carpetanos, al Norte Somosierra que continua con la sierra del Ayllón con las cimas de Pico Cebollera y Pico del Lobo como más destacadas, y al Este la continuación de la intrincada sierra del Ayllón entre Madrid y Guadalajara.

Normalmente es fácil ver ejemplares de cabra montés que habitan estas montañas y dan nombre a esta cima en concreto.

Antes de emprender el camino de regreso bajamos hacia el sur para tener una mejor perspectiva de la Peña donde las cretas rocosas dan un aspecto mágico al paisaje.

Vista de la Peña de La Cabra desde su ladera sur.
Peña de La Cabra, a la izquierda el valle del Riato

El Bosque Finlandés de Rascafría.

Situado en el valle de El Paular, en el Valle Alto del Lozoya, rodeado de las montañas más altas de Madrid y probablemente en uno se los espacios naturales más bellos de toda la Comunidad de Madrid, nos encontramos con uno de los bosques más pintorescos e insólitos de toda la sierra. Se trata del Bosque «El Potario», más conocido popularmente como el «Bosque Finlandés», que recibe este nombre debido a su curioso parecido con los bosques de Finlandia.

Vista de Peñalara desde Rascafría

El bosque está ubicado en el término municipal de Rascafría, en la ribera sur del río Lozoya y aguas abajo del Puente del Perdón, entre el Monasterio Santa María de El Paular y el pueblo de Rascafría.

Río Lozoya

El mejor modo para llegar a este bosque es partiendo del Monasterio para cruzar el Puente del Perdón y tomar en dirección este el llamado «Camino del Papel» dentro de la finca de «Los Batanes». Según parece, los monjes que habitaban el Monasterio aprovechaban las aguas de Lozoya para la pesca, sus prados para el pastoreo y el bosque para la producción de papel. Se dice que fueron estos monjes cartujos los que suministraron el papel para la primera impresión de El Quijote en 1605. Estos monjes recorrían este camino desde el Monasterio hasta el molino de papel, hoy en día en ruinas.

En el Bosque podemos ver un pequeño lago con un embarcadero y una cabaña de madera con ventanas rojas que en origen fue una sauna. La estampa nevada de este conjunto, junto con los árboles que crecen alrededor (abedules, álamos, abetos …) es lo que da al lugar la sensación de estar en otras latitudes, en un bosque típico del centro y norte de Europa, de ahí el nombre de Bosque Finlandés.

Monasterio de Santa María de El Paular.

Ubicado en el valle alto del Lozoya, desde su fundación en 1390 y hasta el siglo XIX fue un Monasterio Cartujo. En 1954 empezó a operar como una abadía benedictina.

Las obras de construcción del cenobio cartujo dieron comienzo en 1390 por orden de Enrique II de Castilla y se prolongaron durante varios siglos. La ubicación fue elegida por el monarca, que según cuenta la tradición, decidió que el Monasterio fuese de la orden Cartuja, debido a que durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un Monasterio de la misma orden. Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de su construcción, junto a una Ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta Ermita aún existe, aunque rebautizada como capilla de Nuestra Señora de Monserrat.

El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para use y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la Catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia, así como del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo XV, Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe ebe a Rodrigo Gil de Hontañón.

La Iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475-1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el monje cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, que en el año 1883 había sido trasladada a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación. Esta sillería de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia.

Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo XV en alabastro policromado. Recrea una serie de diecisiete escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo XV. Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar, algunos de ellos parcialmente labrados y que han aparecido con motivo de recientes obras. Está perfectamente conservado , y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor.

Puente del Perdón

El Puente del Perdón es un puente de piedra sobre el río Lozoya , que data de mediados del siglo XVIII. Originalmente fue erigido a comienzos del siglo XIV, en 1302, justo enfrente del Monasterio de El Paular, para sortear el curso del río Lozoya. Las crecidas del río y la dura climatología invernal del Valle Alto del Lozoya deterioraron en puente, por lo que a mediados del siglo XVIII fue reemplazado por uno nuevo, que es el que existe actualmente. Está edificado en sillería de granito y cuenta con tres arcos de medio punto y dos descansaderos levantados sobre los pilares, que cuentan con dos bancos de piedra.

