El Convento de San Antonio y San Julián

El Convento de San Antonio, originalmente denominado Convento de San Julián, está situado en el municipio madrileño de La Cabrera, en la parte septentrional de la Comunidad de Madrid.

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Sierra de La Cabrera

El templo se encuentra a unos 60 km de la capital y a escasos dos kilómetros del casco urbano de La Cabrera. Está enclavado en un bello escenario granítico, a unos 1.190 metros de altitud, en la ladera sur del Cancho Gordo, la cumbre más alta y más occidental de la Sierra que da nombre al pueblo, con una cota de 1.564 metros.

Se trata de una construcción de estilo románico, siendo una de las más valiosas del patrimonio medieval madrileño. Lo más probable es que date del final del siglo XI o de la primera mitad del siglo XII, incluso otras teorías apuntan a un origen anterior.

Su historia está llena de conjeturas y misterio, pues no existen datos documentales sobre su fundación. La hipótesis más aceptada es que el rey castellano Alfonso VI (1040-1109), coincidiendo con sus planes militares de atravesar el fronterizo Sistema Central para la conquista de Toledo (1085) en manos del poder andalusí, fomentase la ubicación de un pequeño cenobio benedictino-cluniacense bajo la advocación de San Julián en esta parte de la sierra madrileña. También es posible que fuera construido en la primera mitad del siglo XII, aunque siguiendo modelos anteriores al primer románico, pues la obra del Convento está sujeto a las reglas y convenciones del arte Románico de este siglo.

Según otras teorías, puede tratarse de una construcción románico-visigótica. La existencia de restos arqueológicos de origen visigodo en sus proximidades, lleva a pensar que pudo ser levantado sobre un primitivo templo prerrománico. La proximidad del Convento a la necrópolis paleocristiana conocida como “Tumba del Moro”, así como los restos del castro celta de origen carpetano, y posteriormente ocupado por los visigodos en el Cerro de La Cabeza, así lo atestiguan.

El Convento se consagró en un primer momento a San Julián, y estuvo regentado por la orden benedictina hasta los primeros años del siglo XV. En 1404, el Convento pasó a manos de los franciscanos, quedando bajo la advocación de San Antonio de Padua. En esta época (siglos XV-XVII) la construcción fue reformada en varias ocasiones, los franciscanos lo toman en sus laboriosas y eficaces manos, lo encumbran y lo llevan a su máximo esplendor, es entonces cuando el Convento conoce sus días de gloria. Alcanzó gran relevancia durante estos siglos estando ligado a personajes de gran relevancia histórica como los Mendoza. El Marqués de Santillana y el Cardenal Cisneros lo utilizaron para hospedarse en diversas ocasiones y durante algún tiempo sirvió de prisión clerical.

A principios del siglo XIX, con la invasión napoleónica, las tropas francesas ocupan el convento, siendo convertido en cuartel de los destacamentos franceses de la zona. Los franciscanos lo abandonan y no regresan hasta 1812. Permaneciendo de nuevo en el Convento hasta el 1835, momento en el que el edificio queda en poder del Estado para ser vendido despues como consecuencia de la “Desamortización de Mendizábal” y los franciscanos son exclaustrados y lo abandonan de nuevo.

Posteriormente pasará por distinguidos propietarios privados. Los descendientes del gran pintor Francisco de Goya (1746-1828) lo compran y se hacen con el viejo edificio. Ya en el siglo XX, el afamado médico Carlos Jiménez Díaz (1898-1967) se enamora del inmueble, ya que el emplazamiento es envidiable, lo adquiere y lo restaura adecuándolo para su uso y disfrute residencial, dotándolo de fuentes, estanques y jardines. Tras su muerte, el convento quedó en el más absoluto abandono y fue objeto de numerosos actos de rapiña y expolio.

La Comunidad de Madrid procedió a su restauración y consolidación entre 1987 y 1993. Desde el año 2004, pertenece a los Misioneros Identes (una hermandad de origen italiano), que además de su propia actividad religiosa, promueven la celebración de actividades culturales y sociales. Como curiosidad, señalar que el fundador de esta orden (Fernando Rielo), se inventó el término “identes” basándose en las palabras del propio Jesús, cuando exhorta a sus discípulos “id por todo el mundo y predicad el evangelio”.

El convento está construido en mampostería de granito. Desde el punto de vista artístico su elemento arquitectónico más importante es la iglesia de estilo románico, que destaca por la singularidad de su estructura arquitectónica, si se tienen en cuenta las pautas de estilo imperantes en el románico de los siglos XI y XII, generalmente con sencillos templos de una sola nave. A pesar de sus reducidas dimensiones, la iglesia presenta una estructura de cierta complejidad, con tres naves, crucero y cabecera de cinco ábsides escalonados de planta semicircular y diferente altura. Los tres centrales se corresponden con la prolongación natural de las naves, mientras que los dos laterales se abren en los extremos de los brazos del crucero.

En el interior los elementos de apoyo de arcos triunfales y arcos de entrada al crucero son pilares cruciformes, mientras que los de prolongación de las naves son cuatro columnas de fuste cilíndrico y sencillos capiteles que podrían pertenecer a reformas o reconstrucciones ya del siglo XV. Las bóvedas son de medio cañón en el caso de las naves, y de cuarto de esfera en los ábsides. Todos los arcos presentan perfil de medio punto.

Los ábsides son de planta semicircular y tienen diferentes alturas, distribuyéndose simétrica y escalonadamente. Los tres centrales se sitúan, a modo de prolongación, en la cabecera de cada una de las naves, mientras que los dos laterales se corresponden con los extremos de los brazos del crucero. Están formados por bóvedas de cuarto de esfera y arcos de medio punto. La existencia de cinco ábsides y, en consecuencia, de cinco altares hace pensar que en el lugar se celebraban varias misas en el mismo día. En la Edad Media se estableció la prohibición litúrgica de no poderse celebrar más de una misa por altar en el mismo día. De ahí 5 ábsides con 5 altares para poder celebrar hasta 5 misas cada día.

Las naves están integradas por bóvedas de medio cañón y arcos de medio punto, sostenidos por diferentes sistemas de apoyo. Los arcos del crucero y los triunfales se alzan sobre pilares cruciformes; y los restantes sobre columnas cilíndricas, con capiteles.

La sencillez y la desnudez decorativa es otra de las características del templo, que carece casi por completo de motivos escultóricos, tanto en el exterior como en el interior. Sólo cabe hablar de la presencia de varios escudos en los cerramientos oeste y sur realizados durante las reformas de los siglos XV y XVI, alusivos a la orden franciscana y al ducado del Infantado, al que estuvo adscrito La Cabrera.

A estas reformas también corresponden la arquería conservada del claustro y el cuerpo bajo de la torre, que es cuadrada y fechable a partir del siglo XV. Es probable que la parte superior de ésta sea posterior, posiblemente del siglo XVIII.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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