Sirvió a los monjes de via de acceso hacia el molino de papel de Los Batanes, una de las principales industrias que explotaban los monjes cartujos de Santa María de El Paular. Como ya comentamos antes, de esta explotación salió el papel donde se imprimió la primera parte de Don Quijote de la Mancha en Madrid en 1605.

Dado el aislamiento del Valle del Lozoya, separado de Madrid y Segovia por dos cordilleras con cotas superiores a los 2000 metros de altura, las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados volvían sanos y salvos. Si no era así, los alguaciles les conducían a la casa de la horca, situada a unos dos kilómetros en dirección al puerto de Cotos.

Vista del Monasterio desde el puente del perdón

Un bosque mágico

Los bosques siempre se han relacionado con la magia, el misterio y lo desconocido. Han sido siempre escenario de cuentos, referentes de nuestra cultura y fuente de inspiración para el arte. Tienen el poder de proteger el medio ambiente mediante procesos naturales autorregulables, tienen la capacidad de regular el ciclo del agua al funcionar como esponjas, protegen los suelos de la degradación producida por la erosión y son auténticos reservorios de la biodiversidad. Los bosques funcionan como verdaderos sumideros de CO2, fijan el carbono y absorben eficientemente este gas de efecto invernadero, siendo aportadores netos de oxígeno, sobre todo en masas arbóreas jóvenes o en crecimiento. Por ello son nuestra mejor protección contra el calentamiento global. Los bosques han sido siempre una fuente de recursos económicos para el hombre, la madera como material de construcción ecológico, el bosque como soporte para la producción ganadera extensiva, la caza, la miel, las setas, los frutos silvestres, las resinas, la biomasa como combustible, etc etc. Además se han convertido en un atractivo reclamo turístico ya que embellecen el paisaje. Son esos lugares donde el silencio es sabio, lugares que desde la noche de los tiempos han sido la farmacia de los alquimistas y el refugio para los buscadores de sombras.

Todos los bosques son especiales, cada uno tiene un encanto particular, tanto es así, que cualquiera querría perderse en ellos para descubrir sus secretos. Podríamos citar muchos ejemplos de diferentes tipos de bosques:

El Bosque Hallerbos en Bélgica, que cuando llega la primavera florecen miles de campañillas creando una intensa alfombra azul en el suelo, un efímero espectáculo que apenas dura unos días.

El Bosque de Bambú de Japón, situado cerca de Kioto. Formado por enormes árboles de Bambú perfectamente alineados de hasta 20 metros de altura.

La Selva de Irati en Navarra, un precioso hayedo que en otoño se convierte en una espectacular paleta de colores donde contrasta el verde del musgo con los rojos, ocres y amarillos de las hojas caídas en el suelo.

El Bosque del lago Caddo, en Texas (USA), un impresionante bosque de cipreses de los pantanos, que unido a la niebla le da un aire tenebroso y fantasmagórico.

El Bosque de Sherwood, el legendario bosque de Robin Hood, más de cuatrocientas hectáreas de una espesa masa de robles centenarios.

Secuoya National Park en USA, un bosque formado por los gigantes del reino vegetal, Secuoyas gigantes donde destaca sobre todos el «General Sherman» con sus 84 metros de altura y 11 metros de diámetro.

La lista de bosques mágicos en el mundo es muy extensa y variada, pero hoy haremos un recorrido por un bosque madrileño, más en concreto por el bosque de «La Dehesa Bonita» de Somosierra. Un pequeño y singular bosque vestigio de las épocas glaciares pasadas. Un pequeño tesoro formado por robles, acebos, avellanos, serbales, pinos y sobre todo por abedules, que si en otoño luce con esplendor por su colorido, en invierno ofrece una maravillosa visión para los ojos cuando la nieve cubre las ramas de los árboles que lo forman.